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¿Pueden enamorarse los perros?

Foto: Bryan Hanson | Unsplash

Para entender por qué nuestro perro actúa como actúa y garantizar su máximo bienestar en una coexistencia respetuosa, es indispensable entender cómo piensa y cómo siente. Las investigaciones científicas demuestran que perros y humanos tenemos básicamente las mismas respuestas emocionales ante el miedo y la tristeza, por ejemplo, pero ¿qué pasa con el amor? ¿Pueden enamorarse los perros?

La ciencia dice que sí, que los perros experimentan el amor. Son animales que tienen la capacidad de desarrollar vínculos afectivos profundos y duraderos en el tiempo con otros de su misma especie. La pareja es, para ellos, una de las diversas formas posibles de organización social y quienes viven así desarrollan comportamientos específicos como alegrarse cuando ven al otro, compartir el cuidado de los cachorros, proteger a su pareja ante cualquier posible amenaza, etc. Comportamientos que, en definitiva, pueden ser interpretados desde una perspectiva humana como amor.

Ahora bien, como es lógico, los perros no comparten la noción romántica del amor que tenemos los seres humanos, que no es más que una construcción cultural. Evidentemente tampoco piensan en citas ni en regalos, pero sí que comparten con nosotros algo mucho más importante, uno de los indicadores científicos más contundentes del proceso de enamoramiento: la secreción de oxitocina, también conocida popularmente como la hormona del amor por el papel que desempeña en el desarrollo y la consolidación de los lazos afectivos.

Si tu perro tiene un compañero de juegos favorito en el parque puede que esté enamorado | Foto: Gulyas Bianka | Unsplash.

Amor a otros perros

A diferencia de lo que ocurre en muchas otras especies animales, la evidencia muestra que la mayoría de los canes practican la monogamia. Pero para ellos, encontrar el amor tampoco es fácil. Las feromonas determinan la compatibilidad. El sentido del olfato del perro es complejo y le permite procesar toda la información de su entorno, incluidos por supuesto otros canes. Tal y como ocurre con los humanos, la química manda y el olor se convierte así en un elemento clave en la elección de la pareja. No suena muy romántico, pero en el caso de los perros, si hay un órgano relacionado con el amor es el órgano de Jacobsen, no el corazón.

En un artículo de la revista científica especializada Psychology Today, el Dr. Stanley Coren, profesor de psicología de la Universidad de British Columbia, asegura que tal y como ocurre con los humanos, gracias a las hormonas, “los perros experimentan los mismos cambios químicos que los humanos durante los estados emocionales”. Por eso, cuando están enamorados, liberan oxitocina.

“Con la misma neurología y química que tienen las personas, parece razonable sugerir que los perros también tienen emociones similares a las nuestras”, apunta Coren y explica que las investigaciones sugieren que la mente de un perro es equivalente a la de un niño de aproximadamente dos años y medio, incluido el rango de emociones. “Esto significa que un perro tendrá todas las emociones básicas: alegría, miedo, ira, disgusto e incluso amor”. Sin embargo, todo parece indicar que no tiene emociones más complejas como el orgullo o la vergüenza.

Si tiene que elegir entre un perrito caliente y tú, tu perro se queda contigo. ¿Existe una mayor demostración de amor? | Foto: Laula & Co. | Unsplash.

Amor a los humanos

La capacidad de sentir amor de los perros no se limita a individuos de su misma especie. Con la relación perro-humano pasa lo mismo. Y la ciencia lo demuestra, una vez más, a través de los niveles de oxitocina. De ahí que se compare el vínculo que existe entre un perro y su humano con el de una madre y su bebé, y podría compararse también con el que existe entre dos perros enamorados. Estudios científicos demuestran que dicho amor se hace químicamente evidente (a través del aumento en los niveles de oxitocina) después de que los perros y sus humanos se miran directamente a los ojos.

Uno de los estudios más importantes, realizado por investigadores japoneses y publicado en la revista Science, analiza el papel de la domesticación en todo esto y explica cómo los investigadores observaron a un grupo de humanos interactuar con sus perros durante media hora para luego medir los niveles de oxitocina en ambos. El aumento en los niveles de dicha hormona fue más que evidente. De hecho, cuanto más contacto visual, mayor cantidad de oxitocina en el cerebro. Otros estudios han comparado también, por ejemplo, la respuesta cerebral de los perros ante la comida y ante los elegidos de su humano, demostrando que, la mayoría de los canes, ama más a su humano que a la propia comida, que ya es mucho decir.

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