Ficcionarse a uno mismo para poder contarse
Foto: Álvaro Leivas| Foto cedida por el autor

Cultura

Ficcionarse a uno mismo para poder contarse

Conversamos con Rafa Cervera por su novela 'Porque ya no queda tiempo', una historia valiente a la que el lector se deberá asomar sin complejos

por Carlos Madrid

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Comienza Rafa Cervera su última novela Porque ya no queda tiempo (Jekyll & Jill) con una frase lapidaria: “Redacto esto mientras estoy vivo, para que lo leas ahora que he muerto”. Una máxima que cobra sentido dentro de esta novela de no ficción ya que, como él apunta, “no queda tiempo porque nunca quedó”. Así, bajo esta toma de conciencia sobre nuestra existencia, se lanzó a contar su vida. Eso sí, desde una realidad ficcionada.

Tomando los momentos que a él le interesan para contarse y sin respetar el tiempo, ha creado un libro en el que se cuelan momentos con artistas de la talla de Lou Reed, literatura, habitaciones de hotel, su Valencia natal, amistades y familia, y que tiene a la música y a su propia vida como grandes protagonistas. La literatura absorbe a la realidad para ofrecer unas sensaciones sobre la vida de Cervera que al final se acaban convirtiendo en sentimientos universales. Una novela valiente a la que el lector se deberá asomar sin complejos.

¿Por qué ya no queda tiempo?

No queda tiempo porque en realidad nunca quedó. El tiempo es un concepto muy engañoso y no se nos prepara en esta cultura occidental para ello. De repente un día te das cuenta que no queda el tiempo que nunca te dijeron que se iba a agotar tan rápido. Hay un momento en el que tienes más pasado por detrás que futuro por delante.

¿Ha sido este impulso el que te ha llevado a escribir el libro, a narrar tu vida y todas sus periferias?

La duda de si queda tiempo o no, no se resuelve hasta que ocurre: es nuestra espada de Damocles y el motor de la vida. La vida tiene sentido porque nos morimos, por lo que hay que disfrutarla y que se acabe lo más tarde posible. Esta es un poco la filosofía del libro.

Yo escribí este libro desde una recopilación de artículos que publico los domingos en una web valenciana y la noción de que quizá ya no quede tiempo es lo que me empezó a acompañar según iba convirtiendo los artículos en capítulos de la novela. Al final la urgencia por escribir esto vino dada por esa posibilidad de que quizá no quede tiempo. También no se trata sólo de mí, sino también de los que me rodean.

Ficcionarse a uno mismo para poder contarse 1

Imagen vía Jekyll & Jill.

Aun con estos matices, se trata de un libro que es un canto a la vida.

Sí, sí. Es un canto a la vida, a la amistad, a la infancia, a los amigos, a la familia, a las ciudades, a la música, a los libros, a la búsqueda, al amor, al sexo, a la posibilidad de estar cambiando constantemente… Por eso quería reunir todas esas caras de lo que uno es en piezas diferentes. Como son muy distintas, nunca nadie tiene una visión completa de alguien. Por eso es una versión de mí mismo que doy yo.

Se trata de una obra en la que aúnas realidad y ficción sin separarlas.

Es una especie de narración mutante que yo considero una novela. Pero se puede leer como un conjunto de relatos a la que cada uno le puede dar su lectura. Tiene todo un hilo narrativo y cuando acaba, vuelve a empezar. Lo que sí que no es, es un libro de memorias, autobiografía o recopilación de artículos. Aunque esté hablando de mi vida, no estoy contando mi vida como ha sido: estoy haciendo una selección de acontecimientos y personajes que me vienen bien a mí, pero no estoy siendo fiel a los hechos. Tampoco estoy mintiendo. Es una verdad alterada por la necesidad de la ficción. Si no las cuento así no las cuento, porque carecen de interés.

Esto te sirve para mostrar una sensación de ti, más que una realidad.

Eso es. Está muy bien dicho. Yo quería dar esa sensación que tú estás leyendo. Quería contar quién soy yo al mundo. Por ello he tomado unas piezas que me venían muy bien. Aparecen personas que he conocido en mi vida como Andy Warhol o Lou Reed, que tienen mucha importancia. Todo eso unido a El Saler, a la calle Palomar, al hotel de Barcelona donde me hospedo cuando voy…

He entrevistado a Lou Reed cuatro veces en mi vida y he estado con él cinco. Pero no tengo ningún interés en decir eso. Saco a Lou Reed porque son momentos clave, que me sirven para contarme. Lo que me interesa es armar una historia, lo demás en este libro carece de todo interés.

Uno de los puntos de mayor interés en el libro es la música. ¿Qué ha aportado a tu vida?

La música es importante porque es una fuerza a la que debo todo. El arranque de este libro, por ejemplo. Yo leía mucho de pequeño, pero lo que me pone en contacto con quien yo necesito ser es la música. A partir de la música viene un intento de definición de quién soy, viene conocer a escritores, viene una estética, un mundo que es real pero que para mí es casi mágico en el que creer, los grupos neoyorquinos.

La música es la compuerta que se abre y a través de la que se filtra todo lo demás. Leía todo lo que le gustaba a Lou Reed o a Patty Smith. Luego lo fui desarrollando y fui buscando mi sitio, pero la música sigue teniendo un poder muy grande. Al ser tan breve, me mueve una cantidad de emociones que me encienden la llama de escribir. Muchísimas ideas y conclusiones las tengo cuando estoy escuchando música.

En lo que llevamos hablado, has nombrado a Lou Reed unas cuantas veces. Y es que este artista es un hilo conductor dentro del libro.

Cuando hablo de música me refiero a Lou Reed. Fue él quien me ofreció la posibilidad de tener una identidad. Pero no sólo porque es un músico atractivo y magnético, sino porque desde el principio me queda claro que sus letras, aunque no las entienda, trascienden a lo que es la simple canción. Intento sumergirme en ellas como sea.

Por ejemplo, la canción Venus In Furs, descubrir qué quiere decir, que está basada en la novela de Sacher-Masoch que es la novela fundacional de sadomasoquismo, descubrir todo eso con 14 años es un mundo desconocido que vas recorriendo.

Al igual que Lou Reed funciona como un hilo a la hora de contar qué influencia tiene la música en tu vida, las fotografías juegan un papel importante a la hora de contar tu historia.

Las fotografías son realidad pura. A partir de ahí puedo inventar lo que sea. Son un punto desde el que fabular. Un punto muy importante porque, incluso para inventar, es necesario partir de la realidad. La necesidad de escribir viene de recuperar los recuerdos utilizando ciertas imágenes y trazando una historia a través de ellas.

¿Por qué decidiste usar a Lou Reed y a las fotografías como comienzo de la mayoría de las historias?

Para que fuese honesto. Para intentar ser lo más yo posible. No fantasear más de lo necesario y mantenerme unido a la realidad. La música forma parte de mi realidad, puedo contar mi biografía sólo con canciones. Y las fotos por lo que tienen de recordatorio real. Los recuerdos son muy mentirosos. Se van tiñendo poco a poco de una subjetividad que no estaba allí. Por lo que las fotos te dan un punto de partida real. Te dan el molde. Me parecían dos elementos honestos desde los que partir.

Me ha servido obtener el feedback de la gente para ver que, aunque las cosas que cuento son privadas, hay una especie de universalización de determinados hechos y sentimientos que es lo que en el fondo quería que ocurriese. Que mi libro aportara algo: visiones, vivencias, reflexiones que a los demás les sirvan.

Hay un momento que dices: “Estoy tan acostumbrado a mis preguntas que me formularía yo una”. ¿Crees que me he dejado alguna en el tintero?

En el libro hay tantísimas cosas de las que se puede hablar que es imposible abarcarlo en una entrevista. Escribo esta frase en el libro de broma porque, como yo estoy muy acostumbrado a entrevistas y como conozco muy bien el libro, sabría qué querría preguntarme. (Risas) Tengo una relación muy estrecha con mi mundo y tengo debates conmigo mismo.

 

Foto de portada: Álvaro Leivas.
Carlos Madrid

Terminé periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndome suficientemente formado, me matriculé en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas. Difundo lo que me agita por dentro en aquellos lugares donde me toleran. También lucho en mis ratos libres para que le devuelvan la tilde a ‘sólo'.