Rafa Latorre, autor de ‘Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido': “Oriol Junqueras es la gran mentira del procés”
Foto: EMILIO MORENATTI

Cultura

Rafa Latorre, autor de ‘Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido': “Oriol Junqueras es la gran mentira del procés”

“Todo ha sido transmitido en directo. Minuto a minuto. La construcción de una realidad paralela en la que se instalaron gozosos millones de catalanes, a los que su gobierno, una insólita alianza transversal de plutócratas y antisistema, invitó a un autosacrificio en el altar de la patria”. Así comienza el prólogo de Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido. El autosacrificio catalán (Ed. La Esfera de los Libros), un ensayo imprescindible escrito por Rafa Latorre, en el que se aportan las claves para entender mejor - que no justificar - el procés.

por Marta Ruiz-Castillo

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Todo ha sido transmitido en directo. Minuto a minuto. La construcción de una realidad paralela en la que se instalaron gozosos millones de catalanes, a los que su gobierno, una insólita alianza transversal de plutócratas y antisistema, invitó a un autosacrificio en el altar de la patria”. Así comienza el prólogo de Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido. El autosacrificio catalán (Ed. La Esfera de los Libros), un ensayo imprescindible escrito por Rafa Latorre, en el que se aportan las claves para entender mejor – que no justificar – el procés.

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Rafa Latorre, en un momento de la entrevista. | Foto: Carola Melguizo | The Objective

Para hablar sobre los intensos meses de 2017 en los que Cataluña estuvo al borde del precipicio, hemos quedado con Rafa Latorre (Pontevedra 1981), periodista de El Mundo y colaborador en Más de Uno de Onda Cero, quien fue testigo de esos momentos que ya forman parte de la historia de España, que van desde la aprobación de las llamadas leyes de desconexión hasta el referéndum del 1O, pasando por la declaración unilateral de independencia, las elecciones autonómicas del 21D, la huida del presidente catalán o el encarcelamiento de los líderes del procés.

Los diputados de PEdCAT, ERC y la CUP incurrieron en el más grave de los delitos que puede cometer un legislador, que es saltarse las leyes y, sin embargo, se tardó en actuar

Sin duda; parece mentira que una historia como la española no nos haya enseñado para siempre lo que significa un golpe de Estado y cómo se hace; y es que el golpe del 6 y el 7 de septiembre es canónico. Son unos legisladores que deciden saltarse la ley a la torera y prescindir de los procedimientos, con lo cual la oposición queda completamente desguarnecida de garantías, no tiene derechos. Fíjate si no tiene derechos que incluso trata de retrasar las votaciones mediante el filibusterismo, pero se revela inútil porque el filibusterismo funciona en la medida en la que existe un Reglamento. Y ahí ya no existe un Reglamento.

Leído hoy el diario de sesiones suenan especialmente patéticos los llamamientos de la oposición a Carme Forcadell para que se comportase como una presidenta, como una autoridad del Estado y no como una hooligan de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), que es lo que ocurrió. “No se entendió que lo que se estaba produciendo ahí era un golpe. De hecho mucha gente todavía no lo ha entendido y cree que el golpe fue el 27 de octubre, cuando en realidad lo que se aprueba en las jornadas del 6 y el 7 de septiembre, la Ley del Referéndum y la Ley de Transitoriedad, sencillamente, construye una nueva legitimidad en Cataluña, fracciona el demos, la soberanía nacional queda completamente usurpada, y no se declaran sometidos a más ley que a la de su propia ley; es decir, es un paréntesis autocrático que finalmente fue sofocado por el Estado, pero es verdad que la reacción tardía de las autoridades lastra muchas cosas, entre otras, la versión o la defensa que pudiera tener el Estado en el extranjero.

 

 

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El 6 de septiembre, el Gobierno catalán comparece tras firmar el decreto de referéndum. | FOTO: Manu Fernández | AP

¿Qué parte de lo que ha ocurrido tiene que ver con la mediocridad de los políticos? 

Es verdad que el procés lo decanta una negligencia, que es la negligencia de Artur Mas, que es el político más negligente de la reciente historia de Cataluña. Hasta el punto de que él oficia el funeral del catalanismo conservador por un error de cálculo. Él no sufre ninguna Epifanía cuando en la Diada del 2011 recorre la Diagonal y ve a las masas enarbolando esteladas; él sabía perfectamente que el destino manifiesto de Cataluña era la independencia, él asumía ese dictado, es histórico. Y, además, trabaja por él.

 

«Artur Mas es el político más negligente de la reciente historia de Cataluña».

 

Años antes había reconocido que el Estatut era una estación de paso, no era una estación de destino y hace por virar a Convergencia hacia una radicalidad nacionalista que, finalmente, termina en independentismo. Y, sin embargo, él comete un error de cálculo gravísimo; él cree que esas masas van a legitimar su poder, van a concederle que si él convoca unas elecciones van a funcionar como una especie de viagra plebiscitaria, que le van a dar a él una potencia enorme, y comete un gravísimo error porque lo único que hace es ir perdiendo cada vez más y más apoyos, debilitando su Gobierno, y debilitando también su autoridad al frente del nacionalismo, hasta el punto de que al final ya pierde por completo las riendas del procés y es la CUP la que pone a Carles Puigdemont, que eso es también una cosa que hemos olvidado muy rápidamente, pero él creyó que iba a ser capaz de cabalgar el caballo desbocado de la CUP y no; terminó en el suelo hecho trizas.

Y ahí entra en juego un personaje como Carles Puigdemont, otro político mediocre

Sí. En eso Carles Puigdemont se parece a (Lluís) Companys, porque es verdad que la historia y el martirio ennoblecen mucho la figura histórica de determinados personajes pero Companys era un mediocre; un mediocre y un político circunstancial, era un tipo cuya lealtad hacia la nación catalana siempre estuvo puesta en duda, siempre luchó contra ello. Y Carles Puigdemont era un mediocre periodista, muy mediocre, y era un dirigente mediocre, lo que pasa es que al final terminó en el exilio convertido en el mesías del independentismo, pero basta escucharle hablar para darte cuenta de que es incapaz de trenzar cuatro frases concordantes.

¿Crees que Mas usó el procés como excusa para que no se hablara de la corrupción en CDC y de su mala gestión al frente de la Generalitat?

Todo eso influye mucho en la aceleración del procés. El procés hubiera ido de una manera mucho más lenta pero también inexorable, si eso no se hubiera producido. El destino estaba bien identificado y el camino estaba trazado. Lo que pasa es que él, cuando tiene que entrar en helicóptero el Parlamento, seguramente rumia un pensamiento…bueno, que va a utilizar la independencia como atajo o como una tabla de salvación. Él acelera ese proceso de una manera deliberada y decidió erigirse en una especie de Moisés, pero ese proceso estaba ya en marcha. Por eso, no lo explica todo, ni la corrupción ni los recortes.

Hay muchos factores…

Eso es. Siempre hemos pensado que en Cataluña hay un enorme pragmatismo a la hora de concebir la identidad, y no es cierto; hay un virus nacionalista muy poderoso actuando sobre mucha gente y es una identidad, en muchos casos, muy excluyente, y que no tiene tanto que ver con la avaricia, ni con la codicia, ni con un pacto fiscal y determinadas ventajas respecto al resto de las regiones, sino con el puro y duro ‘no somos iguales a los otros, somos diferentes’, que eso es lo que hace realmente dañino al nacionalismo. El nacionalismo no es un pragmatismo, el nacionalismo es una especie de teología de la sustitución y en Cataluña, además, se ha revelado con toda su crudeza estos años porque el nacionalismo siempre les había prometido una Arcadia feliz en la que vivir, un paraíso de vida de cada uno de ellos y, al final, lo único que podía ofrecerles ya pasadas las elecciones del 21 de diciembre era sacrificio, sacrificio, y más sacrificio. Y ahora mismo es un camino únicamente de sacrificio, de empobrecimiento, y de envilecimiento.

¿En qué momento los gobernantes catalanes deciden aparcar el bienestar de los ciudadanos para lanzarse al vacío y arrastrar a la sociedad?

¡Y su propio bienestar!…En cuanto al momento por el que preguntas, lo fácil sería señalar un hito pero no lo hay. Es mentira que exista un hito que pueda explicar todo esto, un punto de ruptura. La sentencia del Estatut…no, no es verdad, en ningún caso. Porque en la ponencia del Estatut, las reflexiones que se vierten en el Parlament, ves ahí eso que llaman la desafección, que ya existía. Y tratar de buscar una explicación siempre exógena al nacionalismo, porque siempre es exógena, siempre es una realidad exterior que afecta a la comunidad de Cataluña y que les empuja hacia el independentismo. Yo creo que es una farsa y es una de esas creencias suicidas que suelen abrazar a parte de España, no sé muy bien, haciendo penitencia de qué, porque es de una enorme culpabilidad por haber forjado miles de millones de independentistas cuando resulta que las razones por las que se forjan esos miles y millones de independentistas son cada vez diferentes, se adecuan a las necesidades de cada momento.

El nacionalismo catalán es victimista, excluyente, de ultraderecha, pero no parece que eso preocupe 

El nacionalismo es una droga tan poderosa que es la droga de la autocomplacencia, que puede afectar casi a cualquiera, y de hecho hay que tener un cierto rigor moral para no verse arrastrado. Ahora mismo tenemos un ejemplo muy bueno, que es la irrupción de Vox (en el Parlamento andaluz con 12 diputados tras las elecciones autonómicas del 2D). La irrupción de Vox está victimizando a miles de españoles y dándoles a creer que nada de lo que ocurre en España es culpa suya, y gente muy inteligente está dispuesta a comprar ese maravilloso placebo que le hace sentir muy bien y que le despoja de toda responsabilidad.

También hay un nacionalismo centralista, españolista. Es la derecha y, en mayor medida, la ultraderecha, como Vox, que estaba latente y que reacciona ante la amenaza de la ruptura de España

Yo ahí haría muchos distingos. Porque el nacionalismo español, efectivamente, ha existido, existe, y existirá. De eso no hay absolutamente ninguna duda. España era una anomalía hasta hace nada, la anomalía de ser la única nación europea que no tiene en su Congreso de los Diputados ni un sólo diputado de la ultraderecha nacional, llamémosla así. Hasta ahora, toda la carga identitaria que pudiera haber en España era del nacionalismo, era centrífuga, no centrípeta. Eso existía pero estaba subsumido en un discurso perfectamente homologable a cualquier partido de centro derecha, liberal, conservador. Vox sí es una fuerza nacionalista. Hay una tentación permanente en la izquierda, que es situar todo lo que se coloque a la derecha del PSOE en la extrema derecha. Y esto va a ofrecer una decantación, va a permitir decir ‘oye, mira, ahora ya tenéis una vara con la que comparar’.

 

«El desgarro que produce el procés, es inevitable que despierte todos los fantasmas de la historia de España».

 

En España, efectivamente existe el nacionalismo y puede ser muy virulento pero por los 40 años que hemos pasado de franquismo, nos hemos sometido a una penitencia durante la democracia que nos ha convertido en una anomalía. Y también porque nuestra propia configuración territorial hace que las identidades que se potencien, incluso con mayor financiación, son precisamente las regionales, porque tú has creado 17 entes regionales que comprenden que mediante la forja de una cierta identidad, de una galvanización de los símbolos regionales y demás, eso les va a permitir prosperar. Y los entes regionales no van a renunciar a eso tan poderoso. Y, sin embargo, se había descuidado por completo un relato emocional respecto de símbolos nacionales, incluso durante todos estos años de transformación social y democrática. Claro, al final, es que el desgarro que produce el procés, es inevitable que despierte todos los fantasmas de la historia de España.

Que es lo que ha ocurrido…

Los ha despertado ya, sí. Pero es que es inevitable. Lo que más me enerva del procés es que no comprendan el desgarro tan enorme que produce un proceso de extranjerización masiva. O sea, votar para declarar extranjeros en su tierra a unos ciudadanos. Eso es un desgarro tan brutal, tan salvaje, que no se produjo nunca en la historia sin que las consecuencias fueran tan dramáticas; y eso es lo que tenemos que entender con el procés, y eso es lo que se niega a entender una parte legitimadora del bien llamado, en este caso, unionismo, que hace que se haga un referéndum como si eso no tuviera ningún efecto traumático, sí lo tiene. A mí, lo que me resulta muy hiriente es que haya amigos míos que hayan ido a votar porque votar al sí o votar al no, votaban, además de en un fraude electoral, en una votación que consistía, que lo que dirimía era si yo era allí extranjero o no. Yo no voy a ser nunca extranjero en Cataluña. Esa es la clave.

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Junqueras, felicitado tras la declaración de independencia del 27 O, en el Parlament. | Foto: Manu Fernández | AP

Vamos a hablar de algunos de los actores del procés. Ya me has dicho que Carme Forcadell se comportó como una hooligan

Sí, es una hooligan del procés. Fue dirigente de la ANC (Asamblea Nacional Catalana) y actuó como tal. No es una presidenta del Parlamento, no es una autoridad del Estado. Forcadell es otra cosa, es una activista.

Hemos hablado también de Artur Mas

Un negligente.

Carles Puigdemont

Carles Puigdemont es la leche. Es un tipo profundamente mediocre que se encontró en una circunstancia inesperada y que dio la medida de lo que puede dar un Carles Puigdemont.

Miquel Iceta

Es el perfecto socialista catalán, y creo que tiene mucho que ver con la deriva que ha tomado el socialismo catalán en los últimos años y que ha vivido con una enorme desafección del electorado socialista, hasta el punto de que le han convertido en el cuarto partido de Cataluña y han erigido a Ciudadanos, una fuerza que no existía en el 2004, en el primer partido de Cataluña.

Inés Arrimadas

Creo que se ha convertido en el símbolo de la España democrática en Cataluña, con todo lo que eso conlleva. Yo, hay cosas en las que no estoy de acuerdo con ella, en absoluto, como el hecho de que no se presentara a una investidura; es verdad que están en un partido, Ciudadanos, que tiene una cierta liquidez porque es verdad que es un partido bastante líquido, pero no nos pongamos exquisitos, lo mejor que hay en Cataluña, en la clase política catalana es Inés Arrimadas, sin duda.

Oriol Junqueras

Es el político más importante que hay en Cataluña y es el verdadero hacedor del procés. En todas las decisiones, siempre prevaleció su criterio, siempre que hubo una discusión dentro del nacionalismo, prevaleció el criterio de Junqueras, y el procés fue siempre hacia donde quiso Junqueras. Junqueras es, por tanto, la gran mentira del procés, no es un hombre de la retirada, es un hombre que siempre apostó por la ruptura con España y sólo se puede decir una cosa a su favor, y es que ha asumido las consecuencias derivadas de sus actos

Quim Torra

Es nuestro Jörg Haider. Es un racista. Lo normal es que un tipo como Torra, con la literatura que tiene detrás, con las obras completas conocidas, que alcanza el poder en una región de un país occidental, lo normal es que al día siguiente los periódicos se levanten alarmados, alertando del ascenso de la ultraderecha. Es lo que ocurre en cualquier otra nación, es lo que ocurre cuando un partido como Vox tiene el apoyo del 6% del electorado de Andalucía; Torra tiene un apoyo muchísimo mayor, y hay una cosa muy importante que decir respecto de Vox y respecto de Torra. A mí no se me oculta lo que es Vox, ahora es verdad que yo todavía no he encontrado en Vox, en la hemeroteca, una literatura como la de Torra; yo todavía no he encontrado frases como las que le he leído a Torra y es de justicia decirlo. El problema de Torra no eran tanto los tuits, lo gordo son sus escritos.

 

«Quim Torra es nuestro Jörg Haider. Es un racista».

 

Es muy divertido cómo, con Torra, tratan de disfrazar el pensamiento absolutamente xenófobo, lo llenan todo de eufemismos, diciendo que en realidad se trata de un nostálgico de la época de preguerra y cosas que, es verdad que intelectualmente son muy sugerentes y que son pasmosas porque, además, Torra ha declarado su admiración por algunos de los personajes más siniestros de la historia de Cataluña, como los hermanos (Miquel y Josep) Badía (crearon milicias paramilitares de corte fascista), por ejemplo, porque es verdad que en la historia de Cataluña hay personajes muy siniestros.

Elsa Artadi

Es un personaje muy interesante porque en cuanto se aplica el 155 se convierte en una funcionaria ejemplar, de una obediencia extraordinaria, según cuenta Bermúdez de Castro. Es un tipo de nacionalista que también abunda, que es una cosa un poco happy flower, le gusta la estética de la rebelión pero sus consecuencias ya le parecen algo más incómodas, entonces prefiere no comprometer su patrimonio ni su libertad por la causa, pero bueno, mientras que la causa avance sin que eso tenga consecuencias para ella, va a estar en primera línea.

 

Los símbolos y el procés: el lazo amarillo, las esteladas, y como contrapunto, las banderas españolas en los balcones ¿qué peso tienen en todo esto?

El simbolismo tiene un peso importante. Los símbolos pueden ser buenos o malos, se pueden utilizar para lo perverso o para fines muy elevados. Respecto al uso de los símbolos, hay una diferencia enorme entre cómo enarbola una bandera un disciplinado manifestante de estas Diadas tan perfectamente diseñadas, tan norcoreanas, y la torpeza con la que la manejaba un manifestante del 8 de octubre; es que en el 8 de octubre salieron muchos españoles que tenían una relación muy natural con la bandera (española), como una herramienta de extrema necesidad. Creo que eso es una relación muy saludable con los símbolos.

 

«Lo que te está diciendo el lazo amarillo es ‘tú no eres de aquí’».

 

El lazo amarillo es la antítesis porque, mientras la bandera española es agregadora, lo que trata de decir es ‘podemos vivir juntos, todos, respetando las particularidades regionales, o fomentándolas, y también la simbología regional, fomentándola’, lo que te está diciendo el lazo amarillo es ‘tú no eres de aquí’ o ‘estos no son patriotas’. El lazo amarillo es una especie de estigma. Es bastante perverso el uso que se hace del lazo amarillo. Además, simboliza mucho – está en la portada muy bien resuelto: es una soga que se han echado al cuello.

Dices en el libro que parte de la responsabilidad del procés es de los ciudadanos en Cataluña 

En una democracia, salvo que deje de serlo, la ciudadanía es responsable de sus actos, de su destino. Precisamente, una de las labores del populismo es tratar de convencerle de lo contrario, es decirle que no tiene absolutamente ninguna culpa respecto de lo que ocurre, ni de su presente ni de su futuro. Pero sí lo es. En Cataluña, el engaño fue nutrido con tal cantidad de fondos que, hombre, lo hace más efectivo. Cuanto tú tienes tanto dinero destinado a crear una mentira, la mentira suele ser brillante.  Y en este caso lo estamos viendo. Sin embargo, no se puede engañar de una manera tan profunda sin la gozosa colaboración del engañado.

¿Se pueda engañar tanto tiempo y a tanta gente? ¿Es ignorancia o a la gente le interesa ser ‘engañada’?

En esto se embarcaron gozosos dos millones de catalanes que son culpables de haberse creído los dos principales engaños del nacionalismo: una es la enfermedad de los ricos, que es creerse pobres. Efectivamente, se creyeron pobres cuando forman parte de una comunidad próspera de un país estable de la Unión Europea; y en segundo lugar, efectivamente creyeron que no podemos vivir juntos, cuando es la mentira más aterradora del nacionalismo. Estas dos mentiras son especialmente dañinas por una razón: porque ambas pueden convertirse en verdad. A base de repetir que eres pobre puedes terminar siendo pobre, y a base de repetirte que no puede vivir junto al vecino, puedes terminar por no poder vivir junto al vecino. Son las dos autoprofecías del procés, de cualquier nacionalismo. El balcánico es un buen ejemplo. Terminan por convertirse en verdad y eso es lo jodido. Hay un autoengaño. Y hay también mucha autocomplacencia porque ser víctima es algo fantástico. Es muy placentero ser víctima porque tu responsabilidad queda inmediatamente en suspenso. Eso también lo vemos en Vox. Es de libro, de repente sale una fuerza que te dice que tú no tienes ninguna responsabilidad en todo lo malo que te ocurre y lo normal es que, si eres un poco narcisista, es que te lo termines creyendo si te lo repiten con mucha insistencia

¿Me estás diciendo que se han creído la declaración de independencia y el referéndum? 

Sí. Hay mucha gente que se lo ha creído. De dos millones, quítale una parte que es voto puramente coqueto, gente que sabía que el Estado, llegado el momento, les iba a salvar de sí mismos y entonces iba a darse el gustazo de una rebelión, de una celebración. Luego le quitamos una parte de verdaderos inconscientes, y lo que te queda tiene mucho que ver con el fervor religioso, que es gente dispuesta a sacrificarse y, lo que es peor, sacrificar a los demás, con tal de alcanzar un bien inmaterial. El nacionalismo fervoroso es eso, es una especie de teología de la sustitución que permite creer en una realidad supranatural y en un paraíso venidero a la medida de cada uno, y yo creo que ese fervor, el día 21 de diciembre se expresó con toda rotundidad en las urnas.

Con Junqueras como principal actor de ese fervor religioso

Algo tendrá que ver la religión con el nacionalismo. El único partido que conserva a Dios en su lema es el PNV, que es la síntesis del reaccionario: el Dios y leyes viejas. Y el último político al que le hemos escuchado una profesión de fe absolutamente desabrida es a Oriol Junqueras. Yo no he escuchado a nadie una profesión de fe como a Oriol Junqueras que llega hasta el punto de mostrarse ante la Justicia, necesariamente existencialista, de una manera esencialista. Es decir, ‘no juzgue usted lo que yo he hecho, juzgue lo que yo soy; yo soy un creyente y yo no puedo pecar’. Que es algo tremendo. Y creo que tiene que ver con el nacionalismo.

Mencionas la participación de los curas en el procés. Es de sobra conocida la connivencia entre los curas y el nacionalismo vasco pero me ha llamado la atención que también exista en el procés

Esto que te decía de Oriol Junqueras y el PNV fue lo que me invitó a empezar el libro hablando de Dios y el nacionalismo, que puede parecer una cosa marginal pero no, hay que arrancar con eso, es muy importante. Porque, efectivamente, hay unas raíces comunes y si ahora mismo superpones dos mapas, uno del carlismo, de las zonas donde arraigó el carlismo en Cataluña y en las zonas donde ha arraigado el independentismo, son exactamente iguales. De una precisión tan milimétrica que no puede ser casualidad.

«El nacionalismo ahora mismo es un camino únicamente de sacrificio, de empobrecimiento, y de envilecimiento».

 

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En el procés, según cuentas, el nacionalismo da paso al independentismo

Esa mutación responde a una lógica instrumental porque las palabras en Cataluña han pasado a tener un carácter puramente instrumental. Ya no significan nada, más que lo que quiera el nacionalismo que signifiquen. ¿Por qué pasan de llamarse nacionalistas a llamarse independentistas? Porque la palabra nacionalismo ha quedado muy desgastada por la historia y ya cuando el siglo XX la deja hecha jirones, ellos necesitan inventarse una lógica diferente. Entonces, desplazan el sujeto activo de la independencia y dicen ‘nosotros somos independentistas’, como si la independencia fuera una cosa sobrevenida y, por supuesto, por causas exógenas. ‘Soy independentista porque me quiero independizar de ti’, no es que ‘yo quiera ser independiente’, es que ‘me quiero independizar de ti, porque tú no eres lo suficientemente bueno para mí’.

Y del nacionalismo se pasa al republicanismo

La siguiente mutación que se produce, una vez fracasado el procés, porque esto se produce cuando el golpe ha fracasado, cuando el Estado ha conseguido pararlo, es el llamarse republicanos. ¿Por qué insisten tanto en esto? Porque ya su única esperanza es desgastar todo lo posible las instituciones españolas y que la independencia caiga como fruta madura. Es decir, extender la enfermedad de los ricos por toda España, como una pandemia, que todos nos creamos pobres y que en un acto de suicidio colectivo decidamos prescindir de Cataluña o que cada uno marche por su lado. Ese proceso de degradación de las instituciones españolas empieza con la pieza fundamental, que es el rey, que es la institución que el día 3 de octubre moviliza a todos los españoles que salen el 8 de octubre con un discurso absolutamente inequívoco y perfecto en su formulación. Ahora mismo es de lo que se trata…

Dices también que el rey tuvo una intervención impecable. En efecto, fue una declaración dura, directa, en consonancia con una situación de tal gravedad, pero ¿quizá le faltó decir la palabra diálogo?

No podía decir diálogo. No podía, porque una de las cosas más narcisistas que tiene el tercerismo es este rollo macabeo de que hay que seducir a los catalanes, es una cosa absurda que, además, infantiliza a los catalanes, que los pinta como niños malcriados, incapaces de asumir sus frustraciones. El rey no podía asumir esa lógica bajo ningún concepto. Tenía que señalar el incumplimiento que se estaba produciendo por parte de unas autoridades del Estado. Él tenía que señalar a esas autoridades del Estado porque, precisamente, él hubiera invadido un terreno que no le corresponde si, en lugar de hablar desde su papel de árbitro, que fue lo que hizo, se dedicara a borbonear, como hacía su antepasado. La palabra diálogo hubiera sido introducir la política en el discurso del rey. Lo que hizo el rey fue sencillamente apelar a las autoridades del Estado para que restablecieran la ley en Cataluña, que en ese momento brillaba por su ausencia en Cataluña. Lo que hizo sencillamente fue llamar al restablecimiento de la ley. Si hubiera pronunciado la palabra diálogo, entonces sí, hubiera a actuado como un político. Igual que también se le ha reprochado que no utilizara palabras en catalán, es que no era el momento. Y por eso el discurso es tan perfecto. Además, creo que los catalanes tienen mucho que agradecerle al rey, no sólo los no nacionalistas, porque, por primera vez en su puta vida les trataron como adultos; al fin un hombre les estaba hablando como si fueran adultos y no como si fueran unos niños malcriados, con una rabieta infantil e incapaces de asumir sus frustraciones.

«Los catalanes tienen mucho que agradecerle al rey, y no sólo los no nacionalistas, porque por primera vez alguien les trató como adultos».

Los políticos se dirigen a los catalanes como si fueran niños, a los catalanes nacionalistas, me refiero, cuando les dicen esas cosas de que hay que seducir…¿pero se dice eso de los extremeños? ¿se dice eso de los murcianos? ¿Se habla de la desafección de los andaluces? ¿Pero alguien se dirige así a cualquier otra comunidad que no sea Cataluña? Ni siquiera a los vascos. Entiendo que lo hayan asumido, una lógica tan insultante, y lo han asumido única y exclusivamente por la ventaja comparativa que les ofrece porque, si tú partes con dos millas de ventajas pues llegas mucho antes a tu destino, pero si a mí me hablasen como les hablan a los catalanes nacionalistas me sentiría profundamente ofendido, y al fin, el rey les trató como adultos. Así que creo, de verdad que deberían sentirse muy agradecidos.

La entrevista llega a su fin y no me resisto a recordarle a Rafa Latorre una frase de José Ortega y Gasset que creo que resume perfectamente lo que ha sido el procés: “De querer ser a creer que se es, va la distancia de lo trágico o lo cómico”. Porque, como dice el autor de Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido, el procés no deja de ser una tragicomedia.

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Un momento de la entrevista en la redacción de The Objective. | Foto: Carola Melguizo.