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Reforestaciones en España: buenos (y no tan buenos) ejemplos

Las reforestaciones entre los años 50 y 80 han sido criticadas porque se seleccionaron pocas especies o se hicieron plantaciones muy densas

Foto: Janusz Maniak | Unsplash

A la hora de planificar una reforestación lo primero que debemos considerar es el objetivo: ¿por qué se hacen? Esto conlleva otras tres cuestiones inmediatas: ¿cuánto?, ¿dónde? y ¿con qué?

Una reforestación puede tener diferentes finalidades, como las siguientes:

  • El incremento de la biodiversidad.
  • La producción de madera, corcho, frutos, etc.
  • La restauración hidrológico-forestal.
  • La protección del suelo tras un incendio.
  • La generación de servicios ambientales como son paisaje, uso público y captura de carbono, muy en boga en los últimos tiempos.

 

Reforestaciones en España

Para poder juzgar el éxito de una reforestación, nos tenemos que fijar en su principal objetivo y verificar su cumplimiento. En este sentido, ha existido mucha polémica con respecto a las grandes campañas de repoblación forestal que se hicieron entre los años 50 y 80 en nuestro país.

Aquellas iniciativas, que reforestaron más de 3,5 millones de ha, han sido criticadas porque se seleccionaron pocas especies o bien porque se hicieron plantaciones muy densas.

Pero pensemos en las repoblaciones realizadas en territorios que hoy son zonas protegidas, como el Parque Natural de los Montes de Málaga y el Parque Regional de Sierra Espuña (en Murcia).

Foto: Paisaje del Parque Natural Montes de Málaga. José Sánchez Rodríguez y Rafael Palomo López/Wikimedia Commons, CC BY-SA

En estos lugares, el objetivo era proteger el suelo y mejorar la infiltración del agua de lluvia para controlar las grandes escorrentías que causaban inundaciones fatales.

En el pasado, se registraron riadas con centenares de víctimas mortales en la ciudad de Málaga. En la actualidad, la convergencia de una adecuada acción restauradora forestal con un política de infraestructuras hidráulicas adecuada, evita que se produzcan este tipo de catástrofes.

Las reforestaciones, por tanto, cumplieron con su objetivo: retuvieron el suelo y frenaron la escorrentía. Además, generaron otros servicios ambientales relacionados con el paisaje y la captura de carbono.

Hoy en día, muchos de los grandes espacios protegidos que tenemos en España proceden de masas forestales gestionadas de forma sostenible con el objetivo principal de producir madera, pastos, leña… Aunque cada vez son más las repoblaciones que se realizan con objetivos restauradores o de incremento de la biodiversidad.

Reforestaciones en España: buenos (y no tan buenos) ejemplos 1

Foto: Ales Krivec | Unsplash

Las campañas para plantar árboles que organizan las ONG son muy positivas, ya que generan concienciación ciudadana, lo que podría ser un objetivo en sí mismo.

No obstante, siempre debemos contar con la información que aporta la ciencia, así como con el conocimiento y los medios técnicos necesarios para seleccionar adecuadamente las especies en función del suelo y clima. También para elegir la técnica de siembra o plantación idónea en función del objetivo y de los factores limitantes (recursos económicos, disponibilidad de medios técnicos y de material forestal de reproducción adecuado).

Tampoco hay que olvidar que estas reforestaciones van a necesitar con posterioridad labores de gestión que han de ser también previstas, planificadas y (deseablemente) presupuestadas.

La captura de carbono por terrenos forestales

Aproximadamente el 50% del peso seco de la madera corresponde a carbono. Este es capturado en forma de CO₂ de la atmósfera para, a través del proceso de la fotosíntesis, pasar a formar parte de la celulosa y otras biomoléculas constituyentes de la planta.

Sin embargo, una planta (ya sea herbácea, un arbusto o un árbol) es mucho más. Constituye un elemento de un sistema más amplio con el que interacciona, en el que influye y por el que es influida.

La sombra que proporcionan los árboles, los productos de su desfronde y el reciclado de las raíces muertas (que también son caducas como las hojas) favorecen la presencia de la microbiota. Esta descompone la materia orgánica, generando un suelo más fértil y ecológicamente más funcional.

Más carbono en el suelo que en las hojas

En nuestro grupo de investigación hemos estudiado las reforestaciones de pino carrasco (Pinus halepensis) realizadas en ambientes semiáridos de Andalucía oriental y de Murcia, sometidos posteriormente a tratamientos silvícolas.

Los resultados de estos trabajos demuestran que hay, aproximadamente, 1,5 veces más cantidad de carbono orgánico en los pinares que han tenido una silvicultura respecto a aquellos del mismo territorio, pero que no han sido gestionados desde que se plantaron.

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Foto: Josh Calabrese | Unsplash

Además, gran parte de ese carbono está secuestrado en el suelo gracias al componente orgánico (materia orgánica procedente de hojas, restos vegetales, raíces, etc.).

Por tanto, la selvicultura es capaz de aumentar la captura adicional de varias toneladas de carbono por hectárea reforestada.

Este y otros resultados similares obtenidos en pinares de Soria y del sur de Francia se han conseguido gracias al proyecto Life Forest CO₂, en el que participamos.

Un manejo adecuado —en particular, la regulación de la densidad del arbolado con clareos y claras— de las reforestaciones de pinar adultas (procedentes de las plantaciones de la segunda mitad del siglo XX) convierte estos bosques en uno de los almacenes de carbono más importantes en el medio rural de España.

Estas reservas contribuyen a la captura de importantes cantidades de carbono tanto en el suelo como en la vegetación. Los bosques actúan como grandes sumideros de CO₂, disminuyendo su cantidad en la atmósfera y reduciendo el efecto invernadero. Como consecuencia, favorecen la mitigación del cambio climático.

La gestión forestal tras una reforestación

A la vista de estos resultados, debemos entender que nos encontramos ante ecosistemas forestales complejos. Los suelos en Andalucía oriental y Murcia, a diferencia de Soria y el sur de Francia, son en su mayoría de naturaleza caliza.

El carbonato cálcico forma parte del ciclo del carbono y, en una escala de tiempo mucho más amplia, estas rocas son capaces de almacenar carbono durante cientos e, incluso, miles de años.

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Foto: Ales Krivec | Unsplash

Como vemos, son muchos los factores implicados en el equilibrio y el balance de carbono en los bosques. Si deseamos planificar una reforestación para maximizar la captura de carbono, hemos de prever futuras intervenciones silvícolas para gestionar la masa forestal y considerar la naturaleza de los suelos, entre otros factores.

Independientemente de su objetivo, las reforestaciones son un delicado ejercicio profesional que requiere ciencia, tecnología e innovación, así como experiencia.


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
The Conversation

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