Madrid y la India, amor inesperado
Foto: Pille Riin Priske

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Madrid y la India, amor inesperado

Los restaurantes indios de Madrid, a partir de un inicio modesto, se fueron trasladando progresivamente a barrios más elegantes, y reforzando su atractivo.

por Víctor de la Serna

Fue muy curioso el fenómeno. En los años 70 del siglo pasado abrió el primer restaurante indio en Madrid, de cuyo nombre no logramos acordarnos, junto a la plaza de Santa Bárbara. Era una curiosidad, porque ni existía una colonia india en la capital española ni había relaciones históricas entre la India y España como existían entre la India y Gran Bretaña o entre España, Iberoamérica e incluso Filipinas. Sí, por aquel entonces ya habían llegado los primeros italianos a España -¿cómo no, en pleno ‘boom’ pizzero?- y los primeros chinos, éstos avalados por sus precios modestísimos, aptos para estudiantes universitarios impecunes. ¿Pero indios? ¿En un país con fama de aversión a los platos muy especiados? Inesperado.​
No nos pregunten por el éxito –no instantáneo, sino progresivo- de los indios en Madrid. Fue una realidad, avalada por lo sabroso de una cocina que los españoles comprendían… salvo quizá cuando llegaba a los platos más picantes. Aún recordamos la cara que puso un amigo con el primer bocado de un picantísimo cordero ‘vindaloo’ que, según él, estaba entre sus favoritos. Pero todo eso funcionaba, y un barrio madrileño se convirtió de repente en una sucursal de Bombay: Lavapiés, y en particular la calle de Ave María, hace dos decenios transformada en un remedo de cualquier vía de las zonas indias de Londres. Hoy se ha moderado la cosa: muchos indios han emigrado a barrios más pudientes, y queda media docena de ellos –que no está mal- en Ave María.​
Madrid y la India, amor inesperado

Foto: Adam Holmes | Unsplash.

Así, Ganges y Taj Mahal, dos de los clásicos, se instalaron fuera de ese barrio. Y lo hizo el ambicioso Annapurna en Chamberí, hasta que cerró y años más tarde el mismo local reabrió como Benarés… con similar falta de éxito.​ Mucho ruido, pocas nueces.
Cuando este cronista empezó a interesarse por estos indios de Madrid, descubrió pronto que… la mayoría no estaba regentada por indios, sino por pakistaníes, bangladesíes y hasta nepalíes. Utilizaban el gancho indio, y les iba bien. Según datos oficiales, apenas 2.000 ciudadanos de la India viven hoy en Madrid. Pero la cocina une mucho…​
La cosa ha seguido a lo largo de estos más de 40 años. Los restaurantes indios, a partir de un inicio modesto, se fueron trasladando progresivamente a barrios más elegantes, y reforzando su atractivo. Y algunos buenos observadores de la escena madrileña, como nuestro amigo Estanis Carenzo (de Sudestada, una casa desgraciadamente desaparecida) nos pusieron sobre aviso en torno a algunos poco conocidos; en su caso, puso en el mapa a Diwali, en el distrito de Retiro.​
El caso es que el éxito de los indios, aparentemente tan lejanos de los hábitos culinarios de los españoles, se ha acabado implantando en esta ciudad. Y hoy restaurantes como Tandoori Station, Bangalore, Swagat o Purnima ratifican esa inesperada comunión  de Madrid con las cocinas de la India.​