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Romain Puértolas: “El esnobismo literario es una forma de dictadura”

Foto: Diana Rangel | The Objective

El autor franco-español ha visitado Barcelona para presentar su última novela, ‘Todo un verano sin Facebook’ (Grijalbo, 2018), y le hemos visitado para proponerle un delirante misterio donde los donuts no pueden faltar.

 

En Nueva York no hay crímenes, y no porque la Policía sea una maravilla, sino porque es un lugar tan soso que hasta se te quitan las ganas de delinquir. Los agentes aprovechan la radio del coche patrulla para pedir pizzas, tejen… Hacen ese tipo de cosas. Por no haber, en Nueva York no hay ni señal Wifi; no digamos Facebook. ¡Cómo se puede vivir sin un ‘Me gusta’, sin un ‘Compartir’! De todas formas, ¿qué hay que compartir en este cochino pueblo?

¡Ah, se me olvidaba! Hablamos de la Nueva York de Colorado, un pueblo tan trumpiano que solo crecen racistas y machistas; especialmente su sheriff. Allí, ¡oh fortuna!, tuvo que ser destinada la detective Agatha Crispies; oronda, afroamericana, adicta a los tíos buenos, los donuts y, sobre todo, la literatura. Y tras cinco años de sequía virtual y criminal, dedicada a dirigir un club de lectura en la comisaría al que acuden tres y el gato –si acuden-, un misterioso asesinato y varias desapariciones van a sacudir los cimientos de Villa Sopor.

¡Bienvenidos a Nueva York, Colorado! ¡Bienvenidos a ‘Todo un verano sin Facebook’, la última novela del escritor franco-español Romain Puértolas.

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Hemos quedado con el autor en su hotel, por suerte no en Colorado, sino en Barcelona,  y nos recibe con un bandeja de donuts. “Manjar de polis”, le digo, porque Puértolas es inspector de policía y no hay muchos polis –o ex polis- escritores; solo me vienen a la cabeza Víctor del Árbol, Marc Pastor y Olivier Norek.

Romain Puértolas trabajó un servicio especializado para el desmantelamiento de redes de inmigración ilegal y ahora es un escritor de éxito, cosa que jamás imaginó antes de su debut literario con ‘El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea’ (Grijalbo, 2014). “Lo más habitual es no llegar a que te publiquen un manuscrito. En Francia escriben 4 millones de personas, es una lotería. A mí me rechazaron siete manuscritos antes de que me cambiase la vida. No quería ser escritor, simplemente escribía; siempre lo he hecho. Pensaba: “¿Qué es lo peor que te puede pasar, otra carta de rechazo?”, me cuenta.

Tiene un curioso acento francés con deje andaluz. Su abuelo nació en Huesca y ha vivido en Madrid, Barcelona y finalmente en Málaga, donde reside con su mujer española y sus dos hijos y alterna su profesión de escritor ‘en movimiento’ con ser amo de casa. Sí, en movimiento… Porque las ideas le viene siempre en marcha, bien sea en el tren, en el metro o en el supermercado.

‘Un verano sin Facebook’ no es una excepción. “El principio de la novela me vino mientras conducía de Málaga a Granada; de repente vi la historia y pasé todo el camino escribiendo en el móvil para que no se me olvidase. (Nota para el lector: No prueben a hacerlo en casa, o en la carretera, vamos). No soy ese tipo de escritor que se sienta delante del ordenador a ver si le viene la inspiración; vivo mi vida, llevo a mis hijos al colegio, limpio la casa y cuando me llega la inspiración me envío un email desde donde esté. Pero lo que siempre dije que no haría es escribir una novela policíaca”, resume Romain. Aunque acabase haciéndolo, a su manera y con mucho humor.

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“Lo que cuentan en las series policiacas en de ciencia ficción” -Romain Puértolas. Foto: Diana Rangel. / The Objective.

 

De hecho, ‘Todo verano sin Facebook’ es una ‘anti-novela negra’. No esperes encontrarte a ningún CSI pasando el cepillito por la lengua de un criminal ni complejos crímenes rituales –complejidades hay, por supuesto, de una índole más delirante. Y donuts, todavía más-. Dice el escritor que su intención fue explicar la cruda verdad sin guionistas del oficio de policía –“lo que ocurre en las series es de ciencia ficción y quería que el lector supiera cómo es en realidad”-. Y como la literatura es el mejor reflejo de la vida y ya está todo escrito, asegura, en esta novela es el arma más eficaz, junto al humor, para resolver grandes crímenes.

Los asesinatos no tienen tantas complicaciones como  se ve en las películas; si muere un hombre, lo ha matado casi seguro su mujer y al revés. Un crimen no es como el robo de un móvil en plena calle, normalmente el asesino es alguien a quien conoces muy bien”, subraya. Y otras, ni siquiera puede considerarse un homicidio, como en el enigma de ‘El misterio del cuarto amarillo’, de Gastón Leroux, que aparece citado en la novela junto a un buen puñado de obras y autores, desde Poe y sus ‘Historias extraordinarias’ hasta ‘Cincuenta sombras de Grey’, aunque el peor crimen en este último caso sea la novela en sí misma. ¡Ups! Perdón, Romain…

“No hay novelas de primera y segunda, simplemente novelas que te gustan o no. Estoy totalmente en contra del esnobismo literario. Hitler quemaba libros igual que Estado Islámico. Incluso cuando un libro no tiene lectores, hay alguien que lo ha escrito; así que al menos responde al gusto de una persona, y eso se llama democracia. El esnobismo literario es una forma de censura, de yihadismo y de dictadura en la que por vender diez libros eres un genio y, en cambio, si vendes cien mil eres un autor de mierda”, afirma. Y me siento un poco peor, porque si vendes diez libros al menos el consuelo que te queda es creerte el puñetero amo, digo yo. Y luego está James Joyce…

 

“Muchas personas no se atreven a cambiar y empezar de cero, y por eso son tan infelices. A mí si algo no me gusta, lo rechazo o me voy” -Romain Puértolas

 

No ha leído el ‘Ulises’ de Joyce, aunque lo haya intentado. Yo no he leído el ‘Ulises’ de Joyce y llevo tratando de hacerlo desde que tenía 15 años; la gran mayoría de la población no ha leído el Ulises, pero todo el mundo habla del Ulises. La gente dice: “¡Ah, sí el Ulises!”, pero si les preguntas a partir de la décima página los pones en un aprieto. Sin embargo, todo el mundo ha visto ‘Lo que el viento se llevó’, y nadie conoce a la autora del libro. Bueno, a excepción de la detective Agatha Crispies; ella lo ha leído todo. Y Romain Puértolas también tuvo que leer muchísimo para encarnarla, cosa que hace a todas horas: mientras cocina, en el baño,… Por eso cuando le pregunto si cree que Facebook y las redes sociales a las que estamos enganchados nos hacen leer menos, él me responde con un rotundo: “Quien quiere leer, lee. No hay excusas ni pretextos”.

Los Nueva York (Colorado)

Y como escapar de esos pueblos ¡del demonio! Llámese la América profunda, la Francia profunda o la más que profunda España profunda; todos hemos visitado u oído hablar a nuestros abuelos de lugares donde la menor diferencia es vista como un error y tratada como tal. Quizás ahora en menor medida, pero siguen existiendo. Y la detective Agatha Crispies, con su enorme voracidad, su color de piel y sus extraños métodos para resolver crímenes, se pasa varios pueblos para sus vecinos; algo que no ocurriría, según Puértolas, si fuesen algo más viajados. “Hay una frase de un rapero francés que me encanta: ‘Tú eres un extranjero en el extranjero’.

He vivido en España diez años y siempre he sido un guiri. Hay que viajar mucho para abrir la mente, porque hay gente que se queda en sus pueblos y el miedo y el desconocimiento es la raíz del racismo y la intolerancia. No soy cobarde, me he movido mucho. Tuve muchos trabajos antes de ser policía y luego escritor; he sido limpiador de máquinas tragaperras, auxiliar de vuelos, profesor… Y todos estos oficios me han hecho quien soy.

Muchas personas no se atreven a cambiar y empezar de cero, y por eso son tan infelices; en cambio, a mí si algo no me gusta, lo rechazo o me voy. La vida nos pertenece y podemos hacer lo que queramos y romper con lo que no nos gusta”. Y qué mejor que romper primero con los clichés pero a través de su uso, que es justo lo que hace en novelas como ‘La niña que se tragó una nube tan grande como la Torre Eiffel’ (Grijalbo, 2015) y en esta última obra: “Me quedo con el cliché para combatirlo y hablar sobre la aceptación de uno mismo, porque no por ser negro, grueso o mujer quiere decir que no vayas a tener nada en la vida. La protagonista de mi novela tiene que enfrentarse a un sheriff machista y racista y él, a su vez, se enfrenta a sus contradicciones”, apunta.

 

“Es muy humano querer saber lo que nos va a ocurrir, pero la vida nos da sorpresas a cada segundo” -Romain Puértolas.

 

Diana, la fotógrafa le pide a Romain que pose y mire a través de una ‘dona’. “¿Perdona? ¿A través de qué?”. “La dona, la dona. ¿Cómo lo llaman ustedes?”, insiste ella. “Es que lo está pronunciando bien, a la americana. Se refiere a que cojas el donut -aclaro yo-. A mí me lía igual cuando me dice que ha hecho un ‘backá’ al ordenador”.

Mientras se coloca la ‘dona’ a modo de lupa, saco de mi bolsa verde de la compra (muy chic, sí) piezas de un improvisado escenario de crimen con la intención de que Romain Puértolas, a quien le encantan las sorpresas –de hecho, el final de su novela esconde una-, especule en calidad de escritor-detective sobre un supuesto caso al que he titulado a posteriori ‘El caso de la chica del falso carmín’ (en este vídeo entenderás por qué). Y eso me lleva a poner en práctica el mismo método de asociación delirante que emplea Agatha Crispies –“es un guiño a Sherlock Holmes, que era capaz de adivinar cuántos hijos tenía una mujer por una mancha en el cuello de la camisa”-.

Así que de Crispies voy a Christie y de ‘ Todo un verano sin Facebook’ a cualquiera de las novelas de la maestra del misterio, en las que el asesino siempre es descubierto en las últimas páginas y tanto esmero le ponía a este procedimiento que escribía cada una de sus obras dirigiendo al lector a través de pistas falsas hacia uno de los sospechosos y cuando iba a terminar el borrador daba un giro, se sacaba al culpable de la manga y reescribía la novela.

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Foto: Diana Rangel.

 

“Muchos de mis lectores justo acaban de comprar mis libros y empiezan leyendo las últimas páginas. Alguna vez les he preguntado por qué y me dicen: ‘Me gusta saber cómo acaba antes de empezar’; por eso he escrito una pequeña broma-trampa para ellos y no me molesta reconocer que el autor del crimen sí aparece en la última página. Es muy humano querer saber lo que nos va a ocurrir, pero la vida nos da sorpresas a cada segundo. Eres dueño de tu suerte y creas oportunidades, pero hay factores que no puedes controlar”.

Y dado que el futuro es incierto y nosotras presumimos de optimismo y, como el escritor, creemos que el humor es el mejor chaleco antibalas, auguramos que al menos en lo que respecta al ‘Caso Bárbara’ o ‘Caso de la chica del falso carmín’, el final será ‘redondo’.

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Y tan redondo… Foto: Diana Rangel.

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