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Pictoescritura o por qué es mejor aprender a leer y escribir dibujando

Foto: Carola Melguizo | The Objective

Fundadora de Vox Prima y emprendedora social de Ashoka, Roser Ballesteros es la artífice de una pionera metodología que utiliza el dibujo como herramienta para aprender a leer y escribir y desarrollar la creatividad.

 

“Cómo cambiaría el mundo si creciéramos conscientes de que todos y cada uno de nosotros es un ser único, especial, con una maravillosa historia que contar”. La frase es de Roser Ballesteros, artífice de una pionera metodología que utiliza el dibujo como herramienta para aprender a leer y escribir y, de paso, desarrollar el pensamiento creativo. Se llama pictoescritura, funciona en cualquier idioma, abarca todo el currículum de lengua y es aplicable a cualquier tipo de escuela y alumno.

“Especialmente con la disrupción tecnológica, los niños crecen en un entorno con un enorme bombardeo visual, donde la información está a un solo clic y los productos de ocio son multimodales e interactivos. Esto provoca que su estilo de aprendizaje cambie”, explica Ballesteros, que en el año 2010 decidió dejar su trabajo como directora de comunicación para fundar Vox Prima y desarrollar su proyecto. “La asincronía entre el mundo en el que ellos viven y la escuela”, que en opinión de diversos expertos acaba con nuestra creatividad innata, “está produciendo que en muchos casos no haya aprendizaje. Lo que nos hace desconectar, lo que nos aburre, lo que nos desmotiva es seguir una clase y no estar aprendiendo”, continúa diciendo para rematar: “No es que los niños no puedan aprender a leer y escribir, que no les interese leer o que no sean capaces de pasarse dos horas escribiendo: sencillamente, para ellos mucho del trabajo previo es importante hacerlo desde la imagen”. De hecho, su propio proceso creativo comenzó ahí.

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Roser Ballesteros, creadora de la pictoescritura conversa con The Objective en Ana La Santa en Madrid. | Foto: Carola Melguizo / The Objective.

 

“Cuando arranqué el proyecto pensé que tenía que elegir entre estos dos lenguajes, literatura y pintura, escritura y dibujo, y no podía, físicamente, porque tenía la sensación de que me partía en dos. Necesitaba conectar los dos lenguajes. Pasé de esa angustia a pensar que a lo mejor ahí estaba el tema, que a lo mejor no era la única», confiesa la emprendedora social de Ashoka. Para lograrlo, se rodeó de un equipo de escritores, ilustradores y lingüistas actualmente formado por seis trabajadores e invirtió el tiempo para «desarrollar la metodología en las aulas, con maestros y alumnos reales, involucrando distintos tipos de inteligencia e incorporando toda la parte de investigación universitaria”. Los resultados fueron más que satisfactorios.

En las escuelas de control, evaluadas a lo largo de tres años académicos (2013-2016), los niños produjeron textos dos veces más largos, tres veces más complicados en términos de estructura y su comprensión textual fue seis veces mejor. Además, la autoestima de los niños aumentó y, con ella, la motivación de los maestros. Este curso, 5.000 alumnos de primaria y 250 profesores de 22 colegios ya han sustituido la programación tradicional de lengua por la pictoescritura.

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La plataforma de Vox Prima identifica las habilidades de cada alumno y en función de su nivel adapta el material para reforzar ciertas áreas. | Foto: Carola Melguizo / The Objective.

 

¿Pero en qué consiste este novedoso método? La programación, según explica Ballesteros, se divide en tres bloques: uno receptivo, otro productivo y un itinerario personalizado de aprendizaje. En el primero, maestros y alumnos comparten una historia de ficción ilustrada en formato digital a partir de la cual realizan actividades de creación de textos, desarrollo de léxico y juegos. “Todos los contenidos –historias, ilustraciones, textos– nacen de sesiones creativas realizadas en las aulas por escritores e ilustradores profesionales, pero beben del imaginario de niños de las mismas edades. Eso hace que sea material pedagógico distinto, con una frescura que el adulto va perdiendo por el camino y que ellos reconocen”, explica Ballesteros mientras subraya la importancia de trabajar con imágenes para enseñar a los pequeños a observarlas, discriminarlas o asociarlas al léxico.

En el segundo bloque, el productivo, los chavales se embarcan en la creación de su propio libro, donde ponen en práctica lo aprendido. Para ello, los maestros incitan a los alumnos, que en esta etapa trabajan en grupo, a imaginar personajes y crear una historia mediante ilustraciones. Después, y de manera individual, utilizan algunas de esas ilustraciones para su propia historia. Según el curso será un álbum ilustrado (primero y segundo), un cuento (tercero y cuatro) o un diario de viaje (quinto y sexto) que imprimen y también comparten en formato digital.

Para terminar, “a lo largo de toda la programación tienen un itinerario personalizado a través de unos juegos en el ordenador”, señala Ballesteros. Esto es posible gracias a la plataforma de Vox Prima, que identifica las habilidades de cada alumno y en función de su nivel adapta el material para reforzar ciertas áreas. “Un niño no es bueno o malo en lengua: cuando puedes discriminar la información puedes ver que quizá tiene dificultades en ortografía, en cambio tiene una gran capacidad creativa o una mejor comprensión lectora”, apunta Ballesteros.

“Cuando suena el timbre, los niños no quieren salir al patio”, asegura con una sonrisa Ballesteros. “Gran parte del aprendizaje se hace a partir de contenidos que se están generando en el aula de modo que son temas o conflictos significativos para ellos: es aquello de lo que quieren hablar“. El cambio, como se comentaba antes, se percibe tanto en los pequeños como en los profesores. “Ver a los niños motivados es un proceso que empodera a todo el centro escolar. Si en un área como es la lengua, fundamental y transversal, tienes a los chavales mejorando, implicados, trabajando de manera colaborativa, y al maestro aprendiendo con ellos no afecta solo a esta área”, defiende.

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“El cambio se percibe tanto en los pequeños como en los profesores”, asegura Roser. | Foto: Carola Melguizo / The Objective.

 

Sobre su contribución a la educación, Ballesteros comenta: “Parece que hemos aceptado un poco entre todos, como sociedad, el fracaso escolar, y la primaria son seis años, de los 6 a los 12, muy importantes en la vida de un niño. Hemos aceptado alegremente que se aburran en la escuela y uno tiene derecho a crecer feliz, al menos aquí. A veces se estigmatiza la escuela o a los profesores y yo creo que hay que ponerlos en valor».

El reto ahora es llegar a cuantos más colegios y niños. Para convencerlos, Ballesteros asegura: “La implantación de la metodología es muy fácil. En la plataforma está todo muy pautado, tienen guías didácticas de cada sesión, tutoriales grabados en el aula. Durante el primer año hay una formación y un acompañamiento, pero lo que es muy gustoso es que, pasado el primer mes o el segundo, las escuelas ven el impacto”. En este sentido, concluye: “Los maestros no tienen que conducir una nave espacial. En el fondo están trabajando cosas que les son muy cercanas, pero de otra manera”.

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