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Sami Naïr: “El pensamiento de Simone de Beauvoir es más que nunca actual y liberador”

Foto: Sami Naïr | Cedida por la editorial

“Sami, estoy muy contenta. Vamos a trabajar”, le dijo Simone de Beauvoir a Sami Naïr, dándole así la bienvenida a Les Temps modernes, revista que dirigía la autora de El segundo sexo. En Acompañando a Simone de Beauvoir, Naïr recuerda los años de amistad con la filósofa feminista y, a la vez, repasa su obra filosófica, su diálogo con la obra y el pensamiento de Sartre y sus novelas. Asimismo, reivindica sus diarios de juventud, recientemente publicados por Gallimard, así como sus textos memorialísticos, como Final de cuentas o La ceremonia del adiós. El último trabajo de Sami Naïr no solo reivindica a Simone de Beuavoir, una autora no solo vigente, sino necesaria.

 

Usted señala que el pensamiento de Sartre, al contrario de lo que se haya podido decir, es inseparable del de Simone de Beauvoir.

Efectivamente, son inseparables, complementarios y tocan campos idénticos, pero también diferentes. Con el paso del tiempo, el pensamiento de Simone de Beauvoir ha tenido y tiene mucha más importancia que el pensamiento de Sartre, si bien éste fue uno de los principales filósofos del siglo XX. En Alemania tenían a Husserl y a Heidegger y en Francia, a Sartre. Lo que queda hoy de Sartre es un pensamiento filosófico muy estructurado sobre la fenomenología de la conciencia y una ética de vida llamada existencialismo. Nada más. Sin embargo, precisamente porque aborda un tema mucho más fundamental, el pensamiento de Simone de Beauvoir sigue muy vivo por todo el planeta. No hay un país en cuyas universidades no se estudie la obra de De Beauvoir, por ejemplo. Y esto sucede porque ella se interesó sobre un tema tan fundamental para toda sociedad como es la relación de dominación del hombre sobre la mujer. Este es un tema antropológico que va mucho más allá de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, pues esta relación de dominación la encontramos en todas partes y en cualquier momento histórico.

¿Cuán fundamental para la teoría feminista fue su desplazamiento de una filosofía idealista a una más materialista?

Sí, se acercó a un materialismo no entendido en el sentido vulgar y cínico de la sociedad mercantil, sino entendido como atención a la realidad material de las condiciones de vida de las personas y las sociedades. Como ya hicieron grandes filósofos de la talla de Marx, Simone de Beauvoir presta atención a la cuestión de la formación del vínculo social, oponiéndose así al idealismo individualista. Ella era una defensora radical del individuo y de la libertad, pero no suscribía la idea de un individuo egotista, como diría Stendhal. Para ella el individuo era un ser colectivo, un ser cuya existencia no se puede desarrollar sino es a través del otro y a través de la realidad humana de su tiempo.

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Imagen vía Galaxia Gutenberg.

Su viaje a Estados Unidos en 1927 fue esencial para su crítica al individualismo y también para su reflexión sobre la subalternidad y la lógica de dominación.

Sí, ese viaje fue esencial para ella. Por aquel entonces, ella ya había empezado a trabajar en El segundo sexo, pero en ese viaje observó como la mujer norteamericana beneficiaba de un sistema mucho más igualitario que el francés y, al mismo tiempo, se mostraba relativamente agresiva en su relación con los hombres debido al vínculo social norteamericano basado en la competencia permanente entre los seres humanos. Asimismo, aquel viaje fue también muy importante para ella por el descubrimiento del tremendo racismo de la sociedad norteamericana y por el sometimiento de la comunidad afroamericana ante esa sociedad blanca que, durante cuatro siglos, había cultivado la esclavitud. Para Simone de Beauvoir, la sociedad norteamericana era una sociedad traumatizada por la esclavitud incapaz de comprender la igualdad entre seres humanos, independientemente de su condición social o de su raza. Esta constatación la ayudó a entender la situación de la mujer, que es víctima del mismo sistema de dominación del que era víctima la comunidad afroamericana.

De Beauvoir va más allá de la teoría marxista, señalando que la dominación del hombre sobre la mujer no se debe a una razón económica.

En El segundo sexo, Simone de Beauvoir presta atención al problema de la dominación, constando que ésta va mucho más allá de la lucha de clases y del factor económico e, incluso, cultural, puesto que la dominación del hombre sobre la mujer es un hecho antropológico, que se encuentra en todas las sociedades y, en concreto, en las sociedades precapitalistas. Freud también había prestado atención a este tema en libros como Totem y tabú, pero no había profundizado en él. Simone de Beauvoir, sin embargo, profundiza en él y da cuenta de que el núcleo fundamental de la dominación, más allá de la estructura social, es la relación de fuerza que mantiene el hombre con la mujer. Asimismo, observa que en un momento dado de su vida se asume que la mujer, por ser físicamente más débil que el hombre y por tener el don extraordinario de dar vida, necesita del hombre. Así se explica la dominación histórica del hombre sobre la mujer. En mi opinión, la reflexión de Simone de Beauvoir es absolutamente brillante, porque supera la teoría del contrato social de Rousseau, supera la teoría de la lucha de clases de Marx y va mucho más allá y toca el núcleo de toda lógica de dominación.

¿Para Simone de Beauvoir, en cuya obra lo biográfico y memorialístico están muy presente, era esencial que su ensayo no se apoyara en su experiencia personal, sino que fuera más allá?

Estamos entre 1946 y 1947. Acaba de terminar unas de sus novelas y está sentada en el Café de Flore, cuando se encuentra con Giacometti, con quien mantenía una estrecha amistad. Giacometti la encontró un poco triste y le preguntó qué le pasaba. “He terminado una novela y no sé qué escribir ahora”, le contestó Simone de Beauvoir. Entonces, el escultor le recomendó escribir un libro sobre sí misma. Horas después, por la tarde, Simone de Beuavoir le cuenta a Sartre lo que le ha dicho Giacometti y Sartre le contesta: “Es una buena idea, pero a la vez es una mala idea. Tú no tienes que trabajar sobre ti como mujer, sino sobre la mujer en general, sobre el estatuto de la mujer de la sociedad”. Y así hizo. Estuvo dos años escribiendo el libro, donde, a partir de su problema particular en tanto que mujer, universalizó su reflexión y reflexionó sobre la cuestión de la mujer en términos de colectividad.

Ahora que menciona las novelas de Simone de Beauvoir, ¿no cree que han resistido muy mal el paso del tiempo?

Sí y es legítimo que así sea. La novelista Simone de Beauvoir estaba muy vinculada a su época. Toda la literatura de compromiso, y la suya lo era, está hoy desvaluada, en parte porque vivimos en una época en la que, por razones que se pueden explicar sociológicamente, los intelectuales han perdido todo sentido crítico y la capacidad de comprometerse. Y en parte también porque su literatura ha sido superada por otras formas narrativas propias de una sociedad, la nuestra, totalmente diferente, en la que la diferencia entre lo íntimo, lo privado y lo público se ha redefinido por completo. Sin embargo, sus ensayos, así como sus memorias, si bien tienen que ver con el tiempo histórico en el que se enmarcan, van más allá. Mientras que Proust recrea de modo ficcional su relación con el tiempo, en concreto, con el pasado y el presente, Simone de Beauvoir relee su propia historia desde una mirada colectiva, es decir, desde la conciencia de que su existencia puede significar algo para la humanidad. Como ella misma dice, “cuando hablo de mí como mujer hablo del resto de las mujeres”.

En su diario de juventud ya están presentes muchas de sus reflexiones futuras.

Los Cahiers de jeunesse son magníficos. Fueron publicados recientemente por su hija adoptiva, que está haciendo un trabajo magnífico de restitución de los textos no publicados de Simone de Beauvoir. Estos diarios de juventud demuestran claramente su construcción como mujer libre e independiente a partir de los diecisiete años. Siendo muy joven, empezó a reflexionar sobre sí misma y a escribir un diario en torno a la figura de una mujer, ella misma, que toma decisiones que, en aquella época, resultaban muy atrevidas, sobre todo para una familia tan conservadora como era la suya. A los catorce años, Simone de Beauvoir dejó de ir a la iglesia porque había perdido la fe, a los quince años decidió que quería ser escritora y a los veinte años les dijo a sus padres que quería vivir de manera morganática con Sartre.

Sami Naïr: “El pensamiento de Simone de Beauvoir es más que nunca actual y liberador”

Sami Naïr | Foto vía Galaxia Gutenberg.

¿La guerra de Argelia fue también esencial para el pensamiento de Simone de Beauvoir?

Sí, fue un elemento fundador de su identidad. Simone de Beauvoir descubrió lo que significaba el colonialismo con este conflicto, que vivió de manera tan dolorosa que, incluso, se planteó abandonar Francia. Y, de hecho, en parte lo hizo: se fue a vivir durante tres meses a Brasil, porque no podía soportar la política que estaba llevando a cabo Francia en Argelia. Tanto Sartre como Simone de Beauvoir se implicaron muchísimo durante el conflicto, llegando a albergar en su casa a los dirigentes del Frente Nacional de Liberación Argelino. Por dos veces, atentaron contra ellos y tuvieron que vivir escondidos, pues la organización fascista de los franceses argelinos de los pieds noir quería asesinarlos.

¿La Francia de hoy ha asumido las barbaridades cometidas por su ejército en Argelia?

A nivel oficial, todavía no se ha asumido nada. La primera visita al extranjero que realiza un presidente de Francia es siempre a Argelia, que perteneció a Francia durante 130 años. Macron se ha disculpado y ha asumido las barbaridades del colonialismo, pero todavía en los manuales de historia y en las universidades no se habla del tema.

Antes hablábamos de que Sartre no ha resistido el paso del tiempo como sí lo ha hecho Simone de Beauvoir. ¿Y no le ha pasado lo mismo con respecto a Camus? ¿La obra de Camus no goza hoy de una vigencia de la que carece la de Sartre?

Antes que nada, hay que decir que Camus no es un filósofo, como mucho es un pensador. El mito de Sísifo o El hombre rebelde son libros muy ligeros, contienen reflexiones éticas, pero no filosóficas. Asimismo, hay que decir que Camus es un inmenso escritor, seguramente mejor que Sartre. El primer hombre, libro que estaba escribiendo y que dejó sin acabar, es probablemente uno de los monumentos de la literatura francesa del siglo XX.

La discrepancia entre Sartre y Camus es uno de los grandes debates intelectuales del XX.

Sartre y Camus discreparon por varias razones: ante todo, porque, cuando se publicó El segundo sexo, Camus reaccionó muy mal, diciendo que el libro era un “vergonzoso ataque contra el varón francés”. Ten en cuenta que Camus era un hombre muy machista, de ahí que sus críticas fueran tan duras como las de Mauriac, quien dijo: “acabo de leer El segundo sexo y tengo la impresión de saber absolutamente todo sobre la vagina de la directora de Les temps Modernes. El segundo enfrentamiento tuvo lugar durante la guerra fría; al contrario que muchos de los intelectuales de la época, Camus nunca apoyó a la Unión Soviética, pero tampoco apoyó oficialmente el bando Atlántico. Él decía que la URSS era el mal, pero que los Estados Unidos no podían presentarse como el imperio del bien. Esta posición distanció a Camus de Sartre, pero su definitivo alejamiento se produjo con la guerra de Argelia. Camus fue el primer escritor francés en escribir sobre la situación de pobreza el Argelia, defendiendo a los árabes y abogando por una transformación política. Sin embargo, con la radicalización de la violencia por parte de los argelinos tras el estallido de la guerra, Camus tomó partido por los franceses de Argelia, decepcionando a toda la intelectualidad francesa. Y la decepción fue todavía mayor cuando dijo que “entre mi madre y la justicia, elijo a mi madre”. Recuerdo que Simone de Beauvoir me decía que aquella frase era inaceptable, más aún proviniendo de un hombre que pretendía dar lecciones morales, pues con aquellas palabras se justificaba la barbarie, se iba en contra de la civilización.

En su obra Malentendido en Moscú, a través de la ficción, Simone de Beauvoir narra su alejamiento del socialismo, su decepción hacia una URSS que nunca fue lo que prometía ser.

Sartre y Simone de Beauvoir comenzaron a cortar sus relaciones con la URSS a partir de 1956-1957, pues dejaron de creer, a pesar de las reformas de Jrushchov, en el sistema socialista. Hasta 1956, De Beauvoir estaba convencida de que la revolución de la mujer pasaba por la revolución socialista; sin embargo, tras visitar la Unión soviética y los países del este, se dio cuenta de que ahí la sumisión de la mujer era aún mayor que en los países occidentales. Así que se desdijo de sus palabras y comenzó a sostener que la lucha de la mujer era independiente de todo movimiento político y era necesaria en cualquier contexto. Para ella, la lucha de la mujer no era en contra del hombre, al contrario, la emancipación de la mujer debía promover también la emancipación del hombre.

Con el auge de la extrema derecha, Simone de Beauvoir no solo sigue plenamente vigente, sino que vuelve a ser, como lo fue en su tiempo, una autora incómoda.

Sin duda. Para la extrema derecha, el núcleo social estriba y se asienta sobre la fuerza. Es la fuerza el elemento clave del vínculo social. El discurso principal de la extrema derecha se basa en promover una política de fuerza, es decir, una política autoritaria. Para cualquier tema, la respuesta es la autoridad, porque la fuerza es elemento organizador del vínculo social. Simone de Beauvoir, por el contrario, sostiene que mientras la fuerza sea el elemento organizador del vínculo social nunca habrá una verdadera emancipación, ni de la mujer ni del hombre. Todos los movimientos autoritarios rechazan este discurso a favor de la liberación y, obviamente, rechazan también la idea de igualdad entre el hombre y la mujer. La rechazan hasta el punto de que, para defender sus posturas, utilizan a mujeres para que éstas legitimen su discurso. De ahí que te encuentres a mujeres que niegan la violencia machista o que sostengan que su papel es la de ser madre. Estos discursos chocan de frente con el de liberación, autonomía y respeto, presente en toda la obra de Simone de Beauvoir, cuyo pensamiento es más que nunca actual y, sobre todo, liberador.

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