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Sandro Veronesi: “Lo que está pasando en el Mediterráneo con los inmigrantes es un genocidio”

Foto: Maria Teresa Slanzi | Cedida por la editorial

“Pasan los días, pasan las semanas y mi cuerpo sigue lejos de ese brazo de mar, y encima está de vacaciones. Eso sí, mi cabeza ya ha partido, y no paro de ladrar. Me he puesto en contacto con las ONG, he cancelado todos mis compromisos veraniegos y estoy preparado para partir en cuanto se presente la ocasión…” Escribe el escritor Sandro Veronesi en su breve ensayo Salvar vidas en el Mediterráneo (Anagrama). En este breve texto, Veronesi relata cómo, después de que el gobierno italiano prohibiera al Aquarius, con más de 600 inmigrantes a bordo, desembarcar en las costas italianas, se convirtió en un activista. No bastaba con ser consciente del drama humano que se vive en el Mediterráneo, era necesario actuar, poner el propio cuerpo y ladrar, ladrar lo más alto posible, atacando a los responsables de este genocidio encubierto, a Europa, a Salvini, a la extrema derecha.

Salvar vidas en el Mediterráneo es un largo y desesperado ladrido, es el relato de un escritor que se convirtió en activista, que se embarcó en uno de esos barcos que, a pesar de las prohibiciones gubernamentales, surcan el mar para salvar vidas. Salvar vidas en el Mediterráneo es un llamamiento a poner el propio cuerpo, a ladrar, a actuar, a no aceptar las políticas que desde la Unión Europea se están llevando a cabo, a denunciar que la ilegalidad no la cometen las ONGs que salvan vidas, sino los países que no respetan el Derecho Marítimo Internacional que obliga a auxiliar a todo náufrago, venga de donde venga.

 

Este breve ensayo cuenta, entre otras cosas, como usted se hizo activista después de que el Gobierno italiano impidiera el desembarco del Aquarius. ¿El drama de los refugiados y la respuesta de Europa le han hecho abrir los ojos ante la importancia de comprometerse activamente?

No hablaría de un “abrir los ojos” en cuanto no fue una toma de conciencia repentina. Este tema siempre ha estado muy presente en mi conciencia, siempre he sentido una profunda vergüenza ante el comportamiento inhumano que ha tenido Europa en estos años frente al drama de los refugiados en el mar. Por tanto, no se trató tanto de un “abrir los ojos” cuanto de una toma de decisión: decidí convertirme en activista, algo que a mis sesenta años no creía que llegara nunca a ser. Me hice activista cuando, el año pasado, el nuevo gobierno de derechas de Italia puso en manos de Matteo Salvini la cuestión de los inmigrantes y éste se enfrentó al problema de manera inaceptable, tomando decisiones inaceptables y con un lenguaje inaceptable, llevando a toda Italia al deshonor. En ese momento entendí que la oposición de un escritor ya no bastaba y que era necesario comprometerse con el propio cuerpo.

En su libro, apela a distintos nombres célebres del mundo cultural y del espectáculo pidiéndoles un compromiso activo. ¿Cree que ahora más que nunca quienes tiene trascendencia mediática tienen que implicarse política y socialmente frente al drama que se vive en el Mediterráneo?

Sí, estoy convencido de ello. Lo que está pasando en el Mediterráneo con los inmigrantes es un genocidio y poner el propio cuerpo, especialmente si uno es una persona famosa (a lo mejor famosa precisamente gracias al propio cuerpo), es una manera de hacer de escudo y de subrayar a la amenazadora mayoría que apoya lo que se está haciendo con los inmigrantes que estas políticas que se están aplicando son un inhumano error fruto de la propaganda política y de la desinformación.

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Imagen: Editorial Anagrama.

¿Cree que el compromiso ha llegado demasiado tarde, que nosotros, como sociedad, hemos mirado hacia otra parte?

El problema no está en lo que ha sucedido en el pasado. El problema reside en lo que está pasando ahora. En Italia ha sido detenida la comandante de un barco solo porque ha respetado el derecho marítimo internacional: toda la sociedad civil se ha indignado, el Papa se ha pronunciado y, a pesar de todo esto, las encuestas en intención de voto indican un crecimiento de Matteo Salvini. En mi opinión, para mostrar cómo están las cosas de verdad, en los procesos judiciales se tiene que dictaminar quién está realmente violando la ley y quién no. En este sentido, el proceso en contra de Carola Rackete puede ser beneficioso en cuanto, en mi opinión, se convertirá en un boomerang en contra del gobierno italiano.

En el libro, usted presta particular atención al concepto de cuerpo. ¿Nos hemos protegido, hemos querido continuar con nuestras vidas, proteger nuestros cuerpos, mientras miles de personas perdían su vida en el mar?

Teóricamente, teníamos a la Guardia Costera y a la Marina Militar que trabajaban para nosotros. Creíamos que no éramos nosotros los tenían que salvar esas vidas, que no teníamos que poner nuestro cuerpo. Estábamos convencidos de que simplemente bastaba que apoyar el trabajo que hacían estos organismos, sentirnos orgullosos de ellos y, desde tierra firme, pensar en un sistema de acogida que funcionara y delatara la mala conciencia de la Unión Europea. Sin embargo, nos equivocamos y lo que se ha hecho ha sido criminalizar las operaciones de salvamento, operaciones que Europa ha convertido en actividades al margen de la ley. Como consecuencia de esto, ahora el Mediterráneo rebosa literalmente de cadáveres.

Òscar Camps cuenta que la imagen del pequeño Aylan sin vida en una playa le hizo actuar y le llevó a viajar con su equipo hasta la isla de Lesbos y fundar Open Arms. ¿La imagen de Aylan fue un punto de inflexión, nos hizo ser todavía más conscientes de cuánto estaba sucediendo?

Sin duda, pero observando todo lo sucedido después, creo que fue un fenómeno pasajero. El drama representado por aquella imagen no ha terminado de incorporarse en la conciencia colectiva. A día de hoy, casi todo el mundo se ha olvidado de aquel niño de la misma manera que casi todo el mundo olvida las fechorías cotidianas, los escándalos y el terrible papelón representado por Matteo Salvini delante de la comunidad internación.

Leyendo su libro es imposible no escandalizarse ante la hipocresía de la Unión Europea: condena a los inmigrantes por considerarlos ilegales, pero comete una ilegalidad, al no respetar el Derecho Marítimo Internacional que obliga al auxilio en el mar.

Se puede decir muchas cosas malas de Salvini, pero lo cierto es que él no es el origen de todo esto. Él simplemente lo está utilizando de manera canalla por motivos electoralistas. Entre todos los fracasos de la Unión Europea está el de haber imaginado la posibilidad de interrumpir en un futuro los inevitables flujos migratorios Sur-Norte que tenían a Europa como destino. Para poder frenar estos flujos migratorios, la Unión Europea solo ha encontrado una manera: los lager en Libia,  el cierre de las fronteras en el mar y el desmantelamiento del auxilio marítimo. Es in creíble que el PPE y otras fuerzas democráticas de la Unión Europea (obviamente no me refiero a los neofascistas como Salvini o Le Pen o a los neonazis como Orban) no se hayan alertado ante el inmenso escándalo de estos métodos y de sus consecuencias.

Por tanto, se puede hablar de la inmunidad de una Unión Europea que actúa en contra de la ley sabiéndose inmune a cualquier consecuencia legal.

Desgraciadamente este sentimiento de prepotente inmunidad se ha generalizado, no es exclusivo de las instituciones que tienen que esconder sus responsabilidades. Desgraciadamente hoy asistimos a inconcebibles episodios de racismo y sus responsables se indignan si el poder judicial los incrimina y los procesa.

Es interesante el capítulo dedicado a George Soros y a las fake news. ¿Se ha utilizado a Soros para desprestigiar a distintas ONG como Open Arms?

Como ha declarado recientemente el propio presidente de la Open Foundation, Soros no financia ninguna de las ONG dedicadas al auxilio marítimo. Y esto es así, no hay razón para la duda. La declaración del presidente de la Open Foundation y la constatación de que no hay ningún tipo de financiación por parte de Soros debería servir para cortar de raíz todo intento de deslegitimación de las ONG. Se ha querido deslegitimar a estas ONG difamando a un señor que, por mucho que haya sido el responsable en el pasado de grandes especulaciones financieras, desde hace diez años con su fundación sostiene y financia una gran cantidad e iniciativas y movimientos que intentan mejorar el mundo.

La presencia en el gobierno italiano de alguien como Salvini o el auge de movimientos neofascistas come Casa Pound, ¿han rescatado discursos de extrema derecha que creíamos haber combatido?

De lo que no hay duda es que en Europa el fascismo, la propia idea de fascismo con todo su desecho retórico, con toda su estética de pacotilla  y con su discurso engañoso según el cual se apoya a los últimos, a las clases más desfavorecidas, no ha muerto en absoluto. Dormía, estaba escondido, latente, pero estaba ahí, vivo. Es una tara genética de nuestra sociedad occidental cuyas manifestaciones son hoy en día muchísimas. Por esto, empiezo a no soportar a los moderados que continúan diciendo que “no, que el fascismo ya no existe”. 

¿Para la Unión Europea, Frontex es la “solución” al problema?

Desgraciadamente sí. Para la Unión Europea o, por lo menos, para gran parte de ella, Frontex, es decir, la militarización de las fronteras, es la solución al problema de la inmigración. Y, sin embargo, no lo es, todo lo contrario. Frontex es la parte más sanguinaria del problema.

La indiferencia de determinadas compañías de cruceros como Grimaldi subraya los intereses económicos en juego. ¿Miedo a perder subvenciones? ¿Miedo a perder los favores que le han sido concedidos por los estados del sur de Europa?

Le diría que sí, si no fuera porque las leyes aprobadas, en los últimos meses, por el gobierno italiano y español a partir de las cuales se imponen duras multas a todo aquel que salva náufragos en el mar terminan por dar la razón o, por lo menos, explican la actitud de estas compañías de cruceros. Estas compañías desarrollan una actividad comercial y no humanitaria, por lo tanto, ante estas leyes y estas multas, lo más probable es que hayan ordenado a todos sus comandantes no detenerse NUNCA  para prestar auxilio en el mar, aunque que se encuentren en las condiciones (y, por tanto, en la obligación, según el Derecho Marítimo Internacional) de hacerlo. Esto es lo más paradójico de todo. Hoy en día es un delito naufragar y, por tanto, también lo es salvar a los náufragos. 

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