Sergeï Loznitsa rescata del olvido el holocausto de las balas
Foto: Babi Yar. Context

Cultura

Sergeï Loznitsa rescata del olvido el holocausto de las balas

El director bielorruso presenta en el Festival de Cannes su documental 'Babi Yar. Context', sobre el asesinato en masa de judíos perpetrado por los nazis en Kiev

por Begoña Donat

El director bielorruso Sergeï Loznitsa (Baranovici, 1964) prescinde en sus documentales de la voz en off porque como espectador le desagrada: «Cuando veo películas, siempre pienso ¿quién es este tipo que lo sabe todo? ¿Por qué me tiene que explicar lo que estoy viendo? De modo que mi idea es realizar proyectos en los que el público descubra por sí mismo».  

Así, en su última propuesta, Babi Yar. Context, la audiencia de esta edición del Festival de Cannes ha descubierto, sin el apoyo de una voz omnisciente, la barbarie del holocausto judío en Kiev. A partir de un ingente surtido de imágenes de archivo, el cineasta reconstruye el llamado holocausto de las balas. 

Antes de que los nazis decidieran practicar la limpieza étnica durante la II Guerra Mundial en cámaras de gas, se sirvieron de unidades especiales que acribillaban a poblaciones enteras. Es lo que sucedió en el llamado barranco de la abuela, Babi Yar.

En el transcurso de dos únicas jornadas, los días 29 y 30 de septiembre de 1941, un equipo móvil de matanzas alemán (Einsatzgruppe), asistido por dos batallones del Regimiento de Policía Sur y la Policía Auxiliar de Ucrania, asesinó a tiros en Babi Yar a 33.771 judíos. La población local no objetó ninguna resistencia.

La película plasma el contexto histórico de aquella tragedia acontecida durante la ocupación alemana de Ucrania y prolonga su mirada durante la década siguiente. 

«Durante los primeros 50 años de la Unión Soviética no se hablaba de Babi Yar y si se hacía referencia a ello, lo que se decía no eran más que mentiras. Una vez Ucrania se ha convertido en un Estado independiente no se ha creado un espacio apropiado de conmemoración de esta tragedia. No me imagino otro ejemplo donde haya sucedido un drama así y no exista un monumento en memoria de las víctimas», lamenta Loznitsa.

En su lugar, hay pequeños recordatorios de cada una de las comunidades afectadas. «En vez de haber un acuerdo entre todas las etnias y nacionalidades para elevar uno conjunto, existe una división incluso en la arquitectura de un posible monumento. Aunque fueron asesinados al mismo tiempo y en el mismo lugar, no existe un esfuerzo común, y eso me parece poco saludable».

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Imagen de ‘Babi Yar. Context’.

Letras extrañas de camino a la piscina

Cuando el reconocido director era niño, vivía en el distrito de Nyvki de Kiev. Entre su barrio y el de Syretz, donde se encuentra Babi Yar, había un gran bosque que varias veces a la semana atravesaba de vuelta de la piscina. En sus paseos reparó en unas piedras con inscripciones en un idioma que le era ajeno. Se trataba de los restos del antiguo cementerio judío. Un día reparó en una nueva leyenda, esta vez en ruso, donde se anunciaba la inauguración de un monumento. 

«Cuando vuelvo allí me siento como la primera vez que lo visité de niño. En aquel entonces quise averiguar qué sucedió, pero nadie me lo quiso contar. En los años setenta era un tema tabú en Kiev. Cuando pongo mis pies en ese barranco tengo sentimientos encontrados. Hay un memorial de guerra soviético repugnante dedicado a los ciudadanos de la URSS que murieron, del mismo modo que hay un campo de tiro. ¿Te lo puedes creer?», se indigna el realizador, premiado en festivales como Karlovy Vary, Leipzig, Oberhausen, París, Toronto y San Petersburgo.

Este nuevo documental le ha supuesto dos años de dedicación. Muchos oficiales y soldados alemanes trajeron consigo a Kiev cámaras de cine y filmaron la vida cotidiana en la ciudad bajo la ocupación. 

Loznitsa ha estado investigando en archivos públicos y privados de Rusia, Alemania y Ucrania. En concreto, en el Archivo Estatal Ruso en Krasnogorsk (RGAKFD), en el Archivo Federal de Alemania. La calidad del metraje difería. Dispusieron de materiales en buenas condiciones, pero también de originales seriamente dañados, cuyo trabajo de restauración duró varios meses.

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Imagen de ‘Babi Yar. Context’.

Entre los documentos visuales inéditos incorporados al metraje se encuentran escenas de las explosiones en la calle central de Kiev en septiembre de 1941. La vía fue minada con munición a control remoto por el servicio secreto soviético. Las detonaciones se realizaron días antes de que los alemanes tomaran la ciudad, con la retirada del Ejército Rojo.

Otra rareza es una ejecución pública de 12 criminales nazis ahorcados en la plaza central, donde se concentraban 200.000 ciudadanos para asistir al ajusticiamiento.

Choca este punto final cuando al arranque de la película se asiste a la bienvenida a las tropas alemanas con banderas y aplausos. 

«He leído diarios y asistido a testimonios donde se asegura que los judíos recibieron con alegría a los alemanes, jaleándoles. La gente no sabía qué futuro les aguardaba, en ese momento sólo asistían esperanzados a que Alemania iba a liberarles del totalitarismo soviético. Además, la propaganda de Stalin a finales de los años treinta había transmitido la idea de que Hitler era un hombre fantástico, y Alemania, un país maravilloso. Tampoco me sorprende que los recibieran con flores y pancartas, ¿por qué no iban a quedarse impresionados con esos hombres apuestos, vestidos estilosamente con uniformes diseñados por Hugo Boss?», ironiza Loznitsa.

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Imagen de ‘Babi Yar. Context’.

Eclipse de pasado y futuro

El director comenta que su principal obstáculo fue identificar la localización y la fecha exacta de los materiales de archivo, porque no estaban apropiadamente identificados. No así lidiar emocionalmente con aquel execrable episodio histórico. 

«Tengo todas las razones para creer que en septiembre de 1941, muchos residentes de Kiev sospechaban que los judíos serían asesinados y no trasladados al sur, como se les dijo. Pero nadie protestó. Por supuesto, es imposible juzgar a personas que se han hallado en las circunstancias más extremas y difíciles, pero es necesario reflexionar sobre toda esta situación. Sin duda hubo gente recta entre ellos, los que escondían a los judíos en sus casas, los que ayudaban a que sobrevivieran. Pero eran pocos y distantes entre sí. Eso es lo que me asusta», reconoce el cineasta, galardonado en 2018 con el Giraldillo de Oro en el Festival de Sevilla por su película Donbass.

Tras la masacre, detalla cómo algunos inválidos y judíos ancianos, demasiado frágiles para caminar hasta el barranco de Babi Yar, fueron perseguidos por los residentes locales, arrastrados fuera de sus pisos y apedreados hasta la muerte. 

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Imagen promocional de ‘Babi Yar. Context’.

«Los lugareños lo hicieron por iniciativa propia, sin la participación de Alemania. Vi con mis propios ojos documentos de archivo que describían estas atrocidades. Creo que debemos conocer lo que sucedió. Cuando la memoria se convierte en olvido, cuando el pasado eclipsa el futuro, es la voz del cine la que articula la verdad».

Hace ocho años que prepara una propuesta de ficción bajo el título Babi Yar, de modo que lleva largo tiempo trabajando en estos archivos y los materiales ya no le infligen el dolor que le provocaron al inicio, pero sí una sensación de premura ante el futuro.

En 2016, a fin de adquirir estudiar y difundir conocimientos sobre aquel funesto momento histórico, se fundó el Centro de Memoria del Holocausto de Babi Yar. La organización no gubernamental está construyendo en la actualidad el primer museo moderno del Holocausto en Europa del Este.

«Cuando se puso en marcha el centro, de manera inmediata, hubo una fuerte resistencia contra su existencia. La narrativa que se va a crear en torno a este memorial es una cuestión fundamental para el proceso de construcción de los fundamentos de la Bielorrusia del futuro». 

Begoña Donat

Periodista freelance y especialista en la comunicación integral de organizaciones culturales.