Sin insectos no hay vida: cómo frenar su extinción
Foto: Wolfgang Hasselmann| Unsplash

Energía y medioambiente

Sin insectos no hay vida: cómo frenar su extinción

por Carlos Madrid

“Sin insectos no hay vida” es una frase que todos deberíamos tener bien grabada en nuestra mente, pero también es el título de la última campaña sobre estos animales de la organización Ecologistas en Acción, realizada junto con la Asociación Española de Entomología. Una campaña creada para alertar sobre la rápida extinción que están viviendo los insectos.

Y es que, como apunta Theo Oberhuber, cofundador de Ecologistas en Acción y portavoz de la campaña, “a día hoy hay estudios que apuntan que el 40% de los insectos polinizadores están en peligro de extinción. También que su tasa de desaparición es ocho veces mayor que la de mamíferos, aves y reptiles”.

Unos datos claramente alarmantes, ya que los insectos son una pieza fundamental para el funcionamiento de nuestro ecosistema. Ellos se encargan de procesos esenciales en los procedimientos ecosistémicos hasta tal punto que, como titulan la propia campaña, sin ellos, no habría vida.

Más allá de la polinización

Especialmente es conocida su función como polinizadores. Según apunta Theo Oberhuber, “el 70% de la reproducción por vegetación, sobre todo con flor, y en torno al 80% de los cultivos, depende de los insectos”. En este último caso, resalta la labor de las abejas silvestres, ya que sin estos polinizadores naturales, las labores de polinización deberían hacerlas los humanos “con unas esponjitas, uno a uno, por lo que supondría un aumento del precio de estos productos enorme”.

A parte de esta labor, los insectos abarcan muchas más tareas para el mantenimiento de nuestro planeta. “También son importantes porque descomponen los restos orgánicos y enriquecen el suelo; porque ayudan a que los suelos sean fértiles y que continúe su regeneración de forma natural; y, además, porque son controladores naturales de plagas gracias a la labor de depredación que realizan algunas especies”.

Y finaliza sosteniendo que “no hay que olvidar que son el alimento de muchas especies, como las aves insectívoras, que son su elemento para sobrevivir”. En definitiva, realizan múltiples tareas, algunas de ellas no muy conocidas, pero que son esenciales para el equilibro de nuestro ecosistema.

¿Por qué no se les protege entonces?

Aunque es de sobra conocido el papel que realizan para seguir manteniendo nuestro ecosistema y la extinción que están sufriendo, a día de hoy no están protegidos. Se podría decir incluso, como apunta Theo Oberhuber, “que nuestra sociedad les ha dado la espalda a los insectos”. Esto se debe a que, para proteger a los animales, muchas veces es necesario que se tengan datos exactos para saber cómo se encuentran sus comunidades. El problema con los insectos es que en ocasiones no se disponen de esos datos específicos.

De su extinción se tiene constancia ya que, aunque muchas veces no se sabe con seguridad el número de miembros que tiene una población, sí que se hacen estudios que demuestran que han sufrido una reducción. Es decir, igual no se sabe cuántas luciérnagas hay en el mundo (algo que sería casi imposible con todas las variedades de insectos), pero sí que se sabe que están desapareciendo en muchas zonas.

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Foto: David Clode | Unsplash.

Aun así, Theo Oberhuber recuerda que “hay estudios, como uno de Alemania de 2017, que muestran que se había reducido más del 75% de los insectos en áreas protegidas. Hay muchas especies como las abejas, las hormigas, los escarabajos que están disminuyendo”.

Por ello, es importante enfocar la protección de los insectos más hacia su ecosistema que hacia las propias especies. Al ser un grupo tan amplio, a día de hoy se cuentan con más de un millón de especies, y con unas características tan singulares, como su tamaño, muchas veces su protección depende de la protección de su ecosistema. “Establecer una protección uno a uno es algo complicado. Aun así, todo el catálogo de especies protegidas debería revisarse para ir incorporando alguno de estos insectos que están más amenazados”, sostiene el portavoz de Ecologistas en Acción. A este inconveniente, hay que añadir que en los últimos años las investigaciones se han centro más en aves, mamíferos, peces, etc. en lugar de insectos.

¿Qué podemos hacer por conservarlos entonces?

La protección de los insectos se debe de hacer desde dos frentes: uno general y otro individual. El primero va enfocado a mantener los ecosistemas donde viven estos animales, como, por ejemplo, destinar una parte de la partida de los presupuestos de los municipios a cultivar plantas que son importantes para la conservación de los insectos.

Como apunta Theo Oberhuber, “quizá no es tan importante tener tulipanes, como tener especies silvestres que juegan un papel fundamental para mantener los ecosistemas de los insectos”. Un acto sencillo y barato que también se puede realizar en solares abandonados, en cunetas, rotondas, y que ayudaría a proteger a los insectos.

Otra acción que deberíamos llevar a cabo a nivel general sería el no uso de pesticidas, que, junto con la eliminación de sus espacios naturales, está siendo la gran amenaza de los insectos. Algo que también supondría un beneficio para nuestra salud, ya que muchos pesticidas tienen porcentajes de químicos relativamente dañinos para nuestro organismo.

En el terreno individual, lo primero que hay que hacer es cambiar nuestra mentalidad respecto a los insectos. ¿Qué supone esto? Verlos como un elemento más de la vida natural, unos animales que hay que respetar. Theo Oberhuber defiende que “quizá dentro de casa no queramos tener estos animales, pero en nuestro patio o jardín no presentan ningún problema. Así, si se nos cuela algún insecto en casa, lo mejor es sacarlo fuera y no matarlo”. Por otro lado, también podemos contribuir a su protección cultivando en nuestros balcones, terrazas o patios plantas que ayuden al mantenimiento de su ecosistema.

Carlos Madrid

Terminé periodismo allá por 2013, pero, no sintiéndome suficientemente formado, me matriculé en lector insaciable, perpetuo viajero, musicodependiente, aprendelenguas. Difundo lo que me agita por dentro en aquellos lugares donde me toleran. También lucho en mis ratos libres para que le devuelvan la tilde a ‘sólo'.