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Síndrome postvacacional en perros: ¿Mito o realidad?

Foto: Roberto Nickson | Unsplash

La última semana de agosto marca, para muchos, el fin de las vacaciones. Aunque todavía quedan algunos días de verano, de sol y buena temperatura, volver a la rutina diaria genera una sensación de angustia importante. Es lo que se conoce como síndrome postvacacional. No se trata de una patología, sino de un trastorno adaptativo en el que quien lo padece presenta un estado de malestar genérico al retomar el trabajo o los estudios después de un período de descanso más largo de lo habitual. La vuelta a la realidad se hace cuesta arriba y el estrés afecta nuestro rendimiento y nuestro estado de ánimo durante un tiempo.

Los motivos no son exactamente los mismos, pero los humanos no somos los únicos que sufrimos con el fin de las vacaciones. Algunos perros lo pasan especialmente mal con la vuelta a la rutina de los distintos miembros de la familia. El vínculo que existe entre un perro y su humano es de sobra conocido, hay estudios científicos que lo demuestran y todo aquél que haya vivido con uno puede dar fe de lo fuerte que puede llegar a ser la conexión emocional con un can. Los perros no solo son capaces de interpretar nuestro estado de ánimo, sino que se ven afectados por él.

Pero el síndrome postvacacional en perros no es solo un reflejo de nuestro propio malestar. Al estar de vacaciones, por lo general, modificamos nuestras rutinas, alterando así también las de los animales que conviven con nosotros y hay perros que no llevan nada bien los cambios. Saber qué esperar en cada momento es lo que da estabilidad al perro, requisito indispensable para que se sienta lo suficientemente seguro y relajado como para mantenerse en estado de calma, sin estrés o ansiedad de ningún tipo. Muchos cambios en poco tiempo pueden afectar la salud física y emocional del perro.

Cualquier cambio en la actitud del perro debe ser siempre valorado por un veterinario. | FOTO: Alicia Gauthier | Unsplash.

 

Las vacaciones, además, son especiales para los animales porque por lo general pasan más tiempo con sus humanos. Y eso, para un can, tiene mucha importancia. Cada vez son más las familias que viajan con perro y aunque todavía queda mucho camino por recorrer en este sentido, el turismo con perro ahora es menos complicado. El problema es que después de semanas de excursiones, playas y siestas eternas en compañía, las vacaciones se terminan y al retomar la rutina vuelven a pasar muchas horas solos en casa. Los perros se esfuerzan por adaptarse pero, tal y como ocurre en el caso de los humanos, no siempre lo consiguen.

 

Síntomas del síndrome postvacacional

El síndrome postvacacional puede afectar a perros de cualquier tamaño, raza o edad. Sin embargo, aquellos que son por naturaleza más dependientes de sus humanos, tienen más probabilidades de sufrir el trastorno que los que son más independientes. La sintomatología es similar a la de la depresión o la ansiedad por separación y puede incluir, entre otros: falta de apetito, problemas con el control de esfínteres, apatía a la hora de jugar, ladrido excesivo, nerviosismo y dificultad para socializar tanto con otros perros como con humanos.

Es normal que el perro tarde unos días en aceptar la nueva rutina, no hay que alarmarse. Poco a poco se irá adaptando. Ahora bien, si después de un par de semanas los síntomas de depresión persisten, es importante acudir al veterinario para que descarte cualquier afección médica que pudiera estar causando los cambios en la conducta del can. Actualmente podemos conseguir en el mercado productos especialmente diseñados para ayudar al animal a superar esta etapa, la mayoría de ellos 100% naturales. Pero es importante recordar que nunca se debe dar ningún medicamento sin consultarlo antes con el veterinario, que algo sea natural no significa que sea inofensivo.

Los paseos son la principal fuente de estimulación ambiental. | FOTO: Leonides Ruvalcabar | Unsplash.

 

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestro perro a superar el síndrome postvacacional?

 

Como siempre, cuando se trata de ayudar a nuestros perros, lo principal es tener mucho amor, mucha paciencia y estar dispuesto a hacer los ajustes que sean necesarios para poder dedicarle el tiempo y la energía que necesita en ese momento. En el caso del síndrome postvacacional, la mejor opción es, por supuesto, prevenirlo. Para lograrlo, la clave está en respetar las rutinas durante las vacaciones. Suena complicado y poco realista, pero no lo es. Sólo hace falta un poco de organización. Si mantenemos los horarios de las comidas y de los paseos ya tenemos medio camino ganado. Nuestro perro nos lo agradecerá durante las vacaciones y, sobre todo, después.

Otra recomendación básica para facilitar el período de adaptación es hacer la vuelta de forma gradual. Los primeros días después de las vacaciones intenta dedicar más tiempo del habitual a los paseos y procura, en la medida de lo posible, que el tiempo que pasáis separados aumente de forma progresiva en el transcurso de al menos una semana, no de un  día para otro. Pasar de estar todo el día juntos a no verte durante 8 o 9 horas, aunque se quede bien acompañado, no es fácil de procesar para ningún perro, por muy independiente que sea.

El juego también es una buena herramienta para combatir el síndrome postvacacional mientras ejercitamos su inteligencia. No hay que olvidar que el ejercicio mental es tan importante como el ejercicio físico para mantener la salud general del perro. Los expertos recomiendan incorporar juegos de olfato, y de estimulación en términos generales, a la rutina diaria para reforzar el vínculo entre el animal y su humano, mientras lo ayudamos a mantener la mente ocupada.

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