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Siri Hustvedt: “Si una mujer le retorciera las pelotas a un hombre eso sería igualdad”

Foto: Siri Hustvedt, Premio Princesa de Asturias de las Letras | Spencer Ostramder

La escritora norteamericana, ganadora del Premio Princesa de Asturias de las letras, advierte a su paso por Barcelona que la cultura sigue siendo punitiva.

 

Su navaja se llamaba “Baronesa”, la llevaba siempre que salía a deambular por las calles de Nueva York para disuadir a los agresores sexuales.

No fue idea suya. Era una chica de Minnesota, se había criado en una familia de clase media y su única ambición cuando ocupó el destartalado apartamento era convertirse en escritora. Mal alimentada, bien fumada, sin un chavo más que para nicotina; eran finales de los 70’ y las perneras de Reagan se entreveían al final de una época en decadencia. Pero entonces Lucy, la vecina a la que espiaba y cuya vida inventaba, entró en el apartamento justo en el momento en que aquel tipo iba a violarla y la salvó.

S.H, la joven, guarda silencio. Por vergüenza, casi por inercia social. Cuatro décadas más tarde, animada por la fuerza del movimiento #MeToo y la amenaza del ascenso de Donald Trump, una S.H. adulta, la Yo futura o presente de la S.H. que vivió asustada, alzó la voz.

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Imagen vía Seix Barral.

“No quiero”

Siri Hustvedt, escritora, feminista, Premio Princesa de Asturias de las Letras (con la que está cayendo y un himno, y un discurso, ¿qué opinas de…? Mejor no) ha visitado Barcelona para presentar Recuerdos del futuro (Seix Barral), una novela sobre los límites de la memoria y la imaginación, sobre el papel de la mujer en el arte y, en realidad, en una sociedad que parece que avance y retroceda, que tararee la misma canción todo el rato.

“No puedo contar cuántas veces me arrinconaron en una discoteca cuando era joven –dice-; las violaciones siempre han sido un delito, pero toquetear a una mujer en el metro… era rutinario. Si una mujer le hiciera eso a un hombre, si le retorciera las pelotas, sería igualdad. Pero eso los hombres no lo quieren”.

“No hay nadie a quien le parezca bien un acto sexual al que no ha sido invitado, pero incluso el sadomasoquismo es un contrato”.

Para Hustvedt, demócrata y preocupada por ese monstruo de tres cabezas que es hoy Estados Unidos –“al racismo, que es la herida más grande de mi país, le acompaña la misoginia y la xenofobia”, cuenta-, un movimiento como #MeToo, más allá de las críticas europeas acerca de su puritanismo, puede cambiar las cosas.

“A la gente le cuesta invertir los roles. No hay nadie a quien le parezca bien un acto sexual al que no ha sido invitado, pero incluso el sadomasoquismo es un contrato. Y, desde luego, el flirteo es un diálogo. Claro que puede haber equívocos, pero se solucionan con una sola palabra: ‘No’”.

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Foto: Marion Ettlinger | Cedida por la editorial.

El poder de la imaginación

Consciente de su privilegio en tanto que mujer blanca y de clase media que escribe sobre mujeres como ella, la lectura es, según la escritora, la única forma de ampliar perspectivas, de imaginarse en otros escenarios, siendo de otra raza y clase. Y afrontando otros muchos problemas con los que conviven diariamente personas que habitan, tal vez, en su misma ciudad: “Nueva York es muy diversa pero Manhattan se ha aburguesado y ya no queda clase media siquiera. Esa sí es la forma más rápida de matar a una ciudad”, resume.

Recuerdos del futuro es un ejercicio de virtuosismo narrativo, de capas de significados que se solapan, de emociones e inventiva –“existe la creencia casi morbosa de que las mujeres carecen de imaginación”–, así como un diálogo constante con el pasado. Pero sobre todo una exploraciones de los “yoes” que nos atraviesan: la niña que era y quizás aún sigo siendo, la mujer adulta que echa la vista atrás, la escritora que reflexiona acerca de sus propios personajes en una sociedad donde él es el héroe y ella la víctima, y la joven que escribe diarios para entenderse, que dibuja del mismo modo que lo hace Hustvedt, alimentando esa maraña hecha de tiempos y vivencias solapadas. La vida. El arte. La experiencia de ser mujer y dejar de vivir asustada.

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