Sociedad

Sonia Vivas: «La Policía trabaja más para proteger a las cosas que a las personas»

Años después de vivir una grave situación de acoso, de excedencia y trabajando en política, Sonia Vivas ha decidido contar su historia en un libro, 'Cuando vinieron a por mí'

por María Hernández Solana

Sonia Vivas tenía un sueño desde que tiene memoria: ser policía. Su familia, que había llegado a El Prat de Llobregat desde Extremadura, no lo entendía. Su madre, demasiado tradicional, quería para ella una vida que para Sonia era impensable. Además, Sonia tuvo muy claro desde bien joven que su condición sexual no iba a ser comprendida ni bien aceptada en su entorno. Por eso, porque necesitaba una vida en la que ser ella misma, antes de terminar el Bachillerato se fue a Mallorca. Y fue ahí donde empezó la lucha por su sueño.

Tras mucho esfuerzo, consiguió entrar en la Policía Local de Palma, la única mujer de la promoción. Y eso, que debería haber sido un motivo de alegría y celebración, se convirtió en su calvario. Durante años, sufrió acoso laboral por ser mujer y lesbiana. Además, decidió ser una policía honesta y testificó en contra de numerosos agentes que formaban parte de una trama de corrupción en la que había implicados cargos políticos e importantes empresarios de la ciudad, algo que no sentó bien y que acabó en un ataque cuyo único objetivo era destruirla. Una situación insostenible que tuvo como consecuencia un largo periodo de baja en el que su salud, tanto mental como física, se deterioró seriamente.

Años después, de excedencia y trabajando en política, ha decidido contar su historia en un libro, Cuando vinieron a por mí.

¿Por qué has decidido contar en un libro una historia tan dura y dolorosa para ti?

Porque no se trata de mi historia, aunque sí, se trata de la historia de un montón de gente que sufre acoso en sus puestos de trabajo o de muchos y muchas policías a los que les está pasando también. Para que aquellas personas a las que le sucede vean que se puede salir adelante y también para una recuperación personal, el libro ha sido reparador para mí.

Tras años de acoso, meses de graves amenazas y persecuciones por su participación en el juicio y con sus agresores condenados, Sonia dejó su trabajo. Y no fue por no intentar aguantar. Primero salió de su unidad, pero sus compañeros en su nueva unidad también le hacían el vacío y no querían trabajar con ella. Pero su vocación de ayudar seguía fuerte y no se rindió, por lo que consiguió el permiso para crear una Unidad de Delitos de Odio. Finalmente, tras años formando a otros policías y atendiendo miles de denuncias, decidió dejar la policía para entrar en política, como concejala de Justicia Social, Feminismo y LGTBI en el Ayuntamiento de Palma. Pero aclara: «Yo sigo siendo policía aunque esté en excedencia».

Llegaste a crear una Unidad de Delitos de Odio porque sentiste que faltaba ese servicio. ¿Están las minorías protegidas contra estos delitos en España?

Hay un gran desconocimiento de lo que son los delitos de odio por parte de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad. La mayoría de policías no conocen esos tipos delictivos, no es culpa de los agentes, ojo, es que los planes que se elaboran a nivel político deberían incluir esa temática y no se incluye. Si a la Policía le hacen unas buenas formaciones para saber lo que son los delitos de odio los van a saber, y los van a aplicar, porque hay mucha gente dentro con mucha voluntad de hacer cosas y de trabajar en una línea como esa. Pero la Policía tiene un gran desconocimiento de toda esa parte del Código Penal que atañe a las personas. Por ejemplo, para todo lo que son delitos económicos, fraudes, corrupción e incluso narcóticos, las unidades están especializadas, muy dotadas económicamente y trabajan muy bien; pero para la trata, la violencia de género, los menores, todo lo que tiene que ver con los colectivos minoritarios o con las personas más directamente se trabaja menos y están más infradotadas, porque la Policía trabaja más para proteger a las cosas que a las personas. Y ese paradigma se tiene que girar y no lo va a girar la Policía sola, lo va a girar el poder político.

¿Es por esto que mucha gente no denuncia este tipo de delitos? ¿Tienen miedo a que la Policía no los escuche?

Las personas no tienen confianza en que los vayan a ayudar, hay una gran desconfianza. Una mujer trans que es agredida, ¿piensas que va a ir a un cuartel de policía a denunciar eso? No, y ¿por qué? Porque a lo mejor la han detenido en alguna ocasión a ella o alguna amiga suya y la han cacheado por lo que pone en el DNI. Eso pasa a día de hoy y eso es una vergüenza, eso es una vulneración de derechos humanos. Que tú cachees a una persona por el DNI significa que tienes a una mujer en un baño siendo cacheada por dos hombres, ¿cómo va a denunciar esa mujer que la acaban de agredir si se ha sentido agredida en un cuartel? ¿Cómo va a haber denuncias? Se denuncian cosas muy flagrantes con agresiones graves, pero un montón de situaciones diarias no se denuncian jamás, porque no hay una confianza.

Yo cuando daba la formación a los policías lo decía, la ciudadanía no confía en nosotros, y muchos se enfadaban. Hay como una verticalidad, cuando estamos para servir, y digo estamos porque yo sigo siendo policía aunque esté en excedencia. No tiene por qué alguien confiar en ti porque tú quieras, tienen que confiar en ti porque eres capaz de generar esa confianza en la gente, y cuando veas un compañero que lo hace mal, señalarlo, no aceptarle cualquier cosa simplemente porque viste el mismo uniforme que tú, que ese es uno de los graves problemas que tiene la Policía, un corporativismo mal entendido.

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En el libro, Sonia cuenta su historia sin secretos, sin vergüenzas, deja expuestas sus heridas y sus cicatrices para que puedan servir de esperanza a otros. Y eso implicar contar no solo el acoso que sufrió dentro de la Policía, donde la homofobia fue la protagonista de muchas de sus jornadas, sino que también deja que el lector entre en algunos pasajes íntimos de su vida, como una agresión homófoba que sufrió en Barcelona en la que la Policía, en lugar de proteger, empeoró la situación.

Tú sufriste esto hace ya tiempo y has pasado por un proceso muy largo en el que has visto los cambios desde varios lugares. ¿Hemos avanzado en la lucha contra la homofobia y contra la discriminación?

Yo soy de Barcelona y cuando era jovencita, adolescente, había mucho miedo dentro de la comunidad LGTB porque había organizaciones nazis en la ciudad que salían a cazar. Eso durante unos años dejó de existir y ahora ha vuelto a existir. Estoy viendo desafortunadamente un retroceso de ciertos sectores de la sociedad que a lo mejor han estado dormidos durante mucho tiempo y ahora ya no duermen, sino que están activos y están atacando a gente. Por ejemplo, el caso de Sonia, una mujer transexual que asesinaron en el parque de la Ciudadella. El agresor, uno de los asesinos de esta chica transexual, que se rompieron los pies de darle patadas y llevaban puntera de hierro, imaginaos la atrocidad, ha sido ahora condenado otra vez por pegarle una paliza a una mujer con hijab en Barcelona. Quiero decir, un movimiento que buscaba exterminar a personas que somos diferentes, que estaba dormido, vuelve a despertarse. Un discurso que dice que podemos hacer lo que queramos dentro de nuestras habitaciones pero que ya está, como si ser una persona, en mi caso lesbiana, fuera tener relaciones sexuales. Y no, es construir vidas, es construir afectos, núcleos familiares, lazos, lo que hace todo el mundo pero con una persona que tiene tu mismo género, hay un error en llevarlo al plano sexual, no estamos hablando de eso, estamos hablando de afectividad, estamos hablando de construir cosas bonitas, que no pueden ser nunca negativas porque provienen del amor. No se puede criminalizar el amor, porque entonces ya acabamos con todo.

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Foto: Carola Melguizo | The Objective

¿Has vuelto a sentir ese miedo o esa sensación de amenaza que sentiste en tu adolescencia?

Supongo que habrá sectores a los que no les gustará, pero yo soy muy sincera. Cuando yo voy por la calle con mi novia de la mano y veo personas con mascarillas verdes y la bandera de España o mascarillas de camuflaje y banderas de España yo me siento insegura, porque yo sé lo que piensa esa persona, en su mayoría. Es una manera de ver cuánta gente piensa que yo soy algo que se debe esconder en una habitación, que no tengo derecho a tener una familia mía, a tener mis hijos o mis hijas. Claro que da miedo y que da inseguridad, porque tú sabes que hay un montón de personas intolerantes. Antes no se veía tanto, antes eso estaba mal visto, llegamos a un momento en nuestro país en que eso estaba mal visto y la gente que pensaba así se callaba. Pero ahora esa gente lo dice, porque no solo no está mal visto, sino que nos están haciendo creer que oprimir, maltratar y despreciar a la gente es una opinión como otra cualquiera y no es verdad. Pasar por encima de los derechos humanos, que los tenemos todos desde el momento en que nacemos, no lo puede hacer nadie, y toda ideología que pase por encima de eso debe ser combatida, con el relato, con lo contrario, con el amor, con el ejemplo, pero hay que combatirlo.

¿Podemos llegar a perder derechos que tanto costó conseguir, como el matrimonio igualitario?

Bueno, es que estamos perdiendo derechos, porque una cosa son los derechos, digamos, legales y el paraguas legal que hay, y otra cosa son derechos sociales. Que tú vayas por la calle y no seas una persona bienvenida en según qué espacios, en Europa hay incluso sitios donde las personas LGTB no pueden entrar, claro que es muy peligroso. Después ya viene tirar las leyes, cuando ya se nos ha criminalizado, cuando ya han conseguido que mucha gente opine lo mismo, luego ya vienen los retrocesos a nivel legislativo. Pero es que ya se está intentando decir que es normal opinar barbaridades sobre las personas LGTB, que es normal que lleven al psicólogo a una persona LGTB, porque está enferma, se nos está patologizando de nuevo, ya se han perdido esos derechos, porque hay un relato que socialmente nos están diciendo que es tan válido como el otro que dice que todos los seres humanos somos iguales.

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Después de leer el libro, de ver las barbaridades que llegaron a hacer para intentar dejarla fuera de combate, de meterse de lleno en su sufrimiento, asombra y alegra verla entera y con ganas de seguir luchando.

Ahora que lo ves con algo de perspectiva, si pudieras decirte algo a ti misma cuando estabas en lo peor, ¿qué te dirías?

Vamos.

María Hernández Solana

De Murcia y madrileña de adopción. Escribo a menudo sobre derechos humanos e inmigración. También estudié Publicidad, pero lo mío es el periodismo. Y los viajes.