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Tango Queer: Subvirtiendo los roles de género a través del baile

Foto: Diana Rangel | The Objective

Alguien dijo que el tango es un pensamiento triste que se baila, pero la magia de esta danza nacida en el siglo XIX entre Buenos Aires y Montevideo se siente siempre en relación con el otro. Un diálogo sin palabras donde se pueden decir muchas cosas y aprender otras tantas. Pero, sobre todo, construir. Por eso canta el viejo tango: “He de olvidar lo que he sido y he de olvidar lo que soy”. O mejor dicho, ¿por qué no serlo todo? Antes de que se institucionalizase como una danza mixta donde el hombre es quien lidera e impone el movimiento y la mujer quien espera sentada con sus tacones altos a que la saquen a la pista, el tango se bailaba entre varones en los arrabales de las ciudades. Danzamos con nuestras opresiones históricas, pero también bailando nos liberamos de ellas. Y eso es lo que pretende el tango ‘queer’.

 

Bajo la luz tenue de la sala Inusual Project, en el barcelonés barrio de El Raval, los tangueros se reúnen como cualquier lunes por la noche para bailar una milonga que no entiende de géneros ni de clases. “¿Cómo se sabe quién es el líder y quién el seguidor?”, le pregunto a Vanesa. Aquí todos bailan con todos: hombres con hombres, hombres con mujeres… Mujeres con mujeres. Los abrazos de los bailarines cambian de repente y entonces quien ‘lleva’ se abandona en el otro, y viceversa. Pero para entenderlo hay que bailarlo… Salimos a la pista y dibujo ochos hacia atrás con las piernas, mirándome los pies cuando debería centrar toda mi atención en qué intenta decirme ella a través de los movimientos. “La energía sale del pecho -me dice-. Tienes que sentir lo que te propone la pareja y equilibrar los pesos, ¿ves?”. Y solo cuando dejo de resistirme a que me lleven se establece la conexión y unos pocos prejuicios van cayendo.

“El tango ‘queer’ surge de una necesidad de dar un espacio a gente a la que le apetece bailar cómodamente sin tener que acatar los códigos impuestos, el peso de los roles de género y el clasismo de muchas milongas donde existe la idea de que el tango es sensualidad y elegancia, cuando no tiene por qué serlo, o que el hombre siempre lidera y la mujer debe ser seguidora y esperar a que la saquen a bailar”, explican los miembros del colectivo Tango Queer Barcelona, para quienes la danza es diversión, técnica y también política.

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Dafne y Ale, miembros de Tango Queer Barcelona, bailando. Foto: Diana Rangel.

 

“Lo que he aprendido del tango es a saber comunicarme, no solo en la pista sino en la vida. Cuando bailas el tango heteronormativo la comunicación es unidireccional porque existe un líder y una seguidora, pero en el tango ‘queer’ se establece un diálogo entre la pareja. Es un baile  donde no se impone, sino que se propone todo el tiempo y esta comunicación ocurre cada segundo, mientras estás bailando estás creando algo nuevo. Si no hay diálogo es como si tuvieras una mordaza”, dice Ale, miembro del colectivo que nació hace tres años inspirado en esta variante del tango surgida en Alemania a finales del año 2000.

Tangueando contra los tabúes

Cuando a Vanesa su novia le regaló unas clases de tango, a ninguna de las dos les gustó la idea de tener que elegir un rol definido y decidieron aprender ambas los pasos del hombre (líder) y la mujer (seguidora). De la manera más natural, empezaron a intercambiar los roles hasta que conocieron el tango ‘queer’: “Es mucho más empático porque te permite sentir las dos caras; si te encasillas en un papel nunca sabes las dificultades a las que hace frente el otro bailarín”, resume la alumna de los cursos de tango que imparte Dafne Saldaña.

Dafne llevaba años bailando y experimentando con roles en la danza hasta que conoció el tango queer en Berlín y ya no volvió a bailar de la misma forma. “Coincidí en un taller con Olaya Aramo, que es una de las impulsoras de Tango Queer en Madrid, y vimos que el baile se había vuelto elitista en Alemania y quienes podían pagar más clases molaban más en las milongas”, dice. Por eso, las clases de la bailarina son económicas y la entrada a las milongas gratuita. Los once miembros de Tango Queer Barcelona funcionan de forma asamblearia y sus pilares son el respeto, los cuidados y una militancia política que se interioriza primero y luego se expresa en el baile, al margen de actitudes homófobas y machistas.

“Hemos buscado formas más libres de bailar tango sin caer en el estereotipo machista” – Tango Queer Barcelona

 

En el tango existen diferentes abrazos, los hay más cerrados y otros más abiertos, y no depende de tanto del dominio del bailarín como de lo cómodo que se encuentre en el momento. Lo importante es atender a lo que la pareja de baile intenta decirnos con su cuerpo. “A veces cuando sales a bailar milonga de una forma más tradicional un abrazo muy cerrado puede llegar a ser violento. Nosotros dominamos la técnica y la respetamos, pero defendemos que hay que saber comunicar y entender a la pareja de baile. Hemos buscado formas más felices de bailar tango sin caer en el estereotipo machista”, explica Héctor, otro de los miembros del colectivo. Y reconoce que aunque con el tango se ligue y mucho, el baile es solo una herramienta para conocer gente. “Alguna vez me ha ocurrido ver a un chico en una milonga que lleva muy bien y querer bailar con él, y se ha puesto tan nervioso que ha llegado a decirme: ‘Pero si yo no bailo tango’”.

Sin embargo, lo que causa mayor rechazo a los tangueros puristas no es que dos hombres bailen, sino precisamente que los roles se inviertan. “No espero a que me saquen, voy yo e invito a bailar. Muchas personas me miran raro y dicen que no, pero sigo haciéndolo igualmente para que vean que también puedo tomar la iniciativa, apunta una de las chicas que asiste a las milongas de los lunes por la noche. Y Ale lo suscribe “A veces la milonga tradicional es muy rígida y si estás bailando con un tipo y no te apetece hacer un movimiento te dice que no sabes bailar. Por supuesto, nosotros respetamos todas las formas de entender el tango, pero creemos que el tango es consenso e intentamos explicar las identidades de género desde el baile”.

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Te propongo que bailemos. Tango Queer Barcelona. Foto: Diana Rangel.

 

Alrededor del mundo existen festivales internacionales de tango ‘queer’ en ciudades como Hamburgo -donde nació el movimiento- y Buenos Aires. Andrés descubrió este baile durante un viaje con un amigo a la capital de Argentina y al regresar a Barcelona plantó la semilla de la milonga igualitaria en la ciudad. Desde entonces el número de participantes no ha dejado de crecer y este 19 de febrero celebran su aniversario.

Dicen que la vida es un tango y la muerte un pasodoble. Si al final vivir es un poco como bailar, no importa tanto cómo lo hagas, ni siquiera con quién, mientras lo disfrutes.  Eso sí, procurando no pisar a nadie.

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Vanesa enseñando a tanguear a una servidora. Foto: Diana Rangel.

 

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