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Tercera opción de género en los pasaportes: ¿incluyente o excluyente?

Foto: CHRIS WATTIE | Reuters

Canadá añade una tercera opción de género en sus pasaportes. De acuerdo a sus autoridades, desde este 31 de agosto, los documentos de viaje cuentan con la “X” para aquellos ciudadanos que no se identifiquen con la etiqueta de “hombre” o “mujer”.

El anuncio fue hecho por el ministro de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía, Ahmed Hussen, el primer ciudadano de origen somalí que se convirtió en miembro del Parlamento.

Esta medida ha despertado recelos por las consecuencias que tendrían tener los canadienses que decidan usar la “X” en caso de viajar a países que tengan legislaciones que en este aspecto sean restrictivas.

Aún así, el país norteamericano se unirá a una lista de otros siete, muy variopintos, que permiten que sus ciudadanos registren un tercer género en sus documentos de viaje.

Los que reconocen el tercer género

Australia, Nueva Zelanda, Malta, Nepal, Bangladesh, India, Pakistán y ahora Canadá forman parte de este reducido grupo. Aunque se podría pensar que este permiso claramente significa avances legislativos, la realidad es que en muchos de estos países las medidas no ayudan a que sea superada la segregación sexual. En ocasiones es un marca más para aquellas personas que por pertenecer a la comunidad LGTBI son rechazadas. Tales son los casos de Pakistán, Bangladesh, Nepal e India.

En 2009, Pakistán se convirtió en uno de los primeros estados del mundo en reconocer legalmente el “tercer género”, que define a unas 500.000 personas en todo su territorio. Este año, en junio emitió el primer pasaporte con una tercera opción.

A pesar de esto, Amnistía Internacional denuncia que la homosexualidad todavía se castiga con la pena de muerte allí. De modo que se permite oficialmente ser transgénero pero no homosexual. Además, al tener un documento de identidad con el rango de género, en muchas ocasiones, se incrementa la posibilidad de que las fuerzas de seguridad del Estado arremetan contra estas personas.

Avances y retrasos

Asimismo, Pakistán, donde a la comunidad transgénero le llaman las hijras o Khwajasara, “se ubica entre los países que han tratado de marginar y en muchos casos deshumanizar a las personas cuya identidad de género u orientación sexual quedan fuera de una la visión tradicional de lo que es normal o aceptable. Miembros del LGBTI rara vez revelan su inclinación sexual”, señala un informe de 2015 de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Es decir, a cinco años de reconocer legalmente el tercer género, la discriminación no ha sido superada.

De modo que la legislación no siempre se traduce en una práctica cotidiana. Aunque las hijras tienen una tradición de centenares de años, muchas sobreviven gracias a la mendicidad, bailando en carnavales y bodas o se dedican al trabajo sexual ya que son relegadas.

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Los miembros de la comunidad transgénero asisten a una fiesta en Peshawar, Pakistán. | Foto: Caren Firouz / Reuters

A pesar de esto, las organizaciones de Derecho Humanos mantienen su lucha e izada la bandera de que el reconocimiento legal es el camino hacia una sociedad libre y sin violaciones a la libertad.

En el caso de Bangladesh que también emitió un decreto en 2013 reconociendo a las hijras su propio género legal, Amnistía Internacional (AI), señala que las personas del colectivo LGBTI sufren hostigamientos, discriminación y violencia.

Un ejemplo de ello fue en mayo de este año cuando las fuerzas de seguridad de detuvieron a 28 jóvenes que podrían ser de la comunidad bajo cargo de posesión de drogas. “Tampoco en este país se han rendido cuentas por el brutal homicidio de Xulhaz Mannan, director de una revista LGBTI, y de su amigo Tany Mojumdar”, reseña AI.

 

“En Bangladesh la homosexualidad se pena hasta con 10 años de cárcel”

 

Según el informe 2016-2017 de la ONG, grupos armados que afirmaban actuar en nombre del islam mataron en atentados selectivos a decenas de personas, incluidos ciudadanos y ciudadanas de otros países, activistas en favor del laicismo y personas LGBTI. Añade que la reacción del gobierno se caracterizó por la comisión de violaciones de derechos humanos, entre ellas detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, homicidios ilegítimos, tortura y otros malos tratos. De modo que un documento con la tercera opción no ha sido suficiente y de hecho a veces se convierte una pista para los agresores.

Aún así, según el informe “Homofobia de estado 2017” de Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA, por sus siglas en inglés) reseña que en Bangladesh un hombre que sea homosexual y mantenga relaciones carnales con otro podría pagar una pena hasta de 10 años de cárcel.

En cuanto a India, –también del grupo de 8 países que emiten pasaportes con una opción distinta a masculino y femenino– en 2014 el Tribunal Supremo emitió un amplio dictamen reconociendo el tercer género, afirmando “el derecho de toda persona a elegirlo”, y pidiendo la inclusión de los colectivos transexuales en los programas de asistencia social del Estado. Aún así, el país sigue penando las relaciones homosexuales.

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Dos mujeres transexuales durante el inicio de una manifestación por los derechos de la comunidad LGTB en India. | Foto: Shailesh Andrade / Reuters

En 2009, el artículo 377 del Código Penal de la India “fue objeto de una interpretación más restringida, por parte del Tribunal Superior de Delhi, eliminando la prohibición de las relaciones sexuales consensuales entre personas adultas del mismo sexo en privado. Sin embargo, el 11 de diciembre de 2013, en el caso Koushal c. Fundación Naz (“Koushal v. Naz Foundation”), una sala de dos magistrados de la Corte Suprema de la India determinó la constitucionalidad del artículo 377. Por lo tanto, las relaciones sexuales consensuales entre dos hombres adultos siguen constituyendo delito”, reseña la ILGA.

Estado precursor en Asia 

Human Rights Watch reseña que la Corte Suprema de Nepal, en una sentencia de 2007, ordenó al gobierno a reconocer una tercera categoría de género en base a un “autosentimiento” individual.

La decisión se basaba en gran medida en los Principios de Yogyakarta recién acuñados: el primer documento en codificar los principios internacionales en materia de orientación sexual, identidad de género y Derechos Humanos. Alentados por la sentencia, los activistas incidieron exitosamente con las agencias gubernamentales para incluir la tercera categoría de género en las listas de votantes (2010), el censo federal (2011), los documentos de ciudadanía (2013) y los pasaportes (2015).

En el documento se indica con una “O” -de “other” (“otro”) el sexo del ciudadano nepalí. “Espero que podamos enviar un mensaje de apoyo en todos los lugares del mundo a las minorías” sexuales, dijo Monica Shahi la primera transgénero en recibir su pasaporte con la tercera opción en el país asiático. Exigió que tras este paso el gobierno nepalí permita también los matrimonios entre personas del mismo sexo. Nepal es uno de los estados precursores en Asia en el reconocimiento de los derechos de género pero le queda mucho camino por delante.

En algunos países más desarrollados el debate es otro. Se está cuestionando la manera más correcta de calificar al tercer género. Son los casos de Nueva Zelanda, Australia y Malta. Canadá se une al debate y desde ahora ofrece a sus ciudadanos elegir el género con el que se identifican en sus pasaportes.

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