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The Handmaid’s Tale estrena un episodio final que dinamita una buena temporada

La segunda temporada fue buena, su capítulo final no lo fue. Analizamos el último episodio de la serie distópica.

 

La segunda temporada de The Handmaid’s Tale ha sido una tortura. Sí, ha sido satisfactoria a nivel de historia y desarrollo de personajes, hermosa a nivel estético, pero una tortura a nivel emocional, pongámoslo así. Y ya ha terminado. El final, que SPOILER ALERT, es el tema de este artículo, ha sido discutido largamente entre críticos de TV y en poco tiempo lo será entre espectadores o satisfechos o exasperados.

La segunda temporada de esta serie sobre un estado totalitario y teocrático en que las mujeres son obligadas a la esclavitud sexual, o a la servidumbre, o a ser amas de casa si tienen suerte (ninguna mujer en Gilead tiene ninguna suerte), ha ampliado el mundo de sus personajes. En estos episodios, Gilead se ha hecho más grande, hemos conocido más de su organización, de sus problemas diplomáticos, de sus Comandantes y sus esposas, de sus ceremonias y, sí, de la resistencia que existe dentro.

Esto ha significado que la serie ha dejado de lado, nunca del todo, a Offred (Elisabeth Moss) para acercarse y desarrollar otros personajes y espacios. Offred, es decir, June, es un personaje complicado porque tiene cero capacidad de afectar su propio destino. Lo que le pase lo determinan otros personajes, por lo que ella sirve como los ojos que muestran al espectador el mundo que la rodea, pero nunca como activadora de la trama.

En esta temporada esa limitación, que en la primera produjo una excelente serie de episodios claustrofóbicos y aterradores, ha significado separarse un poco de June para ampliar la historia de forma que la serie no se ahogue en sus propias barreras narrativas. Es así como hemos conocido y apreciado (no como persona, por dios) el personaje de Serena (Yvonne Strahowsky) y su inmensa e interesante complejidad y contradicciones. También hemos visto el descenso a los infiernos de Emily (Alexis Bledel) y la patética inseguridad acompañada de crueldad del Comandante Waterford (Joseph Fiennes). También, para evitar abandonar a June a su destino de ser movida de un lado a otro por otros personajes, se le ha dado más capacidad de acción sobre su propio destino (su embarazo tuvo mucho que ver con eso). En el transcurso de los episodios de la serie June ha comenzado a rebelarse paulatina y luego abiertamente. Puede que no decida sobre su vida sexual (que la violen o no, por ejemplo) o dónde vive o a dónde va, pero puede insultar y mirar con desdén a quienes lo hacen.   

The Handmaid’s Tale estrena un episodio final que dinamita una buena temporada 1

La aparente fortaleza de Serena ha sido también paulatinamente desmantelada durante esta temporada. | Imagen vía HBO.

 

La segunda temporada ha tenido también momentos memorables (y traumáticos, pero esto se da por sentado en esta serie) como los restos del “matadero” en que se convirtió el Boston Globe antes de Gilead, la pena de muerte fingida a las criadas en el primer episodio, el asesinato de una Esposa a manos de una Emily desencajada, la visita de los Waterford a Canadá, el atentado con una bomba por parte de una criada, la rebelión silenciosa de Serena y June que termina con una horrible golpiza por parte del Comandante, la terrible violación de June y, claro, todo el episodio 11, Holly.

Ha sido una temporada dura – por dios, June ha estado a punto de escapar y ha fallado tres veces en 13 episodios – y buena, compleja y amplia, que se ha atrevido a alejarse del mundo del libro en que se basa sin miedo y sin mirar atrás. Bueno, esto hasta el episodio final, claro.

La última toma del episodio 13, The Word, es tan intensa, teatral y hasta falsa que puede dar risa. Y sí, es The Handmaid’s Tale: acaba de pasar algo horroroso (¿cuándo no?) y deberíamos estar devastados. Pero ver a una June con mirada desafiante (¿cuántas miradas desafiantes más a cámara vamos a tener? Esta temporada se sintieron como un exceso) subiendo su capucha roja y caminando hacia la noche es más propio de una serie de Marvel que de este mundo. Incluso aunque el final te haya gustado queda la duda, de lógica aplastante: Subirse la capucha roja y caminar en la noche no resuelve nada. June acaba de robarse un bebé e intentado un escape y es una criada caminando sola de noche, que la maten (ya no está embarazada, no tiene protección alguna) es sólo cuestión de tiempo (si queremos mantener un poco de la realidad del mundo de la serie).

El episodio final de la serie peca de lo que la excelente temporada ha tenido, porque no todo es halagos, como problemas repetitivos: se salta las normas del mundo que ya conocemos, acelera acciones que habrían requerido más tiempo y refleja decisiones imposibles que solo existen para mantener el status quo de la historia. No sólo se trata de que Serena, que aunque se sienta exenta conoce las normas y sus limitaciones, se presente ante los Comandantes en protesta y se atreva a leer la Biblia (¡claro que habrá un castigo ejemplar y claro que nunca van a dejar leer a mujeres! ¿Se nos olvidó quiénes son estos tíos?) o de que las Marthas repentinamente decidan ayudar a una criada y arriesgarse a lo peor sin otro incentivo que la muerte de Eden (que fue horrible, pero en Gilead todo es horrible)… pero lo peor, lo que ya no tiene ninguna explicación clara, incluso intentando entenderlo, es que luego de que medio mundo se arriesgue a morir por ella, June decida entregar a su bebé a Emily y quedarse en Gilead.

Sí, su hija está ahí, sí se ha convertido en alguien que pelea, sí necesitamos que siga ahí para que la historia no se desconecte de su escenario principal… pero ¿¡en serio!? Tras pasar toda la primera y segunda temporadas intentando escapar, June opta por lo que va a ser (claro que no lo será, y ese es parte del problema porque deja de ser creíble) una muerte segura, ¿para qué? ¿Luchar desde dentro, oprimida, violada, sometida, torturada? ¿Cómo es eso mejor a salir y contar lo que pasa, convertirse en líder de la resistencia afuera y organizar apoyos? Nada justifica este final, salvo la necesidad del relato de mantenerla ahí. ¿Nos están diciendo que, tras un milagro imposible, June va a sobrevivir y se convertirá en líder de la resistencia? ¿Van a convertir a la que se supone que es un espejo de mujeres normales sometidas a este horror en una superhéroe? ¿Abandonamos la crítica realista y vamos a comenzar a fantasear con venganzas?

Este final es de todo menos claro o coherente, y nada satisfactorio. No se trata de vivir siempre en el horror, pero sí de respetar las normas del universo y a los personajes y quiénes son… este episodio recuerda, por defraudador, al episodio 6 de la temporada 7 de Juego de Tronos… ¿recuerdan esa sensación de desilusión ante las soluciones fáciles y poco creíbles? The Handmaid’s Tale no nos hagas esto, nunca más.

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