Toni Garcia Ramon: “Moverte en el círculo de Hollywood es para acabar con esquizofrenia”

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Toni Garcia Ramon: “Moverte en el círculo de Hollywood es para acabar con esquizofrenia”

Toni ha hecho más de tres mil entrevistas, trabaja en radio, tele y prensa escrita y una charla con él aglutina más nombres y fechas que el archivo del Registro Civil.

por Inma Garrido

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Toni Garcia Ramon (Mataró, 1971) se ha pasado más de veinte años de su vida “haciendo el bamboleo”, como diría su madre, de festival en festival de cine. Este periodista que empezó cubriendo festivales para una radio local sin conocer las dinámicas de trabajo de este gremio, ha acabado accediendo a lo más granado del panorama hollywoodiense, aunque su madre nunca se lo creyera del todo.

Dice que de sí mismo que es vago, que no tiene buena memoria ni un don especial para atraer las historias excepcionales, pero cualquiera que lea Mata a tus ídolos, el libro que acaba de publicar con Catedral, puede intuir que ninguno de esos enunciados es verdad. Toni ha hecho más de tres mil entrevistas, trabaja en radio, tele y prensa escrita y una charla con él aglutina más nombres y fechas que el archivo del Registro Civil. Y si no fuera verdad eso de que no tiene don para atraer historias raras, este libro posiblemente nunca se hubiese hecho porque ni Johnny Depp le hubiese invitado a una cerveza, ni se hubiese visto en apuros en el aeropuerto por una maleta que le regaló Tom Hanks.

Leer Mata a tus ídolos es como tomar un vino con un amigo que se codea con celebrities y siempre te cuenta historias de lo más extravagantes: un no parar de reír y quedarse con ganas de que te siga contando más. Así que como las casi 200 páginas del libro se quedaron cortas, no tuvimos más remedio que pedirle una entrevista.

Por cierto, de aquí también salió una anécdota: nos interrumpió varias veces Groucho… su perro.

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Toni Garcia Ramon. | Foto de Xavi Torres-Bacchetta.

¿Cuántas historias de este libro son verdad?

Me parece un elogio muy grande que alguien piense que pueda inventarme algo así, porque no estaría trabajando en Barcelona sino en Hollywood y sería uno de los pagados. Inventarme algo de este tipo sería una cosa superlativa. No es que vaya atrayendo historias raras sino que en más de 20 años haciendo esto, es pura probabilidad que me pasen cosas así.

Y tratando con gente excéntrica, la probabilidad se multiplica.

Claro, es que fíjate, Catherine Zeta-Jones tiene a una persona que le lleva el chicle. ¿Cómo no van a salir anécdotas en un entorno así? Moverte en el círculo de Hollywood es para acabar con esquizofrenia.

¿Por qué motivo han quedado fuera del libro otras historias?

Algunas me parecían desagradables, racistas o hechas a personas a las que no se le tenía que preguntar de ello. Otras son off the record. Y otras quedaron fuera porque no tienen el peso suficiente para un libro más allá de dos líneas.

Dicen que los críticos de cine son directores frustrados, ¿te reconoces en esa afirmación?

No, porque yo nunca he sido crítico de cine. He firmado unas cincuenta críticas de cine en mi vida y no creo que tenga la sapiencia suficiente para ser crítico. Por otro lado, dirigir es algo muy meritorio. Yo no sé mandar porque soy un auténtico cretino, y tampoco sirvo para que me manden, así que imagíname haciendo cine. Hubiera sido un desastre apocalíptico.

Asocias momentos íntimos como la muerte de tus padres con estrenos de cine o festivales. ¿El cine te acercaba a ellos?

En el caso de mi madre me alejó de ella porque que yo abandonara un puesto de trabajo fijo para irme por ahí a hacer el bamboleo de festival en festival le parecía absurdo. Y no le faltaba razón. A ella le daba igual el cine y mi trabajo, y creo que no se creía el 90% de lo que le contaba. La única vez que conecté con mi madre por el cine fue cuando me pidió que la acompañase a ver Titanic y cuando le compré en DVD Forrest Gump porque amaba esa película y todo lo que hiciera Tom Hanks, pero a ella lo que le gustaba era leer. 

Mi padre era muy cinéfilo, con él vi miles de películas, pero la parte que le interesaba de mi trabajo era la viajera. Él no viajó y el hecho de que yo conociera el mundo le generaba mucho orgullo, que supongo que es algo generacional. Si yo tuviera un hijo también querría que le fuese mejor que a mí, cosa que tampoco será muy difícil.

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Imagen vía Catedral.

Trabajas de la mano de Xavi Torres-Bacchetta, amigo de toda la vida al que conocías antes de dedicaros a esto. ¿Cómo surge la oportunidad de acceder a este mundo exclusivo y glamuroso y además hacerlo acompañado de tu mejor amigo?

Fue Xavi quien me animo a hablar de cine porque me invitó a un programa que se llamaba ‘L’Estrena’, en Ràdio Sant Cugat, que nos pagaban con un bono de 10 viajes para ir desde nuestra casa al estudio, no pienses que era para gastarlo por nuestra cuenta. Cuando ya estás en una radio, aunque sea pequeña, te acreditan para ir a sitios. Un día dijimos: “¿Por qué no probamos a cubrir un festival?”. Así que nos fuimos a San Sebastián. Fue un desastre porque él no podía entrar a las películas y yo no tenía la acreditación necesaria para entrevistar a nadie. No teníamos ni puta idea de cómo funcionaba nada, pero nos liamos la manta a la cabeza porque éramos así.

Luego nos fuimos a Venecia, que fue tres cuartos de lo mismo. A lo loco. No sabíamos que el festival de Venecia se hacía a unos treinta minutos de la Piazza de San Marcos. Encima cogimos un apartamento en Mestre. Total, que para ir a la película de las 8, tenía que levantarme a las 5. Una locura bestial, pero de esa manera empezamos a conocer a gente. En ese momento el pool de periodistas españoles era muy pequeño, nos encontrábamos todos en todas partes, y poco a poco fuimos accediendo a diferentes personas, diferentes círculos de influencia hasta que acabamos cubriendo el festival para El País, pero fue un trabajo trufado de azar y de ser muy tozudo.

Para los que no tenemos ni idea de cómo funciona esto, ¿cómo es el proceso hasta que te sientas delante de una estrella de Hollywood?

Lo que hacen las productoras es encargar la gestión de la agenda de la estrella de turno a una gran agencia de publicidad. Esa agencia se dedica a priorizar qué medios acceden a esas estrellas y se rigen básicamente por lo grandes que sean los mercados de los periodistas que cubren los festivales. Si tú trabajas para un país que tiene una buena taquilla, tienes acceso a esas estrellas ya que tu país tiene una influencia grande en el mercado en el que puede funcionar esa película. Cuando yo empecé, España era un país muy importante en ese sentido, cuando lo dejé ya no tenía tanta importancia. Así que a medida que la taquilla de ese país va retrocediendo, se hace más difícil acceder al actor de turno. Básicamente, a grandes rasgos, en las grandes producciones funciona así. Luego hay un montón de factores como que conozcas bien al publicista y te cuele o que esa película pueda funcionar muy bien en tu país porque la distribuidora de ese país así lo crea, etc.

Hacéis las entrevistas varios periodistas a la vez, ¿todos los medios pueden usar las preguntas y respuestas que hacen en su ronda?

Sí, por eso intentan siempre que no haya dos periodistas del mismo país en la mesa. La misma entrevista puede salir exactamente igual en 16 países.

Una imprudencia de otro periodista de tu ronda o simplemente que otro periodista y el entrevistado no tengan feeling puede arruinarte tu trabajo. Este tema te ha dado muchas historias para este libro.

Absolutamente, en el libro hablo mucho de eso. De esas figuras que cuando las ves en tu mesa dices “ya la hemos cagado”. Bien sea porque quieren preguntar todo el rato; porque hacen preguntas estúpidas o porque son kamikazes.

Y luego están los dramas de uno mismo, como tu escasa química con Oliver Stone y Mi amigo Hugo, su documental sobre Hugo Chávez.

Esa cagada me acabó beneficiando a mí. Todo el mundo estaba hablándole de los parabienes de su documental y yo creía que en su trabajo, la figura de Chávez era muy sesgada, entonces fue cuando le pregunté: “¿No hay nada malo en ese señor?”. Se lo tomó muy mal y me dijo: “Ah, ya veo para quien trabajas”. Después de la entrevista me hizo llamar a audiencia como si fuera un monarca para echarme la bronca. A mí me vino bien, porque cuando empezó a decirme “vuestro rey debería callarse y escuchar más a Chávez” se me hicieron los ojos chiribitas. Le pedí permiso para publicarlo y él me dijo que por supuesto. Eso era un golpe de suerte tremendo, tenía a Oliver Stone dándome declaraciones sólo a mí, no había nadie más.

Luego tenemos cuando a una estrella le da por humillar a un periodista.

Cuando te toca un entrevistado cruzado ya la has cagado, y eso pasa a veces. Y cuando estás ahí puedes aprovechar esa mala leche para hacer una entrevista a malas, que funciona muy bien en papel; puedes hundirte en el asiento; o levantarte e irte. He visto los tres casos y soy partidario de que si el entrevistado está de malas, pues tú también y oye, que sea lo que Dios quiera.

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Toni con Michael Fassbender. | Foto de Xavi Torres-Bacchetta, cedida por el autor.

Mata a tus ídolos viene a decir que el primer paso para matar la admiración hacia una estrella es conocerla. En cambio, algunos de tus ídolos han acabado siendo casi amigos tuyos.

La palabra amigo me chirría. He conocido a mucha gente que ha merecido mucho la pena. Nos hemos vuelto a ver, nos hemos intercambiado mails… pero han sido los menos. Esa gente vive en otro mundo. Un tipo que gana lo que para ti es el dinero de toda una vida, vive en un universo paralelo. Me reservo cierta distancia porque sabes que si la cosa sale mal quien sale perjudicado eres tú. Lo de conocer a los ídolos es jodido porque son humanos y algunos estropeados por su propia fama. Cuando tú adquieres el estatus de estrella tu vida ya no puede ser normal, no puedes ni andar por la calle. Por eso digo en el libro que no me extraña que alguno se vuelva tarumba.

Cuándo un actor al que prácticamente acabas de conocer te propone iros a tomar una cerveza, como te pasó con Johnny Depp, ¿qué piensas?

Pues que de vez en cuando les apetece largarse del Olimpo. Lo que pasa con estos tipos es que en su círculo todo el mundo les da la razón y a veces les apetece romper con eso. Es un poco como cuando te confiesas en un bar con un desconocido. Luego realmente no tienen ninguna conversación profunda contigo, pero por un momento salen de su jaula de oro.

¿El oficio ha cambiado?

Mucho. Cuando yo empecé era todo ostentoso. Viajes en business, ruedas de prensa en París, eso ya no se da de ninguna manera.

Aparte de los números de taquilla en España que comentabas antes, ¿crees que en esta pérdida de influencia en la industria también tienen algo que ver las redes sociales o que el trabajo del periodista se esté denigrando?

El factor clave fue la piratería. En su momento la piratería hizo un daño bestial, aquí se pirateaba más que en China. La piratería también ha volado porque ahora la gente tiene acceso a plataformas como Netflix, HBO, Disney+, por un precio ajustado y eso te cambia un poco la mentalidad. Pero en otros tiempos de crisis cuando no tenías ni un duro para ir al cine, te bajabas la película y eso que te ahorrabas, y eso tuvo una influencia bastante gorda. A mí me sabe mal, para mí el cine es imprescindible, pero entiendo que haya gente que si tiene que escoger entre tomarse una cerveza o ir al cine, elija la cerveza porque te da el sol en la cara, charlas con gente, te sientes bien y a lo mejor la peli que vas a ver es una basura, pero la cerveza no te va a fallar. Si te fijas, los países menos afectados por las crisis económicas son los que más taquilla hacen: Corea del Sur, Japón, países con estado de bienestar importante. Al final tiene que ver con la percepción que uno tiene de la cultura. Aquí siempre me ha dado la impresión de que la gente considera que el cine es superfluo. Es la eterna lucha con la percepción del cine español, como lo de que el cine español sólo hace películas de la guerra civil. Es una afirmación de ser un poco absurdo, porque el cine español hace mil millones de cosas y cada vez mejores, más extrañas, más singulares y también más comerciales.

Confío en que ahora después del desconfinamiento y si todo va bien la gente vuelva al cine porque es una experiencia maravillosa cuando es colectiva. Pero claro, teniendo en cuenta que sólo podrán abrir a un tercio de su capacidad, tengo curiosidad por saber qué pasará. Curiosidad y pesimismo.

Se está hablando de la vuelta de los autocines.

Creo que será algo casi anecdótico. Determinadas películas no podrás ponerlas en un autocine por cuestiones legales y de piratería y demás y también tendrás que tener sitio para tener un autocine. A ver dónde hacen un autocine en Barcelona, que es un sitio atiborrado. Supongo que donde haya espacio y demás, sí. Una película puede hacer más taquilla en una sesión en una sala normal que en tres sesiones de un autocine. Es algo muy exótico pero no puede sustituir a la amalgama de las franquicias, Cinesa, Yelmo… Es muy difícil que nada sustituya a eso porque desde un punto de vista financiero no es posible.

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Con David Simon en Barcelona. | Foto de Xavi Torres-Bacchetta, cedida por el autor.

¿Se ha vuelto más puritana la atmósfera en la industria del cine a lo largo de estas dos décadas?

Yo crecí con un cine donde todo el mundo fumaba, decía tacos y follaba más que ahora. Hablo del cine Hollywoodiense. Creo que muchas películas que se hicieron aquellos años no se podrían hacer ahora, Starship Troopers o Robocop tendrían lío porque eran muy salvajes. También me hace gracia la gente que analiza el cine desde el contexto actual y no desde su propio contexto. Descontextualizar una cosa para lo único que sirve es para ridiculizarla. Pienso que nos hemos pasado de frenada con la corrección y ahora hay una tendencia al espectador juez. Deberíamos dejar que el cineasta hiciera lo que le diera la gana y luego ya tienes tú tu tribuna para opinar lo que te parezca.

¿Esto ha influido en todo lo que envuelve el cine, como las entrevistas y la exposición de los actores?

En el ámbito de Hollywood antes de ir a la entrevista ya firmas papeles donde te comprometes a preguntar sólo de la película y del cine, nada de hablar de temas personales, políticos, etc. Luego una vez puestos en terreno a veces es el propio actor el que saca el tema, pero si lo sacas tú, te puedes llevar un disgusto. Estas cosas ahora se vigilan muchísimo más y creo que tienen que ver mucho las redes sociales, que amplifican todo de un modo brutal. En el 96 cuando yo empecé salías borracho de un club y la única mala suerte que podías tener es que te fotografiase un paparazzi, ahora cualquier persona con un móvil es un paparazzi y esa tensión en la atmósfera se ha trasladado a todos los que forman parte del gran circo del cine comercial. Y esto también ha afectado a las entrevistas donde ni tú puedes preguntar según qué cosas ni ellos te van a contestar lo que quieran porque se va a liar la de Dios es Cristo. Como si preguntas por política a un actor español, conteste lo que conteste, va a haber lío.

¿Crees que en esa libertad es donde más se nota el salto generacional?

Está claro, esto va más por la gente joven, los que empiezan y por las estrellas entre 20 y 40 años, que aún están batallando por los papeles. A De Niro qué más le da, tiene una cadena de hoteles; McKellen siempre dice que si todo esto le hubiera pasado con 20 años ya no estaría vivo… A Pacino u otros veteranos se la trae al pairo todo esto, ya no están recorriendo el camino de la vida pensando qué pueden decir. ¿Te molesta? Pues te jodes.

Periodísticamente hablando, dices que Scarlett Johansson es una de las actrices que peor ha evolucionado y George Clooney el que mejor, ¿tiene algo que ver con la vieja y la nueva escuela?

Es una percepción muy personal. He entrevistado unas cinco veces a Johansson y es robótica. Pero es por lo que decía antes, al final vigilas tanto lo que dices que no dices nada interesante. Te conviertes en una diva silenciosa. En cuanto a Clooney es un tipo que le da igual, tiene sus inversiones, su publicidad y cada vez se prodiga menos en el cine. De hecho es un tío que se ha posicionado mucho políticamente en Hollywood en los últimos años, no tiene ningún problema en soltar lo que le ha apetecido cuando le ha apetecido. Porque su estatus es ya casi el de una estrella al margen del cine.

Es curioso, en el periodismo pasa al revés: los periodistas consagrados que empezaron muy libres, y muy punk, ahora no sacan la patita del tiesto.

Porque en la vida puedes volverte loco o domesticarte. Y creo que los ejemplos que he puesto es de gente que no es que se haya vuelto loca, sino que tienen mucha personalidad y les importa un pito lo que les llame la gente en Facebook.

No aparecen prácticamente referencias al cine español en el libro.

Es que no hago prácticamente nada de cine español. Cuando lo he hecho ha sido algo muy particular que está en el circuito internacional, como Bardem, y demás.

¿Venecia, Cannes, Toronto o Berlín?

Venecia.

¿Por qué?

Porque es Venecia. Es una de las ciudades más bonitas del mundo, siempre sacaba hueco para darme una vuelta, tomarme un bellini y pensar que la vida me sonreía. Yo empecé allí, es donde creo que he hecho mis mejores entrevistas. El clima es bueno y sólo la idea de la propia Venecia hacía milagros en el humor de los actores y celebrities, mientras que en Berlín hace un frío que pela y Cannes es demasiado estirado. Toronto está muy bien, vas allí y puedes hacer quinientas entrevistas, pero no tiene nada de romántico, así que Venecia tiene todo lo mejor de los demás festivales.

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Con Bill Murray en Venecia en 2003. | Foto de Xavi Torres-Bacchetta, cedida por el autor.

¿Por qué te parecen tan horribles los festivales del Este?

No he tenido buenas experiencias con el personal ruso, creo que en esos festivales hacen más folclore que otra cosa, aunque hay alguno que está bien. Son como los festivales de oriente medio, el de Doha, Abu Dhabi, Dubái, para mí no tienen mucho sentido ni un contenido demasiado interesante. Además, son festivales de choque, gastan mucho dinero durante un periodo de tiempo y luego se diluyen en el tiempo.

Con este libro me has matado varios ídolos de Hollywood, pero también me has roto un mito: los catering de los rodajes. Tenía entendido que eran muy malos y las dos referencias que haces a ellos en el libro salen bastante bien parados.

No, no, son horribles, pero depende de quien seas.

Pues a ti te pusieron comida a la carta.

Bueno, no exageremos, a mí me ha pasado eso dos veces, pero el currante de cine y los periodistas que están ahí más vale que lleven su táper porque como te alimentes durante cinco días de eso, te encontrarán muerto en un sofá. En cambio, el propio Colin Firth tiene su propio cocinero, y como él otros que comen lo que les preparan a su gusto.

Siguiendo con esto del comer, gracias a tu trabajo has descubierto los donuts de Krispy Kreme, tan importantes para ti que hasta aparecen en los agradecimientos.

Si sabes de donuts hay dos grandes marcas: Voodoo Doughnut y Krispy Kreme, ya está. Y un buen donut te arregla la vida, por lo menos diez minutos.

Y entre los donut, sándwich club y hamburguesas que mencionas en el libro, una vez Xavi y tú comisteis en el Harry’s Bar por 10 euros cada uno.

Fue una de esas cosas que te pasan poquísimas veces en este trabajo. Un día le caes bien a alguien, dices la frase apropiada o el timing es bueno y sacas provecho de ello. Después de entrevistar a Arrigo Cipriani, que es un esperpento de señor, maravilloso, pero esperpento porque está completamente loco, le pregunté por un sitio donde ir a comer y me dijo que el mejor sitio para comer era allí, en su restaurante. Le dije que claro, pero ahí cuesta 200 euros por persona. Me dijo: “A ver, ¿cuánto llevas?”. Saqué un billete de 20 euros y me dijo: “Sentaos”. Pero son cosas que nunca me van a volver a pasar. De hecho, por si acaso, no volveré allí no sea que me cobre 400 para compensar la vez que comí por 10 euros.

¿Se te ha quedado algún ídolo por entrevistar?

Si algún día me dejaran entrevistar bien, y digo bien porque ya lo he entrevistado pero fue muy rápido, a Clint Eastwood, me encantaría, pero tengo que darme prisa porque acaba de cumplir 90 años.

Y a James Cameron, pero es un hombre al que es muy difícil acceder, por no decir imposible, y esa entrevista además requeriría tiempo.

¿Y a quién te podrías haber ahorrado?

A Hopkins. Nunca me ha aportado nada. Es muy particular, siempre he tenido encontronazos con él y la última vez me largué antes de entrevistarle, preferí ahorrarme el mal rato.

¿Crees que algún protagonista de tu libro lo leerá?

No creo. Puede ser que algún día el libro se traduzca y llegue a alguien, pero me extrañaría mucho. Piensa que es gente que vive en su burbuja y no creo que le interese un libro que es un popurrí donde aparecen con más gente.

Háblame de Pixar.

Es uno de mis viajes favoritos. Una oportunidad de ver algo extraordinario. Encuentras a gente muy interesante, gente que hace cosas que han revolucionado no sólo la animación sino el mundo del cine en general, que trabajan con los horarios que quieren, tienen uno de los mejores edificios que he visto en mi vida para trabajar, con luz natural, madera… y siempre que he estado ahí he accedido a personas que vale muchísimo la pena conocer. Es uno de esos viajes donde nunca hay fallo, sabes que siempre vas a sacar algo bueno de ahí porque está lleno de talento. Y encima al lado de San Francisco que es una ciudad que me encanta.

¿Cuál ha sido la última película que has visto?

El Resplandor, esta mañana.

¿Y la última serie?

Control Z. Un horror mexicano.

Y ya para acabar: ¿Las bragas o el culo de Johansson?

Es como si le preguntas a un padre a cuál de sus hijos prefiere. Paso palabra.

Inma Garrido

Periodista y editora freelance. Ahora escribe en la Guía Repsol, El Comidista y The Objective. Le gusta el flamenco, el jerez, comer y hablar de lo que come.