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Un ‘Tsunami’ de escritoras reflexiona sobre el feminismo

La editorial Sexto Piso publica esta antología donde 10 mujeres españolas nacidas entre las décadas de los 50 y los 80 se desnudan, por dentro y por fuera, a través de artículos, relatos, testimonios, ilustraciones, confesiones y reflexiones.

 

El 8 de marzo de 2018 marcó un antes y un después en España. La primera huelga feminista de nuestro país demostró, entre otras muchas cosas, que las mujeres ya no estamos dispuestas a ocupar un segundo plano, que nos estamos pensando, de un modo intergeneracional y transversal, buscando un feminismo integrador con el que se puedan identificar todas las personas. Estas reflexiones cristalizan ahora en Tsunami, miradas feministas (Sexto Piso), una antología en la que participan Pilar Adón, Flavita Banana, Nuria Barrios, Cristina Fallarás, Laura Freixas, Sara Mesa, Cristina Morales, Edurne Portela, María Sánchez y Clara Usón.

Esta decena de mujeres, nacidas entre las décadas de los 50 y los 80 por toda la geografía española, han ofrecido su particular visión del momento que vivimos a través de artículos, relatos, testimonios, ilustraciones, confesiones y reflexiones donde se desnudan por dentro y por fuera. “El punto de partida es ver cómo en el último año todos los acontecimientos que han girado en torno a las miradas feministas, las reivindicaciones, las manifestaciones, la reacción machista y la misoginia, nos han ayudado a resignificar muchas palabras”, explicó la editora, Marta Sanz (Madrid, 1967). “Este libro es un intento de resignificación de palabras a las que merecía la pena volver: cuerpo, familia, educación, trabajo, abuso, genealogías feministas y genealogías familiares o el mundo rural y sus relaciones con la mujer, siempre desde una perspectiva autobiográfica”, añadió en rueda de prensa en el Espacio Fundación Telefónica.

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Imagen vía Sexto Piso.

Porque el machismo sigue existiendo y lo impregna todo como explicó Laura Freixas (Barcelona, 1958): “Las leyes han cambiado y ya no consagran la desigualdad, pero las inercias patriarcales siguen y se pueden manifestar de muchas maneras”. Es el caso de la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, cita literaria celebrada estos días en Guadalajara (México) criticada por la escasa presencia de mujeres en las charlas, el jurado y los finalistas. “Ahora creo que hemos avanzado en la conciencia de que en el mundo de la cultura hay una gran desigualdad y que es muy sexista. Y eso no es normal y merece una discusión. De modo que lo primero es denunciarlo y lo segundo es debatirlo para ver cuáles son las causas porque de momento solo estamos combatiendo el síntoma”, afirmó.

Con el ascenso de discursos machistas, homófobos y xenófobos, en España y en todo el mundo, las ponentes se dividen entre la supuesta evolución vivida hacia una sociedad más igualitaria y la amenaza de retroceso y pérdida de derechos que ya se daban por sentados. “Yo hablo de lo habitual para las mujeres y que muchos hombres no saben. Que es ir por la calle y tener miedo, ir en el metro y que te toquen el culo. Mi texto habla de algo que escribí hace tres años después una agresión y que publiqué enfrentándome a ciertos consejos bienintencionados que me recomendaban que no me expusiera, que lo que contaba formaba parte de lo privado, que era algo que no pasaba a todas las mujeres. En este tiempo hemos empezado a hablar de todo esto”, señaló la escritora Pilar Adón (Madrid, 1971), que algo más pesimista añadió: “Yo tenía la ilusión de que habíamos avanzado, pero no, la situación de las mujeres es la que es y se nos prefiere calladitas”.

En la misma línea se expresó Edurne Portela (Santurce, 1974), que dijo: “Estábamos muy tranquilas pensando que los derechos reproductivos estaban conquistados y ahora se está reabriendo no un debate ético, sino político y legal. Ese debate reconoce que existe una conciencia que busca limitar los derechos de la mujer”. El problema entonces “no el 10% de votantes de VOX, sino la normalización de su discurso, los partidos que están dispuestos a pactar con ellos y dejarles entrar en las instituciones para reventarlas”, remató.

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Foto vía Fundación Telefónica.

Para Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968) el camino pasa por mostrar e imponer nuestro cuerpo. “Tanto el relato de la virginidad como el de la pornografía se han apoderado del cuerpo de la mujer, así que yo he escrito sobre mi coño. Es básico hacerse carne y mostrar la carne, no solo los sentimientos porque se ha eliminado el relato de nuestro cuerpo. Yo tengo más claro la adolescencia, las primeras eyaculaciones y las primeras erecciones de Philip Roth que el tamaño y el color de mi vulva. Esto es un problema gordísimo”.

De diferentes formas, todas hablan de la necesidad imperiosa de que sean las mujeres las que cuenten sus historias, de construir un relato común y contar cómo cada una ve las cosas. Porque son 10 perspectivas del mundo, que también pueden ser contradictorias, 10 voces exigiendo sus derechos. Y Freixas abundó en esta cuestión: “Es necesario que las mujeres escriban, publiquen y que ese 15% de libros escritos por mujeres aumente hasta la mitad porque si no las experiencias de las mujeres son invisibles y la cultura no las refleja”. Y puso un ejemplo: “Prácticamente ningún español ha vivido ya la Guerra Civil y, sin embargo, todos los años se publican novelas sobre ella. 300.000 mujeres paren y 100.000 abortan todos los años y de eso la literatura no dice nada. Ni del acoso sexual, la vivencia del miedo, que, por cierto, es un denominador común de nuestros textos, la vivencia de la discriminación o los cuidados exigidos, invisibilizados y no remunerados”.

Por todo esto, hay que seguir luchando. En palabras de Clara Usón (Barcelona, 1961), “las sufragistas fueron vilipendiadas, las llamaban feas, pesadas, histéricas, latosas. Hoy volvemos a ser objeto de ataques, pero hay que seguir reivindicando, que nos llamen pesadas es todo un cumplido”. Y así repensarnos, igual que hacen todas estas mujeres, para construir un feminismo integrador que acabe con todas las desigualdades. “Yo cuando hablo de la reivindicación de mis derechos de mujer estoy tratando de reinterpretar un esquema de prejuicios en los que funcionan unas relaciones de poder, clase, raza, diferentes opciones sexuales, salud, cultura, ecología, medio urbano y rural. Estos vasos comunicantes impregnan el punto de partida desde el que se conciben todos estos textos”, apuntó Sanz en este sentido.

El futuro, en opinión de Portela, pasa por encontrar aliados que den voz y extiendan estas demandas por toda la sociedad. “Tenemos que romper con la excepcionalidad del feminismo, de actos como este y de libros como este, que se considere todo esto parte de un impulso y un movimiento que va más allá de mujeres, que permee en la cultura, en los medios de comunicación. El feminismo se tiene que plantear como parte de nuestra rutina y tenemos que incorporarlo a una visión de la realidad que no es solo nuestra y debería ser compartida”, concluyó.

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