Tu tiempo vale oro, pero tu libertad vale tiempo: así cedemos nuestra autonomía a las plataformas
Foto: Simone Daino| Unsplash

Cultura

Tu tiempo vale oro, pero tu libertad vale tiempo: así cedemos nuestra autonomía a las plataformas

Netflix activará el modo de reproducción automática para evitar la ‘fatiga de la decisión’ en sus usuarios. ¿Es sano ceder nuestras elecciones a los algoritmos? Los psicólogos advierten de los peligros de la inmediatez y el consumo indiscriminado y por delegación

por Gonzalo Núñez

Anoche, contra todo pronóstico, acabamos abriendo cada uno un libro. Tras media hora de sesuda indagación entre los filtros de una conocida plataforma, consideramos que se había hecho demasiado tarde para el cine en casa y, aunque de hecho no lo fuese, nuestro humor no era exactamente el mismo que media hora antes. Ni siquiera mis conocimientos de la intersección de los círculos, adquiridos en Primaria, evitaron la debacle: no hay filtros suficientes para ‘una de amor con ese pelín bélico que quieres tú pero en una campiña pacífica inglesa con tú música dodecafónica de fondo y con Keira Nightly porque si no me planto etc etc’. Entre todos lo matamos y él sólo se apagó.

Los utopistas de internet que pronosticaron en su día el acceso general a la cultura, la apertura de los nichos, el refinamiento y variedad del gusto y una Edad de Oro de la producción independiente de contenidos, no intuyeron lo suficiente hasta qué punto ‘tenerlo todo a mano’ no significa saber ‘qué coger exactamente’. El streaming era esto: dormirse de aburrimiento antes de llegar a elegir una película con la que, precisamente, dormirse. Sé de gente vetusta que aún añora los dos canales: La Primera y la Segunda, que los más puristas entre los puristas siguen llamando ‘el UHF’.

Netflix, que sabe exactamente lo que ves, también sabe lo que no ves. Es decir, el tiempo que pasas, y por dónde lo pasas, antes de decidirte por una de Seagal o de Meg Ryan, o sencillamente dejarlo estar por una noche. Hace dos años, la consultora Nielsen cifró en 7,4 minutos los que ‘pierde’ un adulto estadounidense en decidirse por un contenido streaming. Estas cifras se han visto ensanchadas por la pandemia y la multiplicidad de plataformas y sus varias ofertas. No nos da la vida. Y también esto Netflix (y sus semejantes) lo sabe.

Hace tiempo que los gigantes de la industria combaten ciertas conductas de los usuarios. Así, el pasado verano, Netflix implementó la reproducción a distintas velocidades para que el espectador decida si quiere pasar a toda leche ese plano secuencia en el que chico y chica debaten si acostarse y acudir sin más al acto en sí. Ahora, la plataforma ha anunciado el lanzamiento de la reproducción automática para evitar la ‘fatiga de la decisión’ y, finalmente, el abandono de algunos usuarios. De este modo, si usted lo activa, será el algoritmo (que tira hacia dos vías tangenciales: sus gustos y los gustos de la mayoría) quien mande sobre lo que verá esa noche de domingo. A una conocida el bendito algoritmo la echó de cabeza a Friends: no volvió a probar. Para ese viaje no hacen falta alforjas.

Tu tiempo vale oro, pero tu libertad vale tiempo: así cedemos nuestra autonomía a las plataformas

El futuro del entretenimiento era este: quedarse dormido antes de elegir la película para quedarse dormido. | Foto: Levi Stute | Unsplash.

La ‘fatiga de la decisión’ es un modo novísimo de hablar de la ‘paradoja de la elección’ que el psicólogo norteamericano Barry Schwartz diagnosticó ya en 2004. A más posibilidades, más estrés y menos satisfacción. Cuando sólo había La 1 y La 2, la cosa era impepinable. Ahora tenemos, sólo en lo audiovisual, Netflix, HBO, Amazon Video, Disney+ (léase ‘plas’), Filmin, FlixOlé, Movistar+ (léase ‘plus’), etc, etc… Esta paradoja cursa para ámbitos dispares en un mundo plagado de estímulos. Se sabe que las apps de citas tipo Tinder, lejos de estrechar parejas, atomizan sus elecciones: ¿por qué me voy a quedar sólo con A de por vida si tengo a B y C y D haciéndome ojitos? Zygmunt Bauman ya nos explicó cómo el consumismo ha alcanzado a las conductas sociales básicas con su dinámica de «costo-beneficio».

En esta dualidad, parece que hemos decidido que no vale la pena invertir tiempo en nuestras decisiones de entretenimiento. Pilar Gil Díaz, psicóloga y directora de Terapiayemoción está a habituada a tratar casos de ansiedad por toma de decisiones. Evidentemente, se tratan de asuntos más profundos que la elección de un libro o una película, pero también aquí alcanzan ciertos procesos emocionales: «No estoy muy de acuerdo con las etiquetas psicológicas continuas por cualquier dificultad o adversidad que el ser humano pueda sentir, pero sí considero que pueda existir una fatiga, cansancio, estrés, inseguridad, enfado y más emociones y/o sensaciones en muchas personas, a la hora de elegir contenidos teniendo tanta variedad en las multiplataformas», señala.

Es natural que usted no quiera estar 15 minutos o 30 debatiendo con su pareja qué ver. Al fin y al cabo, es su tiempo de ocio. «Cuando el ser humano está analizando -explica Pilar Gil-, está generando un desgaste físico y emocional a nivel cerebral, sus niveles de concentración, atención y memoria están trabajando y gastando energía; si todos esos procesos de las funciones ejecutivas están mucho tiempo activos pueden llegar a generar estrés y una fatiga atencional». Para esta experta es por tanto lógico que las plataformas apuesten por dárnoslo hecho: «De alguna forma esa categoría nos da seguridad, confianza, nos elimina la opción de hacer la selección nosotros mismos, en fin es mucho más cómodo».

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«No, Netflix, no quiero ver ‘Friends’ de nuevo». | Foto: Ana Laya | The Objective.

Este proceso de refinamiento del gusto para evitar que nos perdamos en el mar cibernético se da en todas direcciones. Amazon nos propone libros semejantes a aquel que compramos y dimos cinco estrellas para que no perdamos toda una tarde en la Cuesta de Moyano en busca del crush. Igual sucede con el amor o el sexo. En el apartado citas, no dudamos en activar una suerte de ‘reproducción automática’: «Poniendo determinados filtros, se encargan de seleccionar qué persona se adecúa más a nosotros; es la propia aplicación la que selecciona a la persona ¿por qué?, ¿para qué lo hacemos? Para evitar dedicar un tiempo, así es la propia plataforma la que elige y dedica ese tiempo por nosotros mismos. Si depositamos en un sistema, la elección de una pareja, cómo no lo vamos hacer para la elección de una serie, película o documental», añade la psicóloga.

La cuestión es si esto, que puede ser ‘útil’, es sano: «A lo mejor no sería una opción sana si de forma recurrente y estable habilitamos esta reproducción automática de Netflix. Nos podemos acabar acostumbrando a que otros tomen las decisiones por nosotros y eso en el fondo es una conducta de evitación / escape del ser humano ante las dificultades». Evidentemente no hay que poner el grito en el cielo: en el fondo usted decide si lo activa o no. Pero lo que está claro es que la tendencia de delegación cada vez mayor de nuestra autonomía hacia el algoritmo es palmaria.

Sabemos que el tiempo es oro. Más aún si se trata de ‘vaciar un rato la cabeza’ después de una jornada exhaustiva de trabajo. La sociedad espera de nosotros una dedicación inexcusable al trabajo, al tiempo en que nos facilita mecanismos para no decidir sobre nuestra vida privada. Es decir, no perder tiempo en nosotros, que somos, diría aquél, contingentes y no necesarios. Usted gánese el pan, que nosotros le diremos en qué invertirlo de forma rápida. «Los refuerzos inmediatos positivos asociados a las tecnologías son en cierta medida peligrosos, ya que son grandes potenciadores de adicciones -explica Pilar Gil-. Las personas tendemos a buscar lo inmediato y el ‘ya mismo’ también porque se nos ofrecen cada vez y con más frecuencia aplicaciones y servicios para satisfacer nuestras necesidades rápidamente. Ejemplos de ello pueden ser las aplicaciones para comprar lo que deseamos, servicios de comida, plataformas de entretenimiento, dinero fácil (prestamos y casas de apuestas online) realmente potenciadoras de adicciones, apps de búsquedas de parejas etc. Cuanto más rápido e inmediato nos puedan satisfacer nuestras necesidades los servicios de Internet, menor capacidad de reflexión y análisis haremos las personas y más probabilidad de error también podremos cometer».

En 2004 advertía Barry Schwartz: «La autonomía y la libertad de elección son fundamentales para nuestro bienestar, y la elección es fundamental para la libertad y la autonomía». Elegir aunque nos cueste. Así, si un mal día usted decide activar el reproductor automático, por dios, no se mortifique mucho. Pero piense luego, cuando esté más despejado, que si su tiempo vale oro, su libertad vale tiempo. Usted decide si el ocio y la cultura (su propio esparcimiento) valen también esa ‘inversión’ en minutos y horas o si, por el contrario, quiere que le bombeen sin más la serie de moda (tal vez «Friends» por enésima vez) mientras una app cocina por usted porque qué pereza…

Gonzalo Núñez

Periodista, por ahora y entre otras cosas. Autor en ciernes. Sevillano de Madrid, madrileño de Cádiz. Italianófilo y rusófilo, siempre.