Un lutier mozambiqueño, único heredero del polémico sistema Menduiña de guitarra española
Foto: Celia Márquez| The Objective

Sociedad

Un lutier mozambiqueño, único heredero del polémico sistema Menduiña de guitarra española

El geólogo y lutier Juan Menduiña ha patentado uno de los sistemas de construcción de guitarras más innovadores del sector

por Celia Márquez Coello

Juan Menduiña es el dueño de una de las patentes de guitarra española más innovadoras en el mundo de la lutería. Sus investigaciones en torno a la sonoridad instrumental han llevado a músicos y firmas de todo el mundo a interesarse por su sistema. Sin embargo, en desavenencia con el gremio de guitarreros de España, este geólogo e investigador estaba dispuesto a llevarse su método a la tumba. Ya no será así. Clelio Vilanculos, un lutier mozambiqueño que llegó a España hace varios años, ha logrado ganarse su confianza convirtiéndose en el discípulo de Menduiña y único heredero de su secreto.   

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En un piso de Alcobendas, una localidad al norte de Madrid, Juan Menduiña toma asiento en medio de sus guitarras, dispuestas en hilera a lo largo de la habitación. A sus más de setenta años no parece cansado, a pesar de que está enfermo. Lo acompaña Clelio Vilanculos, quien se dedica desde hace años a la investigación musical y a la construcción de instrumentos. Ambos forman un curioso tándem que se ha mantenido a lo largo de los años y de los kilómetros que separan Mozambique de España.

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Varias guitarras Menduiña, a la espera de ser ajustadas. | Foto: Celia Márquez.

Clelio y Juan se conocieron por primera vez en Madrid en 2015. En aquel entonces, Clelio seguía un curso de guitarra española, interesado en la resonancia de estos instrumentos y en sus puntos comunes con la ‘mbira’ africana. En la pared de aquella escuela se exponían las tapas armónicas de los dos sistemas de construcción de guitarra española más conocidos, Torres y Ramírez. Junto a ellas, un tercero: el sistema Menduiña. Al joven investigador y artesano no se le pasó por alto el misterio que encerraba este tercer método, del que nadie parecía saber gran cosa. Lo que no sospechaba era que, solo un año más tarde, él mismo iba a convertirse en aprendiz y colaborador de una de las figuras más polémicas del mundo de la lutería en España.

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Juan Menduiña, geólogo y profesor universitario, se dedica desde hace varios años a la construcción de guitarra española. | Foto: Celia Márquez.

En la pared de aquella escuela se exponían las tapas armónicas de los dos sistemas de construcción de guitarra española más conocidos, Torres y Ramírez. Junto a ellas, un tercero: el sistema Menduiña. Al joven investigador y artesano no se le pasó por alto el misterio que encerraba este tercer método, del que nadie parecía saber gran cosa.

Menduiña, doctor en ciencias geológicas por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó a interesarse por la música después de enviudar. «Tenía que hacer algo y empecé a tocar la guitarra clásica», rememora el que ha sido profesor de universidad por más de veinte años. Esto le llevó a preguntarse si era posible construir una guitarra en la que las notas sonasen diferenciadas unas de la otras, en lugar de en «un nido de abejas en el que las frecuencias se mezclan», como parecía ser la norma. Como él mismo afirma orgulloso, «no hay mayor incentivo para un investigador que que le den algo que no conoce».

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La evolución de las tapas armónicas de Juan Menduiña. A la izquierda, la más antigua; a la derecha, la más reciente. | Foto: Celia Márquez.

Sus estudios en torno a la progresión armónica y la distancia nodal de las guitarras le permitieron patentar, en 2004, un sistema de construcción realmente innovador. Su principal hallazgo –la sustitución del varitaje tradicional por un varitaje curvo capaz de transmitir de forma más eficaz el sonido– ha llevado a grandes firmas del mundo de la música a tratar de comprar los derechos de la patente Menduiña. Él siempre se ha negado. «Me pagaban mucho dinero, pero a cambio tenía que renunciar a la titularidad del proyecto», relata, algo por lo que no estaba dispuesto a pasar. Cuando Clelio comenzó a trabajar con él en 2016, lo hizo a través de una beca de investigación. «Me interesó mucho su método porque vi que él tenía un conocimiento científico que yo no encontraba en el lugar donde estudiaba», rememora. Pero pronto se percató de que estas innovaciones no tenían la misma buena acogida dentro de nuestras fronteras.

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Clelio trabaja una pieza de madera en el taller de Juan Menduiña (detalle). | Foto: Celia Márquez.

Un «hereje» para el gremio

«Yo he puesto en ridículo a todo el sector de guitarreros de este país», sentencia Menduiña. Para el geólogo, un férreo orgullo gremial le ha mantenido al margen de los círculos de lutieres españoles. «Todos los instrumentos, incluidos los de viento, están construidos por puro empirismo, ensayo y error. Los lutieres se basan en creencias mágicas, no saben nada de ciencia», relata Menduiña. En su opinión, existen muchas reticencias frente a alguien que, como él, proviene del ámbito científico. «Por eso, para ellos soy un hereje», asevera.

«Yo he puesto en ridículo a todo el sector de guitarreros de este país» – Juan Menduiña

Al no ver reconocido su mérito, el geólogo ha blindado su sistema para que nadie más pueda utilizarlo. Incluso la información que figura en el registro de patentes es intencionalmente incompleta, para evitar plagios. Menduiña se queja de que otros constructores «meten un espejo y ‘malcopian’ la estructura», de que «desfiguran el sistema» y hablan sobre él «sin saber cómo funciona».  La situación es la de la pescadilla que se muerde la cola: ahora, si un lutier se interesa por el sistema, no encontrará más que información confusa y renunciará a adoptar su método, condenándolo aún más al ostracismo.

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La principal innovación del sistema ha sido la sustitución del varitaje
tradicional, en forma de abanico, por un varitaje curvo capaz de transmitir mejor el
sonido. | Foto: Celia Márquez.

De esta manera, y contrariamente a lo que sucede en Latinoamérica y otros lugares donde el sistema Menduiña es ampliamente utilizado, en España se ha convertido en un método fantasma. Aunque músicos de la talla de René Mora, Carlos Bonell o el Niño Josele utilizan sus guitarras, se trata de una excepción. Prácticamente la totalidad de los músicos y buena parte de los lutieres viven al margen de la existencia de Menduiña, respondiendo con un encogimiento de hombros cuando se les pregunta por él. «Excepto para la gente que ha trabajado con el sistema, nadie sabe nada sobre él», resume Clelio. «Todo es pura especulación».

«En este mundo ya nadie inventa nada. Querer cobrar por la patente es no haber entendido cómo funciona» – Arturo Sanzano

Pero ¿ha sido Juan Menduiña realmente expulsado del gremio? Arturo Sanzano, lutier con una amplia carrera en la construcción de guitarras, reconoce que hubo un rechazo inicial del sector. «Es complicado que un guitarrero que lleva toda su vida trabajando con un Ramírez o un Torres pase a usar un sistema nuevo», admite. Sin embargo, hay más factores. «Menduiña no ha sabido cómo relacionarse en este mundo y se ha ganado enemigos», afirma Sanzano. Sobre sus guitarras, no tiene queja: «No puede hacerlas cualquiera». Pero considera inútiles los esfuerzos del maestro por preservar su autoría. «En este mundo ya nadie inventa nada. Querer cobrar por la patente es no haber entendido cómo funciona». Clelio, partidario de convertir el sistema en algo abierto, concuerda plenamente con esta idea: «Para mí está claro que hay que abrir la información para que la gente sepa realmente cómo funciona», sostiene. Esa es su lucha particular y el lugar al que le gustaría conducir el Sistema Menduiña en el futuro. 

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Detalle del taller de Juan Menduiña. | Foto: Celia Márquez.

Entre Mozambique y España

Ante la pregunta por el devenir del proyecto, Juan Menduiña dirige su mirada hacia su compañero, con quien ha compartido infinitas horas de taller. «Sería una pena que todo el trabajo de investigación se perdiera», lamenta y añade, señalando a Clelio: «Por eso lo tengo a él». «Clelio es una buenísima persona, que está aquí para luchar y sacar su vida adelante. Yo lo consideraré el heredero del sistema Menduiña», afirma. Ahora, el lutier africano está a punto de regresar a su Mozambique natal, donde espera asentarse junto a su mujer y su hija. Hasta allí llevará el sonido de las guitarras del geólogo, cuyo método tiene pensado dar a conocer a través de cursos y talleres.

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Juan Menduiña muestra una tapa armónica con los resultados de sus últimas investigaciones. | Foto: Celia Márquez.

Juan Menduiña, por su parte, continuará trabajando en sus guitarras hasta que su salud lo permita.  En todo este tiempo no ha dejado de soñar con un futuro en que su sistema sea valorado y utilizado tanto por artistas como por constructores. «Para mí sería una satisfacción enorme que los grandes músicos lo implementaran y reconocieran su valor», afirma. Pero no espera que esto ocurra, al menos en vida. «Incluso el propio Gauguin fue reconocido solo cuando ya había muerto», sentencia.

En el taller, el sol cae sobre la cera que recubre los instrumentos e ilumina los restos de serrín desperdigados a lo largo de la mesa. Clelio ordena los utensilios y los pedazos de madera curva en los que ha estado trabajando durante el día. Cuando las guitarras regresan al interior de sus fundas, en el aire flotan preguntas todavía. ¿Realmente estamos ante el método definitivo? ¿Superan, como afirma su creador, a todas las guitarras gestadas en la tradición y la repetición? Como siempre, al final será el tiempo quien dictamine cuánto de verdad hay en la historia del Señor Menduiña; cuánto de ciencia hay en ella, y cuánto de magia.