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Un Oscar diverso pero predecible cierra bien la temporada de premios

Foto: Mike Blake | Reuters

Anoche las estatuillas fueron a las manos que se habían predicho, pero eso no significó que la ceremonia de los premios de la Academia no estuviese llena de buenos momentos, galardones merecidos y reconocimientos al otro.

La ceremonia del Oscar que se celebró anoche marcó un camino que Hollywood quiere seguir (que realmente lo haga está por verse). Fue una noche llena de triunfos para historias sobre minorías y sobre la tolerancia, una noche marcada por la otredad como algo a respetar. No hubo muchas sorpresas, no realmente. Tal vez la mayor fue el premio a Mejor Película a La forma del agua, pero eso tampoco era algo lejano, era la segunda posibilidad en todos los sitios de apuestas. Por lo demás, en las categorías de actuación y dirección ganaron los que se había dado por hecho que lo harían, pero eso no lo hizo menos interesante.

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La forma del agua, una fábula sobre la diferencia llena de outsiders, se ganó el mayor premio de la noche. | Foto: IMDB

Frances McDormand, decretada ganadora hace meses por todo el que sabe algo de cómo funciona el mundo de los premios de cine, se llevó su segundo Oscar a Mejor Actriz por Tres anuncios en las afueras. Aunque la película sufrió un revés -en su estreno en Toronto la crítica y el público la alabaron y luego ha sido altamente juzgada por su manejo del racismo- que le perdió el Oscar a Mejor Película (que muchos daban por hecho), McDormand sí se llevó a casa una estatuilla por su rol como una madre iracunda que busca justicia por la violación y asesinato de su hija. McDormand subió al escenario y después de agradecer a todo el que era necesario le pidió a las mujeres que estaban nominadas anoche que se levantaran de sus asientos: “Miren a su alrededor. Todas tenemos historias que contar y proyectos que necesitan financiación”. La actriz se despidió resaltando la necesidad de que los actores (o en general las personas con más peso para negociar sus contratos) exijan cláusulas de diversidad para trabajar en proyectos.

Gary Oldman, otro ganador clarísimo antes de anoche, se llevó su primer Oscar por su actuación en El instante más oscuro. Su discurso fue mucho menos activista, pero su personaje, un Winston Churchill en el momento en que Inglaterra está tomando la decisión de si seguir peleando o no la Segunda Guerra Mundial, sirve de ejemplo en tiempos en que la política real se ha convertido en un cuento de terror.

Y en las categorías de actuación secundaria tampoco hubo sorpresas. Dos actores que se han ganado todo lo anterior y que además son queridos universalmente en la industria triunfaron sin mucha dificultad: Allison Janney se llevó su Oscar por I, Tonya, y Sam Rockwell el suyo por Tres anuncios en las afueras.

Guillermo Del Toro fue el mayor ganador de una noche que repartió premios muy equitativamente (tristemente Lady Bird no se llevó ninguno). Ganó como Mejor Director (era el único del famoso trío mexicano de directores, que incluye a Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón, que no tenía uno), lo que se esperaba, y se llevó el premio a la Mejor Película por su fábula de amor entre una mujer muda y un hombre-pez. La forma del agua, diversa pero ciertamente hermosa, es un ejemplo de cómo la Academia está mirando a su tiempo: además de ser un ejemplo de arte cinematográfico, la película es un relato sobre la intolerancia, sobre quienes se quedan fuera de “lo establecido” y es un canto, finalmente, al entendimiento y reconocimiento del otro. Del Toro, emocionado, subió a recibir su Oscar como director y resaltó que es un inmigrante y que la industria debería seguir intentando eliminar las barreras que se crean.

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Coco, una de las mejores películas de Pixar en tiempo y alabada por su respeto cultural, ganó como película animada. | Imagen: Pixar

México también habrá celebrado que Coco se llevara el Oscar a Mejor Película Animada. El filme que ha sido alabado ampliamente cuenta la historia de un niño mexicano y sus raíces. Y lo hace respetando la cultura y el idioma de una manera tan fiel que en México los teatros se llenaron de espectadores emocionados.

Otro ganador que demuestra un giro en la Academia (aunque en los guiones es donde siempre se ha visto mayor diversidad y apertura) es Jordan Peele por Get Out. Algunos apostaban por una sorpresa con esta película llevándose el último Oscar de la noche a casa, pero fue ya un gran triunfo que Peele (comediante y director novel) se llevara la estatuilla en esta competitiva categoría (este año la mayoría de las películas nominadas a Mejor Película eran guiones originales). Get Out es una historia de horror sobre el racismo en América que se ha ganado a las audiencias de manera masiva, pero también a los críticos, y Peele recibió una ovación del auditorio cuando se anunció su nombre y subió al escenario a recoger su premio.

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La mujer fantástica, sobre una mujer transexual, se llevó el premio a Mejor Película Extranjera. | Foto: IMDB

La mujer fantástica es otro ejemplo de una Academia abierta a reconocer no sólo el buen cine, sino a dejar atrás sus prejuicios (recordemos que Brokeback Mountain perdió inexplicablemente contra la mediocre Crash). La Mejor Película Extranjera es un excelente retrato de personaje, una mujer transexual que debe lidiar con la familia de su novio fallecido, la policía, sus compañeros de trabajo y básicamente la sociedad chilena, sólo por su identidad de género.

Call Me By Your Name, una historia sobre un primer amor homosexual, se llevó también su estatuilla prevista, la de Mejor Guión Adaptado, lo que significó no sólo un reconocimiento a un filme sublime sino el primer Óscar para un octogenario James Ivory. Otro ganador de la noche que la industria celebró en pleno fue Roger A. Deakins un director de fotografía mítico que tras 13 nominaciones previas y ningún triunfo.

#Metoo y Time’s Up también tuvieron su turno. Tres actrices, Salma Hayek, Ashley Judd y Anabella Sciorra (que denunciaron abusos por parte de Harvey Weinstein y que han sido parte activa del movimiento feminista de Hollywood) subieron al escenario para hablar del cambio necesario en la industria y los pasos que ya se han tomado y durante la interpretación de la canción nominada, Stand Up for Something de Marshall, subieron al escenario activistas famosas, desde representantes de Planed Parenthood hasta una niña siria que se ha encargado de denunciar los horrores en Aleppo en Twitter. Jimmy Kimmel, que presentó la ceremonia, balanceó bastante bien el humor (“necesitamos más hombres como él (la estatuilla del Oscar) con las manos donde se vean y sin pene”) y la seriedad cuando se trató de hablar de las acusaciones de acoso y la manera en que Hollywood las ha manejado.

En resumen la ceremonia terminó por ser equilibrada y diversa, pero poco sorprendente… aunque no es de extrañar, ya que nada superará darle el Oscar a la película incorrecta (¿vieron el tamaño de la letra en los nuevos sobres?). Este año fue uno de mujeres, minorías e inmigrantes, un año que reconoció las muchas otras historias que existen en el mundo y en el cine. Y, citando a McDormand, quedan muchas más por contar y necesitan financiación. El tiempo es ahora Hollywood.

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