Vicente Luis Mora: «Centroeuropa es una novela arqueológica»
Foto: Virginia Aguilar

Cultura

Vicente Luis Mora: «Centroeuropa es una novela arqueológica»

por Bibiana Candia

Centroeuropa fue la novela ganadora del Premio Málaga 2019. En ella, Vicente Luis Mora reflexiona sobre la identidad y el peso del pasado en la Prusia de principios del siglo XIX. 

Se deja leer fácilmente pero debe ser digerida despacio. La última novela de Vicente Luis Mora, editada por Galaxia Gutenberg, tiene apenas 180 páginas de una prosa viva que va desvelando una historia con múltiples lecturas que huye de las obviedades. Un personaje protagonista, Redo, que busca su lugar en el mundo enfrentándose a una sociedad que no conoce precedentes como el suyo. De fondo, un periodo histórico de transición que enfrenta dos formas de mirar al mundo y como escenario, Europa, un inmenso campo de batalla que guarda en la memoria todos los muertos que nos precedieron. 

Resulta muy complicado hablar de esta novela sin destripar su contenido, comentar sus claves sin desvelarlas. Aún así, Vicente Luis Mora y yo nos conectamos por Zoom para hablar de identidad y de historia.  

Empecemos por la génesis de Centroeuropa que está en el libro de Fontane, Antes de la tormenta. Dedicas tu novela a Helena Cortés Gabaudan que es la traductora de ese volumen de 1500 páginas editado por Pre-textos. 

Sí, conozco a Helena desde hace mucho tiempo. Le debo muchísimas lecturas de literatura alemana además del trabajo que hacen en su editorial, La Oficina, donde publica algunos libros que me parecen fabulosos y que si no fuera por ella no existirían. Y sobre todo, lo que más le debo, es esta traducción de Antes de la tormenta porque leyéndola me llegó la visión de algo que no está en la novela de Fontane, que son cuerpos congelados enterrados. En un primer momento no los vi enterrados, los vi ya fuera, a la intemperie y sin derretirse. Esa epifanía seguramente no me hubiera llegado si no es por la lectura de la novela y de la introducción de ella, que también me dejó muy impresionado, porque hace una descripción de muchos conflictos bélicos que había por la zona. Digamos que me preparó el cuerpo y me dio un contexto para que surgiera la idea. Me parece que era lo menos dedicarle libro. Le hice también el pequeño homenaje de incluir a una traductora en las notas a pie en algunos puntos para advertir al lector de que ponga en cuestión la legitimidad del relato que está leyendo, que dude de la veracidad. 

En la premisa de Centroeuropa tenemos a nuestro protagonista, Redo, que llega a un pueblo en la frontera que dividía Prusia y Polonia con su esposa muerta en un carro. En ese lugar él es propietario de un campo y se dispone a cavar una tumba para enterrar a su mujer. Su intención es darle sepultura y empezar una nueva vida en ese pueblo pero, cuando empieza a remover la tierra, se encuentra el primer soldado congelado. Esta trama, que se desarrolla en el principio del siglo XIX, vamos a empezar aclarando que no es una novela histórica. 

Efectivamente, no lo es. No lo es porque nunca estuvo en mi intención que lo fuera. Es una novela no plausible que no contiene un solo hecho real más allá de las batallas citadas, esos elementos históricos son más decorado que otra cosa. Ninguno de los sucesos que acaecen en la historia son reales, ninguno de los personajes existió. Yo lo único que quería era dialogar con un espacio y con un tiempo que me parecían muy interesantes por ese momento de hiato, de encaje. Quería poner a una persona que encarnara el nuevo régimen dentro del antiguo, del absolutismo, para ver cómo chocaban esos dos tiempos, esos dos imaginarios. Me pareció una época muy apropiada. 

La acción se sitúa unos años antes de la revolución de 1830, estaba el Renacimiento en pleno apogeo aunque también con sus dudas, mientras en Francia aparecen ya los primeros resabios de la novela realista… es un momento muy interesante por muchos motivos. Para mí lo era en cuanto interlocutor de nuestra época y de la propia idea de civilización europea, signifique eso lo que signifique. Por ese motivo considero que Centroeuropa es, más bien, una novela arqueológica, es decir, me interesa lo que tiene de estrato arqueológico que, a pesar de ser incompleto, porque todos los vestigios tectónicos son fragmentarios, nos puede ofrecer una especie de pequeño relámpago que permite iluminar una época. Una reconstrucción sería absurda pero un fogonazo sí que nos permite ver cosas.

Yo la describiría como una parábola kafkiana que sucede en la Europa de antes de Kafka. Muchas veces decimos que no debemos mirar al pasado con los ojos del presente porque seremos injustos sin embargo, y creo que esta novela es la prueba de ello, sí podemos mirar al pasado con nuestra mirada actual para examinarnos, para preguntarnos cosas, para entender de dónde venimos. Los personajes de Centroeuropa se hacen preguntas muy actuales para nosotros. Esta novela es, ante todo, una gran búsqueda de la identidad personal y de la identidad colectiva.

Sí, pero está formulada en una época que, a su vez, sobre todo por el elemento romántico, lo era ya. Cuando hice mi tesis doctoral sobre el sujeto en la literatura española contemporánea e hice una especie de genealogía del saber, me di cuenta de que el romanticismo nos ha influido y nos sigue influyendo mucho más de lo que nosotros mismos pensamos, sobre todo en términos culturales. El romanticismo es el primer movimiento que se pregunta sistemáticamente por lo que es el yo, por la identidad. Obviamente las respuestas que ofrece son muy diversas y muy distintas de la nuestra, pero son sorprendentemente modernas ya en su formulación y en algunos de sus postulados. Por ejemplo, el reconocimiento de esa división tajante, ese sujeto cartesiano monádico que los románticos desgajan en la figura del doble, del doppelgänger. Para ellos es una especie de arquetipo pero que ya es una fragmentación del sujeto que, por temprana que sea o por incompleta que sea, me parece muy moderna. A lo mejor el modo de plantearse las cosas sí que puede ser contemporáneo, pero creo que en aquella época ya existían un poco todas las tensiones y conflictuales que Redo representa. 

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Foto: Bibiana Candia

Esa dualidad que mencionas está también representada en el lenguaje.

He intentado, precisamente para no caer en una fácil anacronía, cuidar mucho las palabras. El lenguaje utilizado es contemporáneo al del momentos de los hechos, para lo cual utilizo un léxico que es común al siglo XIX y al XXI. Todas las palabras del libro están están registradas en libros publicados durante el siglo XIX, esto me llevo un trabajo de investigación muy penoso pero que consideraba importante precisamente por ese motivo. Otro elemento de cuidado del lenguaje para evitarle la anacronía es que la subjetividad de las personas esta emitida de un modo literario que dialoga con los modos literarios de su tiempo, de ahí el modo de expresarse Redo con respecto a su esposa cuando le echa de menos. Es una cuestión de educación sentimental dentro de la cual estaban epistolarios, novelas, los folletines por entregas que se publicaban en aquella época, las historias de hadas, los cuentos populares alemanes que se expresaban en esos términos. Los hermanos Grimm y los hermanos Andersen no escribían con un lenguaje que podría usar cualquier pensador actual.  

Es complicado tomar una decisión que le guste a todo el mundo, pero creo que he optado por la menos lesiva para que la mayoría de los lectores, sobre todo aquellos que han leído literatura del XIX, entren a dialogar sin que nada les choque, nada les saque de la novela y tampoco nada le parezca demasiado moderno, que sería otra forma de sacarlos.  

Volvamos a la denominación de novela arqueológica con varias capas de lectura y a la idea de la dualidad que recorre todos los estratos narrativos. El que todo esto suceda en un territorio de frontera es muy llamativo y presencia de la palabra oder para designar diferentes lugares. La sensación durante la lectura es de dicotomía constante, de enfrentamiento, porque además Redo está casi siempre solo contra todos. 

Me interesaba la palabra oder porque en Alemán es disyuntiva pero nosotros, leyendo oder, nos sale automáticamente en inglés, la otredad viene del inglés. No podemos evitarlo porque suena casi exactamente igual. En alemán otro es ander. 

A mi el inconsciente me interesa mucho, de hecho, la idea de los estratos de esta novela, la idea arqueológica, va también por la idea arqueológica del concepto de Freud, no en el sentido de las capas de significación del inconsciente, más bien las capas traumáticas, reprimidas… Por eso, los cadáveres están primero enterrados, eso sería la parte que está en el ello, dormitando. Cuando salen a la superficie es cuando se genera conflicto traumático porque el sujeto está expresando su interioridad. Redo está liberando todos los demonios de su personalidad reprimida, pero claro, cuando lo hace es cuando empieza el choque brutal con el sistema, es decir, con el superego, con toda la represión exterior, con el sistema burocrático que no admite que tú liberes tus demonios en público. Hay un poco de Kafka, sí, pero también hay mucho de Jung. 

Es justamente en esa situación del protagonista, solo contra todos, donde yo veo la influencia de Kafka y, por supuesto, en la burocracia que tiene un papel enorme en la novela.

Es como si Kafka y Jung se dieran un abrazo y dijeran vamos a escribir una novela entre los dos y a ver qué sale, yo creo que saldría algo parecido a esto. Todo esto, por supuesto, a millones de años luz tanto de Kafka como de Jung, lo que quiero decir es que ellos me han dado los instrumentos para hacerles esta especie de homenaje. 

La novela histórica es un género que no me interesa mucho porque creo que a veces se equivoca con respecto a dónde tiene que poner el foco. Yo creo que no hay que ponerlo en los vestidos de época, ni en la comida de la época, ni en ese tipo de detalles físicos sino en ¿qué era lo permitido? ¿cómo te podías tú comportar en esa época? ¿hasta dónde estaba el límite moral de un comportamiento privado con respecto a lo público? ¿qué posibilidades tenías tú de violentar los límites de las normas y de salir ileso o salir perjudicado por ello? Eso es lo que da la medida de una sociedad, es decir, cuál es el límite de conflicto entre los sistemas y el individuo y cuál es el límite de negociación de la libertad del individuo dentro de esos límites. Eso es lo que me parece a mi que, de verdad, explica lo que es una sociedad en cualquier época. 

Entrar en el meollo de lo que debían de ser estas cuestiones creo que dice mucho más sobre la Prusia o sobre la Europa de aquel momento que ponernos a buscar detalles de novela histórica y sumergirnos en una penosísima documentación para saber el calibre de las armas que se utilizaban en la época. Cosas que ni a mí me interesan ni creo que le interesen al lector. 

Una de las una de las cuestiones que más me interesó y que me parece que es una de las de las ideas más sólidas que daría para un debate hoy en día. La dice por supuesto Jakob, el amigo de Redo, en una conversación que tienen ambos acerca de los países y su historia. Él comenta que “el exceso de pasado es tan perjudicial como la falta de él”. Tú escribiste Centroeuropa mucho antes de la pandemia, ganó el premio Málaga de Novela 2019, por eso resulta un poco meta que llegue esta reflexión y esta novela justo en medio de esta gran reflexión mundial acerca de quiénes somos, cuál es el lugar donde nos colocamos y hasta qué punto nuestro pasado nos condiciona o no. 

Es un tema al que le he dado bastantes vueltas, es normal que que Jakob sea el que haga la la reflexiones, porque es el que tiene la formación intelectual. No tiene mucho sentido que fuera Redo cuya formación también está en formación, valga la redundancia, no solamente su identidad está en proceso de ensamblaje o de descubrimiento. Él reserva a su amigo la autoría de las grandes ideas, es un objeto de generosidad más y de amistad. 

Jakob es un personaje que también está ahí basculando entre dos épocas porque su medio de vida pertenece al antiguo régimen, él es un rentista de clase alta que se dedica a la historia precisamente casi por afición, porque puede, pero también es consciente, precisamente porque ha estudiado, de que serían necesarios ciertos cambios sociales. Jakob es del grupo que está promoviendo esos cambios sociales. Está entrando en contacto con otras personas de Berlín precisamente para que, en un futuro, se acabe forzando la creación de un parlamento, reduciendo los poderes del monarca, etc… Es una figura que está ahí, que tiene mucho pasado, como historiador, pero que también quiere hacer algo en el presente, tiene la clara conciencia de que hay que actuar en el presente. 

La suya es una pregunta muy interesante, ¿cuánto pasado hay que tener para que la sociedad aprenda y no cometa los mismos errores pero a la vez siga avanzando? Porque a lo mejor si estamos todo el rato todos en paz, reflexionando sobre el pasado, nadie se estará preocupando del presente, ni del futuro. La novela deja bastante preguntas abiertas porque considero que el lector también debe tener su hueco y que la historia se completa con su lectura. 

Hablamos acerca de una novela que es una búsqueda incansable de la identidad, donde inexplicablemente aparecen muertos, la burocracia es una especie de monstruo que cierra todas las puertas… Puede parecer que estamos planteando una historia muy oscura pero a mi me ha parecido una novela por un lado muy esperanzada y casi diría optimista. Hay una luz de esperanza muy grande en Redo. 

Es que yo creo que Redo es la persona nada más optimista del universo, porque no puede tener más elementos en contra y todavía se levanta pensando cómo los va a vencer. Puede haber gente que se considere optimista, pero que luego se rinde a la primera de cambio, entonces ese optimismo, en realidad, es un poco de oropel, ¿no? superficial. El auténtico optimismo, a mi juicio, es aquel que dice bueno, he nacido, como el caso de Redo, en un burdel de Viena de finales del siglo XVIII a partir de aquí solo puedo mejorar.

El pobre va luchando contra todo lo que se opone a su firme decisión de ser él mismo y de ser feliz. A lo mejor la felicidad es un concepto que está un poco sobrevalorado, Flaubert decía que sólo podemos apelar a la tranquilidad.  En el caso de Redo tiene una firme voluntad de llevar llevar una existencia acorde con sus deseos 

Sí, sobre todo yo diría que busca la libertad.

Yo creo que la esencia de lo que Redo busca, efectivamente, es su libertad individual. Por eso te decía que su mentalidad tiene que chocar de frente contra un sistema que todavía está en el absolutismo y dando los pasos para abrirse porque la lógica histórica así lo reclama. Pero claro, es un choque brutal de imaginarios y la idea de alguien no sólo propietario del primer campo libre de la localidad, sino propietario del primer espacio subjetivo libre, que no se pliega a nada, que no tiene por qué respetar a ninguna autoridad, dentro de un mínimo orden, claro. Redo no admite ninguna injerencia con respecto al modo como debe conducirse como ciudadano, como persona, como sujeto deseante, como agricultor, o como emprendedor, o como lo queramos ver. Él quiere inventar una nueva existencia en un lugar diferente al suyo y, en ese sentido, es una persona absolutamente optimista. 

Bibiana Candia

Escritora y periodista. Premio Carmen de Burgos 2020 de divulgación feminista.