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Ser una villana en TV atrae casi más que un Óscar

Meryl Streep brilló como la malvada suegra en Big Little Lies, pero no es la única mítica actriz de cine con Óscar (o nominaciones) que ha optado por ser mala en la tele.

 

Esta semana llegó a su final la segunda temporada de Big Little Lies, que prometen que será la última (aunque también lo hicieran con la primera, así que crean bajo su propio riesgo), y con esto terminó también la primera incursión en una serie (ya ha hecho películas para televisión prestigiosas como Angels in America) de la legendaria Meryl Streep

 

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La serie sobre cinco mujeres (en su mayoría con cuentas bancarias repletas y matrimonios sosos o cuestionables), que se hermanan tras asesinar al esposo abusivo de una de ellas en defensa propia, finalizó con una segunda temporada que ha tenido críticas menos felices que la primera. Lo que sí ha quedado claro es que, fuera de las quejas con respecto a la trama, el melodrama telenovelero y los serios problemas tras cámaras (el director Jean Marc Vallé y el creador de la serie David E. Kelly cambiaron ampliamente la dirección de Andrea Arnold, a quien contrataron para esta temporada, sin decirle y sin avisarle cuando se realizó su negociación), las actuaciones de estas mujeres son excelentes y, en el caso de Meryl (como tiende a serlo), sublime.

Meryl interpreta a Mary Louise, la madre del esposo abusivo asesinado y suegra de Celeste (Nicole Kidman). Mary Louise llega a este mundo de apariencias, madres controladoras, redes de chismes y sonrisas falsas armada con una honestidad que raya en el insulto (y que a veces lo es, sencillamente). Su táctica pasivo-agresiva deja a las demás protagonistas sin herramientas de defensa. Puede ser cruel, puede ser completamente desconsiderada y es capaz de cosas tan horribles como hablar con la víctima de violación de su hijo y preguntarle si tal vez se equivocó o si su violador pudo haber interpretado mal lo que ella quería o de intentar retirarle la custodia de sus hijos a Celeste y además decirle en su cara que no cree que su hijo la golpease.

 

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A la vez, Mary Louise es también una abuela que quiere a sus nietos y una suegra que, en su duelo y en su sospecha, intenta también ayudar a su nuera. Es un personaje complejo, extraño y perfecto para que Streep demuestre sus dotes. Un ejemplo es el grito que Mary Louise emite en una cena familiar en el segundo episodio, convertido ya en mito. Es una villana de esas que todo actor desearía interpretar, por lo que no es extraño que Streep haya optado por la televisión ahora.

Pero esta leyenda del cine (con el record de nominaciones al Óscar) no es la única que ha optado por aceptar papeles de villana en la pantalla chica. Emma Thompson está aterrorizando a todo el que ve Years and Years con su interpretación de una política populista y demagógica llena de prejuicios y de crueldad. La serie ha sido catalogada como profética de un futuro distópico y altamente probable, como una de esas series que deprime más que otra cosa… y en parte la gran responsable es la empresaria/política que es Thompson y cómo sus decisiones afectan a una familia inglesa, que nos sirve de guía entre amenazas nucleares, guerras y actos xenofóbicos.

Otra ganadora del Óscar que ha decidido que ser mala en televisión vale la pena es Patricia Arquette. Una veterana de la TV (estuvo años al frente de Medium), Arquette ha rescatado su carrera en el cine, pero no por ello ha dejado de lado la pequeña pantalla. La miniserie The Act, sobre un caso real de una madre con síndrome de Munchausen. La muestra como una espeluznante versión de una madre abnegada que resulta ser controladora, cruel y sádica. Arquette se transforma en la que parece una dulce y maternal mujer de pocos medios, cuya hija tiene una gran lista de enfermedades. Su comunidad la ayuda en todo lo que puede e incluso obtiene una casa y ayudas gracias a la condición grave de su hija… pero la historia no es lo que parece. Arquette es genial como esa ambivalente presencia que protege y hiere, que ama y tortura.

Antes de estas grandes ya otras buenas actrices, también nominadas o ganadoras del Óscar, habían optado por papeles complejos en la televisión. Una de las primeras fue Glenn Close con su rol como abogada en Damages, esa serie en que Close era la mentora y, a la vez, villana en una historia misteriosa sobre un asesinato en que está implicada una de las abogadas de su firma, que es incapaz de recordar nada. Otra, que además ha repetido en varias ocasiones, es Jessica Lange a quien Ryan Murphy ha asumido como una especie de musa (al igual que a Sarah Paulson) y que ha sido una villana temible y excelente en American Horror Story.

La realidad es que la televisión está ofreciendo roles cada vez más jugosos para estas mujeres de edades no comerciales en el cine (las superhéroes son jovencitas…) y tras el zumo que exprimió Streep a su papel, no se sorprendan si muchas más actrices oscarizadas se adentran de lleno en terrenos de maldad televisivos para tener la oportunidad de brillar y, además, pasarlo bien.

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