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Vivir con un perro puede ser beneficioso para la salud de los niños

Foto: Alicia Jones | Unsplash

Los niños desarrollan una relación especial con los animales. Son capaces de comunicarse con ellos mucho antes de decir su primera palabra y, por lo general, se ganan su cariño y su respeto desde el primer día. Sin embargo, aunque cueste creerlo, la llegada de un nuevo miembro a la familia sigue siendo una de las principales causas de abandono de animales de compañía. Moralmente, no hay excusa que valga, eso está claro, pero resulta que médicamente, tampoco. Hay estudios científicos que aseguran que vivir con un perro puede ser beneficioso para la salud de los niños.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el asma afecta a más de 235 millones de personas en todo el mundo. En el caso concreto de España, a 7% de la población. De ahí la importancia de estudios como los presentados en la reunión anual del Colegio Americano de Alergia, Asma e Inmunología (ACAAI) que aseguran que tener un perro en casa puede proteger a los niños de enfermedades alérgicas como el asma y el eccema.

En uno de los estudios, liderado por el Dr. Po-Yang Tsou de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, los investigadores van un paso más allá y plantean que incluso para los niños asmáticos alérgicos a los perros hay elementos beneficiosos en la convivencia con el animal, ya que la exposición a las sustancias no alérgenas, como las bacterias que los perros suelen tener, tiene un efecto protector sobre el niño y puede llegar a reducir la necesidad del inhalador y los síntomas nocturnos de la enfermedad. La exposición a los alérgenos, en cambio, tiene efectos nocivos importantes por lo que se recomienda siempre seguir las recomendaciones del alergólogo.

No se trata de un estudio aislado. En Suecia, por ejemplo, el Instituto Karolinska y la Universidad de Uppsala demostraron que los niños que crecen con un perro durante su primer año de vida tienen un 13% menos de riesgo de desarrollar asma en edad escolar. Según el estudio, la exposición temprana a una variedad importante de microorganismos, influye directamente en el riesgo de asma y de muchas otras enfermedades infecciosas.

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No existe un compañero de juegos mejor. | Picsea/Unsplash

 

Otro estudio, esta vez enfocado en el eccema, plantea que para el niño, los beneficios de la convivencia con un perro comienzan mucho antes de nacer. Si una mujer embarazada tiene contacto con uno o más perros dentro de su casa, durante al menos una hora al día, al nacer, el bebé presenta menor riesgo de eccema y esta protección se extiende hasta los dos años. “Aunque el eccema se encuentra comúnmente en los bebés, muchas personas no saben que hay una progresión del eccema a las alergias alimentarias, las alergias nasales y el asma”, comenta la Dra. Gagandeep Cheema, responsable de la investigación, al explicar la relevancia del estudio.

¿Qué pasa con la salud emocional?

Los beneficios no se quedan sólo en el plano físico. La salud emocional de los niños también se ve reforzada al compartir su vida con un perro. La conexión que desarrollan los niños con los animales les aporta seguridad, lo que deriva automáticamente en una mejora de su autoestima y un mejor manejo de sus emociones. Además, los animales ayudan a los niños a ser más responsables, más empáticos y pueden incluso ayudarlos a reducir los niveles de ansiedad.

En un estudio elaborado por el Centro Médico de Bassett, en Nueva York, solo el 12% de los niños con perros sufrieron de probable ansiedad. En el caso de los niños sin perros, el porcentaje se elevó a 21%. Según los investigadores, “interactuar con un perro amigable reduce los niveles de cortisol, lo más probable es que esto se logre a través de la liberación de oxitocina, que atenúa las respuestas fisiológicas al estrés. Estos efectos hormonales podrían ser la base de beneficios emocionales y de comportamiento obtenidos de la Terapia Asistida con Animales (TAA) y de tener un perro como mascota”.

Aquí en España, los resultados del estudio sobre el vínculo entre niños y animales, realizado por la Fundación Affinity en 2015, coinciden con los estudios internacionales que aseguran que la atracción natural que sienten los niños por los animales va mucho más allá de simple curiosidad o necesidad de juego. Los niños se sienten reconfortados con su compañía. Una de las principales conclusiones que se extraen del estudio es que el 94% de los niños encuestados afirma sentirse mejor con un animal de compañía cerca y para 1 de cada 2, el animal es percibido como la principal fuente de apoyo emocional después de los padres. No es de extrañar por tanto que un 80% asegure que renunciaría sin problema a un juguete para que su mascota tuviera uno.

Investigación tras investigación, la ciencia no para de darle la razón a Robert Benchley cuando decía que todo niño debería tener dos cosas: un perro y una madre que le deje tener uno. Entre otras muchas razones, porque, en palabras del humorista, “un perro le enseña a un niño fidelidad, perseverancia y a dar tres vueltas antes de acostarse”.

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