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¿Por qué los perros se comen su propio vómito?

Foto: Marliese Brandsma | Unsplash

Los perros ocasionalmente vomitan. Y, por desagradable que parezca, a veces se lo comen. No es una imagen fácil de olvidar, pero es absolutamente normal. La clave, como en casi todo lo que a perros se refiere, está en el olfato.

A diferencia de otros animales domésticos, los perros son considerado por la mayoría de los humanos como un miembro más de la familia. Miles de años de domesticación han creado un vínculo difícil de superar entre ambas especies. Los perros nos entienden. Y nosotros los entendemos a ellos, al menos la mayor parte del tiempo. Porque la realidad es que tanta cercanía hace que a veces se nos olvide que somos especies completamente distintas y que, por muy bien que nos llevemos, percibimos, interpretamos y reaccionamos al mundo de forma diferente. 

Por lo general, los comportamientos que no logramos explicar desde un punto de vista humano, responden a sus instintos más puros, a su herencia salvaje. Y son, una vez que entendemos la explicación científica, sorprendentemente razonables. No es que los perros hagan cosas raras o asquerosas, es que hacen cosas de perros. Un buen ejemplo es la desagradable, pero natural, capacidad que tienen los perros de comerse su propio vómito. O el de cualquiera, a decir verdad. Una imagen difícil de olvidar que todo aquél que convive con un perro ha experimentado al menos una vez en la vida.

Meme via pintzap.com

¿Vómito o regurgitación?

Para entender bien la situación, -porque sí, hay una explicación para este comportamiento- es importante establecer la diferencia entre vómito y regurgitación. El vómito es la expulsión, violenta y espasmódica, de los contenidos del estómago. Es un proceso activo que va acompañado de cambios en el lenguaje corporal y en el comportamiento del animal. La postura encorvada y la rigidez muscular son algunos de los más frecuentes. En el caso de la regurgitación, en cambio, no hay náuseas ni contracciones enérgicas de los músculos abdominales. Es un proceso pasivo que ocurre por lo general inmediatamente después de comer. 

Ambos suelen contener alimentos, aunque en el vómito estén parcialmente digeridos y puedan ir acompañados de bilis, y la comida, claro está, huele. El olfato es el sentido que está más desarrollado en el perro, es el que les permite procesar la información del entorno, así que para ellos, que son capaces de detectar incluso las moléculas más pequeñas en toda esa mezcla, no se trata sino de una fuente más de alimento. Para nosotros es muy desagradable, pero para ellos es solo comida. Es más, es probable que su madre le haya dado de comer así.

Comer alimentos parcialmente digeridos no es nada nuevo en el universo animal y los perros no son una excepción. Cuando los cachorros son destetados, la madre regurgita la comida y se la da a las crías para ayudarlas en la transición de la leche a los alimentos sólidos. Aunque en la actualidad somos los humanos los que nos encargamos de la alimentación de nuestros perros, tengan la edad que tengan, la regurgitación forma parte de su naturaleza y no es extraño observarla en perros domésticos.

Foto: iPet | Unsplash.

No siempre ocurre lo mismo

Lo normal es que después de vomitar el perro se acerque a oler el vómito. Una vez más, es su forma de obtener información. Y puede que decida no comérselo. Esto último dependerá de múltiples factores, entre los que podemos mencionar: el estado en el que se encuentren los restos de comida, la presencia o no de bilis, el hambre que tenga y, por supuesto, su estado general de salud. Desafortunadamente, en el momento en el que ocurre no podemos saber con exactitud si le va a resultar apetecible o no, así que la única forma realmente efectiva de evitar que un perro se coma su propio vómito es limpiarlo inmediatamente después de que ocurra.

Las razones por las que un perro puede vomitar son muy variadas. Por lo general, ocurre cuando comen demasiado rápido o bajo una situación de estrés, pero lógicamente también puede deberse a problema de salud. Cuando ocurra, obsérvalo con atención. Si mantiene su nivel de energía habitual y actúa con normalidad, no tienes por qué preocuparte. Pero si los vómitos son muy frecuentes, notas que su nivel de energía ha bajado, está inapetente o irritable, es importante acudir al veterinario. Lo más probable es que se trate de una gastroenteritis o de una sensibilidad alimentaria y que con el tratamiento adecuado en un par de días esté como nuevo, pero es fundamental que lo evalúe un especialista. Esto es especialmente importante en el caso de los cachorros, ya que tal y como ocurre con los niños, lo vómitos pueden causar deshidratación en muy poco tiempo.

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