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Vox, mucho ruido y pocas nueces

El espejismo de Vox se rompe al entrar al Congreso con 24 escaños.

Foto: Juan Carlos Hidalgo | EFE

Caras largas y sonrisas borradas. Con el 99,9% de los votos escrutados Vox se confirma como la quinta fuerza política. Una noche histórica para la formación de ultraderecha que entra al Congreso con 24 escaños, 2,5 millones de votos y en torno a un 10% de las papeletas, pero no la noche soñada, ya que no han conseguido el objetivo marcado: echar al PSOE de Moncloa y formar coalición con la “derechita cobarde”. –Si bien hay que recordar que es la primera vez en cuarenta años de democracia que una formación de extrema derecha entra en el hemiciclo, después de que la coalición ultra Unión Nacional consiguiese meter en el Congreso a Blas Piñar–.

Aún así, el líder de la formación verde, Santiago Abascal, celebraba los resultados electorales de su partido. En la plaza de Margaret Thatcher, donde un puñado de simpatizantes agitaban banderas y coreaban el himno de España entre gritos de “Santiago te queremos”  y “¡Viva la legión y la Guardia Civil!”, Abascal ha dicho que aunque “hoy España está peor que ayer, una reconquista tiene ahora voz en el Congreso“.

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Santiago Abascal comparece en la plaza de Margaret Tatcher ante un puñado de simpatizantes. | Foto: Lidia Ramírez | The Objective

Flanqueado por el secretario General de Vox, Javier Ortega Smith, el vicesecretario de Relaciones Internacionales, Iván Espinosa de los Monteros, y la presidenta en Madrid de la formación de ultraderecha, Rocío Monasterio, Abascal ha arremetido contra los populares, a quienes ha lanzado un mensaje: “Quiero lanzar una advertencia a los que están en la calle de un poco más arriba y que intentan culparnos de sus deslealtades y miedo, y quiero decir a la derechita cobarde que aquí la única responsabilidad la tienen quienes tuvieron 187 escaños y no fueron capaz de enfrentarse a la izquierda”.

Pero si la jornada es festiva de puertas para afuera, en el interior del hotel Fénix, en una esquina de la madrileña plaza de Colón a sólo a unos metros de la sede del PP y donde sólo hemos podido acceder 84 periodistas de los 280 que solicitaron acreditarse, la euforia ha sido mucho más apaciguada. Y es que el espejismo que se ha ido perfilando a lo largo de la campaña se rompía. “Así no echamos a PSOE de Moncloa”, ya se comentaba cuando comenzaron a salir los primeros resultados.

Durante toda la noche electoral, Abascal y lo suyos han seguido los resultados en una sala contigua a la sala de prensa –que carecía de WIFI y donde sólo nos han servido agua porque para la formación “el servicio de catering para los periodistas debe correr a cargo de las empresas propietarias de los medios”–. Silencio absoluto era lo que se respiraba, y es que a pesar de esta histórica irrupción en el Congreso que el líder de Vox define como “un torbellino”, este resultado está muy por debajo de los sondeos más optimistas y de las expectativas del propio partido.

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Foto: Lidia Ramírez | The Objective

Andalucía y Madrid han sido las provincias donde ha tenido más éxito. Vox ha conseguido cinco diputados en la capital y seis en Andalucía, así tendrá representación por Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Málaga y Sevilla. También dispondrá de tres diputados por Murcia. “La resistencia ya está dentro del Congreso y no vamos a parar”, ha exclamado por su parte Ortega Smith, el primero en dar la cara sobre las 22.30.

Y es que ahora, de pactar Sánchez con Iglesias y entrar este en el Gobierno, Vox se perfilaría como el tercer partido de la oposición, por detrás de PP y Ciudadanos. Un bajonazo anímico tremendo.

“Nos vamos de España”

Nada de los multitudinarios mítines a los que en los últimos meses nos ha acostumbrado la formación de ultraderecha. Unas 200 personas, muchos de ellos no llegaba ni a los 30, han seguido el escrutinio electoral en la plaza de Margaret Thatcher. Allí, una gran pantalla que conectaba con diferentes televisiones trasmitía los resultados en directo. “Nos vamos de España”, nos comentaba un joven visiblemente emocionado. “No quiero hablar, no puedo, España se va a la mierda”.

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Simpatizantes de Vox en la plaza de Margarat Tatcher de Madrid. | Foto: Lidia Ramírez | The Objective

Sólo Abascal fue capaz de levantar los ánimos. Eran pasadas ya las 23:00. “Qué buena campaña ha hecho”, decían muchos; “ahora tenemos que ser más fuertes”, hablaban otros; pero ya no había fuerzas ni para levantar banderas. Sólo algún que otro grito de vez en cuando rompía el silencio incómodo de quien se sabe vencido. “No nos engañan, Cataluña es España” o “Puigdemont a prisión”, han sido los más coreados.

Y para terminar, mucha serpentina y la canción de ‘Viva España’ de Manolo Escobar a todo volumen. Ya saben, el ruido sólo granjea enemigos, pero muchos lo necesitan para su autoestima.

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