Sociedad

¿Y quién ayuda a la gente sin hogar de Madrid?

La paralización de la actividad de la asociación Plaza Solidaria pone en riesgo el acceso a alimento de más de 200 personas en Madrid

por Maixa Rote

2.998 personas son las que están actualmente afectadas por el fenómeno del sinhogarismo en las calles madrileñas, según el último censo del Ayuntamiento de Madrid. De todas ellas, al menos 650 pernoctan en la vía pública, mientras que las demás tampoco lo tienen mucho más fácil y han de aprender a sacarse las castañas del fuego sin quemarse.

En este sentido, los voluntarios de la asociación Plaza Solidaria han intentado, como muchos otros, reivindicar esta situación y denunciar la reciente paralización de su reparto solidario de comidas a las personas sin hogar de las calles de Madrid.

Desde el interior del multicultural barrio de Lavapiés, donde se une lo más castizo con lo más cosmopolita de la personalidad madrileña, se dan cita todos los días los colaboradores de esta organización con aquellas personas sin recursos que pueden servirse de ella.

A las 19:00 horas, junto a la boca de metro de Tirso de Molina, acudía este pequeño ejército solidario desde hacía 12 años a cubrir una de las necesidades más básicas del ser humano. 12 años tras los que, frente a las turbulencias, han dejado de repartir comidas, centrándose ahora en la reivindicación por seguir con su labor, a través de una recogida de firmas y de la protesta social en la calle.

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Imagen: Lucía Foraster | Plaza Solidaria

Roberto Ruiz, director de dicha organización, asegura a The Objective que, después de varios años yendo de un sitio para otro, recientemente emprendían esta actividad en su nuevo local en la Calle Olmo, cedido por Izquierda Unida, donde llevan unos meses «en los que el Ayuntamiento está en una labor de acoso y derribo para quitarnos de ahí, para que no demos esas comidas, porque molestamos a los vecinos».

Por su parte, el departamento de prensa del Ayuntamiento de Madrid solo ha acertado a decir, en un escueto e-mail enviado a este diario, que «les instan a cumplir con las medidas sanitarias necesarias al manipular alimentos, para no romper la cadena de control de seguridad alimentaria» y que, «conocedores de que no cumplen las medidas sanitarias necesarias, la asociación decide no proseguir con esa labor».

Sea como fuere y, pese a la insistencia, no han aclarado qué medidas sanitarias necesarias son concretamente las que incumple la asociación, ni el modo de remediarlas o buscar una solución.

Así, un voluntario de Plaza Solidaria llamado Ben, comenta al respecto: «Nos parece bien que ellos hagan su trabajo, que hagan un control de higiene pero, ¿cuál es la alternativa?». Y esa es la pregunta troncal del asunto, pues ellos mismos defienden que diariamente alimentan a más de 200 personas que se van a quedar «tiradas» si ellos no pueden ayudarles, pues el Gobierno autonómico no ha puesto sobre la mesa ninguna otra opción viable.

¿Cuáles son las medidas del Ayuntamiento de Madrid?

Haciendo una búsqueda rápida y superficial en internet es fácil dar con, al menos, una decena de asociaciones y movimientos locales que se dedican a repartir comida entre sus vecinos sin hogar. Muchas de ellas atienden diariamente a unas 200 personas, como es el caso de la mencionada Plaza Solidaria.

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Imagen: Lucía Foraster | Plaza Soldiaria

En contraposición, la Comunidad de Madrid, tal como especifica su página web, hace lo propio a través de cuatro comedores sociales que, dadas las circunstancias, pueden antojarse un tanto insuficientes.

Aunque es cierto que el Ayuntamiento ofrece ayudas a centros de atención a las personas sin hogar -que dependen de otras entidades-, los requisitos que se exigen para el acceso a los comedores dependientes de la comunidad son casi irrealizables, pues prácticamente tendría que presentarse la persona en cuestión con una carpeta frente a las puertas de las instalaciones destinadas para este servicio.

Llevar el certificado de empadronamiento, cumplimentar la solicitud, solicitar un informe social, una propuesta razonada por el Centro de Servicios Sociales, un justificante de ingresos y un informe del estado de salud emitido por facultativos del Sistema Público de Salud, son los requisitos que se solicitan a quienes quieren recibir un plato de comida caliente.

A simple vista no parece mucho, pero esto representa únicamente el nombre de los capítulos en cuyo interior se desglosan más procedimientos y requerimientos para la obtención de cada uno de estos documentos, algunos de los cuales pueden demorarse hasta un mes, como el justificante de ingresos, que depende de la Agencia Tributaria.

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Imagen: Juanjo Mellado | Plaza Solidaria

Entonces nos plantamos ante, en el mejor de los supuestos, un mes de espera en el que se reúne lo pedido para poder acceder a las comidas diarias que otorga la Comunidad de Madrid y que, según algunos usuarios con los que ha hablado este medio, «saben a comida de perro». Un mes, suponiendo que quien tiene necesidad de este servicio sabe manejar un ordenador -que no en muchos casos posee- o, al menos, tenga conocimiento de los pasos a seguir -condición donde tampoco suenan campanas habitualmente-.

Los vecinos invisibles de Madrid

El SAMUR social, junto con el Ayuntamiento de la ciudad y algunas asociaciones involucradas, realizó durante una década un censo anual de las personas que viven en la calle, cuya última edición disponible es la IX, que en 2018 registraba 2.998 personas sin hogar. Casi 800 más que en 2016, cuando se registraron 2.217.

Este conteo se realiza con la ayuda de cientos de voluntarios que se lanzan a las calles y centros de acogida, con una serie de cuestionarios destinados a conocer las circunstancias bajo las que se encuentran estos ciudadanos.

El problema más directo de este método es que no es un número enteramente fiable, pues hay muchos hombres y mujeres que no son localizados fácilmente o asentamientos a los que, comprensiblemente, no se puede llegar.

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Imagen: Juanjo Mellado | Plaza Solidaria

Considerando, por otra parte, el escenario al que la población mundial ha tenido que enfrentarse en el transcurso de los dos últimos años, la cantidad de personas sin recursos ha aumentado notablemente. No solo debido a las desavenencias derivadas de la pandemia, sino también a circunstancias climáticas como el temporal de Filomena, que se ceban especialmente con los más vulnerables.

Lo que sí está claro es que, ciñéndonos a los números, no hay medidas suficientes como para cubrir las necesidades de todas las personas que se encuentran ahora mismo en situación de calle. Sin ir más lejos, en la manifestación organizada por Plaza Solidaria el pasado lunes, Benahiza, una de las usuarias de la asociación dijo a The Objective que «sino fuera por ellos, yo ya estaría muerta», pues es su única fuente de alimento.

Maixa Rote

Periodista importada del Pirineo. Más del corazón que del cerebro. En busca permanente de las historias del mundo.