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Yaiza Canosa, CEO de Goi: "En muchas reuniones me preguntan de quién soy la secretaria"

La emprendedora, que con 25 años ha fundado tres empresas, prepara la expansión de una de ellas a México

Foto: Carola Melguizo | The Objective

Yaiza Canosa tiene 25 años, ha montado tres empresas, es CEO de dos de ellas y dirige en vaqueros reuniones en las que solo hay hombres encorbatados. Pero, a veces, se cansa de ser la CEO de 25 años que ha montado tres empresas, y prefiere ser quien también es —quien sobre todo es—: Yaiziña, que todavía tiene 25 años, vive en Malasaña, le flipan los selfies y Murakami. En esta entrevista, es la emprendedora cuando explica cómo trata de revolucionar el sector de la logística en España con Goi, y es la pequeña de cinco hermanos cuando cuenta que las tortillas en su casa se hacen con huevos de gallinas que conoce. Es la empresaria cuando se indigna al explicar cómo a veces no la toman en serio por ser mujer y joven, y es la chica de Coruña cuando le sale el acento gallego al reírse. La Yaiza que considera el orgullo de su gente su mayor éxito es la raíz de la que ahora tiene jet lag porque viene de una semana en Miami y México, donde está preparando la expansión de su compañía.

“Me acuerdo de que me hicieron un reportaje en la tele y llamé a mi hermana y le dije: ‘Pon la tele que en cinco minutos salgo en el telediario’. Y mi hermana: ‘Yaiza, acabamos de hacer lentejas y estamos comiendo, no nos vamos a levantar de la mesa para verte’. Y yo pensé que efectivamente, en mi casa las lentejas son sagradas y a mí me tienen muy vista. Pues esto es imprescindible”.

Cuando tenía 16 años, Yaiza tuvo la idea de convertir a los espectadores de televisión en guionistas y decidió crear una tecnología que recabara datos de lo que los usuarios querían de las series y las películas. Hizo un powerpoint, buscó en Google los nombres de las cinco productoras más grandes de Galicia para vendérsela, les escribió un mail, tres la recibieron y en una encajó. Ahí empezó a salirse del camino, a pasar de las señales luminosas y de los letreros, a darle igual las guías, ahí empezaba todo. Comenzó ADE en Coruña, lo dejó a los tres años, se fue a Barcelona a trabajar en una multinacional, terminó la carrera a distancia, hizo un MBA, se mudó a Madrid. Y ahí ya estaba fuera del quitamiedos, campo a través, arañando para hacer, revolviéndose para hacerse, un camino. Ahí ya había empezado todo.

¿Te costó salir de la universidad y de un sistema que nos guía cada paso?

Mi familia pensaba que estaba loca. Todo el mundo te dice que si no acabas la carrera no vas a llegar nunca a nada. Al final hay que guiarse por los instintos. Yo dejé la carrera porque iba a tener el trabajo que todo el mundo quiere cuando la acaba. Además, desde los 16 aprendí que los estudios que había hecho no me habían servido. Es políticamente incorrecto decir esto, pero de lo que más había aprendido era de trabajar con gente muy buena y de haberme equivocado mil veces. Eso me había servido para crecer profesionalmente y a nivel de perspectiva. Lo que tenía claro es que no iba a renunciar a un trabajo, a un proyecto o a emprender, que es donde había estado la fuente de inspiración de todo lo que me había funcionado, por estudiar, que era precisamente lo que no me había funcionado. Muchas veces es dar un golpe en la mesa: esta no soy yo, no me siento bien así y no voy a seguir con lo que está marcado, impuesto por otros.

¿Qué hay que tener para dar ese golpe en la mesa?

Creo que hay que ser valiente, pero seas panadero, emprendedor, charcutero o lo que te toque. Siempre digo que de ser valiente nadie se arrepiente, en cambio, conozco a un montón de cobardes megaarrepentidos y superfrustados. Es una cuestión de echarle un par de narices y tirar palante.

El principal proyecto de Yaiza Canosa ahora es Goi, la empresa que dirige y funciona como un operador logístico tradicional, pero sin ser ellos nada de eso. “Somos como DHL, pero especializado en transporte voluminoso. Además también montamos e instalamos”, cuenta. Trabajan para grandes retails como Ikea, Leroy Merlin o Bricor. Son los que se encargan de transportar los muebles que compras y llevarlos a tu casa. Son distintos, cuenta, porque la plataforma tiene un componente tecnológico muy potente —y necesario— que les permite aplicar la inteligencia artificial y el machine learning para disminuir costes y que el usuario tenga controlado si el pedido lleva en tres horas o 15 minutos. Aunque la idea de Goi incluía también transporte también entre particulares, estaban creciendo tanto que tuvieron que poner un foco: “Cuesta elegir, pero si no no vas a liderar nada”. Están consolidando el mercado en España y empezando en México.

Al llegar a Madrid, Canosa montó Glue Concept, una consultora para pequeñas y medianas empresas que tenían perfiles muy buenos en algunas áreas y carencias en otras. “Igual tenían grandes productos, pero fallaban en la comercialización. Siempre faltaba alguna de las patas. Nuestra idea era ir rellenando las incapacidades. Luego, vimos que al juntar tanto talento todo el mundo quería venir a trabajar cerca de nosotros y decidimos crear un sitio donde la gente pueda compartir talento, donde tener a tus clientes, proveedores, amigos y mentores. Así que empezamos a crear espacios de trabajo y lo llamamos Glue Work. Tenemos ya tres edificios en Madrid y vamos a abrir en Málaga y Alicante”.

¿Cuánto inspira tener talento alrededor?

Si no tienes eso, estás muerto. Tardarás más o menos en morir, pero estar al lado de las personas adecuadas es la mayor garantía de éxito que conozco. No sé la fórmula del éxito, pero si existe, tener talento cerca es, desde luego, uno de los factores principales.

¿Qué es el talento para ti?

Es una persona a la que le apasiona lo que hace, que sabe detectar muy bien que es lo que se le da bien y que es lo que se le da mal, y que en equipo lo potencia.

¿Todos tenemos talento?

Sí, claro, todos tenemos uno. Pero primero hay que detectarlo y después hay que disfrutar de él. Un talento con el que no disfrutas no sirve para nada, además, no todos los talentos se tienen que utilizar.

¿Cuál es el tuyo?

Mi gran talento es que sé… bueno, sé… estoy aprendiendo todavía… se me da muy bien hacer estrategias con equipos. Se me da muy bien hacer un concepto y desarrollarlo en equipo, hacer esa estrategia para venderlo. Mis dos áreas de conocimiento son la comercialización y la estrategia.

¿Cómo conviertes una buena idea en una empresa, en un proyecto real?

Por fases. Esto de pensar en global y actuar en local funciona muy bien. La única forma de crear un proyecto es empezarlo. Tenemos que tener claro cuál es el objetivo a corto, medio y largo plazo, empezar a pensar qué necesitas en cada fase. Y actuar en el corto, ir preparando el medio y seguir imaginándote el largo. Es la única forma que yo conozco: dejar de imaginar y hacer.

¿Es difícil pasar de la idea a ejecutarla? 

Tener una idea no sirve de nada si no se ejecuta. Todos tenemos ideas. Lo único que cambia una idea en algo que merece la pena potencialmente —salga bien o salga mal, porque no siempre tiene que salir bien para que merezca la pena— es precisamente empezarlo. Somos muy vagos y todos tenemos muchas ideas, me gustaría… me gustaría… Hay que marcar una hoja de ruta mínima y empezar a trabajar en ella. No hay fórmula mágica: ser valiente y dedicación y trabajo. Emprender en general es algo muy complicado, es muy frustrante y hay mucha incertidumbre. La gente en sus trabajo quiere saber lo que le va a pasar, pues hacer proyectos es todo lo contrario, es no saber donde vas a estar dentro de dos meses. El mayor reto de un emprendedor es lidiar con la frustración y la incertidumbre. Es una montaña rusa: hay días que todo es la hostia y otros que dices: “Madre mía, nos hundimos”. La adrenalina de gestionar el equilibrio entre somos unos putos dioses y somos una puta mierda es maravillosa, es lo que me hace seguir.

¿Tienes miedo antes de empezar una empresa?

Todo el rato. Joder, claro. Los valientes son los que aun teniendo miedo, siguen. Me estoy cagando de miedo, no sé lo que va a pasar, pero bueno, venga, empujo igual. Ser valiente va de eso. La gente que no tiene miedo es una descerebrada.

Yaiza Canosa durante la entrevista. | Foto: Carola Melguizo | The Objective

¿Cómo te preparas para asumir el fracaso?

Es como enamorarse, no es algo que se elija. No podría elegir ser emprendedora, soy emprendedora. Igual que no eliges de quién te enamoras, igual te sale mal y es un imbécil perdido y dices qué cabrón. Es un instinto, no podría no hacer lo que hago. Me flipa lo que hago, me flipa con quien lo hago y es muy independiente al resultado. Tengo mucho miedo a que salga mal, asumo muchos riesgos, mi vida en cualquier momento puede estar patas arriba, pero no lo elijo. Igual que no eliges quién te gusta y quién no.

¿Y para gestionar la montaña rusa?

A mí me sirve mucho estar con mi familia y con mis amigos, que es un punto de contacto con el mundo real. Cuando estás en ese momento que no sabes si eres la puta ama o una puta mierda, estar con gente que te da ese contacto, a mí me sirve un montón. Intento darme espacios para estar conmigo misma al margen de lo que me dedico. A mí me sirve mucho leer y contextualizar. Fracasar en un proyecto o arruinarte, incluso, que es lo más extremo en el mundo profesional, en ningún caso es un problema real, si tú lo piensas. Al final, yo vengo de una familia muy humilde. ¿Qué es lo peor que me puede pasar? ¿Volver a donde empecé, a donde vengo? Tampoco es tan dramático. Si lo relativizas, te ayuda mucho a ser feliz, o a estar en línea con una vida feliz que es lo que buscamos todos.

Vienes de una familia humilde, pero varios estudios demuestran que uno de los factores que más influyen para innovar son los ingresos de tu familia.

A ver si quieres ser constructor, necesitas dinero, y el dinero no te lo va a dar un banco si eres joven emprendedor, así que tendrás que tener a tu familia. Pero hay muchas formas de emprender, yo emprendí sin dinero y me va muy bien. Todos nos buscamos una excusa; y si tú crees que necesitas venir de una familia millonaria para ser emprendedor, cada uno nos ponemos nuestros límites. Es como a mí cuando me preguntan: ¿ser mujer te ha jugado malas pasadas? Pues sí. Pero todos tenemos barreras, hay veces que son de género, económicas, de capacidades… Todos tenemos barreras en el camino, lo que nos diferencia es cómo nos enfrentamos a ellas. ¿Ser joven y ser mujer es complicado? Sí. ¿Ser un señor de 65 años en un mundo de transformación digital no lo es? Joder, pues sí. Y, ¿qué estás haciendo para cambiarlo? Pues lo primero, siendo mujer te tienes que rebelar, tendrás que hacer que cambien de perspectiva.

¿Con qué prejuicios o roles marcados te has encontrado al ser emprendedora y jefa?

Ser mujer y muy joven, encima en el mundo de la logística, donde está Goi, que es supermasculinizado, provoca que no te tomen en serio o no tanto. Me han preguntado muchas veces que de quién soy la secretaria, me lo dicen una vez al mes. Yo me río, a veces contesto. Una vez, al salir de una reunión con hombres de corbata mayores, se acerca uno y me dice: “¿Te puedo dar un consejo?”. Le dije que claro. Y me dice: “No seas tan alegre, no sonrías tanto porque no contagias seriedad”. Y le dije: “¿Te puedo dar yo a ti otro? Deberías sonreír un poco más porque así no parecería que estás tan amargado”. Es que de qué vas. No estaba contando chistes, estaba siendo agradable y maja, pues como soy. No dejaré de ser como soy y menos con este consejo de mierda. Cada uno marca los límites. Uno de los éxitos de la vida va en la capacidad de apartar imbéciles, de ser capaz de neutralizarlos.

¿Cómo eras de pequeña? ¿Alguna vez te acusaron de ser mandona?

En el cole, pues yo hacía concursos de canicas, me sacaba mi sobrepaga haciendo un mercadillo de hojitas de olor… Pero no era muy mandona. No soy muy mandona en realidad. No soy una jefa que mande mucho. Yo sé a dónde quiero ir, sé el camino y el objetivo, intento tener a gente en diferentes áreas que es mejor que yo y que sabe a dónde tenemos que llegar. Le dejo bastante libertad. Yo no contrato a la gente para decirle lo que tiene que hacer, la contrato precisamente para que me diga a mí cuál es el mejor camino para llegar a donde yo quiero.

¿Está normalizado ser una mujer CEO?

No. De hecho el día que nos dejemos de sorprender será el día que hayamos conseguido cambiar las cosas. Pero es que es normal que no sea normal, porque casi no hay y casi no salen. Tú coges el Expansión y mira a ver cuántas mujeres CEO hay: no hay o si las hay no se les da visibilidad o la que debería. Si no tiene referentes, ¿cómo va a imaginarse una niña de ocho años siendo directora del mayor banco de Europa? En mi generación no había ninguna: cómo te ibas a imaginar siendo presidenta de un banco, si no estaba al alcance de nadie, ¿cómo iba a estar a tu alcance? Si además vives en una ciudad secundaria… Para soñar con algo, no puedes tener solo imaginación, tienes que tener referentes. Ahora las niñas de ocho años pueden pensar en la de Bankinter y en Ana Botín. Porque demuestran que a veces se cumple. Además, no necesitamos solo heroínas, necesitamos mujeres reales. Porque Marie Curie y Coco Chanel son heroínas, son algo fuera de lo normal, no nos podemos ver reflejadas en sus historias, necesitamos algo mucho más cotidiano.

Siempre te has definido como feminista.  

Yo soy feminista y decir lo contrario me parecería ser una ignorante. La gente que no se define como feminista, de primeras, no tiene mi respeto. Seguramente tenga una base de ignorancia grande porque no saben lo que es ser feminista. No saben muy bien cuál es el concepto. Y la gente que tiene miedo a eso, ya me parece un reflejo de poca personalidad o… de ser imbécil perdido.

Foto: Carola Melguizo | The Objective

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