Gonzalo Suárez, premiado con la Medalla de Oro de los Forqué: “El cine sigue vivo y me gustaría seguir ahí”

Cultura

Gonzalo Suárez, premiado con la Medalla de Oro de los Forqué: “El cine sigue vivo y me gustaría seguir ahí”
Foto: JJ Guillén

El cineasta Gonzalo Suárez recibirá la Medalla de Oro de EGEDA, que es la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales y que está presidida por Enrique Cerezo, en reconocimiento a su “talento innovador”, “adelantado a su tiempo”. Lo hará en la gala que se celebrará el 11 de enero, a propósito de los Forqué y en Madrid. Un premio que se une a tantos reconocimientos en su carrera: Cannes, Moscú, Berlín, Río, un Premio Nacional, ¡ocho Premios Goya!

Suárez es productor, escritor, director, actor. Quienes lo celebran en esta ocasión, en este desayuno con la prensa que es la antesala de la ceremonia y que acoge el Palacio de Santoña –aquí habitan leyendas de fantasmas–, son los productores. “El aspecto más épico del cine”, sonríe el autor de Remando al viento. “Me lancé al cine produciendo mis propias películas”. Ha pasado el tiempo desde entonces, cuando Suárez abandonó el periodismo y se llevó la cámara al hombro. Son 25 películas entre El horrible ser nunca visto, que presentó en 1966, y Oviedo exprés, que llegó a las salas hace 12 años. Con todo, sigue siendo aquel elemento incontrolable –el tiempo– el que lo obsesiona igual que en los años de juventud. “El cine es eso: un intento inútil de detener el tiempo”.

Estamos ante “una de las trayectorias más completas de nuestra historia cinematográfica”, reconoce Cerezo, y le estrecha la mano a Suárez, que por momentos parece emocionado. “En general nunca he buscado un premio”, dice, “pero precisamente por eso los he agradecido”. Él, que defiende que nunca quiso entrar en Academias porque estima demasiado su libertad. Él, que fue un amigo fiel de tipos como Julio Cortázar y Sam Peckinpah, de quien dice que era un hombre muy necesitado de amistades.

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Gonzalo Suárez, ante los periodistas y ante la Medalla de Oro de los Forqué. | Foto: J.R.P. | The Objective

El tiempo sigue su propio curso, ni Cortázar ni Peckinpah están entre nosotros y tampoco su hermano Carlos, quien lo acompañó con lealtad en esta vocación y al que echa tanto de menos. “Es tremendo ver que desaparece gente a tu alrededor”, suspira. “Es curioso, a mi hermano lo recuerdo como el niño al que vi crecer, todavía lo recuerdo en las playas de Asturias, con la cámara en la mano… Sin duda influí en su deriva hacia la fotografía y la imagen”.

“El cine es mágico”, continúa. Ese cine que él ama y que siempre hizo, unas películas que pretende que lleguen antes a la calidez del corazón que a la frialdad de la mente. Su discurso está invadido por la nostalgia o por cierta melancolía, le preguntamos qué echa de menos del cine que se hacía antes y responde que por una parte la relación que existía con el espectador y que se hagan tantos títulos que se pierda el encanto de la espera. Pero, por otra, lo que más le molesta sigue siendo lo mismo: que el tipo de delante sea alto y le tape los subtítulos y que el tipo de atrás le tosa en el cogote.

Dicho esto, cree que se está haciendo un cine “más mimético”, que es un arte que “está perdiendo la frescura inicial e iniciática”, que “cada vez las películas se parecen más”, y considera que eso se comprueba incluso en el trabajo de un maestro como Scorsese, aun cuando considera que El irlandés es “formidable”, un «monumento»: “Tengo la sensación de que es como trozos de películas que ya he visto, que no hay nada nuevo”.

Y, pese a todo, Suárez se resiste a caer en el fatalismo. “Tiempo atrás no vamos a añorar”, sentencia. “Creo que el cine sigue vivo… y, en esa medida, me gustaría seguir ahí”.