Leonard Cohen, cuando la poesía se quedó sin voz

Cultura

Leonard Cohen, cuando la poesía se quedó sin voz
Foto: Jessica Rinaldi| Reuters

Las leyendas son inmortales, por mucho que se empeñe el reloj biológico en decir lo contrario. Como el legado de un artista. Leonard Cohen, seguramente el cantautor y poeta más prestigioso de la historia de la música, murió el 7 de noviembre a los 82 años. Su voz se apagó para siempre, pero su legado será eterno.

Quizá el mayor logro que Leonard Cohen consiguió en su vida fue poner de acuerdo a la mayoría de los melómanos. Nadie ha sido capaz de negar nunca el enorme talento del canadiense, que pasará a la historia por su capacidad para despertar infinitas sensaciones con sus canciones. Con Suzanne nos transmitió la vibrante emoción de un romance que comparaba con la fe en lo divino. En Halellujah regalaba una letanía de nostalgia y serenidad. I’m your man jugaba con la sumisión y el coqueteo desde la perspectiva masculina. Light as the beeze destilaba erotismo por todas las letras. Y en Waiting for the miracle exhibió su lado más desesperado por conseguir el amor inalcanzable.

Cohen impregnó en toda su obra un halo de ternura y sentimiento, un lirismo único y en ocasiones inescrutable. Alguna vez incluso hacía gala de su irónico sentido del humor, como el que plasmó en su canción Don’t go home with your hard on (No vuelvas a casa con tu erección). Tenía una peculiaridad rara entre los cantantes de su época: siempre se alejó de la política y los focos. No porque fuera un romántico empedernido, que también, sino porque Cohen sabía a la perfección cuáles eran sus mejores armas para conquistar al público. O al menos a esa parte que quería conquistar.