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El archivo del buitre

Un sector de la izquierda lo tiene claro: Ana Rosa y Vox orquestaron los abucheos a Vinicius

En la campaña electoral los bandos parecen haber pasado de arrojarse muertos tras la polémica de las listas de EH Bildu a arrojarse insultos racistas

Algo va mejorando esta campaña electoral. La semana pasada cerrábamos con cinco días seguidos en los que el eje de la campaña popular se basaba en insistir en que el PSOE tenía la culpa de que EH Bildu metiera a asesinos etarras en sus listas y la campaña socialista se centraba en defender lo desaprensivos que eran los peperos por usar el terrorismo. En las últimas 24 horas, el tema ha sido Vinicius. En vez de echarse a la cara muertos, se echan a la cara insultos racistas. Un escalón menos en la montaña del basurero electoral. Del tema de la semana pasada mención merece el tertuliano de Telemadrid Cárdenas, que afirmó con contundencia que el PSOE era igual a EH Bildu y que no era capaz de encontrar ninguna diferencia entre Pedro Sánchez y Arnaldo Otegi. Así, a bote pronto, el hecho de que uno haya sido condenado por pertenencia a banda armada y por secuestro y el otro no, y el hecho de que el primero sea secretario general de un partido que siempre ha condenado el terrorismo desde que hay democracia mientras que el otro se resiste a conjugar ese verbo, diría que son suficiente diferencia como para apostar por otra línea argumental.

La relación de alegatos contra el racismo en la que se han convertido los medios de comunicación en la última jornada se veía un tanto empañada por la apariencia de que, de forma paralela a la lucha unánime contra el racismo, se mezclaba la lucha no tan unánime entre prebostes deportivos. Por ahí fueron saliendo los comentaristas de actualidad cuyas opiniones suelen coincidir con Florentino Pérez a culpar de todo a Javier Tebas, por si alguien estaba pasando lista («Vinicius dice que Tebas es igual que los racistas y yo no diría que no», soltó el cabeza de pelotón en la mañana de Mediaset). Y Rubiales se sumó a la gresca dando cualquier imagen menos la de unidad en el fútbol.

Pero la mayor tentación era la utilización política: 

El tertuliano Sergi Sol culpó a la empresa Levantina de Seguridad del racismo en el campo del Valencia, aunque luego reculó un poco, al reconocer que no estaba seguro de si tal empresa seguía siendo responsable o no de ese tema. 

Angélica Rubio, exjefa de prensa del Gobierno de Zapatero y ahora comentarista fija en La Sexta se vino más arriba al decir que la prueba de que España era racista estaba en que al partido político Vox le votaban 3 millones de españoles en las elecciones. Un racismo raro el del único partido de ámbito nacional que tiene a un secretario general de raza negra. Rubio añadió que en España seríamos racistas mientras no votáramos a un marroquí musulmán para primer ministro (algo que sería un tanto complicado con la normativa electoral en la mano por aquello de la nacionalidad) y puso como ejemplo que Reino Unido tuviera a un indio de primer ministro (pese a que Rishi Sunak es nacido en Inglaterra y, por tanto, tan británico como podría ser Boris Johnson). Lo llamativo es que cuando Cárdenas soltó en Telemadrid lo de que Pedro Sánchez era igual a Otegi, tuvo en frente a quien se lo afeara, pero en cambio en La Sexta, a nadie de los presentes pareció extrañarle que Angélica Rubio dijera que todos los votantes de Vox eran racistas. Una idea similar había deslizado Antonio Maestre en la web. Arriesgado aquello de hacer el censo de racistas en función del número de votos que tiene un partido que pueda catalogarse como radical. Porque si, de acuerdo a la forma de pensar de Rubio y Maestre, España es racista por los 3 millones de votos de Vox… ¿qué catalogación les merece Brasil, el país del Vinicius, donde Bolsonaro sumó más de 50 millones de votos en las últimas elecciones?

El remate de la jornada lo dio la ministra Irene Montero vinculando los abucheos racistas a Vinicius con el ‘discurso de odio’ de la presentadora de televisión Ana Rosa Quintana, cuyo historial criminal ha ido incrementándose en los últimos meses de acuerdo con los fiscales morados: ya era culpable del caso Villarejo, de la corrupción periodística, de la derrota de Podemos en las elecciones de 2016, de que se culpe a Iglesias de la mala gestión de las residencias y, ahora también, de los abucheos a Vinicius. Se espera que pronto la Seguridad del Estado ponga fin a semejante ‘Mordor’ viviente.

Lo que más se le puede afear a Montero de ese discurso es que excluyera al otro eje del mal mediático de Podemos, a Pablo Motos, que puede sentirse ninguneado, salvo que en los próximos días algún candidato morado se anime a denunciar que los energúmenos que insultaron al jugador de fútbol brasileño, además de votar a Vox, se van a dormir todas las noches tras escuchar a Trancas y Barrancas.

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