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Sociedad

Los madrileños reavivan su lucha contra las cocinas fantasma ante la falta de medidas

Las asociaciones vecinales agradecen las medidas adoptadas para el futuro, pero exigen que se trasladen los negocios que ya están en funcionamiento

Los madrileños reavivan su lucha contra las cocinas fantasma ante la falta de medidas

La proliferación de las cocinas fantasma, restaurantes que solo sirven a domicilio y que, por tanto, solo cuentan con un local con cocina y personal de reparto, lleva meses provocando la indignación de los vecinos de Madrid. Por eso, la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (Fravm), la Plataforma Vecinal de Afectados por las Cocinas Fantasma y la organización Facua piden al Ayuntamiento de Madrid que tome medidas y traslade estos negocios fuera de zonas residenciales. 

Tras numerosas peticiones al consistorio, varias comunidades de vecinos han decidido llevar su lucha a los juzgados y ahora se encuentran a la espera de una sentencia que decida sobre el futuro de las cocinas fantasma instaladas en los bajos de sus edificios. 

Se quejan de los ruidos provocados por el negocio y la cantidad de camiones de reparto que acuden al lugar, por los humos y, en algunos casos, por las condiciones de insalubridad que se han generado a su alrededor. 

En total, en Madrid hay unas 120 cocinas fantasmas concentradas en 11 localizaciones, según los datos de la Fravm. La asociación celebra que se haya suspendido la autorización de nuevas licencias, pero insiste en que «el problema está en las que están funcionando», dice en declaraciones a THE OBJECTIVE su responsable de urbanismo y vivienda, Vicente Pérez. 

Insisten en medidas para el presente y no para el futuro

Desde la Fravm celebran que el Ayuntamiento de Madrid no otorgue más licencias a negocios de este tipo y, aunque no incluye todo lo que querían, reconocen que la normativa aprobada para regularlas es una mejora de las condiciones actuales. Sin embargo, el problema es que, afirman, no cambia la situación de las que ya existen.

Además de los ruidos, olores e incomodidades que provoca la actividad de las cocinas fantasma en los edificios residenciales, aseguran que muchos de estos locales no cumplen con las condiciones necesarias para ofrecer estos servicios. «En nuestra opinión, hay licencias que no se deberían haber dado». 

Y ese es precisamente el argumento que han utilizado algunas comunidades afectadas para llevar el caso a los juzgados. Vicente Pérez pone como ejemplo las cocinas de la calle José Calvo, que constan de unos 700 metros cuadrados y no tienen una zona de aparcamiento interior, «con lo cual, no se debió dar esa licencia», considera. 

Más de un año esperando soluciones

Hartos de esta situación, los vecinos de varias zonas de Madrid decidieron llevar al Ayuntamiento ante la justicia. Es el caso de los afectados por las cocinas instaladas junto al colegio Miguel de Unamuno, en Arganzuela. 

«No entendemos cómo se puede permitir que se instale algo así al lado de un centro con 900 menores, cuando además somos un centro que participa en un movimiento para pedir entornos escolares más seguros y saludables», explica a este periódico Noelia Cabezas, vecina afectada y madre con hijos en este colegio. 

Según denuncia Cabezas, portavoz de estos afectados, estas cocinas industriales han traído al vecindario, así como al colegio junto al que se sitúan, ruidos y olores constantes. Pero no solo eso, sino que también ha aumentado de una manera desproporcionada el tráfico en la zona, con motos que circulan en sentido contrario o por la acera y camiones que invaden las zonas peatonales por no haber espacio suficiente en la calzada. «¿Qué entorno escolar es este? Desde luego no el que yo quiero para mis hijos», critica. 

Esta madre denuncia que el Ayuntamiento hace oídos sordos a sus quejas y que le han llegado a decir «que se vayan a vivir fuera del centro si no les gusta». Es por eso que decidieron llevar su situación ante la justicia, de la que todavía esperan una respuesta un año después. 

Además de denunciar que junto a un colegio, un lugar al que acuden a diario 900 menores, se encuentre este negocio, critican que «ahora mismo esta fábrica de casi 600 metros cuadrados con 11 cocinas industriales tiene licencia de obrador, lo que es totalmente injusto e incierto».

A la contaminación y la inseguridad en las calles le suman la preocupación de que pueda ocurrir un accidente en un lugar con «una potencia eléctrica y gas a nivel de un polígono industrial». 

Cabezas critica además que el emplazamiento de estas cocinas fantasma va en contra del propio Plan Local de Infancia y Adolescencia de Madrid, que habla de la prevención de riesgos en el entorno escolar y que incluye en el texto el apoyo a medidas que permitan la independencia de los menores para ir al centro escolar. «Yo no puedo hacer eso porque la mitad de los días hay un camión en la acera o salen motos a toda pastilla de la zona de aparcamiento interna», denuncia Cabezas. 

Los vecinos, afirma la portavoz, no piensan rendirse y, si la sentencia sale en su contra o se demora demasiado, van a seguir luchando, movilizándose y tratando de ser escuchados para evitar que esto ocurra en más zonas con población vulnerable, como personas mayores, enfermos o niños.

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