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Un estudio arroja luz sobre la génesis del alcoholismo

Un estudio con ratas cuyas conclusiones han sido publicadas en la revista Science ha arrojado luz sobre el origen neurológico del alcoholismo, al que ha situado en la amígdala, una región del cerebro muy relacionada con las emociones.

Un estudio arroja luz sobre la génesis del alcoholismo

Un estudio con ratas cuyas conclusiones han sido publicadas en la revista Science ha arrojado luz sobre el origen neurológico del alcoholismo, al que ha situado en la amígdala, una región del cerebro muy relacionada con las emociones.

Típicamente, el porcentaje de humanos consumidores de alcohol que caen en el alcoholismo, es decir, en la adicción, está en torno al 15%. Estudios previos con ratones y ratas habían logrado resultados prometedores al conseguir curar a roedores adictos, pero, en esos experimentos, todos los animales expuestos al alcohol estaban adictos, lo cual, en contraste con el 15% de los humanos que se vuelven alcohólicos, parecía indicar que el caso de los ratones y las ratas no era extrapolable al de los humanos.

Pero Eric Augier, el autor principal del estudio, consideró improbable que el alcoholismo de los roedores no tuviera nada que ver con el de los humanos, así que realizó un enfoque diferente: ofreció alternativas a los ratones. Es decir, les suministró alcohol, pero también agua con azúcar. Y dejó a los animales beber lo que prefirieran. Este les pareció un escenario mucho más comparable a la vida real, donde los humanos tienen distintas bebidas a su alcance. Y resultó (¡sorpresa!) que el 15% de las ratas prefería el alcohol, igual que los humanos.

Augier y su equipo repitieron el experimento con distintas razas de ratas y siempre obtuvieron los mismos resultados. En una segunda fase del estudio, los investigadores contaminaron el alcohol con una sustancia química que con sabor amargo e incluso emparejaban el suministro de alcohol con el de un electroshock. El resultado fue que, al igual que los humanos alcohólicos, las ratas adictas preferían el licor al agua con azúcar aun sabiendo que beberlo tiene consecuencias negativas.

El siguiente paso fue establecer las diferencias cerebrales entre los roedores alcohólicos y los que preferían el agua con azúcar. Los investigadores descubrieron que, en la amígdala de las ratas adictas, había signos de actividad significativamente baja de distintos genes, todos relacionados con un neurotransmisor llamado ácido γ-aminobutírico (también conocido como GABA), encargado de controlar la ansiedad y el miedo. Esta situación de la amígdala, concluye el estudio, «contribuye a la adicción al alcohol, parece extrapolarse entre especie y puede ofrecer objetivos para nuevas terapias farmacológicas que traten este trastorno«.

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