Nauterra, el grupo conservero que durante décadas España identificó con la marca Calvo, es hoy una de las grandes compañías familiares del sector alimentario con presencia internacional, flota propia y fábricas en varios países. Su historia, sin embargo, arranca en un punto muy concreto y en un contexto de escasez: Carballo (A Coruña), en 1940, cuando Luis Calvo Sanz puso en marcha la primera planta en plena posguerra. Ocho décadas después, la empresa ha evolucionado desde la conserva tradicional hasta una estrategia centrada en innovación, eficiencia industrial y sostenibilidad, sin perder el carácter familiar.
En esta entrega de ‘La Fuerza Invisible’, proyecto promovido por el Instituto de la Empresa Familiar, el tenor José Manuel Zapata viaja hasta la localidad gallega de Carballo (A Coruña), lugar donde Nauterra ha sabido combinar tradición con un espíritu innovador y una profunda conexión con el mar.
El Oceáno Atlántico y la playa de Razo explican los orígenes emocionales de Calvo y de Nauterra. «Para mí, y supongo que para toda mi familia, es nuestra niñez más temprana, donde veníamos a veranear cuando éramos muy pequeños», resume Mané Calvo, consejero delegado de Nauterra. «Somos tan de Carballo que hemos puesto la conservera a siete kilómetros del mar», subrayando la importancia de este lugar para la familia.
Nauterra, además, está comprometida con la pesca responsable y el respeto por las vedas y especies protegidas. «Llevamos un observador internacional en cada barco en todo momento», señala Calvo, destacando su compromiso con la conservación de los recursos marinos. Gracias a estas medidas, los stocks de atún a nivel mundial se mantienen en un 80% saludables, lo que garantiza su sostenibilidad a largo plazo.
Calvo no nació con el atún
Casi nadie sabe que Calvo, en realidad, no nació del atún, sino de una adaptación forzada. «Todos conocemos a Calvo por el atún, pero esta empresa empezó con sardinas», explica Mané, tercera generación en el negocio. El fundador intentó empezar con carne, pero la posguerra cerró esa puerta: «Parece ser que no le dieron los permisos… porque la carne era escasa en España».
Entonces llegó la alternativa: el pescado. La familia recuerda la máquina empacadora como un episodio fundacional que cambió para siempre el futuro de Calvo. «Antes se tardaba como tres minutos en rellenar una lata… y mi abuelo inventó una manera… con un trozo de un obús de la guerra civil, una cuerda de guitarra y no sé qué más… conseguía hacer 36 latas por minuto», cuenta.
El crecimiento fue constante y paulatino, sin lujos. «Mi abuelo tenía la ilusión de comprarse un Citroën tiburón… y nunca se lo compró porque siempre había algo que hacer en la fábrica», expone.
La televisión, como punto de inflexión
En la transición entre generaciones, el salto clave no se produjo en una lonja ni en una línea de producción, sino en una decisión comercial. El padre de uno de los actuales responsables había hecho carrera en publicidad en Madrid y propuso una apuesta inédita para la compañía: invertir los ahorros familiares en un anuncio televisivo emitido en el intermedio del programa de máxima audiencia de la época, el conocido Un, dos, tres.
La operación fue un todo o nada. «Se dejaron todo lo que tenían en ese anuncio», admite, recordando que en aquel tiempo la audiencia del programa podía rondar 25 o 30 millones de personas. El efecto fue inmediato, incluso en lo personal. «De ser un tío completamente anónimo en el colegio… 20 días más tarde era el tío más famoso del colegio… ‘Eres el de Calvo’… y yo: ‘Que sí, que somos nosotros’», relata con una sonrisa.
La innovación, en cualquier caso, sigue siendo hoy el laitmotiv de la compañía. Nauterra ha sido pionera en numerosas mejoras técnicas y de producto. Uno de los avances más recientes de Nauterra ha sido el desarrollo del envase Vuelca Fácil®, un envase más sostenible, que permite volcar el 100% del producto de forma sencilla, e incorpora una apertura más fácil y segura.
Ahora, la cuarta generación de la familia ya se prepara para tomar las riendas de la empresa, con el reto de mantener un legado de más de ocho décadas. «Sueño con poder llevar esto a más países, más productos y más gente», afirma Juan Calvo, uno de los miembros llamados preservar los valores que los han llevado hasta aquí.
