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Pascual, compromiso familiar y medio siglo de decisiones acertadas

Pascual, compromiso familiar y medio siglo de decisiones acertadas

Calidad Pascual, como empresa histórica de nuestro país, es el resultado de una cadena de buenas decisiones tomadas a lo largo de medio siglo: innovar cuando el mercado aún no lo pedía, crecer sin romper el vínculo con el territorio, diversificar sin perder el propósito y mantener vivos los valores de una empresa familiar. Desde la granja hasta el laboratorio, desde la distribución hasta la sostenibilidad, la compañía ha construido su trayectoria combinando tecnología, personas y una mirada al largo plazo.

El proyecto ‘La Fuerza Invisible’, promovido por el Instituto de la Empresa Familiar, tiene como objetivo contar en vídeo historias empresariales peculiares que permitan transmitir a la sociedad los valores de constancia y superación, así como la capacidad de innovación. En definitiva, la fuerza invisible que mueve cada día el país y lo hace progresar. En esta entrega, el tenor José Manuel Zapata viaja hasta Aranda de Duero, donde la compañía tiene su sede.

Reinventarse sin perder el rumbo

Las decisiones acertadas han sido siempre una constante, incluso cuando las cosas no iban bien. «La leche se hacía bien, pero no se vendía», recuerda Tomás Pascual, presidente de Grupo Pascual. El problema era evidente: «La pasteurizada solo duraba dos días y en ese tiempo no llegábamos más allá de Aranda, que es un mercado muy pequeño». La solución llegó mirando fuera. «Se descubrió la uperización, que permitía mantener el sabor y eliminar bacterias», y con ella apareció el envase que lo cambiaría todo: el tetrabrik.

Ese salto marcó una forma de entender el negocio que todavía se mantiene: el I+D. No solo en productos, también en procesos. «Muchas veces, para crecer, tienes que hacer las cosas de manera diferente», señala Tomás.

Hoy, la mirada está puesta en dos grandes retos: sostenibilidad y salud. «El sector agroalimentario genera entre el 25 y el 30% de los gases de efecto invernadero y un tercio de la comida se desperdicia», recuerda. Al mismo tiempo, conviven «2.000 millones de personas con sobrepeso y 800 millones que pasan hambre», admite.

Por ello, en Pascual ya piensan en cómo será ese futuro no tan lejano. «Seremos capaces de generar ingredientes sin animales, como alternativa más», explica. No como sustitución total, sino como parte de un sistema más eficiente y diverso.

La fuerza de una empresa familiar

Pascual sigue siendo una empresa familiar y eso, lejos de ser un lastre, se presenta como una fortaleza. La cuarta generación de la familia ya asoma. Los niños visitan la fábrica, la vaquería, conocen desde pequeños el proyecto. «Ayuda a unir a la familia, hay un sentimiento común de pertenencia», explica. «La forma de crear valor para tu familia es crear valor para todos».

Hoy Pascual no es solo leche. El grupo ha diversificado hacia nuevos productos y sectores, desde la cerveza hecha con pan reutilizado hasta las clásicas galletas Cuétara. «Creamos Pascual Innoventures por nuestra vocación de seguir innovando y ser pioneros», señala Tomás.

Personas antes que productos

Pero si algo ha sido clave en el crecimiento sostenido de Pascual es la importancia del capital humano, de la gente. «Una empresa vale lo que valen sus personas», es la máxima que defiende Tomás Pascual.

En Pascual, la calidad humana se presenta como un activo tan importante como la del producto. Es la verdadera fuerza invisible que mueve la compañía: una forma de trabajar donde el cuidado —de las vacas, de las personas, del entorno— no es un eslogan, sino una práctica diaria.