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Beneficios de tener un perro después de los 50

Beneficios de tener un perro después de los 50

A partir de los 50, muchas personas redescubren el valor del tiempo propio, pero también se enfrentan a cambios emocionales, laborales y familiares que pueden generar cierta sensación de vacío.

Muchos estudios han vinculado la convivencia con mascotas a menores niveles de estrés, reducción de la presión arterial y mejora del estado de ánimo en adultos maduros.

La decisión de adoptar suele comenzar con preguntas prácticas, desde el tamaño ideal hasta las ideas de nombres para perro que encajen con la personalidad del nuevo compañero. Sin embargo, detrás de esos detalles aparentemente triviales hay un proceso profundo de implicación emocional.

Elegir un nombre, preparar el espacio en casa o planificar los paseos diarios activa mecanismos psicológicos relacionados con el compromiso y la responsabilidad, factores clave para mantener una mente activa después de los 50.

Impacto en la salud física y mental

Tener un perro implica movimiento. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, los adultos deberían realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana.

Los paseos diarios, incluso a ritmo tranquilo, ayudan a cumplir ese objetivo sin necesidad de gimnasio. Investigaciones publicadas en revistas médicas como Circulation han observado que los propietarios de perros presentan menor riesgo de enfermedad cardiovascular y mayor adherencia a hábitos saludables.

En el plano emocional, la interacción con el animal estimula la liberación de oxitocina y serotonina, neurotransmisores vinculados al bienestar. Incluso en momentos de preocupación cotidiana, como cuando alguien piensa mi perro no quiere comer y se activa la alerta por su salud, se refuerza el vínculo afectivo y el sentido de cuidado.

Ese sentimiento de ser necesario tiene un impacto directo en la autoestima y en la percepción de utilidad personal, especialmente en etapas posteriores a la jubilación o tras la marcha de los hijos del hogar.

Reducción de la soledad y mejora de la vida social

La soledad no deseada afecta a un porcentaje creciente de personas mayores de 50 años en Europa. Tener un perro actúa como puente social. Los paseos generan conversaciones espontáneas en parques y barrios, favoreciendo nuevas relaciones.

Estudios realizados en Reino Unido y Australia han demostrado que los dueños de perros interactúan con mayor frecuencia con vecinos y desconocidos que quienes no tienen mascota.

Además, la rutina compartida crea estructura en el día a día. Levantarse para sacarlo a la calle, organizar horarios de comida y planificar visitas al veterinario aporta estabilidad.

Esa organización es especialmente beneficiosa tras cambios vitales como una separación o la jubilación, etapas en las que el tiempo libre puede resultar abrumador.

Beneficios cognitivos y emocionales a largo plazo

La convivencia con un perro también estimula funciones cognitivas. Recordar citas, gestionar vacunas o aprender sobre nutrición canina mantiene activa la memoria y la capacidad de planificación.

Algunos estudios sugieren que las personas mayores que conviven con animales muestran menor deterioro cognitivo leve en comparación con quienes viven solos sin mascotas.

En términos emocionales, el perro ofrece una presencia constante sin juicio ni exigencias complejas. Ese apoyo incondicional reduce síntomas de ansiedad y puede complementar tratamientos psicológicos. No sustituye la atención médica cuando es necesaria, pero sí actúa como factor protector frente al aislamiento y la apatía.

Adoptar después de los 50 no es una decisión impulsiva, sino una inversión en bienestar integral.