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Los humedales recuperados protegen nuestra biodiversidad y favorecen nuestro bienestar

Fundación Moeve impulsa proyectos de restauración en humedales degradados, transformando espacios alterados por la actividad humana en auténticos refugios de vida para la fauna y flora local

Los humedales recuperados protegen nuestra biodiversidad y favorecen nuestro bienestar

Isleta artificial en la Laguna Primera de Palos. Javier Camacho

Durante décadas, los humedales han sido percibidos como paisajes tranquilos, remansos de paz donde el agua y las aves dibujan postales de naturaleza. Hoy, la ciencia redefine su importancia y los reconoce como infraestructuras naturales capaces de proteger el territorio frente al cambio climático. Más allá de su atractivo estético, estos ecosistemas funcionan como auténticos reguladores ambientales: capturan carbono, almacenan agua dulce y amortiguan fenómenos extremos como inundaciones o sequías.

Ecosistemas vitales para el futuro

En un contexto donde el reto climático exige soluciones eficaces, la restauración de estos espacios se ha consolidado como una de las estrategias más prometedoras. En España, esta transición de «postal» a «escudo ecológico» ya es una realidad tangible. Uno de los ejemplos más sólidos se encuentra en Andalucía, donde fundación Moeve lleva más de dos décadas impulsando la recuperación de entornos degradados, transformando espacios alterados por la actividad humana en auténticos refugios de vida.

Hoy, enclaves como la Laguna Primera de Palos y las Marismas del Odiel en Huelva, o la Estación Ambiental Madrevieja en Cádiz, forman parte de una red de espacios recuperados que ya alberga 715 especies de fauna y flora presentes, de las cuales 85 se encuentran bajo algún grado de amenaza.

En total, la Fundación ha contribuido a preservar más de 52 hectáreas de humedales, lo que equivale a casi treinta hectáreas de lámina de agua recuperada. Sin embargo, más allá de la magnitud de las cifras, el éxito reside en el cambio de paradigma: haber convertido terrenos degradados en ecosistemas plenamente funcionales que han recuperado su papel ecológico vital para el planeta.

Laguna Primera de Palos.

La importancia de estos ecosistemas radica en que actúan, literalmente, como los «riñones del planeta». Su capacidad para filtrar el agua, retener sedimentos y secuestrar grandes cantidades de carbono en sus suelos y vegetación los convierte en aliados indispensables frente a la crisis climática. Además, su función como reservorios hídricos garantiza la supervivencia de innumerables especies en periodos de escasez. Como señala Teresa Mañueco, directora de la Fundación Moeve: «Los resultados alcanzados son una muestra del trabajo que la Fundación lleva años desarrollando en la restauración de estos entornos; ecosistemas de una riqueza ecológica excepcional que resultan vitales para la salud de nuestro territorio».

Más allá de su función como «riñones del planeta», la recuperación de estos espacios genera impactos directos y medibles sobre la fauna y flora. En la Estación Ambiental Madrevieja, por ejemplo, la restauración del entorno ha permitido desarrollar programas de conservación con resultados extraordinarios.

Entre ellos destaca el proyecto de recuperación de la lechuza, que ya ha logrado la liberación de 67 ejemplares, o el Proyecto Galápago Europeo, que actualmente cuenta con ocho adultos reproductores consolidando la población en la zona.

La Laguna Primera de Palos.

Verdaderos centros de vanguardia

Pero estos humedales no son solo santuarios para la fauna; se han consolidado como centros de vanguardia para el conocimiento y la divulgación. Solo en 2025, recibieron a más de 7.600 investigadores, representantes institucionales y miembros de la comunidad educativa. De elloscerca de 4.800 estudiantes participaron en actividades diseñadas para descubrir, de primera mano, la relevancia ecológica de estos ecosistemas.

Este modelo, que integra ciencia, educación e inversión privada, es el eje vertebrador de los proyectos de la Fundación. Solo en el último año, se han destinado más de 1,8 millones de euros a iniciativas de biodiversidad centradas, sobre todo, en la recuperación de humedales. Para Teresa Mañueco, esta apuesta responde a una visión ambiciosa sobre la conservación: «La protección y recuperación de estos espacios refuerzan nuestro compromiso firme con la defensa de la biodiversidad, uno de nuestros tres ámbitos estratégicos y un pilar esencial de nuestra contribución a la transición ecológica».

La restauración, además, sigue creciendo. Nuevos acuerdos impulsados en los últimos años buscan ampliar estas iniciativas en distintos puntos del territorio, desde la protección de la Huerta de las Pilas en Algeciras hasta la restauración de la Laguna de las Madres, en Huelva, o la creación de un nuevo humedal artificial en Fasnia, Tenerife.

El mensaje que dejan estos proyectos es claro: recuperar la naturaleza también es una forma de proteger el futuro y contribuir al bienestar de las personas. Porque cuando los humedales vuelven a funcionar, no solo regresan las especies, también se recupera algo más difícil de medir, pero igual de importante: la capacidad del territorio para adaptarse y resistir en un planeta que cambia.