En los últimos años, hacer la compra ha dejado de ser un gesto automático para convertirse en una decisión cada vez más pensada. El precio, la calidad, el origen de los productos o incluso su impacto en el entorno pesan más que nunca en el carrito. Empresas como Dia observan y escuchan las necesidades en cada comunidad para evolucionar sin dejar de ser el supermercado del barrio.
Con más de 2.350 supermercados y un canal online que llega al 84% de la población peninsular, la compañía parte de una posición muy concreta, casi privilegiada: más de la mitad de los españoles tienen una tienda Dia a unos minutos de su hogar. Hoy ya alcanza a cerca de 35 millones de clientes en la península, y su objetivo es llegar a 38 millones en 2029, ampliando esa red de proximidad que forma parte de su ADN.
Un plan que aterriza la sostenibilidad en el barrio
Su nuevo Plan de Sostenibilidad 2026-2029, bautizado como ‘El valor de cada día’, nace precisamente de lo cotidiano, de los pequeños gestos repetidos cada día y de cómo influye un supermercado en la vida de un barrio.
La estrategia se apoya en una idea sencilla pero muy reconocible: ser «el vecino». No como eslogan, sino como forma de actuar. De ahí salen las cuatro «V» que estructuran todo el propósito de Dia —Vecindad, Vínculo, Vida saludable y Valores— y que luego se traducen en cinco grandes ejes y decenas de iniciativas que buscan reforzar ese papel social.
Uno de los puntos más importantes es el impacto local. La compañía contribuye con más de 6.800 millones de euros a la economía española y su actividad sostiene más de 100.000 empleos directos, indirectos e inducidos. Con este plan, Dia quiere reforzar este rol de motor económico en los territorios donde opera, especialmente en zonas donde no siempre llegan las grandes inversiones. El plan marca objetivos bastante concretos: mantener más de un 95% de proveedores locales, asegurar al menos 650 tiendas en municipios de baja densidad y generar unos 1.400 empleos indirectos a través de su red de franquicias.

No son cifras menores si se traducen a lo que realmente significan: actividad económica en pueblos, oportunidades para pequeños emprendedores y una red comercial que evita que ciertas zonas queden desconectadas.
A ello se une la inclusión laboral, entendida no solo como una cuestión de cifras, sino como una forma de abrir oportunidades. Dia plantea reforzar su papel como generador de empleo accesible, especialmente para colectivos que suelen encontrar más barreras a la hora de incorporarse al mercado laboral. Esto pasa por impulsar entornos de trabajo más diversos, fomentar la igualdad de oportunidades y apoyar el crecimiento profesional. En definitiva, que detrás de cada tienda haya historias de empleo que ayudan a sostener familias y a dinamizar barrios.
La mejor combinación de calidad y valor
Pero el enfoque no se queda en lo económico. Hay una intención clara de reforzar el papel social de la compañía. En un momento en el que muchas familias sienten la presión del coste de vida, Dia pone el foco en algo muy básico: que comprar bien no sea incompatible con ahorrar. Es decir, que la alimentación saludable y accesible deje de ser un equilibrio difícil.
En paralelo, el plan también busca ampliar su impacto social directo. La compañía se ha marcado como objetivo alcanzar los 85.000 beneficiarios en acciones sociales, que van desde donaciones de productos hasta campañas solidarias o programas de voluntariado. Es una manera de reforzar esa idea de tienda como punto de apoyo, especialmente en los entornos más vulnerables.

Todo esto se articula en un contexto más amplio, donde las preocupaciones son compartidas: el aumento del coste de vida, la necesidad de empleo estable, el impacto ambiental o el acceso a una alimentación equilibrada. Dia no plantea soluciones mágicas, pero sí una forma de contribuir desde lo que mejor conoce: la compra diaria.
En este sentido, el supermercado de proximidad donde hacer una compra completa sigue siendo el centro, y cada vez más involucrado en la comunidad para mostrar el valor de cada Dia.
