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Del déficit al liderazgo, la mujer se hace fuerte en los centros tecnológicos

El hub de JTI en Madrid, donde casi la mitad de los puestos directivos están ocupados por mujeres, refleja el avance y los logros del imprescindible talento femenino

Del déficit al liderazgo, la mujer se hace fuerte en los centros tecnológicos

Durante décadas, la tecnología ha sido un territorio con nombre masculino. Hoy la foto empieza a cambiar, aunque no al mismo ritmo en todas las capas: cada vez hay más mujeres formándose en disciplinas STEM —siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—, pero su presencia sigue siendo menor en posiciones técnicas y, especialmente, en los puestos donde se toman decisiones.

Sin embargo, algunos entornos empiezan a dibujar una realidad distinta. JTI (Japan Tobacco International), fabricante de marcas como Winston, Camel o Ploom, ha convertido Madrid en uno de sus centros estratégicos a nivel global. Desde su hub tecnológico y digital, la compañía presta soporte a 46.000 empleados en todo el mundo.

Lo hace además con una particularidad poco habitual en el sector tecnológico: cerca del 45% de los puestos directivos están ocupados por mujeres. La plantilla reúne talento de 21 nacionalidades distintas y combina perfiles especializados en ingeniería, matemáticas, economía o analítica de datos.

No es solo una cifra. Detrás hay historias concretas de mujeres como Noa, Isabel o Nada, profesionales que participan en algunos de los procesos tecnológicos y estratégicos que sostienen la actividad global de la compañía.

Perfiles innovadores en inteligencia artificial

Ingeniera informática y doctora en procesamiento del lenguaje natural, Noa Cruz representa una generación de profesionales que ha visto cómo la inteligencia artificial dejaba de ser un experimento para convertirse en una herramienta transversal dentro de las empresas.

Después de años vinculada a la investigación y al entorno universitario, decidió dar el salto al sector privado buscando aplicaciones reales de la tecnología. «Sentí la necesidad de comprobar cómo todo lo aprendido podía tener un impacto tangible en las organizaciones y en la vida profesional de las personas», explica.

Desde el hub de Madrid trabaja en proyectos globales relacionados con inteligencia artificial aplicada a recursos humanos y aprendizaje corporativo. Uno de ellos, MARK, utiliza IA para agilizar y mejorar los procesos de selección mediante el análisis de currículums y descripciones de puestos. Otro, LARA, funciona como un asistente inteligente que recomienda formación personalizada a empleados de distintos mercados.

«La inteligencia artificial está permitiendo pasar de procesos manuales y poco escalables a modelos mucho más inteligentes y basados en datos. No solo mejora la eficiencia, también ayuda a tomar decisiones más coherentes y transparentes», sostiene. Y añade: «Bien aplicada, la IA no sustituye a las personas, sino que les libera tiempo para centrarse en tareas de mayor valor y en la parte más estratégica y humana del trabajo».

Su propia trayectoria refleja además otro cambio silencioso dentro del sector tecnológico. «Cuando empecé apenas había referentes femeninos visibles. Ahora cada vez es más habitual encontrar mujeres liderando equipos, proyectos y áreas tecnológicas, aunque todavía queda camino para romper ciertos estereotipos y despertar más vocaciones desde edades tempranas», afirma.

Roles de liderazgo

Si la tecnología es la herramienta, el verdadero reto suele estar en cómo se organizan las personas y los sistemas que la hacen funcionar. Ahí entra el trabajo de Nada Mihovilovic.

Ingeniera de formación y con experiencia internacional, hoy lidera desde Madrid el desarrollo de una plataforma digital global que da soporte al ecosistema de comercio electrónico de JTI en más de 30 mercados. Su función consiste en coordinar equipos repartidos en distintos países, alinear prioridades y asegurar que las soluciones tecnológicas puedan escalar globalmente sin perder adaptación local.

En su día a día, la diversidad cultural no es un discurso abstracto, sino una realidad constante. «Trabajar con equipos multiculturales aporta perspectivas distintas y enriquece muchísimo la toma de decisiones, pero también exige una gran capacidad de alineación y comunicación», explica.

La inteligencia artificial también empieza a transformar ese ecosistema. «No hay excusa para no aprovechar el potencial de la IA, pero la responsabilidad final siempre debe seguir siendo humana. Para mí es importante mantener ese equilibrio: tecnología con un toque de humanidad», señala.

El valor de lo invisible

Hay una parte de la transformación digital que rara vez aparece en los titulares: los datos. Sin ellos, ni la inteligencia artificial funciona ni las plataformas tecnológicas pueden crecer a escala global. Isabel Gurrea trabaja precisamente en ese punto de partida.

Con formación en Ciencias Económicas y especializada posteriormente en sistemas de gestión de la información, su carrera ha evolucionado desde procesos logísticos y consultoría tecnológica hasta posiciones de liderazgo dentro del área de Data & Analytics de JTI.

«Los datos son la base sobre la que se construyen tanto la digitalización de procesos como los desarrollos tecnológicos de la compañía», explica. Su equipo se encarga de integrar información procedente de distintos sistemas y áreas de negocio, garantizar su calidad y convertirla en una herramienta útil para la toma de decisiones estratégicas.

Madrid, un laboratorio real

Nada de esto ocurre en el vacío. El hub tecnológico de JTI comenzó su actividad en 2005 con apenas cinco personas. Dos décadas después, cuenta con 220 profesionales y ha incrementado su plantilla un 50% desde 2020. Solo en 2025 se han incorporado 30 nuevos perfiles especializados. Ese crecimiento ha convertido la oficina de Madrid en una pieza clave dentro de la estructura internacional de la compañía y en un entorno donde conviven perfiles técnicos, estratégicos y de negocio.

JTI es un ejemplo de que, aunque la base del sector tecnológico sigue siendo mayoritariamente masculina, las mujeres en STEM ya no son una anomalía que haya que explicar. Son profesionales que lideran equipos, desarrollan soluciones globales y participan en decisiones estratégicas que afectan a miles de personas. Sin etiquetas y sin necesidad de justificar su presencia.