La historia de Pascual es, sobre todo, una historia de emprendimiento familiar. Mucho antes de convertirse en una de las marcas más conocidas de la alimentación española, la empresa fue el proyecto personal de un niño de Aranda de Duero que aprendió a trabajar sirviendo cafés en una estación de tren y que acabó transformando para siempre la forma de consumir leche en España.
El proyecto ‘La Fuerza Invisible’, promovido por el Instituto de la Empresa Familiar, tiene como objetivo contar en vídeo historias empresariales peculiares que permitan transmitir a la sociedad los valores de constancia y superación, así como la capacidad de innovación. En definitiva, la fuerza invisible que mueve cada día el país y lo hace progresar. En esta entrega, el tenor José Manuel Zapata viaja hasta Aranda de Duero, donde la compañía tiene su sede.
Ese niño era Tomás Pascual Sanz. Su familia vivía con pocos recursos y el trabajo formaba parte de la vida cotidiana desde muy temprano. «Mi padre dormía de pequeño en una cesta de fruta», recuerda hoy Tomás Pascual Gómez-Cuétara, actual presidente de la compañía. Una imagen sencilla que, dentro de la familia, utilizan para explicar el origen humilde de un empresario que siempre mantuvo una mentalidad inconformista.
Aquel ambiente marcó su manera de entender los negocios. Mientras trabajaba en la cantina de la estación, observaba cómo se movían las personas, cómo viajaban las mercancías y dónde podían aparecer nuevas oportunidades. «Veía oportunidades donde otros no las veían», resume su hijo.
La innovación que cambió el negocio
Con los años, esa capacidad para anticiparse acabaría convirtiéndose en una de las grandes señas de identidad de Pascual. En una época en la que la leche apenas duraba un par de días en buen estado, Tomás Pascual entendió que el verdadero reto no era producir más, sino conseguir que el producto llegara más lejos.
«La leche pasteurizada solo duraba dos días», explica la familia al recordar aquellos primeros años. El problema era evidente: una empresa situada en Aranda de Duero tenía muy difícil expandirse más allá de su entorno cercano. Pero el fundador decidió buscar soluciones donde casi nadie estaba mirando. Viajó, conoció nuevas tecnologías y apostó por sistemas innovadores como la uperización y el tetrabrik, que permitían conservar la leche durante más tiempo sin perder calidad.
Aquella decisión cambió el futuro de la empresa y también el del sector alimentario español. Pascual dejó de ser un negocio local para convertirse en una marca presente en millones de hogares.
Sin embargo, dentro de la familia siempre insisten en que el crecimiento económico nunca fue el único objetivo. La empresa también se construyó alrededor de una manera concreta de entender las relaciones personales y el trabajo. «Mi padre tenía clarísimo que él no podía hacer nada sin el equipo», recuerdan sus hijas Sonia y Pilar Pascual.
Esa cultura empresarial sigue muy presente hoy. De hecho, uno de los aspectos que más se repite entre trabajadores y directivos es la idea de pertenencia. Muchos empleados hablan de Pascual como si siguiera siendo una empresa pequeña pese a su tamaño actual. «Somos todos una familia», explica una trabajadora de la granja.
El legado de una empresa familiar
La propia familia cree que esa cercanía ha sido clave para mantener la identidad de la compañía generación tras generación. «El proyecto empresarial ayuda también a unir a la familia porque hay un sentimiento común de pertenencia», explica Tomás Pascual Gómez-Cuétara.
Ese espíritu es el que la empresa intenta mantener mientras sigue evolucionando. Pascual ya no es solo una compañía láctea. En los últimos años ha impulsado proyectos vinculados a la sostenibilidad, la innovación alimentaria y la reducción del desperdicio de comida.
Hoy, más de medio siglo después de sus inicios, Pascual sigue siendo una de las principales empresas familiares del sector alimentario español. La compañía afronta nuevos retos ligados a la innovación y a los cambios en el consumo, mientras mantiene una estructura en la que el peso de la familia continúa siendo parte central del proyecto empresarial.
