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Por qué realizar ayuno intermitente después de Navidad no es una buena idea

Aunque sea una práctica muy extendida gracias a internet, los especialistas advierten de que puede conllevar graves problemas para la salud

Por qué realizar ayuno intermitente después de Navidad no es una buena idea

Diana Polekhina|Unsplash

Cuidar lo que uno come durante la Navidad parece misión imposible. Cenas y cenas hasta arriba de comida, copas, postres, raciones que repetimos… y así hasta no parar. Es normal que al acabar las fiestas, al otro lado del espejo pueda haber unos kilos más de los que había tan solo unos días atrás.

Es ahí cuando uno decide ponerse a dieta y así bajarlos. Pero la pregunta del millón: ¿cuál es la que mejor se adapta a mi? Aunque siempre hay que hacerlas con supervisión de un especialista que nos asesore y vigile en el proceso, internet ofrece centenares de métodos para adelgazar que muchas veces no son lo mejor para nuestra salud o los más efectivos a la hora de conseguir tus objetivos. Una de esas “dietas milagro” muy promovida en España en los últimos años es el “ayuno intermitente”. Se trata de una estrategia alimentaria basada en limitar la ingesta en un horario determinado para conseguir la ventana de ayuno (normalmente a la hora de la cena o entre comidas con periodos que pueden llegar, en los casos extremos, hasta las 20 horas).

Aunque puede parecer que con un poco de fuerza de voluntad es una medida muy efectiva a la hora de reducir esos kilos de más, en THE OBJECTIVE hemos querido conocer si es realmente efectiva y, sobre todo, los efectos que tiene sobre la salud de quienes emprenden esta dieta. Por eso hemos hablado con Lourdes de Bastida, nutricionista de Quirónsalud en Córdoba, para resolver las principales dudas que pueden surgir.

El ayuno intermitente no es para todos

La especialista señala un primer detalle fundamental: es normal buscar propuestas atractivas para la pérdida de peso, pero siempre se ha de ir “con cuidado con la información que se consulte o dónde se acuda”, ya que puede llegar a “poner en riesgo nuestra salud”. Además, señala que es esencial entender que una dieta no puede ser idéntica para todo el mundo, al entrar en juego factores muy diferentes como la edad, la salud, las patologías previas, el estilo de vida, la cantidad de actividad física que se realiza o el estado emocional de cada individuo.

Hay varios ejemplos de esto último, como el presentar patologías como la diabetes, la gastritis, el reflujo gastroesofágico, los trastornos de conducta alimentaria, un problema tiroideo mal controlado, malnutrición o embarazo o periodos de lactancia, ya que en estos casos podría comprometer el desarrollo del pequeño.

Además, señala que utilizarla como un parche a una mala alimentación continuada en el tiempo no es realmente una solución. Para comenzar esta práctica es necesario saber que hay “una buena base de educación nutricional” en quien la aplica y sobre todo “no utilizarlo como primera opción de tratamiento dietético para perder peso o mejorar alguna situación de salud”.

Puede llegar a ser un riesgo

Es cierto que el ayuno intermitente tiene muchos beneficios. La especialista de QuirónSalud señala algunos de ellos, en especial los relativos a la reducción del peso: “El ayuno puede ayudar a la pérdida de peso y reducción de grasa corporal en sobrepeso u obesidad debido a la restricción calórica, así como la posibilidad de mejorar la resistencia a la insulina, mayor saciedad o mejor regulación del apetito, favorecer el sistema inmunitario, retrasar los efectos del envejecimiento y reducir el estrés debido a la mayor disponibilidad de tiempo”.

Sin embargo, no todo es tan bueno como parece de primeras. Aunque el ayuno puede resultar muy efectivo a la hora de iniciar una dieta, nunca se han de sobrepasar ciertas normas y mucho menos se ha de sufrir. Los largos periodos de ayuno no son siempre recomendables y, en muchos casos, pueden derivar incluso en una patología alimentaria que implique la necesidad de tratamiento. La obsesión que presentan muchos de los pacientes no es un tema menor y puede condicionar la vida diaria.

Antes de la pandemia, en España más de 65.000 personas fueron diagnosticadas con un trastorno alimenticio. Durante la misma, sobre todo tras el confinamiento, la salud mental, sobre todo de los más jóvenes, ha empeorado drásticamente y los especialistas alertan mes a mes del aumento de pacientes que presentan algún tipo de problema relacionado con este tipo de actitudes.

Para poder iniciar esta práctica, lo más importante es estar preparados. La doctora De la Bastida ha señalado que si la persona no está preparada para lo complicado del proceso o no lo realiza correctamente, puede presentar irritabilidad, ansiedad, problemas de sueño, fallos en la concentración, dolores de cabeza o incluso déficit neuronales.

Los problemas físicos derivados de una mala práctica afectan a la vida diaria de quienes los sufren, por lo que es esencial prepararse para poder minimizar el impacto que pueda tener sobre la salud.

Entre otros inconvenientes, un mal planteamiento puede causar mal aliento, sensación de sueño constante por el agotamiento, pesadez, digestiones pesadas o incluso una disminución de la glucosa en sangre, con los consiguientes mareos y desmayos que la acompañan. Para los deportistas, la doctora advierte que esta práctica puede llegar a causar una bajada en el rendimiento.

Después de las Navidades es normal querer bajar lo ganado, pero mejor hacerlo con cuidado y, sobre todo, asesorados por un profesional que pueda aconsejarnos las mejores formas para perder peso y no desfallecer en el intento.

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