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Ander Izagirre: “No tengo una idea demasiado elevada de mi trabajo”

Jorge Raya Pons

Cada libro de Ander Izagirre es como un respiro: Ander es uno de los últimos románticos del oficio y su voz sirve como luz que guía a los periodistas que vienen. Ander es un hombre humilde que no alardea, que no presume, que ejemplifica el significado de sencillez y que mide cada palabra que emplea. Pero esto lo iremos descubriendo. Porque cuando Ander habla, lo hace con mesura, sereno, aunque poco a poco se suelta, bromea, se confiesa. Su trabajo como periodista es meritorio y valioso, encarna el periodismo de siempre, el que se pierde, el que requiere tiempo y valor y paciencia y un determinado sentido de la responsabilidad que solo se comprende desde la perspectiva del que asume el periodismo como un propósito, como algo más.

Acaba de llegar a las librerías Potosí (Libros del K.O.), un libro que es un reportaje y una novela y que nos abre un mundo minero violento, supersticioso, injusto, donde la explotación y la miseria lo impregnan todo, donde el protagonista es un Cerro Rico que es un infierno en la Tierra.

“Muchas veces los periodistas vemos lo que queremos ver”, me dice Ander. “Yo viajé por primera vez a Bolivia hace siete años para contar el trabajo infantil en las minas. Conocía la situación y fui a buscar una historia. Pero decidí estar un tiempo en el sitio y eso me permitió conocer a más gente, y entonces comenzaron a aflorar otras historias”.

Un minero boliviano traslada minerales en la mina del Rosario, en Potosi. (Foto: David Mercado/Reuters)
Un minero boliviano traslada minerales en la mina del Rosario, en Potosi. (Foto: David Mercado/Reuters)

Ander quería explicar qué tipo de mundo conduce a una niña como Alicia, de doce años, a verse obligada a trabajar en una mina en peligro de derrumbe constante, sin seguridad laboral, cobrando un sueldo de miseria, sin cobrarlo, rompiéndose la espalda y renunciando a cualquier futuro. O cómo viven y mueren los tipos sin nombre en las minas, en accidentes o por enfermedades como la silicosis, que a duras penas les permite cumplir los 30 años, descabezando a las familias y dejándolas a merced de los explotadores.

Azarosamente, el cronista encontró otro mundo paralelo que no es noticia, que es ignorado, que las mujeres sufren en silencio y que los niños pronto entienden. Un machismo y una vileza que está profundamente arraigado en el espíritu minero:

“Las noticias eran los derrumbes en la mina, los problemas laborales, pero nunca las palizas, las violaciones incluso dentro de las familias. Eran casos horribles. Yo me metí en un universo minero con unas características bien conocidas: los mineros como héroes, como protagonistas de la lucha política, como huelguistas que acaban con dictaduras, como personajes admirados. Pero me di cuenta de que ese papel de minero duro tiene otra cara. Es alguien que sufre el infierno y que luego se lo hace pasar a otro, al más débil. Ese minero explotado se convierte en explotador y lo paga con el último, que suele ser una mujer o un crío. De esto me di cuenta en el segundo viaje”.

“Alicia es la demostración evidente de que hay lugar para la esperanza”

Ander, con todo, también se esfuerza por mostrar la cara luminosa, el lado amable de ese mundo: si bien hay miseria moral y económica, existen motivos para creer en que nada es para siempre, que hay vida más allá de Potosí, que algunos lo lograrán:

“Alicia es esa demostración evidente de la brutalidad de un sistema, pero también que hay lugar para la esperanza. A mí me asombraba la lucidez y la conciencia política de esta niña, que se organizaba con otras en asambleas de menores trabajadores y que fue hasta el Congreso en La Paz para leerle una carta al presidente, Evo Morales. Es una persona especial, capaz de imaginar una vida distinta. Las madres y los mineros ya están resignados a esa realidad que les ha tocado vivir. Pero esta niña es la que se dice que va a estudiar para conseguir otro trabajo y salir de allí”.

Varias familias mineras del Potosí, reposando. (Foto: David Mercado/Reuters)
Varias familias mineras del Potosí, reposando. (Foto: David Mercado/Reuters)

La infancia de Ander no tuvo nada que ver con la de Alicia. Él nació en San Sebastián en 1976, en un lugar y en un tiempo donde todo volvía a ser nuevo; no era San Francisco en los años sesenta pero sí una ciudad que se abría al mundo. Ander adora Donostia y no la ha abandonado nunca. “Yo soy consciente de mi fortuna, más después de viajar por el mundo y ver sociedades tan distintas”, me dice. “He tenido suerte porque podría haber nacido en Berlín en los años 30 o en Níger en cualquier época”. Pero Ander creció en una casa feliz donde la lectura y el ciclismo compartían pasión y espacio.

­“Yo competí en ciclismo hasta los 20 años, el ciclismo me apasiona. Yo creo que de adulto no te puedes enganchar a algo con ese entusiasmo. Cuando me recuerdo de pequeño, me veo leyendo cómics y novelas de Julio Verne. Era la épica que me nutría, las historias que me flipaban. Pero el ciclismo estaba en esa misma categoría, aunque con la ventaja de que yo salía a la calle y Cabestany podía firmarme un autógrafo. Cabestany era mi ídolo, como el capitán Nemo [protagonista de 20.000 leguas de viaje submarino, de Verne], solo que el capitán no me podía firmar autógrafos”.

Fue un niño muy curioso. Resulta significativo ese afán de coger la bicicleta y marcharse, de viajar, de descubrir, de dejar la mente en blanco y mirar nada más que la carretera y la montaña, sentir los golpes de pedal como las pulsaciones o como respirar: como algo en lo que uno no repara, pero que te mantiene vivo. Luego fue viajando más y más lejos, hasta Bolivia, hasta Groenlandia, de continente en continente, y sin darse cuenta había encontrado aquello que le hacía feliz.

Portada del último libro de Ander Izagirre. (Fuente: Libros del K.O.)
Portada del último libro de Ander Izagirre. (Fuente: Libros del K.O.)

“Las historias de aventuras que me gustaban de pequeño fueron un primer sustrato, pero luego pude conocer a gente viajera”, ahora habla despacio, como recordando cada momento. “Nada más acabar la carrera me fui en un viaje al punto más bajo de cada continente, aquello fue para mí como un máster. Una vuelta al mundo de la mano de Josu Iztueta, que es un viajero de Tolosa. Para mí eso fue un filón: ahí descubrí cuánto me gustaba viajar, cuánto me gustaba contar historias. Me interesa la variedad de modos de vida que hay en el planeta. ¿Cómo vivirán en Groenlandia?, ¿cómo vivirán en el país más caluroso del mundo? Ahora puedo decir que he estado en esos sitios”.

Pero a veces, le digo, debe ser difícil para uno pasar tanto tiempo fuera, que a uno lo comprenda la familia, los amigos, la pareja. Ander se sorprende: “Tampoco viajo tanto, lo que pasa es que cunde mucho”. Y luego ríe. “Está claro que al principio tu entorno quiere que tengas un trabajo en el periódico de tu ciudad. Es normal. Pero de muy joven empecé a viajar y mi vida es muy sencilla: no tengo hijos, no tengo casa en propiedad, no tengo coche. Necesito poco. Como escribo tanto parece que esté todo el día fuera, pero la realidad es que el 80% de mi tiempo es estar delante del ordenador, en casa. Mi trabajo es de oficinista y de vez en cuando salgo a buscar historias”.

Este trabajo le ha valido numerosos premios en algo menos de veinte años de trayectoria, y me dispongo a enumerar solo unos pocos: el Premio Rikardo Arregi en 2001 al mejor trabajo periodístico del año en euskera por sus crónicas sobre el viaje alrededor del mundo; el Premio Marca de literatura deportiva 2005 por el libro Plomo en los bolsillos, con historias no tan conocidas del Tour de Francia; el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid de 2010 por el reportaje Mineritos, semilla de Potosí, y que también mereció el Premio Manos Unidas de ese mismo año; o el prestigioso Premio Europeo de Prensa en 2015 por el reportaje Así se fabrican guerrilleros muertos.

Los enumero no tanto por mostrar sus logros como para enlazar con una cuestión puntiaguda y que afecta a esta profesión: el imperio del ego. Porque Ander, aun siendo uno de los grandes cronistas en castellano, parece generar anticuerpos contra la vanidad:

Yo soy muy inseguro de mi trabajo. Los reportajes son más fáciles de manejar, piensas que han salido más o menos bien, puedes sentirte orgulloso de tu trabajo. Pero yo tengo la impresión de que nunca termino de rematar bien las cosas. Tendrá que ver con el carácter –en este momento duda, crea un silencio–. No tengo una idea demasiado elevada de mi trabajo. Uno debe asumir que es imperfecto. Sé que he hecho algunas cosas bien y que hay gente que quiere publicar mis libros. Pero hay muchos periodistas haciendo cosas más valiosas, y esto te lo digo de corazón”.

“Siempre tengo la sensación de haber desperdiciado la oportunidad de contar una buena historia”

Hace dos años, Ander llevó los fragmentos todavía inconexos de Potosí a los talleres de escritura que organiza la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), impulsada por Gabriel García Márquez en 1995, que cuida y premia el periodismo narrativo –o, mejor dicho, el periodismo de calidad–. Compartió horas con otros escritores latinoamericanos para retroalimentarse, para mejorar sus obras, todo el rato ante la mirada atenta del maestro Martín Caparrós, lo cual es un privilegio:

“Fui hace dos años con este libro a medias. Para los que somos escritores solitarios se aprecia esa mirada externa. Yo, por ejemplo, siempre tengo la sensación de haber desperdiciado la oportunidad de contar una buena historia. Pero uno debe asumir que es imperfecto. Ese taller fue muy útil: le di varias vueltas al libro que no le hubiera dado de lo contrario. Este año también fui, pero como ayudante de Caparrós, tomando notas y escribiendo los informes”.

Ander espera poco –o mucho– de la vida; solo seguir viajando, seguir escribiendo, seguir conociendo. Llegado el momento, le pregunto cómo se imagina en 30 años, cómo le gustaría ser recordado. Pero son cuestiones que no le preocupan; Ander persigue otras metas:

“Yo solo espero llegar a los 70 con buena salud, la curiosidad despierta y contando historias. Mi esperanza es seguir haciendo lo mismo que ahora. Quizá con 70 no pueda ir a un campamento en Pakistán, pero sí hacer otras cosas. En cuanto a la trascendencia, lo que me importa es la gente que me rodea: mi familia, mis amigos y mi novia. El resto del mundo, si aprecia mi trabajo, bien. Pero si se olvida de mí, no me importa. Yo soy feliz así”.

El lado desconocido de Amancio Ortega

Redacción TO

Foto: Iago Lopez
AP

Amancio Ortega es el segundo hombre más rico del mundo. Pero el dato es susceptible de cambiar en cualquier momento, porque la lista de millonarios que históricamente elaboraba solo de forma anual la revista Forbes se ha convertido ahora en una moderna clasificación en tiempo real y, como ya titulaba la propia publicación hace unos meses, “lo que fácil viene, fácil se va. Amancio Ortega y Bill Gates se turnan la posición de hombre más rico del mundo”. Porque el pasado septiembre, ambos intercambiaron el título en al menos cuatro ocasiones. Un mano a mano que hizo que durante las horas que duraron los dos sorpassos de Inditex, el gallego se convirtiera en la persona más acaudalada del planeta.

La mediática economía del padre de Zara contrasta con una vida discreta en La Coruña, donde vive con su segunda esposa, Flora Pérez Marcote. No concede entrevistas. No se ha escondido nunca pero tampoco se ha expuesto más de lo esctrictamente necesario. Así, nunca ha publicitado personalmente su lado filantrópico, plasmado en la fundación que lleva su nombre, cuyo objeto social es favorecer “el desarrollo de las personas”, según la propia web de la entidad.

Este reto se concreta en el trabajo en cuatro áreas: Cultura educativa (“Impulsando el cambio con el uso de nuevos instrumentos educativos y favoreciendo el acceso al conocimiento”), Infancia y juventud (“Situando a los estudiantes en el núcleo del proceso del aprendizaje potenciando sus habilidades”), Apoyo social (“Contribuyendo a encaminar las iniciativas de instituciones dedicadas a los sectores menos favorecidos”) y Sociedad/Personas (“Mejorando la calidad de vida de los beneficiarios, y facilitando soluciones, desde la igualdad de oportunidades”). O lo que es lo mismo: dar cantidades millonarias a la Seguridad Social.

Lucha contra el cáncer

Fue lo que hizo el pasado 29 de marzo, cuando anunció la donación de 320 millones de euros a la sanidad pública “para la adquisición de 290 equipos de última generación” para luchar contra el cáncer. El programa se había iniciado en Galicia y Andalucía y se extendió el mes pasado al resto de las Comunidades Autónomas.

Y la salud no es el único tema en el que trabaja la fundación del multimillonario. Cada año concede 80 becas a estudiantes gallegos y otras 420 a alumnos del resto de España para estudiar 1º de Bachillerato en Estados Unidos y Canadá. Los requisitos son estudiar 4º de ES0, tener una media igual o superior a 7 y una nota mínima de 8 en inglés en 3º de ESO, y no haber estudiado un curso en el extranjero previamente.

Las redes sociales resuenan cada vez que la Fundación Amancio Ortega anuncia una nueva donación. Por un lado, hay quienes aplauden al empresario por actuar como un filántropo y destinar millones de euros a causas sociales. Por otro, nunca faltan los críticos que opinan que se trata de una fachada para tapar las supuestas irregularidades fiscales del grupo que dirige.

Las mejores escapadas en la naturaleza a menos de una hora de Madrid

Redacción TO

Foto: Kus Cámara
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Tráfico, ajetreo, asfalto, oficinas, contaminación, gente y más gente. Tiendas, autobuses, restaurantes y aceras a rebosar, estrellas invisibilizadas por la “boina” y una contagiosa sensación de tener prisa. Es fácil amar la ciudad de Madrid, pero también sencillo desear huir, y para que el amor perdure resulta necesario vislumbrar la urbe desde la distancia de vez en cuando. El cuerpo y la mente agradecen experiencias imposibles de vivir en la capital y aunque eso de “respirar aire fresco” suene a droga hippie, un buen chute de naturaleza es a veces vital para la supervivencia de todo urbanita.

¿A dónde ir si apenas tienes un par de días?, ¿qué lugares cerca de Madrid merece la pena visitar?, ¿cómo disfrutar de un día o dos de excursión en la naturaleza sin la necesidad de hacer más de 100 kilómetros en coche? Con la llegada del buen tiempo y festivos que imponen merecidos recreos en la monotonía laboral, nada mejor que planear una escapada para recordar que existen ríos, bosques, cascadas, montañas y mágicos parajes naturales muy cerca de Madrid. Planes baratos, cercanos y apetecibles a menos de una hora de la capital española.

Las Cascadas del Purgatorio

Dentro de la Comunidad de Madrid, una impresionante cascada de cerca de 15 metros llena de sonidos un emplazamiento de excepción. Frente al Monasterio de El Paular, en el Puente del Perdón de Rascafría, empieza una fantástica ruta fantástica que lleva a uno de los parajes más bonitos de la Sierra de Guadarrama: las Cascadas del Purgatorio.

Allí, el arroyo del Aguilón, un caudaloso afluente del Lozoya, surca el valle con las montañas como telón de fondo. Robles y pinos acompañan en el camino, y muy cerca, en Rascafría, además del Monasterio, es posible encontrar restaurantes y alojamientos con los que disfrutar del resto de la jornada. También en las cercanías y perfectas para disfrutar del calor de los meses de verano, las piscinas naturales de Las Presillas ofrecen una refrescante opción para darse un chapuzón disfrutando de llamativas vistas a Peñalara.

Las mejores escapadas a menos de una hora de Madrid
Ruta desde Monasterio de El Paular a las Cascadas del Purgatorio, Rascafría | Foto: Tuscasasrurarles / Flickr

Pantano de San Juan

¿Quién dijo que Madrid no tiene playa? En el Pantano de San Juan, a pocos kilómetros de la capital, está permitido (y recomendado) el baño. El embalse dispone de varias zonas de arena donde plantar sombrilla para sentir sensaciones tropicales en pleno centro de la península. Además, se pueden alquilar barcas, piraguas, aprender en el curso de vela y en los meses de verano, darse un chapuzón sin miedo al oleaje.

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Castañar de El Tiemblo

Uno de bosques de castaños más bellos de España, contiene en su interior enormes árboles centenarios entre los que se encuentra “el abuelo del bosque“, el ejemplar de esta especie más grande de Europa con un perímetro de más de diez metros. El Castañar de El Tiemblo se encuentra en la parte más estrecha de la garganta que forma el río Yedra, casi en el límite entre Ávila y la Comunidad de Madrid.

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Los rincones de el Castañar de El Tiempo, naturaleza en estado puro | Foto: Jonybraker / Flickr

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Aldea del Fresno

Para salir de la ajetreada vida de ciudad, basta recorrer 52 kilómetros hacia el oeste. Llegaremos a una pequeña población de unos 2.500 habitantes bañada por los ríos Alberche y Perales. Se trata de Aldea del Fresno, un enclave rodeado de espectaculares paisajes y bellos senderos.

En el propio municipio, es posible visitar la torre de la Iglesia del siglo XVIII de San Pedro Apóstol y la Granja El Santo, un conjunto arquitectónico en el que destaca la ermita de San Saturio, del siglo XIV. Un simple paseo basta para disfrutar de la naturalexa, pero en un recorrido un poco más largo llegaremos a la presa de Picadas, pudiendo seguir desde allí el curso del río hacia el embalse de San Juan que mencionábamos más arriba.

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Uno de los rincones que visitar en los alrededores de Aldea del Fresno | Foto: Wikimedia

La Pedriza

“Parece mentira que estemos tan cerca de Madrid” es, por norma, el primer pensamiento que aparece en la menta al recorrer el Parque Natural de La Pedriza, en la Sierra de Guadarrama y perteneciente al municipio de Manzanares el Real. Cada rincón de este tesoro natural esconde placeres para la vista y aunque no se trate de ningún secreto y ciertas zonas estén más que concurridas, resulta sencillo perderse entre sus senderos hasta encontrar la paz.

En este berrocal de 3.200 hectáreas encontraremos riscos, arroyos y praderas, una vegetación que mezcla el bosque mediterráneo y la de alta montaña y una variada fauna entre la que destacan las águilas, los reptiles y las cabras. Se trata de una zona de gran interés geológico y paisajístico que ya contó con presencia humana desde la Edad de Bronce, pero que más de 3.000 años después, ha conseguido mantener, a pesar de los turistas, su encanto natural.

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Una de las “piscinas” escondidas en La Pedriza | Foto: Nicolas Vigier /Flickr

La Chorrera de los Litueros

Con más de 30 metros de altura, la Chorrera de los Litueros es la cascada más alta de la Comunidad de Madrid. Para llegar, basta recorrer una sencilla ruta desde el Puerto de Somosierra, disfrutando a nuestro paso del bosque centenario conocido como Dehesa Bonita. El agua procede del el arroyo del Caño, formado por manantiales de las cumbres y es su caudal el que da origen al nacimiento del río Duratón.

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Vista de las cascadas de la Chorrera de Litueros | Foto: Jesús Pérez Pachecho / Flickr

La gran estafa del festival más caro del mundo

Redacción TO

Foto: CARLO ALLEGRI
Reuters

Lo vendieron como el festival de música más caro del mundo, el más sofisticado. Prometieron que asistirían actrices, modelos e influencers de todas partes del mundo. El Fyre Festival debía ser como Instagram, lleno de glamour y cuerpos esbeltos en un entorno único, las Bahamas, bajo un sol radiante, con los pies desnudos sobre la arena fina y frente al océano. La música, francamente, era lo de menos.

Sin embargo, todo ha salido mal.

Ni la comida ha sido vanguardista, ni el viaje cómodo, ni la estancia equiparable a un lujoso balneario de Florida. Basta con pasear a través de los hashtag #fyrefest y #fyrefestival en Twitter para descubrir que los asistentes no solo están descontentos, sino también furiosos, y que muchos de ellos se agolpan en el aeropuerto para salir corriendo de la isla. Aunque, según parece, la organización no está facilitando la fuga: se han anunciado largas esperas y los perjudicados se encuentran en salas sin agua ni comida.

Las suits prometidas, como decíamos, no son las mejores…

…y la comida dista mucho de ser apetecible.

El Fyre Festival fue creado por el rapero Ja Rule y el empresario Billy MacFarland para competir con Coachella, otra cita musical de primavera, a pesar de establecer unos precios desorbitados; el pase más económico ascendía a 1.500 euros. Para promocionarlo, según la revista Vanity Fair, Ja Rule y MacFarland pagaron a más de 400 estrellas de las redes sociales que se convirtieron en imagen del evento, cuya celebración se divide entre este fin de semana y el que viene. Ninguna de ellas se ha manifestado hasta el momento.

Quien sí lo ha hecho es el grupo Blink 182, uno de los cabezas de cartel. En un escueto comunicado, la banda ha lamentado tener que anular su concierto porque no confían en que se les asegure la “calidad de la actuación” que siempre ofrecen a sus seguidores.

El caos se ha extendido de tal manera que el propio gobierno de las Bahamas ha manifestado en las redes sociales su “decepción” con la gestión del evento y ha pedido disculpas a los turistas que han visitado el país a propósito del festival.

El Fyre Festival auguraba un éxito arrollador cuando, antes de anunciar los grupos invitados, las entradas se habían agotado. Sin embargo, algunos medios ya alertaron de que los trabajadores estaban encontrando problemas a la hora de instalar las suits de lujo para sus clientes. Asimismo, The Wall Street Journal publicó que los artistas estaban sufriendo retrasos en los pagos de sus emolumentos y que, en aquel punto, existía un riesgo de que la organización perdiera el control del festival.

Finalmente, los peores pronósticos se han ido cumpliendo uno por uno.

Things got off to an unexpected start at day one of Fyre Festival. FOR THOSE CURRENTLY ON GREAT EXUMA We are working to comfortably accommodate guests and deliver a great experience. If you have needs, please head to the “BLUE HOUSE” on the main festival site. Security, first aid, and Fyre Festival staff are here to assist immediately, 24/7. FOR THOSE WITH PENDING TRAVEL TO THE EXUMAS TOMORROW Due to circumstances beyond our control, and in line with a culture of safety, all inbound charter flights to the Exumas have been canceled. Your ticket and any funds uploaded to your RFID band will be refunded. Thank you for bearing with us as we work through the growing pains that every first year event experiences. Revised itinerary information will be shared soon for the remainder of this weekend and weekend two.

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'La vista desde aquí', una conversación en la era de la dispersión digital

Lidia Ramírez

Foto: Cecilia de la Serna
The Objective

Una de las características que distinguen al ser humano de los animales, es la capacidad de hablar, acto que permite a la persona comunicar mensajes y obtener una respuesta de su interlocutor, proceso que se lleva a cabo para alcanzar un fin. La generalización de los mensajes de móvil y de las redes sociales ha cambiado radicalmente la forma de comunicarnos y las relaciones interpersonales, y existe cierta preocupación sobre cómo esos nuevos hábitos están afectando a la capacidad de conversar y a las relaciones cara a cara. La psicóloga del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Sherry Turkle, que lleva tres décadas estudiando cómo nos adaptamos a los avances de la tecnología y cómo influyen en nuestras relaciones, aseguraba en su último libro, ‘Reclaiming Conversation: the power of talk in a digital age’, que a veces se olvida que hay una nueva generación que ha crecido sin saber lo que es una conversación ininterrumpida.

Poco queda ya de los salones de la Francia literaria, los cafés de la gran Viena o las tertulias del Madrid intelectual. Sin embargo, a pesar de que el arte de la conversación haya perdido altura, es condimento insustituible de una buena literatura. Ejemplo de ello es el último libro publicado por el periodista, escritor y editor de El Subjetivo, Ignacio Peyró, ‘La vista desde aquí: una conversación con Valentí Puig’ (Elba Editorial). Una mirada no fatalista sobre la España moderna, no pocas consideraciones sobre Cataluña, abundante crítica social y cultural, etc. Nueve partes que han sido el resultado de años de intercambio amistoso e intelectual con un referente de las letras españolas, el escritor y articulista catalán Valentí Puig, también colaborador de la sección de opinión de The Objective, a quien Peyró define como alguien “capaz de manejarse con solvencia tanto en la literatura pura –de la novela a la ficción– como en el pensamiento sobre la política”, y de quien destaca su estilo y calidad de la prosa.

'La vista desde aquí': una conversación en la era de la dispersión digital 1
Ignacio Peyró en un momento de la presentación de ‘La vista desde aquí’ en la librería Neblí. | Foto: Cecilia de la Serna/The Objective

Sin duda, dos ideales recorren este sincero y sustancioso diálogo entre Valentí Puig e Ignacio Peyró: el arte de conversar y la voluntad de conservar, ante la urgencia de rescatar el primero como aprendizaje recíproco de la humanidad y la segunda como alternativa a la ruptura; a modo de legado de sensatez que pueda ayudarnos a afrontar las incertidumbres propias del cambio de época en el que vivimos. Una lección de responsabilidad intelectual y de amor por los libros y las ideas donde muchos lectores encontrarán pistas inmejorables sobre autores y nuevas luces sobre temas más clásicos o más modernos. Aunque, según nos cuenta el propio Ignacio, quien siente un gran afecto y admiración por la figura y obra de Valentí Puig, “quizá la parte que uno más valore sea la que afecta al itinerario intelectual del propio Puig, un maestro para mí y para muchos”, y agrega que “para las personas que conocen a Valentí es como pasar un rato con un amigo”.

'La vista desde aquí': una conversación en la era de la dispersión digital 2
Valentí Puig en un momento de la presentación de ‘La vista desde aquí’ en la librería Neblí. | Foto: Cecilia de la Serna/The Objective

Para el escritor y articulista catalán, este libro “es el resultado de largas conversaciones en bares, callejeando, en torno a una buena mesa, por teléfono…a las que Ignacio decidió darle forma de libro tras complementarlas con varios correos electrónicos y llamadas telefónicas”. “Es como una macedonia de frutas”, asegura el escritor, quien agradece a Peyró el haber contado con él para este apasionante proyecto en tiempos en los que “leer y hacer ostentación de ello es un signo cool“.

En definitiva, ‘La vista desde aquí’ es una gran oportunidad para reflexionar sobre cuestiones de fondo de nuestro tiempo, cuando el arte de conversar está desapareciendo dando lugar a tertulias mediáticas que acostumbran a ser la anti-conversación, y en un ciclo en el que es posible que el diálogo esté adquiriendo un nuevo prestigio social, como contraste o incluso por esnobismo.

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