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Ander Izagirre: “No tengo una idea demasiado elevada de mi trabajo”

Jorge Raya Pons

Cada libro de Ander Izagirre es como un respiro: Ander es uno de los últimos románticos del oficio y su voz sirve como luz que guía a los periodistas que vienen. Ander es un hombre humilde que no alardea, que no presume, que ejemplifica el significado de sencillez y que mide cada palabra que emplea. Pero esto lo iremos descubriendo. Porque cuando Ander habla, lo hace con mesura, sereno, aunque poco a poco se suelta, bromea, se confiesa. Su trabajo como periodista es meritorio y valioso, encarna el periodismo de siempre, el que se pierde, el que requiere tiempo y valor y paciencia y un determinado sentido de la responsabilidad que solo se comprende desde la perspectiva del que asume el periodismo como un propósito, como algo más.

Acaba de llegar a las librerías Potosí (Libros del K.O.), un libro que es un reportaje y una novela y que nos abre un mundo minero violento, supersticioso, injusto, donde la explotación y la miseria lo impregnan todo, donde el protagonista es un Cerro Rico que es un infierno en la Tierra.

“Muchas veces los periodistas vemos lo que queremos ver”, me dice Ander. “Yo viajé por primera vez a Bolivia hace siete años para contar el trabajo infantil en las minas. Conocía la situación y fui a buscar una historia. Pero decidí estar un tiempo en el sitio y eso me permitió conocer a más gente, y entonces comenzaron a aflorar otras historias”.

Un minero boliviano traslada minerales en la mina del Rosario, en Potosi. (Foto: David Mercado/Reuters)
Un minero boliviano traslada minerales en la mina del Rosario, en Potosi. (Foto: David Mercado/Reuters)

Ander quería explicar qué tipo de mundo conduce a una niña como Alicia, de doce años, a verse obligada a trabajar en una mina en peligro de derrumbe constante, sin seguridad laboral, cobrando un sueldo de miseria, sin cobrarlo, rompiéndose la espalda y renunciando a cualquier futuro. O cómo viven y mueren los tipos sin nombre en las minas, en accidentes o por enfermedades como la silicosis, que a duras penas les permite cumplir los 30 años, descabezando a las familias y dejándolas a merced de los explotadores.

Azarosamente, el cronista encontró otro mundo paralelo que no es noticia, que es ignorado, que las mujeres sufren en silencio y que los niños pronto entienden. Un machismo y una vileza que está profundamente arraigado en el espíritu minero:

“Las noticias eran los derrumbes en la mina, los problemas laborales, pero nunca las palizas, las violaciones incluso dentro de las familias. Eran casos horribles. Yo me metí en un universo minero con unas características bien conocidas: los mineros como héroes, como protagonistas de la lucha política, como huelguistas que acaban con dictaduras, como personajes admirados. Pero me di cuenta de que ese papel de minero duro tiene otra cara. Es alguien que sufre el infierno y que luego se lo hace pasar a otro, al más débil. Ese minero explotado se convierte en explotador y lo paga con el último, que suele ser una mujer o un crío. De esto me di cuenta en el segundo viaje”.

“Alicia es la demostración evidente de que hay lugar para la esperanza”

Ander, con todo, también se esfuerza por mostrar la cara luminosa, el lado amable de ese mundo: si bien hay miseria moral y económica, existen motivos para creer en que nada es para siempre, que hay vida más allá de Potosí, que algunos lo lograrán:

“Alicia es esa demostración evidente de la brutalidad de un sistema, pero también que hay lugar para la esperanza. A mí me asombraba la lucidez y la conciencia política de esta niña, que se organizaba con otras en asambleas de menores trabajadores y que fue hasta el Congreso en La Paz para leerle una carta al presidente, Evo Morales. Es una persona especial, capaz de imaginar una vida distinta. Las madres y los mineros ya están resignados a esa realidad que les ha tocado vivir. Pero esta niña es la que se dice que va a estudiar para conseguir otro trabajo y salir de allí”.

Varias familias mineras del Potosí, reposando. (Foto: David Mercado/Reuters)
Varias familias mineras del Potosí, reposando. (Foto: David Mercado/Reuters)

La infancia de Ander no tuvo nada que ver con la de Alicia. Él nació en San Sebastián en 1976, en un lugar y en un tiempo donde todo volvía a ser nuevo; no era San Francisco en los años sesenta pero sí una ciudad que se abría al mundo. Ander adora Donostia y no la ha abandonado nunca. “Yo soy consciente de mi fortuna, más después de viajar por el mundo y ver sociedades tan distintas”, me dice. “He tenido suerte porque podría haber nacido en Berlín en los años 30 o en Níger en cualquier época”. Pero Ander creció en una casa feliz donde la lectura y el ciclismo compartían pasión y espacio.

­“Yo competí en ciclismo hasta los 20 años, el ciclismo me apasiona. Yo creo que de adulto no te puedes enganchar a algo con ese entusiasmo. Cuando me recuerdo de pequeño, me veo leyendo cómics y novelas de Julio Verne. Era la épica que me nutría, las historias que me flipaban. Pero el ciclismo estaba en esa misma categoría, aunque con la ventaja de que yo salía a la calle y Cabestany podía firmarme un autógrafo. Cabestany era mi ídolo, como el capitán Nemo [protagonista de 20.000 leguas de viaje submarino, de Verne], solo que el capitán no me podía firmar autógrafos”.

Fue un niño muy curioso. Resulta significativo ese afán de coger la bicicleta y marcharse, de viajar, de descubrir, de dejar la mente en blanco y mirar nada más que la carretera y la montaña, sentir los golpes de pedal como las pulsaciones o como respirar: como algo en lo que uno no repara, pero que te mantiene vivo. Luego fue viajando más y más lejos, hasta Bolivia, hasta Groenlandia, de continente en continente, y sin darse cuenta había encontrado aquello que le hacía feliz.

Portada del último libro de Ander Izagirre. (Fuente: Libros del K.O.)
Portada del último libro de Ander Izagirre. (Fuente: Libros del K.O.)

“Las historias de aventuras que me gustaban de pequeño fueron un primer sustrato, pero luego pude conocer a gente viajera”, ahora habla despacio, como recordando cada momento. “Nada más acabar la carrera me fui en un viaje al punto más bajo de cada continente, aquello fue para mí como un máster. Una vuelta al mundo de la mano de Josu Iztueta, que es un viajero de Tolosa. Para mí eso fue un filón: ahí descubrí cuánto me gustaba viajar, cuánto me gustaba contar historias. Me interesa la variedad de modos de vida que hay en el planeta. ¿Cómo vivirán en Groenlandia?, ¿cómo vivirán en el país más caluroso del mundo? Ahora puedo decir que he estado en esos sitios”.

Pero a veces, le digo, debe ser difícil para uno pasar tanto tiempo fuera, que a uno lo comprenda la familia, los amigos, la pareja. Ander se sorprende: “Tampoco viajo tanto, lo que pasa es que cunde mucho”. Y luego ríe. “Está claro que al principio tu entorno quiere que tengas un trabajo en el periódico de tu ciudad. Es normal. Pero de muy joven empecé a viajar y mi vida es muy sencilla: no tengo hijos, no tengo casa en propiedad, no tengo coche. Necesito poco. Como escribo tanto parece que esté todo el día fuera, pero la realidad es que el 80% de mi tiempo es estar delante del ordenador, en casa. Mi trabajo es de oficinista y de vez en cuando salgo a buscar historias”.

Este trabajo le ha valido numerosos premios en algo menos de veinte años de trayectoria, y me dispongo a enumerar solo unos pocos: el Premio Rikardo Arregi en 2001 al mejor trabajo periodístico del año en euskera por sus crónicas sobre el viaje alrededor del mundo; el Premio Marca de literatura deportiva 2005 por el libro Plomo en los bolsillos, con historias no tan conocidas del Tour de Francia; el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid de 2010 por el reportaje Mineritos, semilla de Potosí, y que también mereció el Premio Manos Unidas de ese mismo año; o el prestigioso Premio Europeo de Prensa en 2015 por el reportaje Así se fabrican guerrilleros muertos.

Los enumero no tanto por mostrar sus logros como para enlazar con una cuestión puntiaguda y que afecta a esta profesión: el imperio del ego. Porque Ander, aun siendo uno de los grandes cronistas en castellano, parece generar anticuerpos contra la vanidad:

Yo soy muy inseguro de mi trabajo. Los reportajes son más fáciles de manejar, piensas que han salido más o menos bien, puedes sentirte orgulloso de tu trabajo. Pero yo tengo la impresión de que nunca termino de rematar bien las cosas. Tendrá que ver con el carácter –en este momento duda, crea un silencio–. No tengo una idea demasiado elevada de mi trabajo. Uno debe asumir que es imperfecto. Sé que he hecho algunas cosas bien y que hay gente que quiere publicar mis libros. Pero hay muchos periodistas haciendo cosas más valiosas, y esto te lo digo de corazón”.

“Siempre tengo la sensación de haber desperdiciado la oportunidad de contar una buena historia”

Hace dos años, Ander llevó los fragmentos todavía inconexos de Potosí a los talleres de escritura que organiza la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), impulsada por Gabriel García Márquez en 1995, que cuida y premia el periodismo narrativo –o, mejor dicho, el periodismo de calidad–. Compartió horas con otros escritores latinoamericanos para retroalimentarse, para mejorar sus obras, todo el rato ante la mirada atenta del maestro Martín Caparrós, lo cual es un privilegio:

“Fui hace dos años con este libro a medias. Para los que somos escritores solitarios se aprecia esa mirada externa. Yo, por ejemplo, siempre tengo la sensación de haber desperdiciado la oportunidad de contar una buena historia. Pero uno debe asumir que es imperfecto. Ese taller fue muy útil: le di varias vueltas al libro que no le hubiera dado de lo contrario. Este año también fui, pero como ayudante de Caparrós, tomando notas y escribiendo los informes”.

Ander espera poco –o mucho– de la vida; solo seguir viajando, seguir escribiendo, seguir conociendo. Llegado el momento, le pregunto cómo se imagina en 30 años, cómo le gustaría ser recordado. Pero son cuestiones que no le preocupan; Ander persigue otras metas:

“Yo solo espero llegar a los 70 con buena salud, la curiosidad despierta y contando historias. Mi esperanza es seguir haciendo lo mismo que ahora. Quizá con 70 no pueda ir a un campamento en Pakistán, pero sí hacer otras cosas. En cuanto a la trascendencia, lo que me importa es la gente que me rodea: mi familia, mis amigos y mi novia. El resto del mundo, si aprecia mi trabajo, bien. Pero si se olvida de mí, no me importa. Yo soy feliz así”.

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Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica

Redacción TO

Foto: Cliff Owen
AP

Esta es una historia de mujeres imparables. La de seis niñas afganas, amantes de la robótica, que batieron todos los prejuicios y limitaciones para lograr su meta: participar en el First Global Challenge, una competición tecnológica para estudiantes de todo el mundo, que se celebra en Washington D.C. Después de que las autoridades estadounidenses rechazaran en dos ocasiones su visa para poder entrar al país, el equipo ha quedado en segundo lugar en la competición. Los jueces del concurso las han premiado por su “valiente logro” y por su “actitud de puedes lograrlo”, según informa Al Jazeera. El robot que construyeron con materiales domésticos va a volver a Afganistán con una medalla de plata colgada.

Porque esta es también la historia de la lucha por un sueño. El sueño por el que seis niñas lucharon contra las tradiciones de un país que discrimina a las mujeres. Formaron un equipo para construir robots en una región que lleva años azotada por la guerra. Recorrieron los 500 kilómetros que separaban su ciudad de Kabul para conseguir la visa que les permitiera entrar en Estados Unidos y fueron rechazadas. Pero volvieron. Porque 500 kilómetros no iban a poder con ese sueño imparable.

Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica 1
Una de las integrantes del equipo de Afganistán revisa el funcionamiento de su robot. | Foto: Kawsar Rashan/AP

La segunda vez que su solicitud fue rechazada, más de 150 adolescentes de todo el mundo habían recibido luz verde para entrar en el país y competir. El motivo del rechazo no fue hecho público. Aunque Afganistán no está incluido en la lista de países a los que Estados Unidos ha impuesto un veto migratorio (Irán, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yemen), sí es sometido a controles extremos.

“No somos un grupo terrorista”

La desilusión de las niñas por no poder viajar al concurso dio la vuelta al mundo. “Cuando oímos que éramos rechazadas, perdimos la esperanza”, dijo a Associated Press Sumaya Farooqui, de 14 años. “No somos un grupo terrorista que vaya a América y asuste a la gente“, contó Fatima Qadiryan, de 14 años.

La reacción de los expertos no se hizo esperar. “Esto es una desilusión tremenda, son unas muchachas extraordinariamente valientes”, dijo el presidente del concurso, el excongresista demócrata Joe Sestak, según recogieron los medios.

Finalmente, una semana antes de que empezara la competición, el equipo consiguió una excepción bajo el pretexto de “Importante beneficio público”, después de la intervención de última hora del presidente Donald Trump. “Mi sueño es construir robots. Solo queríamos demostrar al mundo nuestro talento, para que supieran que las chicas afganas también tenemos capacidades“, señaló Qadiryan. Y vaya sí las tenían.

Chicas al poder

De los 830 adolescentes que han participado en esta competición tecnológica, solo 209 eran chicas. Sin embargo, el 60% de los equipos que participaron fue fundado, liderado u organizado por mujeres.

En total, había seis equipos formados exclusivamente por mujeres: Estados Unidos, Gana, Jordania, los territorios Palestinos y la isla del Pacífico Vanuatu. “Es muy díficil para nosotras porque todo el mundo piensa que construir robots es solo para chicos“, dijo a Al Jazeera Samira Bader, de 16 años, del equipo de Jornadia. La joven añadió que buscaban demostrar que las chicas también podían hacerlo.

Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica
Las estudiantes afganas celebran su victoria. | Foto: Jacquelyn Martin/AP

Colleen Johnson, del equipo de Estados Unidos y también de 16 años, apuntó a la misma cadena que esperaba que llegara el día que “los equipos solo de chicas no fueran más especiales que los equipos solo masculinos o mixtos, porque ya fueran completamente normales y aceptados”.

La atención mediática que ha recibido la competición —donde han desaparecido los seis integrantes del equipo de Burundi— gracias al equipo afgano ayuda a hacer más visible el papel que juegan las mujeres en ciencia y tecnología.  De momento, el mundo ya las conoce a ellas. Son las soñadoras afganas.

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Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo y España no es uno de ellos

Redacción TO

Foto: ELOY ALONSO
Reuters

En la esfera internacional, los españoles tenemos fama de perezosos, de pasar todo el día de fiesta o de dormir la siesta. Estos prejuicios están muy equivocados como pone de manifiesto un nuevo estudio en el que se asegura que España es uno de los países más activos del mundo.

Un grupo de científicos estadounidenses ha estudiado durante meses la actividad física de más de 700.000 personas en todo el mundo a través de la aplicación Argus, y ha usado los datos anónimos de estas personas para elaborar un mapa con los países más activos y más sedentarios del mundo.

Los científicos de la Universidad de Stanford han analizado la actividad física de personas de 111 países, recopilada durante unos 95 días de media, sumando en total 68 millones de días de actividad física registrados.

¿Quiénes son los más activos?

España es el quinto país más activo del mundo. Los españoles dan 5.936 pasos de media al día, solo superados por China, Japón, Rusia y Ucrania.

La aplicación, instalada en los smartphones de 717.000 personas, cuenta los pasos diarios que da cada uno de los individuos, así como las calorías quemadas durante el ejercicio físico, además de controlar los periodos de reposo y la dieta de cada persona.

Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo, y España no es uno de ellos 2
Los investigadores han creado un mapa de actividad en el mundo. | Foto: Tim Althoff/ Universidad de Stanford

Hong Kong es el lugar más activo del mundo, con una media de 6.880 pasos al día.

¿Quiénes son los menos activos?

Los países más inactivos se encuentran sobre todo en el Golfo Pérsico, como Arabia Saudí y Qatar, y en el sudeste asiático, como Filipinas y Malasia. Los ciudadanos con menos actividad física diaria son los indonesios, con casi la mitad de pasos que los chinos.

Los países de América Latina se encuentran hacia la mitad de la tabla, con Brasil en el puesto 40, por ejemplo. Los venezolanos, argentinos o colombianos tampoco son muy activos.

Pero quizás los que más destacan en este mapa son países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, que se encuentran entre los diez lugares menos activos y los más obesos del mundo.

Desigualdad entre géneros

Además de medir el nivel de actividad física que existe en cada país, con este estudio los investigadores han descubierto una gran diferencia entre hombres y mujeres en ciertos países.

Algunos estudios hechos anteriormente, principalmente en Estados Unidos, habían mostrado que los hombres andan más que las mujeres, y las investigaciones de la Universidad de Stanford demuestran que este hecho es cierto también a nivel global.

Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo, y España no es uno de ellos 3
Las mujeres suelen tener menos actividad física en los países con desigualdad entre géneros. | Foto: Bob Edme/AP

Sin embargo, la desigualdad varía según el país. “Por ejemplo, Suecia tiene una de de las menores grietas entre los ‘ricos’ y los ‘pobres’ en lo que se refiere a actividad, y tiene la menor disparidad entre los pasos de los hombres y las mujeres”, explica uno de los autores del informe, Tim Althoff.

Además, explica que la desigualdad afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. “Cuando la desigualdad en la actividad es mayor, la actividad de las mujeres se reduce mucho más dramáticamente que la de los hombres”, explica otro de los autores principales del informe, Jure Leskovec.

La desigualdad y la obesidad

Los lugares donde los índices de obesidad son más bajos tienen una mayor igualdad en cuanto a actividad física y sus ciudadanos andan una cantidad de pasos similar.

“En países con poca obesidad, la gente mayoritariamente da una cantidad de pasos similar al día. Pero las grandes diferencias entre la gente que anda mucho y la que anda muy poco coinciden con altos niveles de obesidad”, explica el informe.

Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo, y España no es uno de ellos 4
La obesidad es mayor en países donde hay una gran desigualdad entre la cantidad de pasos que anda cada ciudadano. | Foto: Mark Lennihan/AP

Un ejemplo de esto es Estados Unidos, que se sitúa en el cuarto puesto por la cola respecto a desigualdad en actividad, también es el quinto por abajo en diferencias entre géneros y tiene unos elevados índices de obesidad.

Los investigadores querían ayudar con este estudio a determinar por qué la obesidad es un problema mayor en algunos países, ya que alrededor de 5,3 millones de personas mueren por causas asociadas a la falta de actividad física cada año.

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Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Beatriz García

Foto: Gunther Von Hagens
Gunther Von Hagens

Dice la asirióloga e historiadora Érica Couto-Ferreira que “somos porque nuestros cuerpos existen” y aunque el suyo se refleje, como es natural, en la superficie de los espejos, los evita desde niña porque los asocia a presencias sobrenaturales que se mueven a través de ellos. También le recuerdan a la muerte, esa muerte material, de la carne, que le provoca tanta fascinación como miedo. Conocida por los amantes del género por el podcast literario ‘Todo tranquilo en Dunwich’, que conduce junto a José Luis Forteza, esta gallega que vive en Italia, país en el que cada iglesia hay criptas con osarios, reliquias de santos y cuerpos incorruptos expuestos en vitrinas, ha cambiado las ruinas y los ritos de civilizaciones antiguas por los teatros anatómicos del siglo XIX, las sociedades de petrificadores, los cuerpos convertidos en arte y la obsesión por parecer eternamente dormidos, inmortales, en un libro que desentierra uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad: la muerte física y la forma en que nos acercamos a ella.

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Érica Couto-Ferreira. Foto via Érica Couto-Ferreira.

El libro ‘Cuerpos. Las otras vidas del cadáver’ (Ed. Gasmask, 2017) es tanto una reflexión sobre el buen y mal morir como un viaje histórico, inquietante y, si se me permite, bastante divertido hacia los mil y un usos del cadáver como objeto político, médico, técnico, artístico y como depositario de la memoria familiar. Un retablo de anécdotas y referencias literarias sobre diarios de verdugos, difuntos convertidos en arte, danzas macabras, vampirismos y aquellos científicos y artistas que creyeron que muertos somos más longevos que vivos.

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Lección de Anatomía, de Rembrandt

A mí la idea de morirme me aterroriza, pero me gusta pasear por los cementerios. Raro, ¿no?

Es que la muerte que queremos ver es una muerte exótica, estética, hermosa, o  bien marcada por la normalidad, como la muerte que sucede de forma violenta, por guerras, terrorismo… Pero el fallecimiento cotidiano por vejez o enfermedad es lo que nos espanta, porque está en nuestro día a día y nos recuerda que nosotros también vamos a morir. Lo que nos atrae es el carácter morboso de la muerte ficticia, la artística, la que no vamos a vivir.

Pienso en las catacumbas de Palermo o en las obras de Fragonard que aparecen en el libro y ya no sé si el arte imita a la vida o la muerte al arte.

Y además muchas de estas obras evocan belleza e incorruptibilidad, y eso no es realmente la muerte, que es putrefacción y decadencia. Y en parte está ligado a que hasta época muy reciente la ciencia y el arte no estaban separados. Por ejemplo, los médicos del siglo XIX y principios del XX estudiaban lenguas clásicas, poesía y arte, y estaban en contacto con grupos intelectuales y literarios, lo que les permitía conjugar más elementos en sus investigaciones y preparados. Y considero que eso lo hemos perdido con la especialización que existe hoy en día.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 2
El jinete del anatomista Honoré Fragonard

Pero no siempre hubo esa obsesión por embellecer e inmortalizar la muerte…

No, en época medieval encontramos manuscritos iluminados y detalles de iconografía arquitectónica que muestran la muerte real, que es el esqueleto que baila. Al inicio de la edad moderna todavía está muy presente y, poco a poco, se abandonan esos motivos y vamos hacia la idea del muerto vivo, del muerto incorruptible, del muerto dormido.

Cuentas en el libro que algunas familias del siglo XIX tenían las costumbre de exhibir el cadáver de sus difuntos en el salón de casa. Pienso en Martin van Butchell, el excéntrico dentista londinense que embalsamó a su mujer y la colocó en su consulta…

Sí, Butchell tenía fama muy merecida de excéntrico, pero cuando se casó por segunda vez a la nueva esposa no le gustaba la idea de que tuviera expuesto el cadáver de la primera y lo donó al Hunterian Museum de Londres. En cuanto a lo que comentas de los muertos en los hogares, imagino que no habrían muchas familias que pudiesen acceder a ese tratamiento, pero nos habla de una sociedad con menores restricciones legales y sociales a ese respecto. Hoy en día un comportamiento así sería imposible, pero en el siglo XIX todavía podías mantener cerca a los propios difuntos de manera literal.

“El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo”

Igualmente, hay comportamientos muy similares hoy en día aunque las formas hayan cambiado. Creo que hay empresas en Japón que fabrican reproducciones exactas de tus hijos muertos y hace unos meses también una compañía proponía realizar vinilos utilizando cenizas del muerto y con la posibilidad de escuchar su voz grabada. No creo que estemos volviendo al pasado, pero tenemos la misma necesidad de lidiar con la muerte y el duelo.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 4
Las catacumbas de Palermo

¿Estamos perdiendo el pudor a la muerte?

A mí me gustaría pensar que sí, pero tengo mis dudas. Creo que este tipo de encargos que predomina es ficticio, solamente estético, como ir un paso más allá de lo que es la tanatomorfosis y la aniquilación del cuerpo. Me refiero a saltarse esa fase entre la agonía y el después, porque igualmente uno no quiere ver la parte más terrible del cuerpo que se deshacen. Es otro mirar a un lado, o más allá del cadáver.

¿Y eso de que la muerte nos iguala a ricos y pobres?

Nadie puede escapar a la muerte  y eso es cierto, pero no nos iguala. No es lo mismo morir apedreado porque el gobierno de tu país así ha decidido hacer justicia o morir como el gran dictador que nunca ha pagado por sus crímenes y al que realizan un funeral de estado que dura una semana.

“Siento una fascinación ilimitada por la muerte y los cadáveres, pero también me provocan miedo y rechazo”

Por no hablar de quienes antaño aspiraban a vivir eternamente pero no por propia voluntad, como los criminales a los que se les imponían destinos aborrecibles. El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo de lo que no debía hacerse.

Así que un cadáver es también un instrumento político…

Lo vemos diariamente, con estas grandes tumbas de generales, dictadores y cabecillas varios que siguen ahí. El mismo Lenin, que quería ser enterrado, sigue en su tumba convertida casi en icono del capitalismo.

Y luego está la venganza en vida y, sobre todo, más allá de ella.

Arqueológicamente se han encontrado muchos ejemplos en distintos periodos cronológicos y áreas de sepulturas que presentan un cadáver enterrado de una manera anormal, que no era consuetudinaria en la cultura o contexto en que ese cadáver se inscribe. En muchos casos era una manera de neutralizar el cadáver o de castigarlo más allá de la muerte, indicando su pertenencia a un credo herético o etnia repudiada… No estamos libres de eso ni cuando nos morimos.

¿Qué te parece que se expongan cuerpos en los museos?

Crea debate y te obliga a pensar y confrontar con otras personas que no piensan como tú. Yo siento una fascinación morbosa por determinadas colecciones, cuando visité el Hunterian estaba emocionadisima, pero al cabo de media hora tuve que salir porque me estaba mareando y tenía náuseas. Eso explica muy bien mi relación con la muerte y los cadáveres, por una parte siento una fascinación ilimitada, pero también una cierta reacción de miedo o rechazo.

Hablas del oficio de verdugo y de las memorias que escribían. Eran peor vistos que el cobrador del frac.

Sí, pero socialmente se estimaba necesario y se ganaban bien la vida, aunque les estuviera vetado el acceso a ciertos espacios públicos y se casasen entre familias de verdugos por su estigma social.

Ya no existen verdugos ni petrificadores pero, ¿se sigue embalsamando gente?

Creo que el Papa Juan Pablo tuvo una embalsamado no permanente para que durase varias semanas incorrupto y poder organizar los funerales de estado, pero ni siquiera hoy duran mucho tiempo. Fue parte de un período de investigación científica y no cuajó por el coste y porque no se consiguió perfeccionar. Aunque es cierto que en países como Estados Unidos hay más tradición, ya que durante la Guerra Civil se embalsamaron muchos cadáveres de soldados para ser devueltos a las familias. En Europa somos más de inhumar o cremar, pero todavía podemos copiar a los norteamericanos…

Como buena gallega, quizás hayas visto algún rito de muerte en los pueblos. He oído que en algunos se siguen haciendo fotografías post mortem.

De fotografía postmortem no sé nada, pero existe todavía una serie de ritos ligados a la muerte o al servicio de ser salvado de la muerte, como las procesiones de las mortajas. Cuando una persona está al borde de la muerte puede hacer un voto con determinado santo y si es salvada su cuerpo es transportado en ataúd, fingiendo que ha muerto, hasta la capilla en la que hizo ese voto. Con los exvotos pasa algo parecido, lo que entregas simboliza tu cuerpo viejo o enfermo, tu vida anterior. Cuando tenía 4 años caí muy enferma y mi familia hizo un voto, cuando me recuperé me llevaron al santuario cubierta con un tul que luego depositaron en el altar y que simbolizaba el cuerpo, el viejo cuerpo enfermo. Quizás sean prácticas menos vigentes ahora, pero se juega mucho con la idea de muerte y de nueva vida.

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Continua leyendo: Facebook tiene cuatro tipos de usuarios y este estudio lo demuestra

Facebook tiene cuatro tipos de usuarios y este estudio lo demuestra

Redacción TO

Foto: Marco Verch
Flickr

Facebook tiene miles de millones de usuarios en todo el mundo. Gente de diferentes edades, culturas, clases sociales y con vidas muy diversas. Una gran parte de estos usuarios utilizan la red social a diario y, a pesar de sus grandes diferencias, las actividades que llevan a cabo cuando navegan por Facebook muestran que todos se parecen más de lo que pensamos.

Un grupo de investigadores de la Universidad Brigham Young de Estados Unidos decidió estudiar por qué los usuarios de Facebook utilizan esta red social. “¿Qué es lo que tiene esa plataforma que se ha apoderado del mundo?”, se pregunta el autor principal del estudio, Tom Robinson.

Para lograr identificar cada tipo de personalidad en Facebook, los investigadores crearon una lista de 48 afirmaciones que identificaban las posibles razones por las que la gente utiliza Facebook. Además, entrevistaron a cada uno de los participantes en el estudio para obtener una visión más amplia de sus respuestas.

 “¿Qué es lo que tiene esa plataforma social que se ha apoderado del mundo?”

Basándose en las respuestas de los usuarios estudiados, han logrado identificar los principales motivos por los que usamos esta red social y han agrupado a los usuarios de Facebook en torno a cuatro tipos. Podemos identificarnos con más de una categoría, explican los autores de este estudio, pero normalmente la gente suele hacerlo más con una que con otra.

Selfies

Todos conocemos a este tipo de usuario. “Están centrados en conseguir atención, ‘likes’ y comentarios”, explica el estudio, publicado en la revista International Journal of Virtual Communities and Social Networking.

Los 'selfies' buscan atraer la atención sobre sí mismos en las redes sociales. | Foto: Max Rossi/Reuters
Los ‘selfies’ buscan atraer la atención sobre sí mismos en las redes sociales. | Foto: Max Rossi/Reuters

Los selfies son aquellos que utilizan Facebook para promocionarse a sí mismos, para transmitir al mundo una imagen de lo que son, o de lo que dicen ser. Publican fotos, vídeos y actualizaciones a menudo, y buscan siempre la aprobación de sus contactos.

Los participantes en el estudio que han sido clasificados en esta categoría se identificaban con la afirmación “cuantas más notificaciones de ‘likes’ recibo, más aceptado me siento por mis iguales”, explica uno de los autores del estudio, Kris Boyle.

Los pregoneros

Al contrario que los selfies, los pregoneros no buscan atraer la atención sobre sí mismos, sino que quieren transmitir información sobre lo que está pasando.

Lo que publican en las red social se aleja bastante de su vida real. No les preocupa publicar fotos o contenidos sobre su vida personal, sino que quieren mantener a sus contactos actualizados sobre lo que está pasando a su alrededor.

Facebook tiene cuatro tipos de usuarios y este estudio lo demuestra
Los pregoneros suelen publicar información sobre noticias y eventos. | Foto: Hamza Butt/Flickr

Por tanto, comparten noticias, anuncian próximos eventos y a menudo publican en las páginas de sus amigos y familiares en lugar de hacer la publicación en su propio timeline.

Los ojeadores de escaparates

Este tipo de usuarios, igual que los pregoneros, sienten la obligación social de estar en Facebook, pero rara vez publican información personal. Sin embargo, su objetivo no es mantener a sus contactos informados y actualizados, sino que “quieren ver qué están haciendo otras personas”, explica otro de los autores del estudio, Clark Callahan.

Los ojeadores de escaparates se identificaron durante el estudio con la afirmación “puedo mirar libremente el perfil de Facebook de alguien que me gusta y conocer sus intereses y si tiene una relación”.

Facebook tiene cuatro tipos de usuarios y este estudio lo demuestra 1
Los ojeadores de escaparates utilizan Facebook para informarse sobre la vida de sus contactos. | Foto: Giuseppe Aresu/AP

Los autores de la investigación consideran que este grupo es el “equivalente en las redes sociales a la gente que observa a otra”.

Tanto los ojeadores de escaparates como los pregoneros han sido un descubrimiento inesperado, explican los autores del estudio. “Nadie ha hablando antes sobre estos usuarios, pero pensamos en ellos y los dos tienen mucho sentido”, han explicado.

Los constructores de relaciones

Este grupo utiliza Facebook “como una extensión de su vida real, con su familia real y sus amigos reales”, explica el estudio.

Los constructores de relaciones, a menudo responden a las publicaciones de sus contactos y utilizan las aplicaciones de Facebook para tratar de fortalecer las relaciones sociales que mantienen fuera del mundo virtual.

Facebook tiene cuatro tipos de usuarios y este estudio lo demuestra 2
Los constructores de relaciones utilizan Facebook para mostrar su amor hacia su familia y amigos. | Foto: Giuseppe Aresu/AP

Respecto a las afirmaciones planteadas durante el estudio, estos usuarios se identificaron principalmente con algunas del tipo “Facebook me ayuda a expresar mi amor a mi familia y permite a mi familia expresar su amor hacia mí”.

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