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Jenny Diski desmitifica los años 60

Foto: Wikicommons | Wikimedia

Jenny Diski, periodista y escritora, fue adolescente en la década de los 60. Esa época de liberación en la que los jóvenes se dejaron llevar por el ímpetu del cambio, el fervor de las drogas y el ritmo de la nueva música que les diferenciaba de sus padres. Surgieron Los Beatles, Bob Dylan, Andy Warhol, lucharon contra la guerra de Vietnam, la primera contienda que se televisó, y se preocuparon, mucho más que cualquier otra época anterior, por el yo y por cómo ser visto. La posguerra y la post austeridad trajo, por tanto, “una época para malcriar a los niños… durante un rato. Una época de paz, también, para consolidar el capitalismo”, escribe Diski en Los sesenta, un ensayo autobiográfico que edita Alpha Decay cuando está a punto de cumplirse el primer año de su muerte.

La infancia de la escritora no fue tarea fácil. Su padre engatusaba, su madre se sobrepasaba. Ella, sin escolarizar, acabó en un psiquiátrico en el que conoció a un chaval con el que entabló cierta amistad. De las conversaciones de ese chico con su madre concluyeron que, sin apenas conocer a Jenny, la ‘adoptarían’. Esa mujer era Doris Lessing, futura Premio Nobel de Literatura, y gracias a ella se formó y se forjó una carrera como profesora. Pero entre medias sucedieron los años 60, esa década de gran carga simbólica que se tiende a mitificar y que Jenny Diski define como el inicio del capitalismo y el egoísmo.

¿Cómo defiende esta postura y cómo argumenta su teoría? Muy fácil, aporta hechos. La música contribuía al mercado con las tiendas de discos Virgin, la revista Oz y las listas ‘cool’ de la revista Time Out. La ropa también hizo su parte con la apertura y cierre de boutiques de manera constante, por lo que se “estaba desarrollando una versión acelerada del capitalismo, que funcionaba como lo había hecho siempre”. Pero hubo algo que azotó y aceleró semejante proceso: el arte. “El mundo del arte (a la gente joven que no le apetecía ir a la universidad no le faltaban escuelas de arte y becas para asistir a ellas) se sumó a la fiesta y se le llamó en sí mismo Pop”, adelanta en Los sesenta. Exacto, pop significaba novedad, diversión, frescura. Y si el arte servía para evadirse, en algún momento, de la realidad, el arte se llevaba al comercio. Warhol, Lichtenstein, Hockney, las latas de sopas Campbell… del arte a la ropa y de la ropa a los paños de cocina. Y suma y sigue.

Pero los sesenta también estuvieron marcados por varios golpes como la Crisis de los Misiles entre Cuba y Estados Unidos y la guerra de Vietnam.

“Junto a la rabia y el estilo, la burla era otra forma de identificar quién éramos y quién no”, detalla Jenny Diski.

 

Además la escritora afirma que en los Estados Unidos ocurrieron cosas extraordinarias: “allí, la gente de nuestra edad había crecido con el simulacro nuclear y había aprendido a encogerse bajo sus escritorios. América se convirtió en sinónimo de violencia y racismo estructural. Kennedy fue asesinado, y luego Martin Luther King, y otro Kennedy, y Malcolm X”.

 

Jenny Diski desmitifica los años 60

La liberación sexual fue otro de los hitos que se recuerdan de esa época pero para Diski, mirándolo con la perspectiva y la madurez que aporta el tiempo opina que, sí, en su momento la ropa sobraba y quisieron establecer nuevas reglas, “hicimos estragos en las convenciones, pero inventamos convenciones nuevas que nos hacían sufrir igual. La liberación, al menos en su forma sexual, era una nueva forma de moralidad impuesta, igual de restrictiva y que ocasionaba tanta represión como la que acusábamos a la generación anterior”.

Entre los movimientos sociales ocurrió también la liberación gay a finales de la misma década. Pintadas en algunas paredes de Londres que Diski no consigue desentrañar si se trató de una campaña o de un grafitero ensalzando las alegrías de la vida. Lo que sí sucedió fue el Gay Power que “nació para pelear junto a otros grupos perseguidos como los negros, los hispanos y las mujeres, que luchaban por la justicia”. Aunque la propia autora remarca muy bien que aún se sigue luchando contra la homofobia aquella época marcó una liberación genuina. Las actitudes han cambiado, dice, “aunque eso solo implique que los intolerantes tienen que susurrarse su intolerancia unos a otros, ya se puede considerar un logro de verdad, del que la generación de los sesenta puede sentirse orgullosa”.

 

“La liberación, al menos en su forma sexual, era una nueva forma de moralidad impuesta, igual de restrictiva y que ocasionaba tanta represión como la que acusábamos a la generación anterior”

 

Con una pluma sencilla y directa Diski va uniendo y relatando la década de los sesenta desde dentro con su pros y sus contras. Todo ello, en cierto modo, cree que ayudó a la proclamación de Margaret Thatcher: “Me opongo a la afirmación de que la generación de los sesenta fuimos responsables de los años de Thatcher, pero a veces no puedo evitar ver cómo, involuntariamente, despejamos el camino a la extrema derecha, pavimentando, con la mejor intención, la carretera al infierno”.

De modo que lo que todos pensamos de una época de liberación absoluta no parece ser la realidad. 40 años más tarde la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres, por los derechos homosexuales, y las minorías en general, siguen teniendo razón de ser y espacio para el debate. Y, además, se siguen librando guerras. Desanimada Jenny Diski opina que “para una década tan conocida por su juventud políticamente radical, sorprende bastante el poco efecto que tuvimos”.

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