A juicio Rodrigo Lanza, el antisistema que mató a un hombre por llevar tirantes de la bandera española

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A juicio Rodrigo Lanza, el antisistema que mató a un hombre por llevar tirantes de la bandera española
Foto: Javier Cebollada

La Audiencia Provincial de Zaragoza ha abierto este lunes el juicio con jurado contra Rodrigo Lanza como presunto autor del asesinato por odio de Víctor Laínez, de 54 años, quien falleció en un hospital cuatro días después de sufrir una agresión en un bar la madrugada del 8 de diciembre de 2017. Al parecer, y según la acusación, Laínez fue brutalmente agredido por Lanza por llevar unos tirantes de la bandera de España.

La Fiscalía pide una condena de 25 años de prisión para el acusado por el presunto asesinato por odio, con alevosía y ensañamiento, así como el pago de una indemnización de 150.000 euros a la familia de la víctima y de 5.600 a Salud, por los gastos generados, mientras que la defensa pide la absolución.

Esta petición es la misma que plantea el representante legal de la acusación particular en nombre de la familia de la víctima, y la acusación popular, ejercida por Vox, mientras que la defensa de Lanza pide la absolución al asegurar que éste actuó por temor a perder la vida, sin motivación ideológica, en estado de pánico y afectado por el consumo de alcohol.

En declaraciones a los medios antes del inicio del juicio, el hermano de la víctima, Javier Laínez, ha asegurado que solo esperan que se haga justicia «y que esta alimaña pague por lo que ha hecho». A lo que ha añadido: «Mi hermano estaba en el bar tomando una caña muy tranquilamente y no era ni falangista ni nazi, pero el acusado le increpó y le golpeó en la nuca y en el suelo».

El abogado de Lanza ha argumentado que «nunca pudo pensar que el golpear a una persona con las manos pudiera causar su muerte», quien confía en que el jurado entienda que su representado actuó en legítima defensa y en una situación de pánico. En el caso de que se le considere autor de algún delito, ha alegado que «la aplicación de eximentes de trastorno mental transitorio, legítima defensa, miedo insuperable y que estaba bajo los efectos de alcohol».

Sin embargo, el hermano de la víctima ha sostenido que «fue un crimen ideológico, porque su hermano no se metía con nadie, era una buena persona y si hubiera sido nazi o falangista habría tenido antecedentes y habría estado fichado por la policía, y no era así».