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El collar Tudor que redescubre a Catalina de Aragón

El Museo Británico adquiere un colgante de oro vinculado al rey Enrique VIII y a su primera esposa, Catalina de Aragón

El collar Tudor que redescubre a Catalina de Aragón

El corazón Tudor adquirido por el Museo Británico.

Cinco siglos después de su muerte, la figura de Catalina de Aragón continúa despertando curiosidad. La hija menor de los Reyes Católicos que llegó a ser reina de Inglaterra por su matrimonio con Enrique VIII, vuelve a la actualidad tras la reciente adquisición por parte del Museo Británico del llamado «corazón Tudor», un colgante de oro vinculado a su matrimonio. Este hecho, junto a los recientes actos conmemorativos por su fallecimiento, redescubre a un personaje clave para entender la monarquía británica y su influencia en Europa.

La pieza que redefine el relato histórico

El reciente ingreso del colgante en el Museo Británico ha generado una enorme expectación mediática y académica. La pieza, encontrada en un campo de Warwickshire en 2019, se compone de un medallón de oro con iconografía propia de los primeros años del reinado de Enrique VIII. Estos elementos evocan directamente la unión entre el monarca inglés y Catalina de Aragón, destacando las iniciales entrelazadas de ambos y símbolos heráldicos como la rosa Tudor y la granada, emblema personal de la reina.

La joya, considerada un objeto excepcional por su valor histórico y simbólico, permite acercarse a la etapa inicial del matrimonio, cuando la alianza entre Inglaterra y España representaba uno de los pilares de la política europea contra Francia. Los especialistas coinciden en que se trata de un objeto de enorme relevancia porque refleja una fase previa a la ruptura matrimonial y religiosa que cambiaría el rumbo del país.

El interés por la pieza también radica en su valor narrativo. Durante siglos, la imagen de Catalina de Aragón ha sido la de una mujer relegada de su puesto como reina y apartada de la vida de la corte. Estos hechos, si bien ciertos, opacaron la opinión generalizada hacia la hija menor de los Reyes Católicos: la de una reina elocuente, gentil y apreciada por los ingleses. La recuperación del colgante pone el foco en un periodo donde, además de ser aclamada por el pueblo, también fue aceptada en la esfera política.

El proceso de adquisición por parte del museo ha sido presentado como un triunfo patrimonial a través de una campaña de recaudación que comenzó en octubre y en la que se han involucrado unas 45.000 personas. Tras recaudar 3,5 millones de libras (unos 4 millones de euros), el museo ha podido adquirir la pieza para exponerla en su colección permanente, garantizando que permanezca accesible al público y que no desaparezca en colecciones privadas.

La propaganda detrás de la joya:

Más allá de su materialidad, el «corazón Tudor» funciona como un artefacto político. En numerosas ocasiones, las joyas de la realeza dicen mucho más que las palabras, y en este contexto, la joya corazón representa una herramienta de propaganda de la dinastía Tudor. Tras la victoria en la Guerra de las Dos Rosas, los Tudor, que se alzaron con la victoria, necesitaban terminar de afianzar su legitimidad a ojos del resto de Europa. Por aquel entonces, los Reyes Católicos trataban de tejer una red de alianzas a través de sus hijos, casándolos estratégicamente en contra de Francia. En este sentido, Inglaterra suponía un eje fundamental y, sobre todo, una Corona muy accesible dado el reciente ascenso de los Tudor y su poca popularidad en las cortes europeas. Ambas Coronas, la inglesa y la castellanoaragonesa, salían ganando con un matrimonio entre Catalina y el que fue su primer esposo, el Príncipe de Gales, Arturo, y tras su repentino fallecimiento, con su hermano, Enrique VIII. La Corona española garantizaba una alianza fuerte contra Francia, y la Corona inglesa afianzaba su posición con un matrimonio de linaje intachable frente a los que cuestionaban su legitimidad al trono. De aquel enlace nacería la reina María I y una ruptura irreparable con la Iglesia católica. 

Por eso, este collar tiene un mayor valor por lo simbólico que por lo económico, un recordatorio tangible de una pareja que durante años representó estabilidad y continuidad antes de convertirse en un símbolo de ruptura. El descubrimiento del colgante también pone de relieve cómo la imagen pública de Catalina fue moldeada por la propaganda posterior a la Reforma inglesa. Al rescatar objetos vinculados a su figura, el discurso histórico contemporáneo tiende a equilibrar una narrativa que durante mucho tiempo estuvo dominada por la versión oficial del reinado de Enrique VIII.

Conmemoraciones y memoria viva

En Peterborough, lugar donde la reina falleció y fue enterrada, se conmemora desde hace años su figura. El 2026 marca el 490º aniversario de esta efeméride, celebrada con diversos actos conmemorativos que reflejan un renovado interés por su persona. Desde iniciativas culturales hasta eventos históricos en lugares vinculados a la memoria de Catalina, como la propia catedral de la localidad, donde se encuentra su tumba, las conmemoraciones han contribuido a revalorizar su legado.

Estos eventos han tenido un doble efecto. Por un lado, han permitido revisar el papel de Catalina desde perspectivas académicas más actuales, destacando su influencia política, su papel como regente durante la ausencia de Enrique VIII y su capacidad diplomática. Y, por otro, han reforzado el vínculo entre memoria histórica y patrimonio material, evidenciado por el interés mediático en torno al colgante recién adquirido. Las conmemoraciones también han servido para subrayar la dimensión europea de su figura, ya que su vida simboliza la compleja red de alianzas matrimoniales que definieron la política internacional del siglo XVI.

La historia de una reina caída en desgracia

Nacida en 1485, Catalina creció en un entorno marcado por la diplomacia y la expansión política. Durante su reinado, fue conocida por su educación humanista, su devoción religiosa y su capacidad política. Sin embargo, la falta de un heredero varón y la relación entre Enrique VIII con Ana Bolena desencadenaron una crisis dinástica y religiosa sin precedentes. El monarca solicitó la anulación de su matrimonio con Catalina, algo que la Iglesia católica rechazó al considerar que la unión era válida y legítima según el derecho canónico. Enrique argumentaba que el enlace era inválido porque Catalina había estado casada previamente con su hermano Arturo, pese a que en su momento se había aceptado que aquel matrimonio no llegó a consumarse. Ante la negativa del Papa a conceder la nulidad, el Rey decidió romper con Roma y proclamarse cabeza de la nueva Iglesia anglicana, una decisión que transformó profundamente la historia del Reino Unido y su relación con Europa. Catalina, por su parte, nunca aceptó la anulación y defendió hasta el final su condición de reina legítima, una firmeza que ha marcado su memoria histórica desde su muerte en 1536 hasta nuestros días.

Patrimonio, memoria y revisión histórica

El hallazgo del colgante refuerza el interés académico y mediático que invita a replantear la forma en que se cuenta la historia de Catalina de Aragón. La recuperación de objetos personales permite humanizar a los personajes históricos y ofrece nuevas vías para comprender su experiencia más allá de los relatos oficiales.

En el caso de Catalina, la revalorización de su legado no solo implica reconocer su papel como reina consorte, sino también cómo las decisiones de una época continúan teniendo un impacto directo en la actualidad. La celebración de su figura también refleja la sensibilidad actual hacia otros consortes de las cortes europeas que en ocasiones se relegan a un segundo plano. La atención mediática en torno al «corazón Tudor» demuestra cómo el patrimonio atrae al discurso público cuestiones históricas de las que todavía no se tienen opiniones concretas, nutriendo y revalorizando el valor de la historia y su impacto en la sociedad. Y en cierta forma, o eso me gusta pensar, la historia tiene la gracia de poner a cada uno en su lugar, y el descubrimiento del colgante es ejemplo de ello, redimiendo una vez más la figura de Catalina, una reina cuya compleja biografía marcó la historia de Europa.

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