The Objective
Hastío y estío

De niña felipista a mujer sanchista

«Hay entrevistas que no solo revelan, sino que delatan. La concedida por Rebeca Torró a ‘El País’ el domingo es una»

De niña felipista a mujer sanchista

La secretaria de Organización del PSOE, Rebeca Torró. | Alejandro Martínez Vélez (EP)

Hay entrevistas que no solo revelan, sino que delatan. La concedida por Rebeca Torró a El País el pasado domingo es una de ellas. La secretaria de Organización del PSOE, que ocupa el cargo tras la defenestración de sus dos antecesores salpicados por escándalos de corrupción, compareció en ese periódico con la serenidad de quien ha decidido que la realidad es un estorbo y que la disidencia interna es una traición. Su tono, entre la condescendencia y el manual de Ferraz, no admite matices: el partido está fuerte, los críticos son una minoría y Felipe González ya no es un referente.

Rebeca Torró, con la ternura de quien evoca a un juguete roto, recuerda cómo a los diez años, con un bocata de Nocilla en la mano, le dijo a su madre que de mayor quería ser como Felipe González. «Para aquella niña ya no sería un referente», dijo en ese periódico para intentar justificar la deriva socialista hacia el populismo y el pactismo radical, y para ello necesita dinamitar a la figura que ayudó a modernizar España y la llevó a Europa. Que encarnó una socialdemocracia sensata y no la versión bolivariana que hoy se impone en Ferraz.

González no es ya un referente, según Torró, porque se atreve a decir lo que piensa: que votará en blanco si Sánchez es candidato. Un acto de dignidad democrática que, para la número tres socialista, equivale a alta traición. Olvida, o finge olvidar, que Felipe no es un militante cualquiera. Es el presidente que ganó cuatro elecciones consecutivas, el hombre que plantó cara al terrorismo, que entendió que la socialdemocracia no consiste en dividir a la sociedad, sino en unirla en torno al progreso y la libertad. Frente a él, Sánchez, un presidente que ha hecho de la mentira su método, del insulto su dialéctica y de la compra de voluntades su forma de gobierno. Si Felipe ya no es referente, es porque el PSOE de hoy ya no es socialdemócrata.

Pero la entrevista tiene otros momentos de antología. Ahí está el pasaje dedicado a Emiliano García-Page, el presidente de Castilla-La Mancha que gana elecciones mientras Ferraz las pierde. Torró no lo critica. Lo descalifica. Dice que «compra el marco del PP». No lo entiende. Y un servidor se pregunta: ¿qué es lo que no entiende? ¿Que Page gestione de manera distinta? ¿Que defienda la unidad de España sin complejos? ¿Que diga en voz alta lo que miles de socialistas piensan en voz baja: que el sanchismo está llevando al partido al abismo?

Torró minimiza las derrotas autonómicas. En Aragón y Extremadura, dice, no había razón para convocar elecciones. Culpa a la abstención, a los bulos, a la «cacería judicial» del PP y la ultraderecha. Incluso menciona a Begoña Gómez como víctima inocente. Aquí el cinismo roza lo patológico. Porque las derrotas no vienen por las fake news. Vienen de políticas que han fracturado la sociedad: la amnistía a los golpistas, la ley del solo sí es sí que dejó a violadores en la calle, la gestión caótica de la inmigración, el intento de control del Poder Judicial, los escándalos de corrupción que salpican hasta a la familia del presidente. ¿Bulos? No, señoría. Son imputaciones y sentencias.

La secretaria de Organización asegura que el PSOE representa la «centralidad democrática». Un servidor se frota los ojos. ¿Centralidad? El partido que gobierna gracias a los votos de Bildu, ERC y Podemos, que ha blanqueado a los herederos de ETA, que ha sustituido la igualdad por la cuota y el mérito por la identidad. Esa centralidad es tan real como la «fortaleza anímica» que Torró atribuye al partido. Un partido que, según sus propias encuestas internas, se hunde en intención de voto, que ve cómo va perdiendo representación y hegemonía en todos los territorios.

Y luego está el capítulo de la corrupción. Torró lo despacha con la ligereza de un argumento de Sarah Santaolalla. No hay financiación ilegal, dice. Todo está justificado. Ábalos y Cerdán son unos traidores, pero el PSOE es otra cosa. En el caso Salazar, el PSOE fue la «víctima» de un fallo informático. Uno no sabe si reír o llorar. La entrevista se cierra con el panegírico de siempre: el partido está vivo, la militancia está unida, la sociedad quiere que Sánchez siga. Mientras la militancia sanchista vive en una burbuja a punto de explotar, su amado líder hace un búnker de la Moncloa.

Para terminar este artículo, quería comentarles que el título del mismo no es casual. Es un guiño a la canción de Julio Iglesias. Ahora que nuestro primer cantante en tener éxito a nivel mundial es para la izquierda posmoderna un facha y un abusador de mujeres, aunque no hayan podido demostrar nada, está bien hacerle un homenaje a través del título de una de sus canciones más conocidas. Una nostalgia de la que no soy muy partidario, pero que en el caso de Rebeca Torró estaría bien que la sintiese, y volviese a querer sentirse como esa niña que admiraba a alguien por su mensaje y no por lo que te podía dar (o quitar). 

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