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Antonio Caño: «Los guineanos eran nuestros compatriotas y los abandonamos»

El periodista y columnista de THE OBJECTIVE habla sobre su nuevo libro, ‘El monstruo español’

Periodista de fuste, Antonio Caño (Martos, Jaén, 1957) empezó su carrera como corresponsal extranjero para la agencia EFE en África y América Latina. En 1982 ingresó a El País, donde destacó como corresponsal extranjero en Washington, en México y en otros destinos del continente americano. Fue director del periódico entre 2014 y 2018 y destituido, junto a su equipo de trabajo más cercano, de manera injusta e ignominiosa por órdenes, se presume, de Pedro Sánchez, en una acción preventiva para facilitar una cobertura menos crítica a su figura nada más llegar a La Moncloa, tras la moción de censura contra Mariano Rajoy. Como autor, ha publicado tres libros. Primero, un retrato político y humano de Alfredo Pérez Rubalcaba (Rubalcaba: un político de verdad, 2020), al que considera el último estadista de España. Luego, un recuento de su trayectoria como periodista (Digan la verdad, 2022), que sirve de manual deontológico de la profesión. Y ahora, una biografía del dictador guineano Francisco Macías (El monstruo español. Francisco Macías y el fin de la aventura colonial en Guinea, Esfera de los Libros, Madrid, 2023). A propósito de este último libro nos reunimos una lluviosa mañana de marzo a conversar en el estudio de THE OBJECTIVE, periódico del que es columnista y presidente de su consejo editorial.

PREGUNTA.- Acabas de publicar El monstruo español, una biografía de Francisco Macías y el fin de la época colonial española en Guinea. La primera pregunta obligada es, ¿por qué tu interés en Guinea Ecuatorial? Sé que fuiste corresponsal, ¿en qué año lo fuiste?, ¿cómo es esa historia? 

RESPUESTA.- Siempre me he dedicado a contar o a analizar la actualidad. Pero sé por experiencia que muchas veces las mejores historias no están donde todo el mundo está mirando, sino donde nadie mira. Se me ocurrió repasar un poco algunas cosas y lugares donde yo he estado y acontecimientos que he cubierto y que han quedado en el olvido. Y me di cuenta de que Guinea Ecuatorial, que es donde empecé mi carrera, es un asunto que estaba completamente fuera de la memoria, del conocimiento de los españoles. Y decidí revisitarlo. Revisitar la época, revisitar ese tiempo y tratar de, a través de mis recuerdos, y de investigación y entrevistas, recomponer esa historia. Yo fui a Guinea en el año 79 para cubrir, entonces con la agencia EFE, el golpe de Estado que derrocó a Macías y por el que llegó al poder el actual Gobierno de Teodoro Obiang, que era sobrino de Macías y en ese momento una figura relevante del régimen de Macías. Cuando se conoció el golpe, inmediatamente la agencia EFE envió a un periodista mucho más veterano que yo. La verdad es que las condiciones de vida en Guinea eran terroríficas y aquel periodista enseguida se cansó, estaba muy fatigado. Entonces la agencia decidió sustituirlo por otro más joven. Tan joven como yo, que tenía 22 años.

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El monstruo español. Francisco Macías y el fin de la aventura colonial en Guinea
Antonio Caño
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P.- ¿Cuánto tiempo estuviste? 

R.- Varios meses. Todo el proceso. Cuando yo viajé a Guinea, Macías aún estaba escapado. Ni siquiera lo habían detenido. Se fugó por la selva. Me quedé todo el tiempo de su captura, la organización del juicio, el juicio en sí y su ejecución, y las primeras semanas, digamos, de estabilidad del nuevo régimen. 

P.- ¿Y cómo era la vida tuya doméstica en Guinea? Porque España no tenía relaciones, las había roto Macías, ¿o ya se habían recuperado?

R.- No, todavía no. El nuevo Gobierno las restauraría pronto, pero en ese momento todavía no. La vida era durísima. Yo recuerdo que me alojaba en el único hotel que había, que era el Hotel Bahía. Y siendo el único hotel, las condiciones incluso en el hotel eran pésimas, la comida escasa, frecuentemente estábamos sin luz, sin agua y en unas condiciones, la verdad, bastante malas. 

«Las provincias guineanas, Fernando Poo y Río Muni, eran tan españolas como Badajoz y Soria. Tenían procuradores y enviaban sus representantes a las Cortes de Franco de la época. Los guineanos eran nuestros compatriotas»

P.- ¿Estabas en tierra firme o en la isla? 

R.- Estaba en la isla, en Bioko. Llegué a Malabo, que es la capital, porque ahí está el aeropuerto. Al poco tiempo de llegar me fui al continente, a Bata, porque es donde fue capturado Macías. 

P.- ¿Y el juicio fue en el continente?

R.- No. El juicio fue en la isla, en la capital. A él lo detuvieron en el continente. Estuvo durante algunos días o semanas, no lo recuerdo exactamente, en la cárcel de Bata. Y posteriormente lo trasladaron, en un avión español, de Bata a Malabo para juzgarlo en la capital. 

P.- En la antigua Santa Isabel. La pregunta que se haría un español es, ¿por qué le tiene que interesar Guinea Ecuatorial?

R.- Es parte de nuestra historia. Guinea Ecuatorial fue territorio español. No colonia española, sino provincias españolas. Eran dos provincias, como Badajoz y Soria, Fernando Poo y Río Muni. Eran dos provincias españolas que tenían procuradores en Cortes y que enviaban sus representantes a las Cortes de Franco de la de la época. Los guineanos eran nuestros compatriotas.

Ricardo Cayuela y Antonio Caño, durante la entrevista | Foto: Víctor Ubiña

P.- De hecho, Francisco Macías nació con la nacionalidad española, igual que Teodoro Obiang. 

R.- Igual que Teodoro Obiang, igual que todos los guineanos, que eran compatriotas nuestros. Yo creo que como mínimo algo de interés debería haber en saber qué pasó con esa parte de España y cómo fue nuestra relación. Y yo creo que hay que ir más lejos, que es preguntarnos, ¿y cuál fue nuestra responsabilidad en que su destino fuera tan miserable? Porque yo creo que la madre tiene alguna responsabilidad en el destino de sus hijos, por decirlo de una forma un poco elemental. No puede ser que nosotros nos desocupemos por completo de cuál es la responsabilidad de haber dejado en herencia en una parte del territorio español a un monstruo de esta magnitud, que mataría, nunca se ha contado, pero entre 40.000 y 50.000 personas, y que mandaría al exilio a más de 100.000. Y fue un monstruo amamantado en la teta española por completo. 

P.- Educado por escolapios españoles, funcionario público de la Administración…

R.- Durante muchos años. 

P.- Admirador de Francisco Franco… 

R.- Al que visitó en El Pardo… 

P.- Antes de ir a eso, quizá podríamos profundizar un poco más. Algunos historiadores sostienen que España en América sólo tuvo de colonia a Cuba y a Filipinas, porque en los virreinatos la relación era distinta. Y Guinea un poco entra en esa escala, porque es una colonia tardía por una carambola diplomática con Portugal. Y realmente es una colonia esclavista.  ¿O cuál la historia previa a la independencia? 

R.- Efectivamente, un intercambio con Portugal en el que España se queda con ese territorio del que se desentiende por completo. España nunca le prestó atención hasta muy recientemente. Los primeros españoles que llegan a Guinea Ecuatorial son ya en el siglo XX. Los primeros blancos que vivieron en Guinea Ecuatorial no eran españoles. Eran misioneros americanos, de las iglesias protestantes. 

P.- El Instituto Lingüístico de Verano. 

R.- Exactamente. No eran españoles. Españoles empezaron a haber ya en el siglo XX y, en el interior del continente, avanzado el siglo XX.  Es interesante ver cómo encaja esto en toda la empresa imperial española, en todo el Imperio español. Tiene algunas diferencias o notables diferencias, pero tiene algunas similitudes, en el caso de este libro, que no deja de ser la biografía de un personaje que es un tirano. Y sí creo yo que encaja en una tradición de hombres fuertes que España dejó en América Latina. La idea del hombre fuerte es muy española, es muy herencia española. 

P.- Incluida la palabra «caudillo». 

R.- Exactamente. 

P.- El tema quizá es que España hizo muy poco caso a su colonia. En el siglo XX despierta su interés. En realidad, en el libro cuentas que incluso los niveles de vida en Guinea a lo largo del siglo XX mejoraron mucho y comparativamente con su entorno estaban mejor. Y, sin embargo, hay un punto en mitad del tardofranquismo en que se decide que Guinea debe independizarse, y esto sin haber una demanda fuerte interna. 

R.- No, no la había. 

P.- ¿Cuál es esta historia? ¿Por qué sucede? 

R.- La prueba de que no había una demanda fuerte interna es que no hay una represión fuerte del movimiento independentista. 

P.- A diferencia de Kenia, por ejemplo. 

R.- A diferencia de prácticamente de todos los grandes países del continente, donde hubo unas guerras de liberación brutales. Argelia, Kenia, el Congo, Angola… No había ese movimiento independentista en Guinea. De hecho, hay reconocidas dos víctimas de la independencia de Guinea, no más. Pero es verdad que el mundo estaba en la corriente descolonizadora. Y el régimen de Franco estaba en un momento de gran debilidad. Ya no era un régimen con vocación imperial fuera de la retórica. El régimen ya no estaba en condiciones de sustentarla con acciones de fuerza y con inversiones o con medidas represivas siquiera. Hasta parar hasta para reprimir hay que tener una convicción.

P.- Esa la reservaba a los españoles peninsulares. 

R.- Exacto. Y el régimen carecía de esa convicción como para reprimir a 5.000 kilómetros de distancia y correr el riesgo de molestar a la opinión internacional, que entonces al régimen le importaba mucho. 

P.- Es que yo creo que también tenía que ver, y lo dices en el libro, con la idea de congraciarse a través de la ONU con una independencia limpia de Guinea y buscar a través de eso una especie de legitimización tardía del régimen. 

R.- Sin duda lo intentó. En contra de lo que se pueda pensar, viéndolo en perspectiva, Franco era una persona pragmática y él entendía que necesitaba legitimidad internacional. Que necesitaba algún tipo de reconocimiento internacional. A Franco le molestaban mucho las críticas de Naciones Unidas. Organizó dos o tres manifestaciones en la Plaza de Oriente en desagravio cuando lo criticaban desde ahí.  Y él pensó, o la parte más liberal del régimen le convenció, que haciendo un proceso de independencia que tuviera el sello y el reconocimiento de Naciones Unidas, también de la OUA, que era entonces muy importante, la Organización para la Unidad Africana, sería una excelente oportunidad de conseguir esa legitimidad. 

P.- También cuentas que le filtraron maliciosamente parte de su equipo el señuelo de Gibraltar. Como si pudiera ser una moneda de cambio.

R.- Viéndolo hoy parece ridículo, pero si te trasladas a la época, no tanto. Era una época de descolonización. Probablemente Franco vio que, ¿por qué no? Si se está descolonizando todo, quizás nos toca. Y si nosotros nos llevamos bien con la ONU y España tenía un embajador en la ONU de una gran influencia y de un gran reconocimiento por parte de los funcionarios de la ONU, que era Jaime de Piniés, en mi opinión, uno de los grandes diplomáticos de la era de Franco, pues a lo mejor podía ser. A lo mejor estábamos en una mejor posición para conseguir Gibraltar. 

P.- Y otra paradoja es que más allá de las atrocidades del régimen de Franco innegables, el proceso de descolonización de Guinea fue bastante ordenado, se organizó una constituyente que creó un muy buen texto constitucional y hubo unas elecciones limpias que no podían permitirse los españoles dentro

R.- Unas elecciones democráticas, que no es que no se pudieran permitir, sino que ni siquiera se podía acceder a la información de que se estaban celebrando, unas elecciones democráticas en una parte del territorio español. Porque lógicamente, el hecho de que hubiera elecciones democráticas organizadas por España era contradictorio. Sobre esa constituyente, cuento en el libro que cuando un ministro vio el texto constitucional que se había aprobado, que incluye el reconocimiento sin exclusión de todos los partidos políticos, fue con Franco y le dijo, «¿qué es esto?». Toda la propaganda del régimen estaba sostenida, y toda la existencia de la dictadura, en que los partidos políticos eran un foco de corrupción, de división y de inestabilidad, y que por eso no podía haber partidos políticos. Y luego ellos hicieron unas elecciones con observadores internacionales, observadores africanos… 

P.- A dos rondas, con debates televisivos. 

R.- Con propaganda, con todo…

P.- Una pregunta un poco extraña, pero el redactor de la Constitución de Guinea fue Miguel Herrero de Miñón, después uno de los siete redactores del texto constitucional español. ¿Sabes si alguien ha hecho un estudio de las similitudes entre ambas constituciones?

R.- No, la verdad es que no, la verdad es que no, y además haces muy bien en reparar en eso, porque yo no me lo había preguntado. Habría que preguntárselo a Herrero. Es verdad que es uno de los grandes juristas españoles y lo era ya desde hacía tiempo. Y no es raro que acudieran a él para hacer los dos textos constitucionales.

Antonio Caño | Foto: Víctor Ubiña

P.- El triunfo de Francisco Macías, que fue legal, en segunda vuelta, tiene que ver con que los dos candidatos más fuertes representaban a dos facciones del interior del franquismo Y se repartieron los votos. Se anularon entre sí. ¿Cómo fueron esas tensiones en el interior del franquismo, qué representaba el candidato de Carrero Blanco y qué representaba el candidato del ministro de Exteriores, que eran las dos fuerzas en pugna? 

R.- La pugna era entre Luis Carrero Blanco y Fernando María Castiella. Carrero era entonces vicepresidente del Gobierno. Después, poco después, sería nombrado presidente del Gobierno. Pero en ese momento era vicepresidente porque Franco juntaba todos los títulos, incluida la presidencia del Gobierno, pero en realidad actuaba como presidente del Gobierno, en el sentido de jefe del gabinete. Y Fernando María Castiella era ministro de Asuntos Exteriores. Representaban, por decirlo de forma muy esquemática, las dos facciones del régimen, los reformistas y los inmovilistas. Estos últimos no querían renunciar a lo poco que quedaba del imperio español. Los reformistas opinaban, como decíamos antes, que esto era un problema y que además era una oportunidad de congraciarse con la comunidad internacional. Cuando llegaron las elecciones, uno puso como candidato, digamos, a quien creía que de forma más obediente accedería a defender los intereses españoles, que era Bonifacio Ondó, candidato de Carrero. Y Castiella puso como como candidato a Atanasio Ndongo, que era el más liberal y que era el que iba a ser mejor visto por la comunidad internacional. 

P.- Un exiliado, con don de lenguas, que sabía inglés, francés… 

R.- Que ya había estado en Nueva York varias veces, tenía buena relación con Naciones Unidas y creía que era un hombre adecuado. 

P.- Al separarse la votación, Macías logró ser el segundo. Y después, en la segunda vuelta, el primero.  

R.- Pero lo curioso es por qué España respetó el resultado, si no le convenía. Se pudo haber puesto de acuerdo el Gobierno ya que no le gusta el ganado, y que no iba a poder controlarlo. Actuar con la lógica de no reconocerlo. El resultado no nos gusta, no lo controla nadie, tenemos que elegir otro. 

P.- Pero también fue porque Macías jugó amagado. 

R.- Un poco sí. La verdad es que, a esa altura, aunque ya empezaron a surgir las primeras dudas sobre Macías, tampoco había dado muestras de una hostilidad del grado de la que después conoceríamos. Todavía no dejaba de ser una figura que en sus declaraciones públicas elogiaba a España y, sobre todo, elogiaba a Franco. 

P.- Hasta el final de sus días, pensaba que Franco le era leal y que lo que le estaba pasando no tenía que ver con él. 

R.- En medio de la etapa en la que él expulsó a los españoles, en la que él creía que España le estaba dando un golpe de Estado, le escribió una carta Franco diciéndole: «Excelencia, me están dando un golpe de Estado y estoy seguro de que usted esto no lo sabe. Estoy seguro que usted esto no lo respalda, pero, por favor, intervenga porque su cónsul aquí y su embajador me están dando un golpe». 

P.- Ahora, lo que sí tenía Francisco Macías era un defensor en España, un abogado y empresario, del que hablas mucho en el libro y que en cierto sentido dirigió y planeó su ascenso al poder. Y que probablemente se enriqueció muchísimo con Guinea. ¿Cuál es esta historia? 

R.- Te refieres a Antonio García Trevijano, que era un granadino muy gracioso, muy inteligente, muy listo, con muy buenos contactos. Una figura muy importante de la transición. Él fue uno de los creadores del órgano que finalmente llevó y permitió conducir la transición, que fue la Junta Democrática, que era el primer órgano en el que se juntaban todos los partidos de oposición, de izquierda y liberales. Por tanto, una figura importantísima y es el que hace la conexión entre Guinea y la Transición española. Y, por lo tanto, muy importante. Pero a la vez que fue importante, él es fundamental en la distorsión que se genera sobre Guinea. Macías acudió en su ayuda, como otros guineanos acudieron en su ayuda, ya que tenía mucho contacto con guineanos y él vio en Macías el potencial de ser un hombre que podría tener algo que ver en el futuro de Guinea. Probablemente vio que los demás candidatos estaban ya bajo la sombra del gobierno de Franco. 

P.- Y Álvaro García Trevijano era antifranquista.

R.- Y probablemente vio una oportunidad de hacerle daño a Franco. Yo creo que sí, que era un móvil que a él le atraía, y, al mismo tiempo, cobrar un peso en la construcción de un país. Por eso yo no quiero ver únicamente móviles perversos en la actuación de García Trevijano. 

P.- Dejas claro en el libro que él podía haber tenido, al principio, un móvil noble. La crítica real es la ceguera voluntaria una vez que empiezan los crímenes de su protegido. 

R.- Estos crímenes ya son casi de dominio público. No es que lo dijera la prensa española. La prensa española no decía más que lo que se permitía decir, pero es imposible que García Trevijano no los conociera, porque en Guinea ya había un régimen de terror en las calles. 

P.- Vamos a hablar un poco de ese gobierno. Pero una última pregunta sobre el franquismo y la llegada al poder de Macías. En algún momento el régimen franquista se da cuenta de lo que está pasando en Guinea y la solución es esconder la mugre debajo de la alfombra y simplemente declara todo noticia referente a Guinea como «materia reservada». ¿Es así? 

R.- Sí, es así. Se borró la palabra. Dejó de haber noticias por completo. Hablamos antes de que uno de las razones para escribir este libro es el desconocimiento que hay en la sociedad española sobre Guinea Ecuatorial. Y ese desconocimiento empieza con la declaración de «materia reservada». La declaración de materia reservada la levantó Adolfo Suárez en el año 77, pero es como si no lo hubiera levantado. 

P.- Y es del 72. Durante un lustro no hubo noticias en España de lo que estaba haciendo Macías.

R.- Absolutamente. Pero es que después, cuando cayó Macías, hubo dos, tres años de comunicación. Dos, tres años, quizá dos más que tres, de intento de reconducir una relación. Este intento fracasó por distintas razones, que no vienen al caso ahora. Y cuando España llegó a la conclusión de que no había nada que hacer en Guinea Ecuatorial, es como si se hubiera vuelto a declarar «materia reservada». España volvió a abandonar Guinea Ecuatorial por completo. Con lo cual llevamos de facto 50 años sin noticias de Guinea Ecuatorial. 

P.- Cómo explicarle a un español la naturaleza del poder de Francisco Macías, para invitarlo a que lea el libro, porque es estremecedor. Y fue muy rápido. No fue paulatino. Se mezcla una lucha de etnias, se mezcla probablemente una distorsión de la personalidad. Se mezcla una sociedad muy poco participativa, evidentemente muy frágil, con muy poca población, al mismo tiempo. ¿Cómo explicar un fenómeno de esta naturaleza, tan terrorífico? 

R.- Una de las explicaciones no tiene que ver ni con Guinea, ni con Macías, ni con esa determinada época histórica. Y es la relación que hay entre política y poder. La ambición del poder que se obtiene a través de la política ciega a las personas y hace cometer verdaderas barbaridades. 

P.- Lo vemos todos los días hoy. 

R.- Ocurre hoy en cualquier parte del mundo. La ambición de poder político, e insisto, no del poder que se obtiene mediante el éxito económico o el éxito literario, que son otras formas de poder, confiere un tipo de poder que produce aberraciones. 

P.- O sea, hay una parte de la naturaleza del poder en sí misma. 

R.- Exacto. Hay una parte que tiene que ver con que él era un hombre que había visto el poder, que había sufrido el ejercicio del poder, que sabía lo importante que era tener poder. Los blancos habían abusado de él porque tenían poder. El joven que se acostó con su mujer lo hizo porque tenía el poder de hacerlo. 

P.- Porque era blanco y era una mujer negra y podía hacerlo. 

R.- Franco hacía lo que quería porque tenía poder. 

P.- Macías tiene una idealización del encantamiento del poder, sin duda. Luego hay un componente étnico. 

R.- Luego hay un componente tribal, que tiene que ver. Él era el hijo de un brujo, de un hechicero, y por tanto de una figura de poder tribal no menor, considerable, importante. Y vivió y conoció de niño el respeto que genera el poder, la obediencia y los abusos que probablemente genera el poder. 

P.- Al mismo tiempo un poder que a su padre le costó el exilio. 

R.- Exacto. Vio cómo se construía y cómo se podía perder el poder. Entonces hay diferentes ingredientes en el que la riqueza no creo que sea el más importante. Él, por supuesto, amasó una gran fortuna. 

P.- Lo que cuentas es que incluso el palacio Presidencial era el Banco Central, pues se llevaba el dinero directamente a ahí. 

R.- Él administraba el dinero del país, no con una institución ni con un Banco Central. Él administraba físicamente y pagaba a la gente con su mano. Pero era una época en la que tampoco había tantas cosas que hacer con dinero. 

P.- El motor no era el dinero, sino el mando.

R.- El motor era claramente el mando, el hecho de ser una persona respetada. Pero para ser respetada él tenía que ser temido, porque esa es la concepción del poder que tuvo. 

P.- ¿Y cuándo piensas que cruza la frontera de ser un hombre fuerte a un sanguinario?

R.- Yo creo que ahí, en esa evolución, puede que tenga que ver algo también alguna psicopatología, porque la psicopatología está presente en toda su vida. Yo no sé si Macías estaba loco, pero él sí creía que estaba loco. Él creía que tenía una patología y visitó a psiquiatras. Él vivió durante años la ansiedad de que le digan qué le pasa, qué tiene en la cabeza. Él sintió esa ansiedad. 

P.- Y una pregunta que siempre me sorprende de los poderosos a ese extremo, y es que la gente que está a su alrededor, como pasaba con Stalin, también estaba en peligro. ¿Por qué le siguen siendo leales? 

R.- Es la lógica del miedo. Recuerda que se despachó a muchos de los que tenía más cerca. A nueve de veinte ministros, a sus rivales electorales, a su vicepresidente. Curiosamente, no a su familia. Y eso me llama la atención. Su última reserva moral era la familia. Con los hijos siempre mantuvo buena relación. Eso es curioso. Y todavía los hijos, durante años después de que muriera, les dolía, no consentían que se hablara mal de su padre. Eso es curioso, porque este tipo de personaje, y no se hizo con qué tiene que ver, suele también romper a la familia. Pero él no lo hizo. 

P.- Y él era de lengua materna fang, pero, ¿su día a día era en español en el Gobierno o cómo funcionaba? 

R.- No, él funcionaba como lengua principal en fang, pero claro, las comunicaciones oficiales eran en español. El español era el idioma oficial del país. 

P.- Aunque el fang era mayoritario, era sólo de una parte de la población. 

R.- Esa sería la razón para usar utilizar el español, pero él no lo hacía. Piensa que el desprecio de los fangs a los bubis es solemne. Lo era entonces y lo sigue siendo ahora. Él hablaba en fang porque, pese a haber sido educado en español, su español era bastante primitivo. Era muy rudimentario desde el punto de vista gramatical y de vocabulario. Por eso a veces, cuando traduce sus textos al español, queda aún más primitivo de lo que realmente era, porque su español no era bueno. Entonces su expresión es en fang. Y luego, esto me lo ha explicado alguna gente, si tú quieres asustar realmente a un fang, tienes que hablarle en su lengua. Porque es muy difícil asustarle en español, no le suena a una amenaza real. 

P.- En tu biografía de Macías cuentas la destrucción de la riqueza de Guinea, que, aunque viniera de ser una provincia pobre de España, no deja de ser una provincia de un país europeo y en diez años el país quedó devastado. ¿Cómo fue ese proceso? 

R.- Muy rápido. Macías llegó al poder en el 68; en el 69, los propietarios, ya no los colonos, que se quedaron al principio de la independencia, habían sacado todo el dinero del país. Todo quiere decir todo. Nunca creyeron en las promesas de Macías. Todos los hacendados, los productores de café, de cacao y de madera, que eran los tres productos principales. En las cuentas del Banco Exterior de España, que era el que operaba allí, no había nada. A eso se sucedieron las primeras intervenciones del nuevo Gobierno y paulatinamente los españoles empezaron a irse y después se fueron todos en bloque, en la crisis que se llamó la «crisis de las banderas», que es cuando Macías, en fin, considera que esto ha llegado demasiado lejos y acaba rompiendo relaciones y expulsando a todos. Y probablemente matando a varios. 

P.- En el tema de la supervivencia del régimen tiene que ver también con la geopolítica y eso es interesante. Es decir, él se da cuenta que no puede ya vivir de la vieja colonia y cambia rápidamente, pese a ser un fascista de corazón, se convierte en un maoísta de primera hora y luego en un guerrero de la Guerra Fría. ¿Cómo es este proceso? 

R.- Por supervivencia, como tú has dicho. Siempre hay algo de admiración a otros hombres fuertes. Piensa que él llega al poder en el año 68, el año de la Revolución Cultural china, que imita. Y China lo reconoció de inmediato, porque estaba ya en un momento en el que cualquier oportunidad de conseguir reconocimiento de la República Popular frente a Taiwán lo tomaba. China no estaba aún en la ONU y necesitaba votos futuros. Entonces, un nuevo país que nacía, un nuevo país que China reconocía automáticamente. 

P.- ¿Cómo se llamaban estos estudiantes fanáticos que él creó para hacer las labores más crueles de su gobierno? 

R.- Las «Juventudes en Marcha». Eso es una copia de Mao y la idea de los jóvenes de la Revolución Cultural. Porque China, te digo, es el primer país que estuvo allí y el primero que le dijo: «Si necesita dinero, nos lo pide». 

P.- Y luego la Unión Soviética. 

R.- Con la Unión Soviética llegó Cuba, que fue además muy oportuno, porque para entonces ya había echado a prácticamente a todos los españoles que quedaban, que eran los únicos profesionales que había, incluido los maestros. Los maestros cubanos llegaron en un momento muy oportuno. Un recambio natural y fácil. Entonces unos llegaron como maestros, otros como sanitarios. Y la Unión Soviética se dedicó exclusivamente a la parte militar. Dijeron que iban a construir un puerto pesquero y en realidad era una base militar. 

P.- ¿Cómo fue tu proceso de investigación? Porque tienes una fuente que atraviesa todo el libro, que acaba siendo la que cuenta la historia al lector. Y me parece un recurso literario muy interesante porque te permite una subjetividad en la mirada que probablemente en una investigación periodística es más difícil.

R.- Al fin y al cabo, yo toda mi vida he sido periodista y reportero, con lo cual nunca he escrito en primera persona. Cuando pasé de ser reportero a ser articulista me costó mucho. Es un salto que yo he dado hace poco tiempo. Hay mucha gente que ahora me conoce como articulista, pero yo he sido articulista muy poquito tiempo porque me daba mucha vergüenza escribir en primera persona. Y cuando empecé mis primeros artículos nunca decía: «Yo creo que», porque había estado más de 40 años sin decir «yo creo que». Escribir un libro me da todavía más vergüenza. Entonces, si yo puedo encontrar un personaje en el que protegerme, lo hago. Y si además encuentro un personaje, él mismo tan brillante como Ramón García Domínguez, que estuvo allí como profesor de un hijo de Macías durante dos años, no puedo pedir más. 

P.- Incluso se quedó después de la expulsión de los españoles. 

R.- Seguía allí, efectivamente. Hubo algunos españoles que eran imprescindibles, que manejaban la televisión, había algunos que no fue fácil sustituir. Al final he convertido a Ramón García Domínguez en un personaje del libro que me sirve para hacer la narración. Pero efectivamente, la investigación es mía y de algunos colaboradores. Yo no he podido hacer esto solo porque, como te digo, es un tema completamente desconocido. Ha habido que bucear en los archivos nacionales, en papeles que no ha visto nadie desde hace muchísimos años. Y luego en libros que están descatalogados desde hace 30. 

P.- Y Guinea sigue siendo una dictadura, con lo cual no se puede acceder. 

R.- No he podido ir a Guinea. No me han dejado ir a Guinea. Muchos de los informes sobre derechos humanos en Guinea de organizaciones internacionales están desclasificados desde hace años, pero ha sido muy difícil encontrarlos. Además, el Gobierno español tampoco se ha molestado nunca en realmente construir una historia de Guinea. 

P.- Hay una sensación también de orfandad de la comunidad guineana ecuatoriana en España. 

R.- Absolutamente. 

P.- Porque están desprotegidos. 

R.- Más que desprotegidos, están marginados. 

P.- Y no tienen un espacio comunitario propio. 

R.- Exacto. Es que no han conseguido el menor reconocimiento de esta sociedad. No hay un solo ecuatoriano una posición relevante. Hubo un futbolista y poco más. 

P.- ¿Qué población se calcula que hay de guineanos en España?

R.- No son muchos. En España actualmente habrá 5.000 o 6.000. Pero, sobre todo, es que la relación era muy estrecha. En un país cerrado como era España en esa época, los guineanos fueron los primeros negros que conocieron los españoles. España no había visto nunca un negro. Después llegaron algunos a las bases militares americanas, pero apenas salían de sus bases. A los guineanos siempre se les trató de una forma muy racista. Cuando vinieron a estudiar la universidad, Franco les construyó su propio colegio mayor, para que no se mezclaran, que es el Colegio Mayor de Nuestra Señora de África, que era para los guineanos. Y cuando Macías, en un momento determinado, los obligó a volver a todos, la mayor parte no volvieron porque tenían miedo de que los iba a matar. Cosa que sucedió con los que volvieron. Entonces se quedaron muchos aquí y Macías les retiró la nacionalidad. 

P.- Y se volvieron marginales, por lo tanto. 

R.- Absolutamente marginales, en condiciones realmente penosas. Y este es otro asunto que también está debajo de la alfombra. 

P.- La riqueza de Guinea es poscolonial por el petróleo y el gas. 

R.- La existencia de gas la descubrió España, la Empresa Nacional de Petróleo de entonces. Pero, el balance que se hizo es que no valía la pena, que era muy costoso y que las bolsas eran de baja calidad. Un acto más del descuido, de la apatía, del desinterés con el que se manejó la colonia. Y luego los americanos han sacado unas grandes cantidades de gas y de petróleo de Guinea Ecuatorial con el que ha permitido levantar algo el país en general, pero sobre todo que ha enriquecido los bolsillos de la familia Obiang.

P.- Obiang cambia de alianza después de la Guerra Fría. 

R.- Y se ponen con Estados Unidos, sobre todo por el petróleo. 

P.- Hay otro tema que es triste para un lector español del libro, pero interesante, y es la persecución a la religión católica, la expulsión de los misioneros que hacían una labor social y educativa «selva adentro» muy profunda. Y también de la destrucción de templos, iglesias de todo tipo. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Y cuál es la situación hoy? 

R.- Hoy hay una Iglesia católica en Guinea en condiciones de gran dificultad y con la hostilidad permanente del régimen. Y hoy la Iglesia católica en Guinea sigue siendo uno de los pocos focos de resistencia y uno de los pocos focos de civilización. Y en su día también lo fue. Y de nuevo es una paradoja la vida de Macías, que fue educado por religiosos españoles, que él confesó que creía en Dios y que era un católico, pero que después, cuando empezó a sospechar de todos, sospechó de la iglesia católica también; no tanto de la iglesia como institución, pero sí de la actividad de los curas. 

P.- Sobre todo si eran españoles. 

R.- Los curas españoles tenían un conocimiento de las poblaciones locales, tenían un conocimiento de las penurias con las que vivía la población, en fin, eran testigos privilegiados que Macías no podía soportar.  Pero con la iglesia católica como institución tardó tiempo en pelearse, porque la iglesia católica como institución también estuvo ciega ante las persecuciones que sufrían sus sacerdotes en Guinea Ecuatorial. Y Roma tardó mucho en levantar la voz de lo que estaba pasando en Guinea. Luego lo hizo, claro, pero tardó bastante. Llevaban ya muchos sacerdotes muertos, muchos sacerdotes expulsados, muchos sacerdotes apaleados y perseguidos, antes de que la iglesia católica como institución levantara la voz. 

P.- Es una zona, además, en la que colindan los distintos poderes coloniales europeos en África. Gabón, francés; Camerún, alemán hasta la Primera Guerra Mundial, el Congo, muy cerca, belga; Nigeria, Gran Bretaña. ¿Cómo fue la relación con el resto de las potencias europeas y su trato a Guinea? 

R.- Uno de los dramas de la época, pero con consecuencias para Guinea, es que España estaba aislada. Los que sufrían el colonialismo español lo sufrían de una colonia aislada del resto del mundo, de una metrópoli que a su vez estaba aislada, porque no tenía ninguna comunicación con Europa. Por un lado, le permitía tomar sus propias decisiones de cara a sus colonias, pero por otra parte hizo la vida de los guineanos también más difícil. Y más difícil su comunicación con el resto de los países. A Guinea tardaron mucho en llegar los vientos descolonizadores. 

P.- La lengua que la rodea es el francés. 

R.- La lengua y la comunicación en general. Los demás países nunca se han tomado muy en serio a Guinea.

P.- Por el tamaño también.

R.- El tamaño y por pertenecer a un país que en sí mismo era insignificante en el mundo. España, en los años 60, era un país que no contaba en lo más mínimo y que además era un país despreciado por el mundo entero. En la única entrevista que se sepa de un medio relevante a Macías, que la hace un periodista de la BBC, el periodista en un momento comparte la idea de Macías de que España es un país donde se cometen todo tipo de atrocidades. Entonces era muy difícil simpatizar con España. 

P.- Hay tres fuentes muy interesantes en el libro. Una es un personaje popular, un fontanero, diría en España, un plomero, diríamos en México. 

R.- Un manitas, un handyman

P.- Un español que se casa además con una guineana y que te sirve también para conocer la vida «barrio adentro» en Guinea. ¿Cómo lo conociste? ¿Cuál es la historia? 

R.- Hay muchos personajes en Guinea así. Este personaje yo lo conocí originalmente, en realidad, cuando yo estuve en Guinea de corresponsal. Y responde a un modelo de españoles que se quedaron disfrazados de guineanos. 

P.- Con matrimonios mixtos. 

R.- Y como decía entonces la comunidad española, africanizados. Eran españoles que se habían africanizado. Este personaje vivía en un barrio «negro», iba a restaurantes «negros» y tenía una vida como uno de ellos. Por ejemplo, sus principales amigos eran de la comunidad negra. 

P.- Te dio una perspectiva desde dentro. 

R.- A mí me fue muy útil en su momento como fuente periodística para mis crónicas. 

P.- Y hay otro que es quizá lo opuesto, que es la alta intelectualidad guineana. Me refiero a Ndongo, narrador, que tiene además una historia de Guinea que tú recomiendas mucho.

R.- Sí. Donato Ndongo es realmente una autoridad intelectual. Es un historiador muy respetado y premiado, muy vinculado a la Casa de África, aquí en España. Y tuvo también cargos políticos. Fue perseguido por Macías en sus primeros años, cuando Donato Ndongo era todavía un estudiante. Y después tuvo algunos cargos en la primera etapa del régimen que sustituyó a Macías. Dirigió la Casa de Cultura Española en Guinea, un precedente de lo que sería el Instituto Cervantes. Y sigue teniendo vínculos. Por supuesto, fue exiliado y en este momento apenas tiene comunicación. 

P.- Hay otro personaje de carambola, pero que aparece, que le toca firmar el acta de disolución de la Guinea española, que es Fraga. ¿Por qué aparece Fraga en Guinea? 

R.- Lo cuenta en sus memorias, Memoria breve de una vida pública. Es una de las primeras apariciones importantes de Fraga. En el año 68, Fraga todavía era un joven ministro de Información. No era todavía la gran figura que hemos conocido después, pero ya se adivinaba en él que era uno de los jóvenes liberalizadores del franquismo, de los que venían a afirmar la sentencia de muerte del franquismo. Ya se empezaba a adivinar. Por un lado, esa dimensión suya, ese toque liberal, lo hizo una figura adecuada para presidir un acto como éste. Y, por otro, era la hostilidad de los que habían sido los dos grandes protagonistas de la independencia de Guinea, que eran Carrero y Castiella, que eran los que realmente habían trabajado en la independencia de Guinea. Fraga estuvo bastante al margen de todo el proceso. Pero estos dos eran los que habían fracasado. Los candidatos de los dos habían fracasado, los proyectos de los dos habían fracasado. Y probablemente Franco no quiso que fueran. Es imposible que en esa época ninguno de ellos tres tomara la decisión. Allí viajó el que Franco dijo que viajara. 

P.- Lo que sorprende es la buena mirada de Fraga como viajero en los pasajes que citas de sus memorias. Profundo y hasta poético. 

R.- Se nota un hombre con una gran curiosidad, con una legítima curiosidad. 

P.- Y con una lamentación de la pérdida también. 

R.- Absolutamente. Obviamente, respondiendo a clichés del momento, claro, sobre el papel de la religión y sobre el papel de los buenos y los malos. Y obviamente él no niega que mató un elefante porque en esa época nadie se le ocurría negarlo. 

P.- Era una forma de la cortesía, incluso diplomática. 

R.- Si hubiera escrito esas memorias hoy hubiera ocultado ese pasaje, sin duda.  

P.- Por último, ¿cómo resististe como escritor el horror de meterte en una cabeza y en una circunstancia como la de Macías? Porque estamos hablando de alguien que mató el 5% de su población, que exilió al 10%, que mató a sus allegados, que sumió en la miseria a su país, que inventó golpes de Estado para hacer purgas sistemáticas, que ejercía la tortura en cárceles ominosas, etcétera.

R.- No me vas a creer, pero la actualidad, que es en lo que trabajo, es tan antipática, que el hecho de trasladarme a un pasado, horroroso, pero después de todo, pasado, después de todo, ya irremediable, me sirvió como un alivio. Las horas que invertí, que fueron muchas, porque he estado casi tres años buscando huecos, ratos de aquí y de allí, las horas que dedicaba a la escritura, es verdad que me hacía sumergirme en momentos muy horrorosos, algunas conversaciones que tuve y algunas lecturas me removieron más. Pero la escritura en sí no fue especialmente dolorosa, comparado con lo doloroso que me resulta a veces la actualidad. 

P.- Muchas gracias, Antonio, por visitarnos en ‘Contrapuntos’. A mis invitados siempre les hago una pregunta por fuera de la dinámica de la conversación. Y es que recomienden un libro, que las personas que te estén leyendo, escuchando, viendo, no puedan pasar por la vida sin haberlo leído. ¿Cuál sería tu libro?

R.- Tú me has llamado muy amablemente escritor. Y digo amablemente porque probablemente los entrenadores de fútbol lo que quieren es ser jugadores y los periodistas quieren ser escritores. Esto es innegable. Y cuando pueden, lo intentan con variado éxito. Y probablemente, el mío es escaso. 

P.- Déjame insistir que es un muy buen libro. Y muy interesante. 

R.- Pero soy periodista y realmente lo que he ejercido toda mi vida es como periodista. Entonces, si yo tengo que echar mano de un libro, tiene que ser un libro para periodistas. Se trata de un libro que, probablemente, a mí me hizo querer ser periodista. Es un libro muy célebre en su momento, un bestseller, y durante muchos años lo fue, de Evelyn Waugh, que se llama Scoop. La edición que yo leí hace muchos años se llamaba todavía Scoop, pero después, ya en otras reediciones, pasó a ser Noticia bomba. Los periodistas aún decimos scoop cuando tenemos una exclusiva. Por eso yo quería recordar el nombre en inglés. Una aventura de periodistas. No sé el valor literario que tiene, porque lo leí hace muchos años, pero creo que tiene valor literario. Pero sobre todo es una historia tan romántica, de unos periodistas en África, precisamente en África, que es imposible no contagiarse de la emoción que produce y de las ganas que da de ser periodista.

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