El órdago instrumental de Lucas de Mulder
El joven guitarrista, quien fuera top 3 internacional de jazz contemporáneo según Billboard, estrena nuevo disco

Lucas de Mulder en una imagen de archivo. | Lucas de Mulder
Noel Gallagher decía hace casi veinte años que al público hay que meterle la genialidad con calzador. Sin subterfugios. ¿Vaselina? ¡Qué va! A pelo, de primeras, porque, aunque duela un poco al principio, el talento rebosa por sí sólo. Se abre camino en las cenizas mentes de quienes, todavía herejes, acabarán conversos.
Lucas de Mulder tiene argumentos a favor de este asalto al buen gusto. Un ariete musical para derribar las cretinas fortalezas de los duros de oído, y dejarse poseer por la lisergia musical que, como decía Adorno, no necesita lenguaje para ser entendida. Fagocitada. Quién sabe si, Dios lo quiera, adorada. Porque ese es el idioma de quien fue elegido top 3 de Billboard (EEUU) en jazz contemporáneo: la música instrumental. Ese particular oasis donde la efectividad de los arpegios, los ritmos y las melodías han de chillar e imponerse sin necesidad de voces marcando la dirección.
El Café Berlín, casa de proscritos musicales, dio cobijo a Lucas de Mulder con sold out el pasado 19 de diciembre para presentar su nuevo trabajo: New Land. Con la guitarra alta, mecida, como un recién nacido, a lo B.B. King, el hachero cobijó tempestades en sus dedos. Acarició los trastes con acelerada ternura. Le dio a cada melodía la velocidad, o la calma, que merecían. Con una solvencia rítmica disparada por sus camaradas de armas, el batería Joe Sturges y el bajista Diego Portugal, de Mulder logró que las notas respirasen. La sala se llenó de un oxígeno inspirador con temas que demuestran el sobresaliente nivel del trío, como Mafia o Frontman, los cuales, a la manera de un libro de relatos, crearon distintas atmósferas con multitud de narrativas.
Es difícil definir por qué algo sin letra puede impactar como un poema. Sin verso, ni ripio, se hunde como un aforismo total. Después de ver a de Mulder, está claro que existe una tonalidad compartida con Sturges o Portugal, heredada de ese reformatorio que son las jam sessions, donde los tres se conocieron. Las jam sessions son un laboratorio de sonidos que, bien empleado, puede proporcionar los mutágenos necesarios para sostener un directo esquivo para la complacencia del gran público, pero destinado a uno francamente exigente.
Así lo piensa Lucas de Mulder quien, momentos antes de subirse a las tablas y empinar un chupito de un licor proveniente de las misteriosas tierras del Este, responde a THE OBJECTIVE a unas preguntas en el camerino del Café Berlín.
PREGUNTA- El proyecto nace de una serie de jam sessions en Madrid. ¿Cómo se forma el grupo y cómo llega este nuevo disco?
RESPUESTA- El proyecto es un proyecto mío, son mis temas. Lo que tenemos en común nosotros tres es que nos une un garito en Madrid, que es El Intruso, donde se hacen jam sessions. Yo estoy los martes, ellos están los jueves. Muchas veces voy a su jam y ellos vienen a la mía. Son muchos años ya de tocar con Joe y con Diego nos fuimos conociendo poco a poco, también en las jams. Las jams son muy importantes.
P.- Al escuchar el disco se percibe claramente una atmósfera de improvisación, incluso dentro de los propios temas.
R.- Sí, claro. Nosotros al final nos encanta improvisar. Es un concepto de tocar una melodía o un tema con su parte A y parte B. Son temas instrumentales y eso tiene cosas buenas, porque te lleva a sitios distintos.
P.- En ese sentido, el tema Mafia destaca especialmente. ¿Cómo se construye rítmicamente?
R.- Es un tema que va mutando mucho. Yo tenía una idea muy hip hop para la batería, la primera parte muy sequita, con una línea de bajo súper clara. No importa lo que pase, yo voy a seguir ahí machacando la línea de bajo. Empezamos así, muy rígidos, y luego al final se desata.
P.- Desde dentro de la banda, ¿cómo fue el proceso de llevar esos temas al directo antes de grabarlos?
R.- (Joe Sturges) Lucas nos trajo los esqueletos muy definidos de todos los temas. El año pasado hicimos un par de bolos para ver cómo entendíamos nosotros los conciertos. Hubo un bolo muy mágico en Peor para el Sol, el garito de Madrid, donde descubríamos cómo se iban desarrollando los temas y luego los grabamos. También influye que los tres tocamos varios instrumentos y no tenemos un punto de vista cerrado del instrumento que estamos grabando.
P.- Los títulos de las canciones llaman la atención. ¿Cómo se decide cómo se llama cada tema?
R.- Son temas instrumentales y muchas veces los nombres vienen por cualquier tontería. Al principio no tenían nombre.
R.- (Joe Sturges) Eran el tema uno, el tema dos… Cada uno los llamaba de una forma distinta y coincidimos en algunos nombres.
P.- En el caso de Los Llanos, el título parece tener un origen más concreto.
R.- Viene de Lanzarote. Es un sitio al que voy poco ahora, pero cuando voy es como que recargo pilas. Hay una carretera después de ver el atardecer que pasa por un sitio que se llama Los Llanos y así me lo imaginé.
P.- Al ser un disco instrumental, ¿cómo percibes la relación con el público?
R.- Al no tener letra, siempre digo que cada uno puede ir a donde quiera. Muchas veces las letras te llevan a un sitio, pero siendo instrumental cada uno puede hacerse su película en la cabeza y eso me parece increíble.
P.- En directo, ¿te has encontrado con reacciones inesperadas por parte del público? No sé, alguna emoción desatada…
R.- Hubo una vez un señor que se pasó todo el rato bailando, como si fuera música de salón. Lo cual fue gracioso porque, esencialmente, esta música no es para bailar. Me quedé mirando y pensé que lo estaba entendiendo de otra forma.
R.- (Joe Sturges) Yo creo que lo entendía como un trance, aunque fuera una balada.
P.- Sobre la ausencia de voz: guitarras, bajo y batería parecen ocupar ese espacio narrativo.
R.- Yo consumo mucha música instrumental. Pienso mucho en melodías. Al final son melodías bonitas y algunas son muy tarareables. Los detallitos instrumentales se te quedan en la cabeza. Eso es lo que impacta.
P.- Comparado con trabajos anteriores, este disco suena más abierto.
R.- Hay temas que se parecen más a lo que hacía en el primer disco, pero al haber sólo un bajo haciendo la armonía hay mucho espacio. En el primer disco había órgano y más capas.
P.- ¿De dónde surge la inspiración para componer?
R.- Escucho música todo el rato, sobre todo en el coche. Metes cosas en la cabeza sin pensarlo mucho y luego coges el instrumento y salen composiciones que tienen que ver con lo que has escuchado. Hay canciones que salen en quince minutos y otras veces no sale nada. La inspiración tiene que pillarte trabajando.
P.- ¿Qué te gustaría generar en el público cuando tocáis?
R.- Depende de la canción.
R.- (Joe Sturges) No queremos generar nada concreto. Cada uno lo pasa por su filtro.
P.- A nivel personal, ¿qué significa para vosotros tocar y componer?
R.- Para mí es algo muy terapéutico. Tocar en directo y componer es estar solo conmigo mismo y con mis instrumentos. Una forma privada de libertad.
P.- En el contexto actual, ¿hay algo que te genere inquietud de cara al futuro?
R.- La inteligencia artificial me da un poco de miedo. Hay páginas que hacen temas en el estilo de otros artistas perfectamente.
P.- ¿Dónde crees que se impone lo humano frente a la inteligencia artificial?
R.- En el directo. A la gente le gusta ver a la gente sudar, equivocarse, hablar. Eso no va a cambiar de la noche a la mañana.
