Efemérides de 2026 (3): glorias culturales
La Escuela de Salamanca o el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, celebran sus centenarios

Francisco de Vitoria, fundador de la escuela de Salamanca.
1526. La Escuela de Salamanca
Uno de las grandes conmemoraciones de 2026, no de la cultura española, sino de la universal, es el nacimiento de la Escuela de Salamanca. El impulso al pensamiento civilizado que surgió en la Universidad de Salamanca en 1526 es un injusto olvidado, por esa perversa manía de los españoles que no aprecian sus grandes logros, que vituperan a sus grandes hombres, que asumen la Leyenda Negra como si fuera prístina verdad, cuando fue un invento propagandístico de las potencias enemigas que, en el siglo XVI, no eran capaces de derrotar a España en el campo de batalla.
Hay que tener en cuenta que en el siglo XVI, España era la primera potencia mundial, había formado el mayor imperio de la historia, protagonizaba la primera globalización, puesto que a través de Filipinas comerciaba activamente con China. Naturalmente, ese poder político iba acompañado del dominio en el área cultural. No solo se vivía el esplendor del Siglo de Oro de la literatura española, la lengua castellana era la que se hablaba en la corte imperial de Viena, y el color «negro español» (obtenido gracias a procesos industriales secretos que empleaban materiales americanos exclusivos) estaba de moda en toda Europa, por dar solamente dos muestras. Pero junto a estos valores culturales superficiales, había también un núcleo duro de pensamiento que, irradiando desde Salamanca, se impuso al mundo. Eso fue la Escuela de Salamanca.
La elaboración madura de la teoría de un orden natural, un derecho natural innato y general para el género humano, del que se deriva el derecho de gentes, son la base del derecho internacional por el que nos hemos estando rigiendo desde el final de la II Guerra Mundial hasta la llegada de Donald Trump. Y esta nueva forma de concebir las relaciones entre los pueblos del mundo la inició el dominico Francisco de Vitoria, que tras reñida oposición ganó la «cátedra de Prima» de Teología de la Universidad salmantina en 1526. Su toma de posesión el 7 de septiembre de hace 500 años marca lo que podemos llamar el nacimiento de la Escuela de Salamanca, puesto que tras Vitoria vino una pléyade de pensadores.
Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Luis de Alcalá, Martín de Azpilicueta, Francisco Suárez, Tomás de Mercado, Luis de Molina, Ginés de Sepúlveda, Domingo de Soto, Melchor Cano, Juan de Mariana o Fray Luis de León son algunos nombres de un movimiento intelectual mucho más amplio que abordó cuestiones inéditas hasta ese momento, como los derechos de los indígenas del Imperio conquistado, algo que nunca habían contemplado los conquistadores a lo largo de la Historia. O el planteamiento de una política internacional que evitara la guerra, teorizando cuándo la guerra está justificada, pero incluso en este caso sometiéndola a unas «leyes de la guerra», para hacer menos inhumana la violencia.
La primera conmemoración de los cinco siglos de la Escuela de Salamanca va a tener lugar inmediatamente, el martes y miércoles, 21 y 22 de enero, en la Casa de América de Madrid. Se trata de la Conferencia sobre el Legado de España en Norteamérica. Paralelismo entre la Escuela de Salamanca (500 aniversario) y la Declaración de Independencia de Estados Unidos (250 aniversario). Es un foro de académicos de alto nivel de ambos lados del Atlántico, organizado por el Capítulo de Toledo, una institución que bajo la dirección del embajador Eduardo Garrigues lleva años reivindicando «lo que Estados Unidos le debe a España».
Garrigues, que es un profundo conocedor de la Historia de España en Norteamérica, resume lo que este encuentro cultural va a analizar: «El legado de España en los Estados Unidos que se manifestó en la imprescindible ayuda a la Guerra de Independencia, a raíz de la Declaración de Independencia adquiere una dimensión más profunda, al considerar que muchos valores que se proclamaron en 1776, como el respeto al ser humano, a la libertad y a la rebelión contra la tiranía habían sido enunciados 250 años antes por la escuela de Salamanca».
1776. Declaración de Independencia de los EEUU
Precisamente acto fundacional de los Estados Unidos constituye otra de las grandes efemérides de 2025, al cumplirse el próximo 4 de julio su 250 aniversario. Aparte de la evidente importancia histórico-política del acontecimiento —creación de una nueva nación de ambiciosas miras, que en el siglo XX se convertiría en la primera potencia mundial—, es un hito en la historia del pensamiento humano. Su segundo párrafo, «Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad», se considera la frase más conocida de la lengua inglesa.
La importancia, o más bien reverencia, que le han dado los anglosajones a esa Declaración de Independencia norteamericana, haciendo que el resto del mundo la aceptemos como el principio de la democracia moderna, contrasta con el olvido que pesa sobre la Escuela de Salamanca, que tres siglos antes había iniciado esa andadura.
1726. Diccionario de Autoridades
«Limpia, fija y da esplendor». Siguiendo este lema, los miembros de la Real Academia Española dieron hace 300 años el primer paso de lo que sería su principal obra, la elaboración del Diccionario de la Lengua Castellana. La Real Academia Española había sido fundada en 1713 por Felipe V, el primer Borbón, que naturalmente seguía el modelo francés de política ilustrada, puesto que era un príncipe francés criado a la sombra de su abuelo Luis XIV. Desde 1694 existía un Diccionario de la Academia Francesa, pero los eruditos españoles no lo tomaron como modelo, sino que siguieron el modelo italiano del llamado Voccabolario della Crusca, curioso nombre de la más antigua academia lingüística italiana, establecida en Florencia en el siglo XVI, que había publicado su diccionario en 1612.
El caso es que existía un precedente español aún más antiguo, El Tesoro de la Lengua Castellana o Española, publicado por Sebastián de Covarrubias en 1611, un verdadero pionero, pues fue el primer diccionario monolingüe de Europa. En el Covarrubias, como se le conoce vulgarmente, junto a las definiciones de las palabras vienen ejemplos latinos, pero los académicos del siglo XVIII querían hacer algo más completo, como bien define su larguísimo título: Diccionario de la Lengua Castellana en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua…
Tenían la obsesión de que, tras el esplendor supremo alcanzado en el Siglo de Oro, la lengua se estaba degenerando, por la vulgarización y por los barbarismos, especialmente la invasión de términos franceses, inevitable puesto que tanto el rey como muchos de sus cortesanos eran franceses. El recurso para esta misión de defensa de la lengua fue lo que conocemos como un Diccionario de Autoridades, donde tras la definición de las palabras vienen ejemplos de su uso, sacados de grandes autores de nuestra literatura, los que «han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia». La nómina de Autoridades es apabullante, desde la Partidas de Alfonso X el Sabio a Antonio de Nebrija, todo el Siglo de Oro con Cervantes, Góngora, Quevedo, Calderón y el larguísimo etcétera, y hasta el mismo rey Felipe IV, que poseía una hermosa prosa, como demuestran sus cartas personales, y que se atrevió a traducir la Historia de Italia de Guichardini, famoso autor político.
El esfuerzo que suponía esa tarea hizo que el Diccionario aparecido en 1726 solo contuviese dos letras, la A y la B. Sería el primero de seis tomos, el último de los cuales, con las letras S a Z, aparecería 13 años después, en 1739.
1626. Francis Bacon
Otros centenarios de personalidades del pensamiento occidental son el 400 aniversario de la muerte de Francis Bacon el 9 de abril de 1626. Se trata de un personaje polifacético de la Inglaterra isabelina, considerado el padre del empirismo filosófico y pionero del pensamiento científico moderno. Además de eso fue un importante político, pues ocupó el puesto de lord canciller de Inglaterra, el segundo en la jerarquía del Gobierno, y por si fuera poco existe la teoría de que Bacon fue el auténtico autor de las obras de teatro de Shakespeare.
1726. Los viajes de Gulliver
Una divertida novela que además es un superventas histórico puede encerrar también una reflexión filosófica. Es el caso de Los viajes de Gulliver, obra en la que el clérigo irlandés Jonathan Swift realizó una crítica despiadada de la sociedad de su tiempo, una brillante sátira que ha merecido que su estilo fuera bautizado swiftiano. Apareció al público en Londres el 28 de octubre de 1726, tras un proceso de edición secreto, utilizando cinco imprentas distintas, para evitar la piratería editorial.
1776. David Hume
Hace 250 años, el 25 de agosto de 1776, falleció David Hume, una de las lumbreras de la Ilustración escocesa. Filósofo empirista, naturalista y escéptico, sus dudas sobre las verdades le llevaron al ateísmo, lo que supuso que nunca lo admitiesen en la Universidad de Edimburgo, como le correspondía por su genio.
1926. Michel Foucault
En un nivel muy distinto de los ilustres autores anteriores, el 15 de octubre también se puede recordar el centenario del nacimiento de Michel Foucault, modelo de filósofo-activista político, icono de la izquierda, «el autor más citado del mundo en el ámbito de humanidades», según decía la Guía de la Educación del Times en 2007. Entre sus extravagancias estaba la admiración por el ayatolá Jomeini, que impuso la dictadura islámica sobre Irán, o mantener que el sida era una invención del capitalismo… para morir precisamente a causa del sida.
